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Yeyo Inostroza: Los gritos de un silencioso
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“El silencioso”. “Huaso”. Dos apodos de camarín para un jugador rudo, de bigotes y con un físico de maratonista. Eddio Inostroza (70) era el 6 de un Colo-Colo que dio espectáculo. En 1979 Rivas, Caszely, Vasconcelos, Ponce y Véliz se llevaron los aplausos y “Yeyo” aportaba desde atrás, con humildad y callado. Del mismo modo que hacía de nexo entre Mirko Jozic y los jugadores campeones de América en 1991.

Es que su rol era ese. El de trabajar sin estridencias. Y ese poncho le calzaba, pues correspondía con sus orígenes como jugador amateur en Chiguayante, o “sol entre neblina” traducido del mapudungun. Como Inostroza, lustroso en un manto de timidez.

Nacido en 1946, uno entre 15 hermanos (nueve hombres), “Yeyo” es orgulloso de los clubes Caupolicán y San Pablo, que lo vieron surgir. Todo comenzó jugando día y noche en esa cancha de tierra, al frente de los ‘blocks’ donde vivía. Y más allá en el arenal, y -puro campo- subiendo los árboles, el cerro, al borde del río Bío Bío, dándole –obvio- a una pelota de trapo.

¿Siempre pelotero, Eddio?
“Hasta que me enamoré, je. Ahí hubo un cambio en mi vida. Hasta los 15 años era pelota, pelota y pelota. Éramos vecinos y cuando la empecé a ver dije: ‘Pucha que exquisita esta cabra’. A lo mejor ella dijo lo mismo. Ojalá (risas)”.

Fanático de Colo-Colo, amante de sus clubes de barrio, cuando el Caupolicán no participaba en el Regional (liga más importante de la región en los 60), seguía a Fernández Vial, ese equipo con raigambre ferroviaria y proletaria, como los aires chiguayantinos. Su mamá era de Naval; un hermano de Audax. Familia futbolera con revista Estadio de cabecera y la radio ¿TV? Eso era como un cuento futurista.

“Recuerdo que me llevaban a los clásicos locales, Naval con Vial. Eran clásicos a muerte, pero sin esa maldad que existe en la actualidad. Y el Mundial del 62 lo seguimos por radio. Aparte de la Estadio a mi casa llegaba la revista Vea y el diario La Patria de Concepción, donde trabajaba un hermano”.

¿Cuál es el primer partido que recuerda haber visto en el estadio?
“Fui a ver el Santos cuando jugó con Naval. Y vi a Pelé. Fui solo, me la jugué y quedé en el cerro tapado con miles de personas. Ese fue mi primer partido”.

Era 1963 y el Estadio El Morro se revolucionó. El 5-0 de los brasileños fue vibrante. Como para que cualquier chico quisiera dedicarse al fútbol y ser como esa perla negra con la número 10 en la espalda.

El debut y una consagración difícil

huachipato¿Cómo llega a Huachipato, su primer equipo?
“Huachipato sube el 66 y yo, con 19 años, estudiaba sastrería en los Salesianos en Chiguayante. Jugaba en San Pablo y el Caupolicán. De 8 o de 10. Cuando termino un partido, un señor fue a hablar con mi papá y le dice que Naval me quiere llevar. Como recién había terminado sastrería me ofrece trabajar en la Armada, en Asmar (Astilleros y Maestranzas de la Armada), y a la vez jugar. Yo encantado. Pero el día anterior a ir a Talcahuano para firmar, este caballero me dice que vamos a ir a Huachipato. Para mí, palabras mayores”.

Claro, Naval jugaba en el importante pero doméstico Torneo Regional de Concepción, y Huachipato haría su estreno en Primera División y de paso extendería por primera vez la máxima categoría hasta el futura VIII Región. Y el señor al que se refería Inostroza era el mítico Amadeo Silva, que dirigió a Naval en los JJ.OO. de Helsinki 1952 –junto a Luis Tirado- cuando Naval fue la selección chilena. Amadeo conocía a Inostroza del Caupolicán e incluso sabía su coqueteo previo con un club mayor: Cuando a “Yeyo” lo traspasaron a Fernández Vial, previo pago de 10 balones de fútbol, aunque nunca alcanzó a debutar.

¿Cómo fue llegar de un club amateur de Chiguayante a Huachipato?
“Fue muy divertido, seguramente me puse rojo, muchas veces me he puesto, por lo demás…
Llego a Las Higueras, me habían dicho que llegara con mis cositas y me equipara nomás, y me meto al camarín. Me siento, me acuerdo muy bien, al lado de la puerta. Estaba lleno el camarín de gente. No conocía a nadie pero para mí eran todos cracks. Llega Lucho Vera, que era el entrenador, saluda: ‘Hola muchachos, ¿Cómo están?’. Así, en general. Y de repente me queda mirando a mí y me dice: ‘¿Y tú quien eres?’ ¡Imagínate hablándome a mí, delante de todos!”.

-“Eddio Inostroza”, le digo.
-“¿Y qué haces acá?”
-“Los dirigentes me dijeron que viniera”
-“¡Ah bueno!”

“(Risas) Lucho Vera no me conocía y no tenía ninguna obligación de conocerme en todo caso. Me decían ‘Huaso’ a mi poh. Era calladito, si andaba a pata pelá antes. Pero anda a meterme a una cancha”.

