alturaarrow_down-red arrow_side badge-facebookbadge-instagrambadge-twitterclosedebutemail facebook gallery-nextgallery-prevgallerygoogle instagram lightbox-nextlightbox-prevlive-atajada live-cambio live-gol live-jugada-peligrosa live-offlive-player-in live-player-out live-red-cardlive-silvato live-tarjeta-amarillalive-tarjeta-roja live-timerlive-yellow-cardnacimientonacionalidadnextopenpagination_downpesopinterest prevquotesearchslide-nextslide-prevtimeline-left timeline-right twitter videoswhistle worldyoutube
Sincero y sin gambetas, “Chico” Jáuregui cuenta su historia
Nota jauregui

Chico y encarador. Técnico y goleador. Con gambeta y barrio. Arturo Jáuregui fue uno de los buenos volantes de Colo-Colo en la década de los 80, llegando a su peak en el título de 1986, ese de la final con Palestino, con el debutante Arturo Salah en el banco, que cambió ofensas y agresiones por aplausos y palmoteos de la fanaticada.

Jáuregui Peña fue clave en la campaña 86. Uno de los seis jugadores con más minutos; el segundo goleador tras Jaime Vera; condujo al equipo en un sistema inédito: el 4-4-2 con sello de Salah.

Junto a Pizarro, Ormeño y Vera fueron uno. Él, cargado a la izquierda, tenía libertad para crear pero responsabilidad para posicionarse. La misma libertad que estrujó desde pequeño, en sus clubes de barrio. La misma responsabilidad que lo llevó a enderezar el camino para cumplir su sueño.

Luis Arturo Jáuregui (60) podría no haber contado esta linda historia. No solo le costó llegar sino que alcanzó el estrellato recién a los 29 años. Si siempre fue bueno para la pelota ¿Por qué no triunfó antes? ¿O no triunfó más? Él mismo tiene la respuesta abriendo sus recuerdos con una sinceridad genuina.

Hoy Jáuregui trabaja en su carnicería en la Feria Lo Valledor, en Pedro Aguirre Cerda, donde invierte desde 1985. Sentado en su oficina del segundo piso abre su historia para contarla sin titubeos. Hablamos de todo con Jáuregui. Una charla sin fintas ni gambetas.

“Partí en Pizarreño de Maipú en Segunda Infantil. Mi papá trabajaba ahí. Vivíamos en la población y al frente estaba la cancha. Aunque yo nací en (la población) Nogales en Estación Central me fui como a los 3 años a Maipú. Mi papá jugó en la Reserva de Magallanes y luego en el fútbol amateur. Él siempre me llevaba a la cancha. Mi viejo era del Chaguito Morning por Cua Cua Hormazábal”, cuenta.

Usted pasó por cadetes de Unión ¿De qué equipo era?
“Sí, el año 72. Me dejó Néstor Isella. El entrenador mío era Manuel Rodríguez y también estaba Armando Tobar. Salimos vicecampeones y jugué con Hugo Úbeda, el papá de Juan Pablo.
Cuando volvimos al otro año, para la Juvenil, me dijeron que no seguía porque era chico y flaco. Me dejaron por el suelo. Y eso que me habían llevado con el plantel a jugar a San Felipe. Yo con 16 años al lado de Jorge Toro, Honorino Landa, Trujillo, Farías, Avendaño, Berly…”.

Pero ¿Y el equipo? ¿De qué equipo era?
“(Risas) ¿Te digo la verdad? El primer equipo que me gustó a mí era Audax. Por el “Chico” Carlos Reinoso. Decía: ‘Papi préstame tu radio chica’. Y escuchaba los partidos por Reinoso”.

