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A lo largo de la historia del fútbol chileno, un sólo equipo logró ganar la Copa Libertadores. Es fue nada más y nada menos, que el más grande del país: Colo-Colo. Aquella jornada de 5 de junio de 1991 quedó grabada en la mente de todos los hinchas del balompié nacional y 29 años después sus protagonistas, recuerdan la histórica hazaña.

Eduardo Vilches fue uno de los jugadores “silenciosos” de aquel plantel. Destacó por su temple y entrega dentro del campo de juego donde fue el “bombero” para sus compañeros y el actual entrenado recuerda lo que fue la campaña de 1991.

¿Cómo recuerda la obtención de la Copa Libertadores de 1991?

La verdad es que yo hasta el día de hoy la recuerdo con mucho orgullo, cariño, pasión, ya que ha sido algo muy importante no sólo en mí, sino que, para todos los que integramos aquel plantel y la verdad de que me siento muy orgullosos, ya que se logró algo que hace mucho tiempo el fútbol chileno estaba llegando a instancias mayores y no se había podido obtener y ese año gracias a todos pudimos obtener esa Copa tan anhelada.

¿Cuánto ayudó contar con un plantel equilibrado tanto con jugadores jóvenes como de experiencia?

El plantel para mí fue un plantel de personas muy compacto, muy homogéneo, siempre nos respetamos entre nosotros y cuando estábamos jugando mal aceptábamos la crítica del compañero tanto afuera y dentro de la cancha.

Me trae muy gratos recuerdos poder hablar de cada de mis compañeros que en el fondo fuimos una familia y grandes amigos.

¿Cuánto ayudó que el plantel llevara años trabajando juntos?

Arturo comenzó en el año 86’ cuando Colo-Colo andaba mal, pero salen campeones y de ahí empieza el proyecto tanto de los directivos como el profesor Arturo y eso tiene un gran peso y gran validez, ya que formó un plantel de grandes jugadores.

¿Cuánto influyó la llegada de Mirko Jozic en el plantel?

Bastante ayudó, pero no sé si en el tema de mentalidad, pero nos sacó el mayor provecho deportivamente. Movió las piezas tácticamente dentro del campo de juego y yo creo que eso revolucionó, ya que casi siempre se jugaba el típico 4-4-2 y con la innovación táctica pudimos revolucionar y sacar provecho de esa situación.

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¿Cuál cree usted que fue el partido o llave más complicado de la campaña?

Para mí, lo más complicado y más difícil fue con Olimpia de Paraguay de visita. Estábamos en la final y es una losa muy grande que traíamos mentalmente, ya que pensábamos mucho en la historia del fútbol chileno, de jugar las finales y no obtenerla. Para mí, fue uno de los partidos más tensos.

¿Cuándo sintió o pensó que estaban para ser campeones de la Libertadores?

En ningún momento me sentí convencido, creo que el momento que me sentí más seguro deportivamente fue cuando salimos del estadio de Boca cuando perdimos 1-0 y me sentía confiado de que dábamos vuelta ese partido con una calma y temple muy fuerte, con muchas ganas de poder ganar ese partido y pasar a la final.

En líneas generales desde que inicia Copa Libertadores hasta el final, nunca me sentí seguro de llegar a una final y ganarla, sino que dije vamos “paso a paso” y cada vez que pasábamos un partido nos sentíamos con más confianza.

Usted fue uno de los minutos que más jugó en la Copa ¿Cómo fue para usted ser campeón y teniendo más participación?

Yo no vislumbré en el momento y después con el tiempo supe que fui uno de los jugadores que más participó en la Copa Libertadores y en ese momento de ganarla, era un sueño y es algo que marcó hasta el día de hoy al fútbol chileno y de eso estoy muy orgulloso hasta el día de hoy se sigue recordando y qué lástima que otros equipos no hayan podido ganar.

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¿Cómo recuerda el 5 de junio de 1991?

Fue emocionante. Desde que entré a la cancha pensé primero en lo que estábamos enfocado que era ganar el partido y después, vino una alegría enorme, disfrutamos, lloraba de emoción por obtener la Copa, fue una cosa muy hermosa e impresionante.

Cuando terminó el partido dije “un objetivo cumplido” y dije ya llegué al techo, cumplí mi meta en cuanto a logros y yo quería jugar en el extranjero y hacer historia y tres años después pude hacer historia en México, ya que en el año 95, el 4 de junio salimos campeones con Necaxa.