¿Cambió todo cuando entró a la cancha?
“Ese primer día, detrás del camarín, había una cancha de maicillo. Dos equipos, empezamos a jugar y se puso a llover. Yo estaba ‘patito en el agua’. Entro en el desarrollo del juego y hago dos goles. Dos goles buenos, de distancia. Al otro día ya me miraban de manera diferente. Partiendo por don Luis Vera. Así se abrió el camino.
Otra cosa es que Luis Vera era profesor de Educación Física de la Universidad de Concepción. Todas sus actividades eran en base a lo físico. Con la cosa técnica, táctica pero la prioridad era la cosa física y ahí sí que yo era de los primeros. Por la arena, el cerro, todo…
Fíjate que yo no hice cadetes. Aprendí a través de la observación constante, que me obligaba permanentemente a mirar todo ¡Nunca me enseñaron a hacer un saque lateral!”.

Fue aprendiendo sobre la marcha
“Sí. Previo al campeonato fuimos a un cuadrangular en Temuco. Temuco, Rangers de Talca, Deportes Concepción y Huachipato. Me llevan a mí ¡Primera salida! Mi viejita me hizo sándwich, cocaví, quequito, huevo duro (risas). Yo andaba apegado a mis compañeros. Ellos iban para allá, yo para allá. Doblaban, yo doblaba. Andaba de perrito faldero (risas).
Don Lucho me hace jugar contra Concepción. A varios cabros y anduvimos súper mal. Me habló, me preguntó qué había pasado. Jugué de 8, por la derecha. ‘Aquí perdí’, dije. Yo creí que iba a abandonar. Dos veces me pasó eso, que creí que hasta aquí nomás llegaba.
Como que yo hubiese sido el único que anduve mal. Yo lo vi de esa manera.
La otra vez fue cuando debuté contra Temuco, por el campeonato, y me expulsaron”.

¡Altiro! ¿Bien expulsado?
“Siiiipo. Es que con el Monito González, un 9 argentino de Temuco, nos tiramos un par de aletas (risas). Si yo era bravo. Iba pa adelante nomás. Es que si te empujan, yo también voy a empujar. Si te tiran un puñete, yo también voy a tirar”.

Año 1967 e Inostroza ya era futbolista profesional. Y a Las Higueras llegaba con tres amigos inseparables. Dos de Chiguayante y uno de Hualqui. Miguel Ángel Neira pasaba a buscar en su Ford Falcon nuevo a Inostroza, el defensor central Luis Pérez y Carlos Cáceres.

Los cuatro serían piezas claves en el título de Huachipato 1974, la primera corona que se fue al sur. Antes, en el equipo siderúrgico Luis Vera dejó el banco y llegó Andrés “Chuleta” Prieto con un ayudante que marcaría a “Yeyo”: Pedro Morales.

Del fútbol físico de Vera se pasaba a la tenencia del balón de Prieto. Inostroza seguía aprendiendo. Todo lindo hasta que “Chuleta” se va a dirigir a Argentina (Platense, Vélez, San Lorenzo). Y a Huachipato llega Caupolicán Peña Reyes.

“Podría borrar eso. Me marcó. Ahí también estuve a punto de abandonar el fútbol… Caupolicán Peña llegó enfermo y con miles de problemas personales. Y se desquitaba con nosotros los cabros jóvenes. Y si había a alguien que odiaba era a mí (risas)”.

¿Por qué? ¿Cómo? ¿De entrada fue eso?
“Sí. Lo que pasó fue que cuando Caupolicán llega, conversa conmigo. Brevemente porque era de charlas breves. Nunca me dijo Eddio… ‘¿Qué pasa Inostroza’, me dijo. ‘Yo te observé cuando apareciste en el fútbol y andabas muy bien y de repente caíste’. Y sí. Era verdad. Yo en ese tiempo me casé con quien era mi polola.
Pero la disculpa no era lo que le importaba a él… Yo hice el siguiente comentario. Por boludo, por joven, por inexperto. No sé, pero lo hice, me acuerdo súper bien. Le digo: ‘Lo que pasa que cuando yo llegué a Huachipato estaba don Luis Vera. Que trabajaba la parte física. A mí me encantaba y andaba muy bien. Partía desde ahí para desarrollar lo técnico, lo táctico’. Yo le tiré flores a Lucho Vera. Pero yo no tenía idea que Caupolicán tenía un conflicto con Lucho Vera. Fueron compañeros de selección. Lo siento, pero es verdad. Y Caupolicán lo tomó como que yo era aliado de Lucho Vera. Y para él era el enemigo. Y pasaron los días y me dice: ‘Inostroza: Te quiere Ñublense con Pedro Morales y Rangers con José Santos Arias’. Y esa cuestión para mí era irme al extranjero, no sé el idioma (risas), qué voy a ir pa allá. No cachaba niuna. Yo seguía viviendo en Chiguayante. ‘Tenís que elegir’, me dijo Caupolicán. Significaba que me quería cortar.
En el plantel estaba Alberto Fouillioux que estaba en el Sindicato de Jugadores. Hablé con él el mismo día. Le digo: ‘Don Alberto’. ‘¡No me trates de Don, si somos compañeros!’… Pero yo nunca lo pude tutear. ‘Le quiero pedir un consejo’, le dije. Fouillioux me dijo que tenía contrato con Huachipato y que si aceptaba irme era mi decisión. ‘Pero Eddio, ten presente que acá la tendrás que luchar doblemente’.
Si todos se daban cuenta de mi tema con Caupolicán Peña.
Al otro día voy llegando al camarín. Veo a Peña y le quise explicar que me quedaba. ‘Ah no’, me dijo. Se dio media vuelta y se fue.
Y después si el pasto estaba largo porque el caballero no cortó, Inostroza tenía la culpa”.

