alturaarrow_down-red arrow_side badge-facebookbadge-instagrambadge-twitterclosedebutemail facebook gallery-nextgallery-prevgallerygoogle instagram lightbox-nextlightbox-prevlive-atajada live-cambio live-gol live-jugada-peligrosa live-offlive-player-in live-player-out live-red-cardlive-silvato live-tarjeta-amarillalive-tarjeta-roja live-timerlive-yellow-cardnacimientonacionalidadnextopenpagination_downpesopinterest prevquotesearchslide-nextslide-prevtimeline-left timeline-right twitter videoswhistle worldyoutube
Zorrito Salinas, el goleador canchero del Monumental
zorrito-3-nota-632x380

Para un joven de 15 años nacido en la década del 60 en El Melón, cerca de Nogales, Quinta Región, era normal no conocer el mundo, entendido el mundo como Quillota o La Calera, las ciudades cercanas. Ni hablar de Santiago.

El Melón entonces, con la Mina El Soldado como eje, era una ciudad en sí misma, con cine, consultorio, escuelas, tiendas y, obvio, canchas de fútbol. Una especie de pueblo salitrero autosuficiente.

Por eso cuando en 1978 uno de los suyos viajó por primera vez a Quillota a incorporarse a San Luis, el cambio fue rotundo.

Sergio Salinas, tercera generación de los “Zorros” Salinas, empezó ahí una vida vertiginosa. San Luis primero, después Colo-Colo y el fútbol que marcarían su vida…

Y con el fútbol tatuado a él, sigue hasta hoy. Como uno de los cancheros más reconocidos del país (si no el mejor). Porque es heredero de Florencio Ceballos, el maestro de maestros en el arte de cuidar el pedazo de pasto de 90 por 120 metros que tanta pasión convoca.

Sergio Guillermo Salinas Olmos es hoy el canchero del Estadio Monumental. Es de los pocos que trabajó en la Roja tanto con Bielsa, como con Borghi. Y por décadas ha acariciado las canchas de Macul. Su casa, dice.

“Zorro” Salinas es, en resumen, el goleador que nunca ha salido del área chica. Y siempre con Colo-Colo en el corazón.

“Es que desde niño me gustaba. Tenía 11 años en el Colo-Colo 73 y en esa época me creía Sergio Ahumada. Mi ídolo. Disfruté mucho de niño el Colo-Colo de esa época. De los mejores equipos que yo conocí. Mi familia, de mucho esfuerzo, era toda colocolina. Mi padre, que trabajaba en la mina, tenía fotos de Misael Escuti incluso en su pieza”, recuerda.

No había televisor. Era todo escuchar radio e imaginarse un poco cómo era el mundo Colo-Colo. Salinas y sus siete hermanos siempre siguieron al viejo que, aparte de sacar cobre y caliza, era masajista, árbitro, pelotero y jugador del Club Minas Melón.

“Mi padre era un minero muy esforzado. Murió debajo de un mineral donde llenó sus pulmones de polvo. Yo lo miraba a él y quería ser otra cosa y opté por jugar fútbol donde tuve momentos importantes en mi carrera donde me quisieron vender para el extranjero pero siempre estuve reacio a eso. Yo era humilde, de campo. No quería estar lejos de mi familia. Pero esa carrera me dio para jugar en Chile y trabajar toda mi vida. Hoy estoy en lo que me gustó siempre y cada día que pasa vivo del fútbol… No me vuelvo loco por lo que tengo o por lo que no tengo. Soy un agradecido y creo que el gran éxito para que a uno le vaya bien es solamente trabajo ¡En lo que sea!”, dice “Zorrito” hoy, sentado en una tribuna del Monumental.

Volvemos el casette para atrás y recreamos con Sergio Salinas su niñez. Su vida entera en El Melón.

“Fue una linda infancia porque teníamos estadio, canchas de tenis, fútbol, básquetbol, piscina, cine, todo lo que necesitábamos para divertirnos. Era como una mini-ciudad, como las salitreras del norte. Las amistades y todo era entre los que vivíamos dentro. Muy grande salí de ahí. Conocí Calera a los 12, 13 años recién. Santiago lo conocí como a los 18 años, jugando ya”, sigue.