¿Cuánto ayudaron los goles de Luis Pérez para darle tranquilidad al equipo?

Por supuesto que ayuda, fueron dos goles muy rápido, sí estábamos un poco tenso por la situación psicológica de llegar a una final y no obtenerla y ese era el momento de escribir la historia. Aguantamos, tuvimos posibilidades y creo que en ese momento se iluminó Lucho y estuvo fantástico y lo que hizo fue de grande y nos dio la confianza y seguridad donde ya me sentí con más confianza para el resto del partido.

A lo largo de su carrera ¿Se imaginó que iba a ganar la Copa Libertadores?

Honestamente no, pero dije que teníamos que hacer algo grande y una de las metas personales que tenía era esa y se fueron dando las situaciones paso a paso. Me sentía confiado de mi juego, de hacer las cosas bien dentro de la cancha para así, poder obtener esos resultados positivos y esos son los que nos iban a llevar a una final y obtener esta Copa tan anhelada.

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Patricio Yáñez a lo largo de su carrera se caracterizó por su gran rapidez y su calidad como jugador, nadie la puede cuestionar. Debutó en San Luis de Quillota, pero rápidamente emigró a España donde jugó en Real Valladolid, Real Zaragoza y Real Betis.

En 1990 regresó al país donde jugó en el archirrival y al año siguiente llegó a Colo-Colo, donde quedó en la historia del club al ganar dos títulos nacionales, una Copa Chile, la Copa Libertadores, Recopa y Copa Interamericana. Su liderazgo fue tal, que en 1994 fue el capitán del equipo.

Yáñez, quien jugaba con el dorsal 17 repasó la campaña de la conquista de la Libertadores de 1991 donde por lesión, se perdió las finales ante Olimpia de Paraguay.

¿Cómo recuerda el 5 de junio de 1991?

Es una fecha muy importante, ya que es el último momento donde todas las camisetas y todo el país estaba pendiente de Colo-Colo. Tengo un recuerdo muy maravilloso de llegar a un grupo de jugadores fenomenales y de tantas cosas que uno aprendió y yo sentía claramente que ya existía la confianza de que este grupo podía ganar la Copa Libertadores de América.

Se trabajaba en función de eso, de estar preparado lo mejor posible, sabíamos que la tarea era difícil, pero existía la mixtura adecuada con gente con experiencia, con años y la gente joven, entonces, era muy buena la comunicación diaria, mucha amistad, desde el ‘Garra’ Velásquez, los utileros y esa fue la base, más la base de trabajo físico y lo que nos entregó Mirko Jozic, fueron clases, ya que nunca hubo una mala cara de una persona y esos, fueron los cimientos para lograr los objetivos.

¿Lo molestaron mucho por venir del archirrival?

Existieron las bromas típicas, pero conocía a varios del grupo, a los referentes. Lizardo Garrido y Raúl Ormeño me recibieron bien. Al principio fueron las bromas en el bus, de que me había equivocado, pero todo en un ánimo súper positivo. Inclusive, el hincha de Colo-Colo, nunca sentí un reparo por venir de la U, nunca.

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¿Cuál cree usted que fue la llave o partido más complicado durante la campaña?

Con Universitario, claramente con los peruanos porque los jugadores tenían en la mente lo que había ocurrido el año anterior y ese partido fue el punto de inflexión de decir, pasamos esto y nos vamos por un tubo. En la ida empatamos a cero y la revancha fue muy pesada donde no miramos en menos a Universitario, pero nuestros propios pensamientos podían bloquear lo que teníamos que hacer.

El 2-1 es un penal que me hacen, que ahora es imposible que lo cobren, ya que lo van a revisar y  habría realizado el gesto y decir que no. El Monumental jugaba un papel importante y la gente metía presión y Colo-Colo con su accionar de juego sentía confianza y tras ese partido se mantuvo la humildad y sencillez.

¿Cómo describe a Mirko Jozic?

Un seco tácticamente. Un hombre que se adelantó a los sistemas tácticos que hoy en día se ven y un técnico que tenía una clara lectura de los rivales. Eran charlas muy cortas las de Mirko, era muy concreto, entregaba lo global, línea por línea, luego individualmente. Era una persona muy humana y sabía cómo mantenernos concentrados, mentalizados.