Entonces después zafa de Peña solo porque él se va de Huachipato
“Claro. No jugaba con él. Jugaba en la Reserva. Podría haberme retirado. Pero mira lo interesante. Con mi señora pololeamos siete años y llevamos 48 años de casados. Más que toda una vida. En ese momento mi señora, cuando para mí era un martirio despertarme para ir a Las Higueras con la cosa de encontrarme con este caballero, que para mí era aberrante, le digo a mi mujer: ‘¿Sabes qué? No voy a ir más a Huachipato’. Me retiraba.
‘No’, me dijo ella”.

Elsa Manzano Jara, esa compañera de toda una vida, esa chiquilla que lo sacó de la pelota-pelota-pelota, terminó siendo clave en la continuidad de Eddio. El pololeo había comenzado con ella de 12 años y él de 15. Vecina, amiga, no fue hasta el terremoto del 60 cuando se atrevió a hablarle con el corazón. Ellos partían a la población Las Américas, un poco más lejos.

“Y cuando se fueron algo me faltó (risas). Y ahí me empecé a acercar. Me acuerdo incluso cuando nos dimos el primer beso ¡Qué linda la vida! Pololeamos siete años ¡Imagínate! Yo era muy celoso (risas). Fue mi primer amor. Ella ha sido fantástica”.

– “Mira Elsita: Yo tengo la posibilidad de trabajar acá en la fábrica. No quiero ir más a Huachipato”, le dije. Todos los jugadores de Chiguayante se metían a la fábrica de paños y telas del Caupolicán.
– “No”, me insistió. Ella era mejor pensante que yo. Me dijo: “Usted va a ir, va a dar la lucha. No luches contra él, lucha contra ti mismo”. Y partí.

Terminó el año, 1971, y a Huachipato regresó Pedro Morales. El papi de “Yeyo”.

Entiendo que hay una gira, en 1973, donde se produce el gran cambio en su carrera: Pasa a jugar de 6
“Cuando llegó don Pedro esos jóvenes que estábamos nos potenciamos. Él consideró mucho a los jóvenes. Sobre todos los de la zona. Huachipato en sí tenía muchos jugadores de Santiago. Todos con currículo y de gran valía, nos dejaban una enseñanza buena. Estaba Manuel Astorga del Ballet Azul, Jaime Ramírez, Alberto Fouillioux, Chepo Sepúlveda, Gustavo Laube, gente valiosísima que nos potenció.
Y sí, fuimos a una gira a Centroamérica y me puso por primera vez de 6. Y también ahí nacieron los bigotes”.

Los bigotes del Yeyo y el golpe vivido en el extranjero

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Lucho Pérez, Miguel Ángel Neira, Carlos Caceres y Eddio Inostroza lo hicieron como una especie de apuesta de juventud. “¿Y si nos dejamos bigotes?”, dijeron una mañana cualquiera arriba del Ford Falcon.

Era septiembre de 1973 y con el torneo detenido por los partidos de la selección chilena (clasificatorios a Alemania 1974), los clubes comenzaron a viajar. Colo-Colo, Unión, Wanderers, Concepción, se fueron de gira a Europa. La U a México. Naval y Huachipato a Centroamérica…

En la edición de la revista Estadio del 16 de octubre de 1973 se consignó la campaña de Huachipato: Dos triunfos en Costa Rica, otro par en Honduras y misma dosis en Guatemala (uno a la selección). Jugando incluso con 34 grados de calor. Allá Inostroza debutó como 6 y se transformó en el tipo táctico. Se estrenaron los bigotes y la pachorra para quitar pelotas. Y el correr y correr ante unos centroamericanos fuertes, rápidos, musculosos y en juegos de mucho roce y mucha entrega.

El golpe de Estado en Chile lo pasan allá
“Sí. Terrible. No podíamos regresar, 45 días fuera… Estábamos en Guatemala y fue impactante. Yo tuve compañeros que sí tuvieron participación política, inscritos en unos partidos. Conocí uno que sufrió muchísimo y estaba en el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria). Y era joven, soltero… Yo lo vi llorar y lo vi muy preocupado. Él estaba más a caballo políticamente de las consecuencias que podían ocurrir. Y lo dijo, abiertamente. Y tenía un temor, lo dijo ese mismo día 11 de septiembre. Ahí yo me di cuenta que estaba en el MAPU y lo que venía. Él lo decía”.

¿Qué paso cuándo supieron del golpe? ¿Qué pasó con él?
“Otro compañero dijo algo así como: ‘Por fin cayeron estos huevones’. Y este muchacho se tira encima, le tira un puñete, lo agarró del pecho y nosotros nos tiramos entre los dos para separar. Eso ocurrió. No es invento. Y fue fregado.
Estando Allende yo tenía mi hijo mayor de 3 años y mellizos. Los mellizos tomaban (leche) Nan y vendían uno o dos tarritos máximo. Además el bolsillo no estaba como para pagar sobreprecios y esas cosas. Y viví esa experiencia de hacer cola para la leche de mis hijos.
Y hay una anécdota bien bonita. Con Huachipato fuimos a jugar a Talca y estábamos en el hotel y de repente viene un compañero corriendo, previo al partido. Y me dice: ‘Yeyo, están vendiendo Nan en una farmacia, una cuadra más allá’. Yo dije: ‘Voy a comprar un tarrito’…
(Silencio, se emociona).
Partieron los cabros, se pusieron todos a la cola a comprar los tarros. Mira qué encachado… Siempre lo recuerdo y me emociona. Fue un acto de ellos. Y muchos no me quisieron cobrar eso después. Muchos, yo diría que todos. Hice dos cajas de Nan pa mis cabros. Eso no se va a borrar nunca. Jamás”.