Bienvenido fútbol

zorro-2 Nacido el 31 de enero de 1962, Sergio Salinas siempre fue goleador. A los 16 años era seleccionado juvenil de la zona y antes de jugar un Nacional Amateur actuó, como tantas veces, en el clásico Minas Melón versus Nogales.

“Era 1978 y jugué bien ese partido. Entonces me ofrecieron llevarme a San Luis de Quillota. Un exjugador de San Luis que estaba en el partido fue al camarín y me preguntó si yo quería jugar como futbolista profesional. Yo había estudiado en un colegio de cura, era muy apegado a la Iglesia, ayudaba en las misas y no era mi intención jugar fútbol. Pero al otro día, como no acepté, fueron unos dirigentes a mi casa y ofrecieron algunas cosas: mejorar a mi familia, dando los estudios a nosotros. Mis padres me preguntaron si quería de verdad y dije que sí”, refresca Salinas.

El Zorro original -hay que aclararlo- era su abuelo, Juan Enrique Salinas. Siguió el padre Enrique y los hijos: Luis Hernán, Sergio y el pequeño Juan Enrique. Todos, naturalmente, jugaron por el Club Minas Melón. Sergio Salinas, uno de los raposos futboleros, fue el primero en llegar al profesionalismo.

“Cuando acepté irme a Quillota, no conocía Quillota siendo que vivo a 30 minutos de ahí. Mi padre me acompañó”, dice.

Salinas debutó el miércoles 21 de febrero de 1979 por la Copa Polla Gol en la victoria 5-0 sobre Deportes La Serena (ingresó por Freddy Bahamondes).

Francisco Manzo, historiador de San Luis de Quillota y quien entrega los datos específicos del pasar de Zorrito por el equipo, certifica que Salinas terminó como un crack en la zona.

Estuvo en San Luis hasta 1985, jugando en total 193 partidos y convirtiendo 59 goles. Es, junto a Rubén “Tribilín” Rivera el cuarto goleador histórico.

Tras debutar en el torneo de Segunda División de 1979, en 1980 –temporada en que San Luis ascendió- pasó mucho tiempo en Juan Pinto Durán, nominado a la selección Sub 20.

Allí cambió su vida.

El amor en Pinto Durán

zorrito-4-nota-632x380
En el verano de 1981 se jugó el Sudamericano Sub 20 en Ecuador. El proceso empezó el año anterior.

“Estuve como seis meses en Pinto Durán preparándonos para el Sudamericano. Estaba a cargo Carlos Campos, Raúl Angulo, José Santos Arias y Lucho Santibáñez en la adulta. En el equipo estaba Jaime Vera, Jaime Pizarro, Pato Mardones, Alejandro Hisis, Pindinga Muñoz, Pablo Yoma, entre otros. Un equipazo”.

¿Qué significa para usted Juan Pinto Durán?
Es una historia bien especial para mí. Llegué a la selección chilena a Pinto Durán y de canchero estaba Florencio Ceballos, Ceballitos. No tenía ningún vínculo con él. Como estuve tanto tiempo, pasé ahí Año Nuevo, Pascua, concentrado. Y como era un niño, un chiquillo, un muchacho, de pueblo, medio ahuasado, ahí conozco a la que ahora es mi mujer. Era la hija de Ceballitos. Al año me casé con ella.

¿Cómo fue?
Me acogieron ellos como familia. Vivían en Pinto Durán y después de entrenar a veces me queda solo. Ahora tengo 35 años casados. Me casé a los 19 años en 1981.

¿Fue amor a primera vista?
Yo pienso que sí. Fue un amor a primera vista. Llegué el 80 a Pinto Durán y me quedaba los fines de semana porque era de provincia. Pascua, Año Nuevo me quedaba solo en mi pieza viendo tele, y salí y me topé con alguien… Ella me invitó a su casa para ese Año Nuevo (1981), en la Pascua me invitaron a cenar porque estaba solo… La conocí y al final terminé casándose con Ema Ceballos.

Tuvo la aprobación inmediata de Ceballitos
Noooooooo a él le costó que su hija se casara con un futbolista que estaba recién como proyección. Pero me lo fui ganando siempre y terminé trabajando con él. Tenemos una linda familia. Mientras él vivió fue un buen hombre, un suegro excelente. Fue un hombre de bien. Él ayudó a mucha gente aquí en Colo-Colo. Todo lo que está en el Monumental lo hizo él.