Fue un ejemplo de una muestra distinta, diferente y que sorprendió al resto de los equipos de Sudamérica y que aprendimos a conocerlo. Yo desde Europa venía con la mano de los técnicos al estilo Mirko, que trabajan de poca relación, de un buen saludo, una buena conversación en lo técnico y táctico y en base a eso, se ganó el cariño y admiración de todo el plantel.

¿Se imaginó ganar la Copa Libertadores y quedar en la historia del club?

Lo tenía clarísimo. En una de las conversaciones que tuve con el maestro Elías Figueroa y estando en la U, me dice “Pato si te quieres retirar del fútbol y quieres quedar en la historia del fútbol chileno, tienes que jugar en Colo-Colo”.

Si no hubiese jugado en Colo-Colo no tendría el cariño, el afecto, admiración y respeto que tengo hoy en día. Estuve lesionado todo el año, me lesionaron entre el (Eduardo) “Lalo” Vilches y el (Raúl) “Bocón” Ormeño, después que me recuperé, jugué a buen nivel y me quedó claro el mensaje, ya que hasta el día de hoy lo recuerdo.

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¿Sufrió en la final ante Olimpia por no poder jugar?

La sufrí harto, ya que el Estadio estaba lleno y no teníamos ubicación. El partido lo ví con Vladimiro Mimiza y Carlos Caszely, parado, comenté un poco y lo viví con mucho nervio, por querer asegurarlo rápido.

Colo-Colo sufrió un par de contra donde nos quedamos mirando, pero después estaba destinado el ‘Chico’ Pérez que no había jugado en la Copa y aprovechó la oportunidad. Vino el primero, luego el segundo y después era todo festejo. Era el nerviosismo de que no se escapara, pero en el plantel había confianza, ya que con todos los inconvenientes, quedó demostrado el trabajo de Marcelo Oyarzún, Mirko Jozic y los dirigentes y todos disfrutaron la Copa Libertadores.

¿Cuando terminó el partido qué fue lo primero que pensó?

En ese momento vienen a la mente todos los esfuerzos, ya que todos piensan que el futbolista tiene una vida color de rosa, pero la vida del futbolista no es fácil. Me di un abrazo con el “Nano” Romero y nos acordamos cuando partimos.

Se viene a la mente la familia, mi papá es colocolino, mi mamá que era de la U y se hizo colocolina, se me vinieron a la mente los consejos de mi padre, mi familia y hermanos y sobre todo, que estábamos brindando una alegría para el momento que vivía el país que fue tremenda.

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Rubén Espinoza era una de las piezas claves de Colo-Colo, era el encargado de patear los penales en el equipo. En 1990 falló el tiro clave en los octavos de final contra Vasco da Gama que finalmente eliminó al Cacique de ese torneo. En 1991, dejó todos los fantasmas de esa eliminación atrás para lograr junto a sus compañeros el título más importante a nivel de clubes en la historia del fútbol chileno.

¿Recuerda su llegada a Colo-Colo?

Mi llegada se produce después de haber estado 10 años en Universidad Católica y cuando terminó mi contrato habló conmigo Arturo Salah para que me viniera a Colo-Colo.

¿Cuánto merito tiene Arturo Salah como uno de los responsables de armar ese plantel?

Todos los elogios, lógicamente, se los ha llevado Mirko (Jozic) porque él fue el entrenador de ese equipo y cambió el sistema que veníamos utilizando. Arturo (Salah) desde su llegada fue educando a ese grupo de jugadores y si uno mira ese plantel gran parte del equipo fueron traídos por Arturo.

No es restarle merito a lo realizado por Mirko, si no que es valorizar el trabajo silencioso y profesional que hizo Arturo durante años.

¿Cómo recuerda la llegada de Mirko Jozic al club?

Al principio era una relación fría porque hubo unos malentendidos con unas declaraciones antes de su llegada. La relación se pudo llevar al profesionalismo y por la historia ganadora que tiene Colo-Colo y Mirko fue parte de eso también.

Nosotros aprendimos mucho de él, obviamente la comunicación era complicada por el tema del idioma pero es ahí cuando aparecieron los líderes del grupo como Daniel Morón o Raúl Ormeño y del cuerpo técnico como Eddio Inostroza o Marcelo Oyarzún.