¿Su compañero del MAPU quien era?
“(Piensa). Era Pérez. Lucho Pérez. Que ahora está con problemas de salud, incluso le cortaron una pierna.
Durante su carrera como futbolista él siguió estudiando y salió de Ingeniero Forestal. Se retiró del fútbol y fue un excelente profesional… Yo creo que lo salvó el fútbol tras el golpe”.

¿Y quién era el que celebró el golpe?
“No. Eso no lo puedo decir”.

Inostroza vio muchos amigos del barrio, en Chiguayante, que comenzaron literalmente a desaparecer. Aunque no era político, y se dedicaba –dice- al fútbol y la familia, veía, miraba y sentía todo lo que comenzó a pasar en Chile con la dictadura.

Un paréntesis… Año 1975 y Eddio Inostroza y sus compañeros de entonces en Unión Española avanzaron a la final de la Copa Libertadores de América. Desde La Moneda Pinochet convocó a todo el plantel a una reunión. Una suerte de despedida gloriosa a los exitosos futbolistas. Eddio Inostroza no fue. Era su modo de protesta.

¿Dimensionó el acto de no ir a La Moneda a saludar a Pinochet?
“No le di mayor importancia salvo el hecho de no querer ir a saludar a una persona. Yo no me pongo en comparación, con todo el respeto que le tengo, al Chino Caszely. Él fue y no le dio la mano. Yo calladito no fui nomás.
(Silencio) Yo veía las atrocidades que estaban ocurriendo. En Unión cuando nos dijeron: ‘Mañana todos a las 11:00 en La Moneda hay que saludar al caballero’, teníamos un terno gris y toda la cosa y yo no fui. Y no fui. Claro que al otro día en el camarín me agarraron y me dijeron: ‘Qué te creís’ y toda la cosa… Luis Santibáñez me llamó la atención.
Pero no estaba en mí, no lo sentía para nada. Sin ser partícipe de temas políticos pero también veía lo que estaba ocurriendo”.

El éxito a los 28 años

inostroza Tras esa gira por Centroamérica, Huachipato remató el torneo de 1973 en el tercer lugar. Fue un aviso para el título logrado en 1974, donde Inostroza jugó 29 de los 34 partidos. Luis Pérez actuó en 13 cotejos.

Sale campeón con Huachipato y llega a Unión pero ahí ya tenía 28 años
“Yo decía: ‘¿Me quieren traer para Santiago?’ Me mandaron un mensaje con Juan Cugniet, periodista. Estábamos en Pinto Durán porque las concentraciones las hacíamos ahí los equipos de provincia muchas veces.
Tenía un amigo, Francisco Pinochet, compañero, seleccionado… Panchito era mi consejero y mi amigo más allá de los tres cabros de Chiguayante. Yo lo respetaba mucho y me ayudó a tomar la decisión”.

¿Pero usted dimensionaba que alcanzó el éxito a nivel nacional, ya grande?
“Yo creo que todo eso, del 74 para adelante, fue regalo. Fue regalo de dios, nada más. Con pleno conocimiento de mis condiciones. Aunque jugué mucho con Chamaco, yo no podía imitarle a Chamaco. De tratar de golpear la pelota como él o flirtear como lo hacía Caszely. O romper la pelota aérea como Elías ¡Jugadorazos! Mis condiciones tenía que ponerlas al servicio de lo que me pedían a mí y de lo que tenía que servir.
Lo que vino después fue regalo.
Me acuerdo que llegué a un restaurante a Pedro de Valdivia con Bilbao, como seis u ocho dirigentes de Unión que me trajeron… ‘¿Qué te vas a servir, Yeyo?’ Y yo: ‘Cualquier cosa nomás’ (risas) ¡Si no sabía qué pedir! Todos pidieron platos diferentes. Picaban de todos los platos, si eran una familia. Y para mí todo era atractivo. Si estaba al margen de ese nivel.
Me preguntan: ‘¿Qué edad tienes?’ ‘28 años’. ‘Perfecto’, me dijeron. Hice un contrato por dos años y después querían renovarme.
Ese año salimos campeones, jugamos la final de la Copa Libertadores y el segundo año salimos segundo. Nos ganó Everton la final”.