¿Cómo era Ceballitos?
Deben haber muy pocos como él. Cuando lo fuimos a sepultar desde Pato Yáñez, Iván Zamorano se demostró que la gente lo quería mucho. Él algo tenía. Tenía algo especial. Tenía mucha bondad. Era muy cariñoso pero era muy estricto para la pega. Hasta el día de hoy, nosotros como familia y la misma gente de Colo-Colo, lo recuerda. Don Aníbal (Mosa), el otro día conversando, me dijo que Ceballitos debería tener el nombre de un camarín, de una oficina, de un espacio en el Monumental. Él me lo dijo: ‘Sé toda la historia de él’.

El suegro, el maestro

A mediados de 1978 Sergio Salinas vivía en la “salitrera” El Melón y casi no había salido de ahí en toda su vida. Cerró ese año en Quillota como parte de San Luis. Debutó el 79, llegó a la selección el 80 y anotó su primer gol en Primera el 15 de marzo de 1981. A los 77 minutos de partido infló la red tras un tiro de taquito, ante Deportes La Serena en la goleada por 4-0.

Ese año se casó con Ema, la hija de Ceballitos. En 1982 fue titular indiscutido en un San Luis que volvió a jugar en la B. Terminó como eje del equipo que subió de vuelta en 1983 y dos años después partió a Fernández Vial, con Nelson Acosta como DT.

(En la foto, con su hermano Luis Hernán)

Ñublense, Magallanes, Coquimbo, Linares también supieron de sus goles.

“Me retiré en 1992. Tenía 30 años y tenía que volver al campo laboral. Yo veía a mi suegro cuando arreglaba las canchas pero solo eso. Por las cosas de la vida trabajé 10 años en Philips. Me mandaron como soporte técnico a Colombia y al volver tomé la decisión de reintegrarme a algún trabajo en el fútbol”, cuenta “Zorrito”.

¿Quería volver a trabajar en el fútbol?
Sí. Era mi sueño. Y mi suegro me ofreció trabajo en Colo-Colo.

Florencio Ceballos, el mítico canchero del fútbol chileno, vivió y cuidó por décadas el Complejo Juan Pinto Durán. En 1988 dejó la selección y se instaló en la villa Santa Elena. Al frente, estaba el Estadio Monumental de Colo-Colo.

Armó todo y, de hecho, tuvo que agrandar la cancha porque no tenía las medidas. Luego vino la reinauguración del estadio ante Peñarol, los títulos, la Copa Libertadores del 91 y la llegada de su ayudante, su yerno, Sergio “Zorro” Salinas.

¿Cómo recibió o se traspasó la experiencia de ser canchero, Zorrito?
Yo creo que es como un arte. Trabajé muchos años con Ceballitos e iba viendo todo. Además estar acá es especial. Me siento un colocolino, estuvimos en los años más difíciles de Colo-Colo. Yo llegué en 2001, antes de la quiebra.

El 11 de julio de 2005 Florencio Ceballos, Ceballitos, hombre emblema de Colo-Colo, creador también de las canchas de San Carlos de Apoquindo, Quilín y Tierra de Campeones de Iquique, falleció de un ataque al corazón.

“Fue un momento muy difícil para nosotros los más cercanos. Y desde ahí comenzó un proceso muy importante para mí. Me acuerdo que había llegado Jaime Pizarro y Mirko Jozic a Colo-Colo. Esto queda en el aire por la muerte de Don Florencio y Pizarro y Jozic me dicen: ‘Tú eres el que manda aquí ahora’. Fue un apoyo muy grande. Yo no quería. Era un momento muy difícil pero lo asumí bastante bien hasta el día de hoy que puedo tener la experiencia de estar en el club que quiero y hacer lo que me gusta, aunque no es tan fácil”.

Así Sergio “Zorro” Salinas estuvo como canchero oficial de Colo-Colo hasta 2009. Luego, cosas de la vida y del fútbol, volvió a Juan Pinto Durán convocado por Marcelo Bielsa.