El debut en Concepción fue muy complicado.

No olvidemos que el año anterior tuvimos una mala experiencia luego de quedar eliminados contra Vasco da Gama y para nosotros era un desafío muy grande porque creímos que con ese equipo podíamos llegar más lejos.

El inicio en 1991 fue complejo porque teníamos el recuerdo aún latente de lo que habíamos vivido el año anterior y estábamos en el proceso de asimilar el juego que quería Mirko de nosotros. El debut fue un partido muy difícil de visita contra Concepción donde empatamos 0-0.

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¿Fue la llave contra Universitario la más difícil de esa Copa Libertadores?

Haciendo un análisis de esa Copa, creo que lo más complejo no fue contra Boca sino que el más complicado fue con Universitario de Lima por el recuerdo que teníamos del año anterior.

Fue el más difícil por todo lo que se dio en ese partido, tuvimos un penal sobre el final que le hicieron al Pato Yáñez. El equipo era casi el mismo del año anterior. No te voy a mentir que en la caminata a patear el penal no se me vinieron los fantasmas pero tuve la entereza para dejar todo eso fuera y convertir.

Después vino la atajada de Daniel Morón a Balan González. Daniel no atajo mucho en esa Copa, pero tuvo intervenciones maravillosas que son de campeonato, como esa atajada, el mano a mano contra (Gabriel) Batistuta o contra Olimpia en la final.

¿Cómo vivió la semifinal contra Boca Juniors?

Era la oportunidad para ratificar lo que veníamos haciendo. En Argentina tras el partido de ida, los jugadores de Boca Juniors se extrañaban porque nosotros estábamos abrazándonos porque perdimos 1-0. Sabíamos que nos hacíamos fuertes jugando de local, con nuestra gente y el ambiente que tenía este equipo.

Lo que pasó en la vuelta fue un típico partido de Copa de esos años, contra un equipo como Boca que era la base de la selección argentina, que luego ganó la Copa América.

Ese partido en el Monumental sacó a relucir otra parte de este equipo como la garra, el temple y el corazón de Colo-Colo.

Hay momentos claves como en el gol de Boca, donde ninguno se volvió loco, solo el “Chano” (Lizardo Garrido) estuvo a punto de reaccionar tras la provocación de (Diego) Latorre, pero el resto estábamos convencido que ganábamos ese partido.

Después del gol de Rubén Martínez ocurren incidentes donde los jugadores de Colo-Colo no tuvimos nada que ver y creo que se generaron por la desesperación de los jugadores de Boca al verse sobrepasados por nosotros.

¿Cómo recuerda esa noche de la final contra Olimpia cuando logran el título?

Luego del regreso desde Paraguay fue una semana de mucha ansiedad y fue en ese momento donde volvieron a aparecer los referentes de este equipo para calmar al plantel.

Sabíamos que en la vuelta no tendríamos a Rubén Martínez, al Pato Yañez y a Ricardo Dabrowski que eran bajas importantes pero como equipo seguíamos con la confianza intacta. Después del partido de ida en Paraguay, Mirko (Jozic) conversó con Luis Pérez y le dijo que sería el titular en la final.

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Esa fue la noche de Luis Pérez. Usted lo habilitó de gran forma en el primer gol.

Si no le devolvía esa pared a Lucho Pérez, me habría llegado una cantidad de chuchadas jaja. Lucho fue a buscar la pared, lo sé por el conocimiento que teníamos de nuestro juego, así que se la devolví. Fue una jugada muy rápida y precisa que él resolvió muy bien.

Lo importante es que Lucho en ese partido pudo demostrar lo gran jugador que es, aun sin haber sumado ningún minuto antes en esa Copa. Tuvo la capacidad de demostrar que era un aporte, un gran refuerzo para Colo-Colo y pasó a la historia por esos dos goles que hizo en la final.

¿Qué significó para usted ser campeón de la Copa Libertadores con este equipo?

Indudablemente que cuando tú vistes la camiseta de Colo-Colo y consigues un logro tan importante como la Copa Libertadores es un orgullo personal. Esto porque detrás del equipo había todo un pueblo colocolino que necesitaba de triunfos internacionales que habían sido muy esquivos.

Toda la entrega, cariño y lucha que dejamos como equipo era para la gente, lo que permitió lograr algo tan importante.

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