¿Es verdad que llegando a Unión le regalan un Peugeot y casi lo choca de entrada?
“No, no. Esas son historias del Cañón Alonso (en revista “Unión campeón 1975”). Pero tengo otra anécdota con el Peugeot. Más boluda todavía (risas).
El Peugeot estaba nuevo. Era el primer auto que tenía. En Chiguayante carretilla, y eso.
Prácticamente en la Alameda aprendí a manejar. Andaban pocos autos, 20 vehículos.
Unión me trajo casi un año a un hotel en el centro, entrando por Estado. Después me fui a la villa Santa Carolina, en Macul. Tenía que ir de Macul a Santa Laura… Me pusieron un teléfono en la casa y ocurrió algo muy bonito, porque yo cuento las ganadas y las perdidas.
Primer día que estaba en la casa y como yo era huaso-huaso, tenía que ir a Santa Laura y pregunto. Me dicen que salga hacia la costa hasta Avenida Vicuña Mackenna y me tire derecho. Preguntando llegué y le había dicho a mi señora: ‘Cuando llegue allá te llamo para que a la vuelta almorcemos’. Me demoré una media hora, llamé a la casa desde Santa Laura, entonces la idea era que cuando salía del entrenamiento llamaba a mi casa para que mi esposa calculara y almorzábamos juntos.
Pero la vuelta es totalmente diferente a la ida.
Y no se me ocurre nada mejor que seguir a un dirigente en el auto. Pero yo no le dije adónde iba (risas). Lo seguí nomás…
Él iba en un Fiat 600, yo en mi Peugeot y me acuerdo que en la avenida Santa María, dobla a la izquierda este hueón (risas).No iba pa donde yo iba. Chuuuucha. Se me perdió nomás. Lo cómico es que seguí y estaba perdido total. Seguía, seguía, pasaban los minutos, la hora… la bencina bajaba… Me para un Carabinero ¡pero no te digo cuanto anduve!… Era un cabro joven y como estaba en la Copa Libertadores, salía siempre en el diario, el paco me reconoció.
Y me dice: ‘Señor, para dónde va ¿Lleva cadena?’ (risotadas). Yo creí que estaba hueveando… Me fui por Kennedy para arriba hasta la chucha del mundo (risas) ¡En la falda del cerro! ‘¿Por qué cadenas?’, le digo yo. ‘Sabe estoy perdido, voy para mi casa’. Mi referencia era el Estadio Nacional. Me queda mirando el paco. Yo creo que ese paco todavía debe estar cagándose de la risa. Y me dice: ‘¡¿Al estadio Nacional?! Y de dónde viene ¡¿Del estadio Santa Laura?! Pero qué anda hueveando por acá’ (risas) ¡Estaba en Farellones!
Me dice: ‘Llegue al Far West y váyase derecho para abajo. A la media hora pregunte’. Llegué como a las 7:30 a la casa. Mi señora no me creía. Incluso tuve la intención de pagar a un taxista para seguirlo. Al final llegué preguntando.

Hombre de selección y el reencuentro con Caupolicán

Eddio Inostroza jugó 13 partidos por la selección chilena. Debutó en 1974 en un 1-1 ante Argentina en Buenos Aires, con Pedro Morales como DT (dirigía a Huachipato y la Roja al mismo tiempo). Y sumó varios partidos al año siguiente también. 3

Sin embargo, en 1976 asumió la Roja un viejo conocido de “Yeyo”: Caupolicán Peña. Aunque el reencuentro se veía difícil, Inostroza volvió a la selección, en una historia con anécdotas.

¿Cómo fue ese debut en la selección?
“Fue bonito e impactante. Don Pedro (Morales) estaba con nosotros en Huachipato y que me haya considerado… de hecho él no me comunicó, sino un dirigente. Don Pedro pensó que podía servirle, tenía confianza en cómo trabajaba y cómo era yo. Después de ese partido, sin darme cuenta que anduve bien, hubo buenísimos comentarios.
Llegué al camarín después del partido, en el estadio de Vélez, me sacó los zapatos y tenía los pies llenos de ampollas. Resulta que yo no tenía zapatos más o menos decentes y en Huachipato un cabro me pasó unos zapatos buenos cuando tenía que hacer mis pilchas para llevar a Pinto Durán. Pero llegué y los guardé nomás, si estaban mejor que los míos ¡Ni me los probé! Y me quedaban chicos… ¡Lleno de ampollas!
Juan Silvagno nos cobró un penal más tonto”.

¿Quedó impresionado al llegar a la selección?
“Estaba el Pollo Véliz me acuerdo. Para mí todo era impactante. No era que andaba pidiendo autógrafos pero sí los miraba con respeto. Imagínate en Huachipato llegó el que para mí era mi ídolo, exclusivamente escuchando de él por la radio o viendo el diario: Luis Eyzaguirre, el “Fifo”. Para mí era mi ídolo sin haberlo visto jugar nunca. Ídolo a través de las fotos, de lo que decían por la radio, desde cuando yo todavía no estaba en el fútbol profesional. Después me veo sentado con él. En diagonal en el camarín, me acuerdo. Lo miraba y parecía no sé qué… después con Fouillioux, más adelante con Figueroa, el chico Reinoso, Chamaco, Carlos (Caszely)… Siempre tuve esa admiración y respeto por esos jugadores”.

¿Cómo se dio la segunda parte con Caupolicán Peña, cuando lo llama a la selección?
“No me llama al principio Caupolicán. Pero yo estaba tan bien en Colo-Colo… Trabajaba con nosotros un profe que se llamaba Fernando Zamorano, un kinesiólogo que hacía labores de preparador físico. Estuvo con Pancho Puskas (DT). Y a mí me gustaba. En los entrenamientos me sacaba la cresta en la parte física, era un bruto. Me gustaba, me gustaba. Después de las prácticas me decía: ‘Yeyo, cómo estamos… Ya. 12 vueltas a la cancha’. Al mismo ritmo. No es por nada, no me voy a estar agrandando a estas alturas…
Entonces estaba enfocado y metido en lo mío. A trabajar en Colo-Colo, hacer bien las cosas y en mi familia, mis hijos. No pensaba en la selección.
De repente andaba tan bien que sentí esa presión que se estaba ejerciendo a través de la prensa, algunos comentarios de la gente y me llamó”.

¿Cómo fue el reencuentro?
“Llego a Pinto Durán… Mi señora me decía: ‘Anda tranquilo’… Llego y me llama a conversar. ‘Inostroza, vamos a conversar al camarín de al lado’. Me acuerdo que nos sentamos y me dice: ‘Mira, quiero darte una explicación. Por cómo llegué a Huachipato, te quería pedir disculpas’. Y yo me paro y le digo: ‘Don Caupolicán, no se preocupe. Le agradezco que me haya llamado, vengo a tratar de esforzarme para ayudar en lo que pueda’. Y salí… Corta, para qué. Las curvaturas de la vida son así. Él se equivocó al momento de enfocarse contra personas. En este caso contra mí”.