“Me acuerdo que me vinieron a buscar en una ‘van’. Me fui a Pinto Durán, conversé con el profesor Bielsa y me dijo lo que quería. Trabajé con él y aprendí mucho. Técnicos como él no van a haber. Me dijo que había visto mi trabajo, que quería trabajar conmigo. Se lograron los objetivos pero por un tema familiar, después de eso, me fui a Valparaíso. Me llevó Jorge Aravena y luego volví a Pinto Durán porque me llamó Borghi. Seguí con Jorge Sampaoli hasta que terminó el Mundial de Brasil. Luego volví a Colo-Colo con Héctor Tapia. Esta es mi casa”.

Qué recuerdo tiene de su vuelta a Pinto Durán
Me llamó Bielsa… Marcelo Bielsa es como deberían ser todos los técnicos: Un hombre correcto, respetuoso, quiere todo lo mejor para sus jugadores, lo mejor de las canchas, que sea un lugar agradable. Quería las canchas lo más hermosas posibles, si había que sacar árboles y agrandar espacios verdes, se hacía. Sacó árboles, lo mismo que hizo después en Europa. Le interesaba que los jugadores tuvieran espacios, que las canchas tuvieran que ocuparse para lo que son. Me reflejo en él por eso.

¿Qué técnico recuerda con el que haya tenido un buen trabajo, siendo canchero?
Siempre se relaciona a Claudio Borghi conmigo, pero también acá en Colo-Colo estuve con Jaime Pizarro, Jaime Vera, Ricardo Dabrowski, ahora Tapia, Sierra, hemos estado con muchos entrenadores acá. Uno trabaja para Colo-Colo para que el técnico que está en el momento se sienta cómodo con el trabajo que uno hace. Acá es un tema profesional.

¿Qué es ser canchero?
No es tan simple. Hay que tener gente a cargo, trabajar todos los días. Tenemos que estar pendientes del primer equipo y cadetes. Tener las canchas lo mejor posible dentro de los medios que tenemos. Hay que trabajar. Regar, sembrar, lisar, champear… tú no paras. Estás todo el año trabajando en esto. Aquí hay 80 mil metros cuadrados de áreas verdes. Y a lo mejor un poco más.
Hay que estar muy pendiente de las cosas que pasan cotidianamente.

El peor enemigo de un canchero es algún mosquito, la lluvia…
A lo que más uno puede tenerle miedo, no es un mosquito ni a la nieve, ni al frio ni al calor, yo pienso que es tener los medios como para trabajar. Cuando tienes los medios, las cosas funcionan. Buenas maquinarias, todos los insumos que uno necesita, las herramientas que necesita para trabajar, más la gente, tú tienes que hacerlo bien. Y ser un buen líder.

El oficio y el goleador eterno

Un tiempo fueron una moda. Ahora hay algunas hasta en el norte, para el fútbol profesional… ¿Qué le pasa a usted con las canchas sintéticas?
No entiendo de canchas sintéticas. Pienso que la cancha sintética ningún futbolista las quiere, porque son muy duras. Cuando hay 30 grados aquí, en una cancha sintética aumenta 15 grados más. Hay que estar mojándola para bajarle la temperatura al caucho. No tengo nada contra las sintéticas. Es una buena opción para entrenar, para los chicos, para el invierno. Pero para el fútbol profesional debe ser una cancha netamente de pasto.

Cuénteme los secretos del Monumental, de la cancha David Arellano
Trabajamos 15 personas. Y hay siete canchas más jardines y áreas verdes que cuidar, aparte de la cancha principal ¿El secreto? ¡El trabajo! Nada más. Llego a las 7 de la mañana y me voy a las 7 de la tarde. Tengo que pensar todos los días qué le tengo que hacer a la cancha y todos los días tenemos que hacer algo. Esto no para.

¿Cuál es su sueño con la cancha?
Que algún día podamos cambiar la cancha uno. Que podamos hacerla de nuevo. Ese sería mi sueño ¿Sabes por qué? Porque mi suegro la hizo, cuando era piedra, y le hemos sacado provecho por casi 30 años. Me gustaría que hubiera un cambio de fondo.