Eddio Inostroza y Caupolicán Peña enfrentaron juntos quizás el partido más importante de Chile en ese tiempo. En Lima, ante Perú, la Roja se jugaba la clasificación al Mundial de Argentina 1978. Eddio jugó al final solo tres partidos en la Era Caupolicán. Incluido ese match limeño donde la suerte de Peña se selló y se hablaba de que el DT terminaría en la plaza de Armas de Santiago, colgado. Casi literal.

Porque Perú ganó 2-0 y eliminó a Chile. Todo bajo un ambiente extraño, en plena dictadura y con un rol desde el Gobierno de facto que ahora Inostroza revela sin tapujos.

En la cancha el primer gol lo convirtió Hugo Sotil Yerén, “El Cholo”, entonces recién regresado de Barcelona de España. Delantero hábil, uno de los mejores jugadores en la historia de Perú, el problema es que Sotil anotó de cabeza. Y medía un metro y 67 centímetros.

Sus compañeros de entonces dicen que Sotil era su marca, Yeyo
“No. No. No era marca mía, y no me voy a defender ahora… Es que no era mi característica el cabezazo, el juego aéreo. Mal podrían haberme dicho: ‘Tú te vas a encargar de esto’. Es una cuestión de lógica. Si alguien me destina a mí para tomar al buen cabeceador que tenían ellos, sería el rey de los boludos. Esa fue una defensa de los gigantes que tenía yo (N. de R: Elías, Quintano). Nace de ellos. Cómo me iban a destinar a mí si no era mi cualidad. Si me dicen a mí, que no tome la pelota ese tipo porque la maneja muy bien, ahí me eligen a mí para eliminarlo. Y si fallo es por la cualidad de él. Pero aquí, no me van a mandar a mí a marcar, si no tenía juego aéreo, no tenía rechazo”.

Fue fuerte quedar eliminados
“Aquí en Chile la preparación no fue buena. Me cuestiono aunque ya pasó la vieja. No fue acorde sobre todo con el comportamiento fuera de la cancha. Hubo mucha indisciplina y no de los jugadores. Estábamos en Pinto Durán y en el comedor allá se ponían a chupar, y hasta las 3:00 de la mañana gritos y chuchás”.

¿Quiénes?
“Cuerpo técnico. El único que no, era el ‘Flaco’ (Jorge) Luco. Él no participaba, estaba preocupado porque estaba ocurriendo eso y para nosotros los jugadores era incómodo. Ocurrieron muchas cosas negras que quedaron ahí nomás”.

Estaba metida la dictadura. Incluso el hijo mayor de Pinochet llegó al camarín en Lima ¿no?
“¿Y cuál era el encargado que llegó al camarín raja de curao?…”

El general Hernán Béjares, ministro de Pinochet
“(Afirma con su cabeza) Pero lo llevaban de estropajo mojado… Por eso decía de la indisciplina pero no de jugadores”.

Béjares entonces también iba a Pinto Durán, antes
“También”

¿Tomaban con Caupolicán Peña?
“No sé… Ahí había un grupo que eran terribles. Nosotros encabezados por Elías estábamos emputecidos. Todos emputecidos. Yo quería al final entrenar, jugar y las grandes relaciones las tenía con los jugadores nomás”.

¿Béjares andaba con el hijo de Pinochet?
“No sé. A Béjares lo conocía bien pero no los pescaba. Llegaba cada personaje”.

¿De alguna manera Chile no clasifica al Mundial -en parte- por el rol negativo de gente que rodeaba la dictadura?
“Es que esos entretelones yo no los supe porque seguramente había conversaciones de esa naturaleza en el comedor en Pinto Durán. Pero nosotros estábamos aparte. Si agarras a Patito, que era mozo en Pinto Durán… O a la señora de Ceballitos que también trabajaba ahí…”.

Pero para entender la historia de la selección en ese momento ¿Cómo veían todo eso desde el camarín?
“Como un capítulo negro nomás. Seguramente ellos se creían dueños de todo… Como eran en todo caso. Era autoridad plena, podían meterse en todos lados. Y en vez de ayudar, ensuciaron. Arturo (Salah) decía siempre: ‘Si no ayuda a limpiar, no llegue a ensuciar’. Y ellos no ayudaban a limpiar, con toda seguridad. Entonces la caminata era más tensa”.

Colo-Colo: Un sueño cumplido

2 Eddio Victorino Inostroza Ibacache tenía 30 años cuando llegó a Colo-Colo. En el Cacique ganaría los títulos de 1979, 1981 y 1983. Además de las Copa Chile 1981 y 1982.

Tras el retiro, volvería rápido a Colo-Colo como ayudante del debutante Arturo Salah, en 1986. Hizo todo el proceso y siguió con Mirko Jozic, de quien fue ayudante en la divina Copa Libertadores 1991. Si “Yeyo” no tiene un lugar en la historia alba, quién.

¿Cómo fue cuando le dicen que lo quiere Colo-Colo?
“Estaba en Unión y el ‘Loco’ Enoch me dice que nos quieren llevar a Colo-Colo a los dos. Todavía no terminaba el campeonato. Nos está esperando Germán Pica (dirigente). Yo no tenía idea quien era pero fuimos a conversar a su oficina en el centro y fue tan rápido la cosa, por el ofrecimiento que hacían. Era abismante. Y uno no tenía representante entonces todo era más rápido. Uno veía las cifras grandes pero al final no era tanto y tampoco te pagaban todo lo que te decían (risas) ¡Si es verdad! Llegamos a acuerdo y estaba feliz”.

La primera vez en el Monumental
“Lo que más me impacta todavía es el tema Colo-Colo, en sí. Claramente no había las comodidades de ahora. Lejísimos de eso. Te pasaban medias rotas, las camisetas medias cochinas y no porque no estuvieran lavadas sino que no había más. Era el momento. En el Monumental no había nada. Puro cemento y lleno de pastizales. Y alrededor tampoco. Si nosotros íbamos a correr hasta el paradero 5 de Vicuña Mackenna. Y si había un día de físico fuerte, nos metían abajo, en la que es la cancha hoy, porque hacía siempre más calor allá abajo. No había pasto.
Entonces las comodidades eran otras pero lo que más impacta es Colo-Colo en sí ¡Colo-Colo! Estar ahí, que tu nombre esté en Colo-Colo, es totalmente diferente”.

Usted llega a Colo-Colo con recorrido. Bigotes, pinta de rudo ¿Afuera de la cancha seguía siendo tímido?
“Sí. Siempre. Quizás no tan huaso como cuando llegué (a Santiago) pero siempre respetuoso con todos. Tuve mucho diálogo con los más jóvenes, los iba a dejar a su casa, compartíamos un sándwich, una bebida. El ambiente era grato”.

El título del 79 es muy importante para el club. La presión era mucha, eran siete años sin títulos
“Para mí ese Colo-Colo es el mejor Colo-Colo que yo jugué. Y tuve el privilegio de estar en una posición tan linda dentro del campo de juego, como que yo me sentía en el living de mi casa muy cómodo. Porque habíamos tres que nos preocupábamos de la parte sucia, por decir así: los dos Herrera y yo. Por un lado teníamos a Daniel Díaz y por el otro a Mario Galindo que se transformaban en volantes o atacantes. Teníamos Vasconcelos y el Chico Rivas que eran genios hacia arriba. No quitaron nunca una pelota esos hueones (risas). Y Ponce, Caszely, Véliz arriba. Yo veía a mis compañeros por allá y era un espectáculo ¡Un espectáculo! Te digo de verdad: Yo gocé ese año como nunca. Ganamos por boleta. Y nosotros preocupados de las coberturas, había una comunicación extraordinaria con los dos Herrera. Eso es fundamental. El diálogo, la indicación con las manos, hasta con la vista. Había una sincronización total, una mecánica de resolver y acaparar todo el espacio”.

¿Y la presión de tener que ser campeón?
“Es que donde sentíamos un gran respaldo era con don Pedro Morales. Yo siempre fui un agradecido de él. Era un hombre extraordinario, de primera línea. Teníamos ese respaldo y él no era débil para dirigir. En Las Higueras me acuerdo una vez me mandó a la cresta por una tontera que hice dentro del entrenamiento. Pero sabía manejar los grupos. Y sabía guiarte, indicarte, sabía sacar provecho, que tú creyeras en ti mismo, con una empatía tremenda. Don Pedro era extraordinario”.

El 81 repiten el título pero con Pedro García de DT, que tenía su misma edad
“Se encontró con un grupo bueno. Fue como Pizzi cuando se fue Sampaoli. Agarró la ola y a sacarle provecho. No queda otra. Pedro agarró vuelo con lo que venía. La materia estaba ahí.
Él quiso marginarme en algún momento y tuvo que reinsertarme. Estaba en su derecho”.

Cómo se da el cierre en Colo-Colo. En su último título el 83 debuta Jaime Pizarro ¿Pasó sin problemas la posta?
“El paso a los chicos hay que darlo. Yo no veía como enemigos a los cabros. Todo lo contrario. Veía la capacidad de Jaime, del ‘Chino’ Hisis y de otros. Ellos no tienen la culpa que a uno lo vayan dejando de lado. Son los años de vida que uno tiene que tener. Eso se llama la vida útil del deportista. Uno tiene la mayor responsabilidad de extender ese elástico. Con el trabajo y la dedicación. Cuando Jaime, el ‘Chino’ Hisis y otros iban ascendiendo al primer equipo, iban mirando a los que íbamos saliendo. Es así. Uno tiene que ascender, mantenerse y caer. Es natural y yo lo tenía asumido. Sí inquieta, incomoda, duele, pero hay que aceptarlo”.

Tras jugar en Green Cross, Eddio Inostroza se retiró del fútbol en 1984. Hizo los cursos para ser técnico, incluido el de Instructor de la Federación. Estimulado, naturalmente, por Pedro Morales, su mentor.

En 1985, una mañana cualquiera un vecino suyo le dice que tiene que ir al Monumental, a buscar unas facturas por unos trabajos hechos. Le pide que lo acompañe. Ese día Eddio se encuentra con Rosamel Miranda, encargado técnico de las divisiones inferiores de Colo-Colo.

“Justo lo estaba buscando, quería conversar con usted… Tengo una categoría donde necesito un técnico ¿Por qué no viene?”, le dijo Rosamel ¡Listo! Inostroza agarró el buzo y se hizo cargo de la categoría 1969, con Reinaldo Hoffman, Javier Margas y Nelson “Flaco” Sandoval, entre otros. Disputaron, incluso, una recordada final ante la U en Quillota. Fue goleada 5-1.