Sergio Salinas jugó con su hermano Luis Hernán en San Luis de Quillota, aunque aquel terminaría siendo ícono de Unión La Calera, el archirrival. “Zorrito” recuerda sus tiempos de cancha con Pato Yáñez, Patato Martínez, Uruguay Graffigna, Pititore Cabrera, Pindinga Muñoz, Bahamondes, Lionel Gatica (exjugador de Colo-Colo en los 70 y con quien aparece en la foto del lado). zorro-3

¿Su mejor técnico?
Jaime Campos. Me dirigió en San Luis de Quillota y en el ocaso de mi carrera me llevó a Linares.

¿Los mejores jugadores con los que compartió?
Jaime Vera, el Chino Hisis. Juan Gutiérrez también y el Pato Yáñez. ¡Y Pititore Cabrera! Además de un arquero importante de San Luis, Carlos Sandoval.

Qué personaje Pititore Cabrera
Hablar del Piti es estar tres horas. Me concentraba con él, éramos compañeros de habitación. En mi vida no vi un loco más lindo que ese tipo. Era un loco lindo, loco sano.

Si concentró con Pititore, cuente alguna anécdota
Hay mitos en torno al Piti. El Piti era un cabro re-sano. Nunca lo vi en nada malo pero en su vida personal él podía hacer lo que él quisiera. Ahí no me metí jamás.
Él hacía bromas, sábanas cortas, cantaba, gritaba, bailaba… Infinidad de cosas. Nos reíamos mucho con él. Él podría escribir un libro. Es muy especial. Lo volví a ver hace poco y está igual, como yo lo conocí hace 38 años.

Para los jugadores de los 80, como usted, hubo un antes y un después con lo de Roberto Rojas en el Maracaná ¿Cómo lo vivieron los futbolistas de esa época?
Marcó a una generación. La generación esa fueron futbolistas que se perdieron. Pero creo que para lo que pasó, soy muy amigo de los que participaron en eso, creo que hay que estar en el momento, estar en el lugar de los que participaron en eso. Yo era amigo de Roberto. Creo que le tocó un momento difícil pero eso queda para la historia. La historia tiene que juzgarlo; nosotros no somos los indicados. En el fútbol se ven muchas cosas, a lo mejor peores que esas. Me dio mucha pena porque uno no va a ver un arquero con las capacidades de Roberto.
En ese tiempo estaba en Magallanes. Éramos sparring de la selección. Orlando Aravena nos pedía como sparring a Magallanes para jugar varias veces en Pinto Durán. Unas dos veces al mes. Juzgarlo no. Fue un error bastante considerable pero no significa que no podamos darle un oportunidad a Roberto. A mí me gustaría verlo de nuevo en el fútbol chileno. Fue el mejor arquero de la historia. Se perdió una generación pero por algo se hicieron las cosas.

¿El mejor partido que usted jugó?
Creo que en 1981, por San Luis ante Universidad de Chile en Quillota en el estadio municipal antiguo. Estadio lleno y pienso que fue mi mejor partido. Me marcó Vladimir Bigorra y estaba justo en la época de la selección del Mundial de España. Aswell, Pellegrini y Pato Reyes atrás… Castec, Aránguiz, Hoffens, Salah. Yo tenía 19 años.
Me acuerdo que estábamos concentrados y el Pato Yáñez se enfermó de las amígdalas. Se las sacaron y lo llevaron de urgencia con fiebre. Me acuerdo como si fuera hoy. Se llevaron al Pato y no hallaban a quien colocar. El técnico dijo: ‘El Zorro Salinas’.
No supe cómo jugué tan bien en ese partido. Yo no era yo (risas). Hice tantas cosas… No sé, miraba al público y la gente se paraba cuando tocaba la pelota y enfrentaba a Bigorra. Disfruté mucho ese partido. Es el mejor partido que hice en mi vida.

Por último Zorrito ¿Le pasa algo cuando usted está trabajando ahora como canchero y entra al área?
¡Por supuesto! Siempre me pasa algo cuando estoy en cancha y veo el área. Pienso que en una época de mi vida fui un goleador y fui futbolista y ahora yo le sirvo al futbolista, estoy a disposición del futbolista. Y eso me reconforta porque es lo que me gusta. Yo ahora quiero servir a los futbolistas, a los futuros futbolistas, a los Matías Fernández, Arturo Vidal, Jorge Valdivia que los vi crecer.