En 1986 lo llama por teléfono Arturo Salah, a quien no conocía personalmente
“Sí. Estaba en la casa y me llama Arturo. Contesto. ‘Hola, soy Arturo’ ¿Qué Arturo? pensé yo. ‘¡Arturo Salah! Cómo estás’… ‘Quiero conversar contigo’, me dice. Me dio la dirección de su casa y fui.
Conversamos más de una hora, en el patio de su casa. De fútbol, de la vida. Le dije que gracias por invitarme a su casa. Nunca sospeché nada. Para no ser intruso nunca le pregunté por qué me llamó. Y cuando al final me dice: ‘Quiero que trabajes conmigo en Colo-Colo, que seas mi ayudante porque yo me hago cargo de Colo-Colo’. ‘¿En serio?’, le digo… Ahí dudé, porque dije: ‘Me está hueveando’ (risas), aunque Arturo no es de esa naturaleza. Le agradecí, que haya pensado en mí y ahí comenzó todo”.

Cuánto influye para usted Arturo Salah en la obtención de la Copa Libertadores del 91
“Mira, aquí hubo una cosa súper importante. No sé si teníamos genios en Colo-Colo, eran pensantes; a lo mejor planificaron todo. Porque se trajo a Arturo y el tema de él era la parte técnica, el manejo del balón, dominio del implemento. En la conducción, el pase, el control, todo. Y para llegar a la parte táctica tienes que pasar por esa base. Y si esa base no es buena, no sirve. Y después trajeron a Mirko que era la parte táctica. El dominio del juego, la competición, la estrategia. Se hilvanaron esas dos partes.
Aquí hay un caso de que… yo no sé. Y no es como ofensa a Arturo ni mucho menos, pero yo no sé qué pasaba si se hubieran invertido. Si hubieses traído a Mirko primero y a Arturo después. Eso va a quedar en la nebulosa”. 1

Así como el 79 se paraba en la mitad de la cancha y veía al equipazo, también usted de una tribuna privilegiada, vio y participó del proceso Salah-Jozic. Jozic, cuando llega, pide altiro que usted siga
“Fíjate que toda esa participación activa en ambos procesos, el no haberle sacado provecho después, fue penca, fue malo. Fueron miles de circunstancias y no culpa mía. Me encasillaron malamente nomás y no tuve la oportunidad que correspondía”.

Pensaba que usted debía tomar la posta después de Mirko
“Es que yo no quiero culpar a nadie de esta situación pero debían haber sido más rígidos. Varias veces tomé el grupo, en el campeonato nacional e incluso en el extranjero, en Copa Libertadores, pero en el camarín decían: ‘Si tiene buenos resultados va a quedar’. Le restaban autoridad a uno. Está transitoriamente. Y ese transitoriamente te liquidaba. Y eso te quita autoridad.
Tuve un caso, que no voy a decir el nombre, un problema en el camarín bien jodido con un cabro. Y no me entregaban autoridad plena. Pasó el problema pero consecuencia de lo otro. Nunca dijeron: ‘Este es nuestro técnico’. Yo le decía, sobre todo a Eduardo (Menichetti): ‘Me matas a mí. Me restas autoridad’. No hubo caso”.

¿Qué nuevo me puede decir de la Copa Libertadores 91? ¿Qué significa ese título para usted, que venía desde el proceso anterior?
“Podía haber dicho: ‘Esta es mi venganza’. Porque había jugado la final como jugador con Unión y la perdí. Pero no.
Ese momento lo gocé plenamente. Fue consecuencia de un trabajo que comenzó con Arturo”.

¿Qué pasó tras el pitazo final ante Olimpia?
“Recuerdo muy bien que Mirko me agarra y me dice: ‘Edy. Desgraciadamente hasta aquí llegamos’. Porque no podíamos dar más pasos. Me dice eso al final del partido. Apenas termina el partido, ahí en la banca.
Y tenía toda la razón. A Mirko le costó entrar pero los cabros lo entendieron. Cuando terminaron de conocerlo los cabros se enamoraron de él.
Si hay miles de anécdotas con todas las cagás al principio que quisieron dejar los cabros ¡Ni se te ocurre! Otro día vamos a conversar de eso”.

Eddio Inostroza trabaja hoy en la Fundación Ganamos Todos, con Harold Mayne-Nicholls. Sus pasos en Colo-Colo están pegados, arrimados firmemente a su historia. Esa que incluso habla de que fue de los pocos que no demandó a Colo-Colo en el periodo de la quiebra, pese a tener todo para ser acreedor.

“Me dijeron quiere demandar al banco que no ejecutó o a Colo-Colo. Se pusieron todos a la fila a cobrarle a Colo-Colo. Todos cobraron los que demandaron a Colo-Colo. Y yo no quise demandar a Colo-Colo. Y solo por el cariño que le tenía a Colo-Colo. Yo perdí. Yo pensaba, cómo voy a poner como enemigo a Colo-Colo. Gente me decía: ‘Es que están todos allá, en la cola contra Colo-Colo’. Todas mis letras las perdí”, recuerda.

¿Qué significa Colo-Colo para usted? ¿Extraña el Monumental?
“Me gustaría que no se cerrara la puerta en Colo-Colo para mí. No ando pidiendo pero a las personas que pueden, abran las puertas. Quién pone el sí o no, no tengo idea.
Colo-Colo para mí es lo máximo. Si no se llamara Chile, le pondríamos Colo-Colo y se acaba la cosa. Es lo que uno respira. Es tanta la gente que rodea a Colo-Colo.
Colo-Colo ya no es solo un equipo de fútbol. Va mucho más allá. Llena el espíritu. Puedes tener derrotas pero nunca dejaras de ser de Colo-Colo. He estado en otros países pero la pasión de esto es inmensa. Extraordinaria. Única”.