¿Su viejo lo llevaba al estadio?
“Sí. No me acuerdo el primer partido pero sí que me llevó al Mundial del 62. En mi mente tengo cuando me llevaba sentado en sus hombros. Además la gente de las poblaciones tenía un lado fijo en el estadio. Tú llegabas y te encontrabas con mucha gente del barrio. Nosotros estábamos atrás del arco norte, todo el lote de los Nogales, donde siguió viviendo el resto de mi familia.
Después me llevó a los Hexagonales. Fui bien futbolizado de niño, fanático. Mi ídolo era Pelé, a todo ritmo”.

Y Reinoso
“Sí. Es que cuando tenía unos 10 años fuimos a unas piscinas y de repente digo: ‘Papi. Está Reinoso allá’. Me saqué una foto con él. Me gustaba Reinoso como jugaba.
Después me gustó un poco Unión, porque jugué ahí”.

¿Por eso se probó en Unión y no en otro equipo?
“No. Es que yo estudié en el INBA. Un compañero fue a probarse y me dijo: ‘Oye pelao, vamos a probarnos a Unión’. El INBA era internado y siempre andaba con el pelo largo. El inspector me retaba. Un día mi papá me cortó pelao. Y el inspector me dijo: ‘Te decía que te cortarai el pelo pero nunca tanto po hueón’ (risas)”.

Con 17 años, desechado de Unión Española, Jáuregui quedó destrozado. Por mucho que la prueba cayó fortuita, sus partidos con Pizarreño de Maipú y con la selección del INBA eran permanentes en su adolescencia. Arturo quería ser futbolista. Y su papá también lo quería. El viejo lo entrenaba de hecho, en la cancha del frente de la casa. Pégale con la izquierda, cabezazo, volea… Óscar Jáuregui le enseñó el fútbol de barrio, donde él mismo brillara como goleador y puntero izquierdo.

Un golpe y un bendito vecino

6 Nota 632x380
Caía 1973 y, sin Unión, sin fútbol profesional, Arturo cayó. “Me desbandé”, dice sin tapujos. Dejó de ir al colegio desilusionado de todo. Y de todos. El viejo Óscar lo animaba a probarse en otro equipo pero no. No, no y no. “Me empecé a juntar con los cabros en la esquina. Pisquito y bebida. Nos juntábamos con los cabros pero no andábamos en la maldad de robar o cosas así. Éramos cabros locos”.

¿Probó las drogas?
“Sí. Fumé marihuana, además me gustaba juntarme con los más grandes y todos me decían: ‘Arturo, loco -a mi papá le decían loco- Loco chico, ven’. Me llevaban a casas de remoliendas de toque a toque. Me iban a dejar en las mañanas y en la casa me decían: ‘¡Oye, a la hora que venís llegando!’. ‘Sí, don Óscar, es que el Arturo se quedó en la casa porque no alcanzó a salir antes del toque’, le respondían los cabros. Y andaba puro hueveando. Me gustaba y ya no jugaba mucho tampoco”.

Desilusión. Lo que tenía Arturo era desilusión. Por Unión pero también por todo lo que estaba pasando. El lunes 10 de septiembre de 1973 lo habían echado a él y a todos sus compañeros del INBA. Ese año marchó por las calles cientos de veces. Pero aquel lunes previo al golpe, cuando lo mandaron para la casa, “se decía” que era porque venían los militares a asaltar La Moneda.

El viejo Óscar tenía almacén en Maipú. Entraron con botas y fusiles y a Jáuregui se lo querían llevar ¿Por motivos políticos? No. Porque pololeaba con la novia de un militar. “Mi mamá me gritaba que me encerrara en la pieza. Porque yo me puse a discutir con los milicos. Obligaron a mi papá a vender rápido todo lo del almacén. Yo me acuerdo que seguía discutiendo, que por qué nos obligan, si era choro, y qué tanto de esta niña. Me querían con papitas fritas… De afuera gritaban ‘Córtenle el pelo a ese cabro’. Mi mamá lloraba y me decía: ‘¡Quédate callado!’. En realidad ahí uno no dimensionaba que si me llegaban a llevar, capaz que no volvía”.

Jáuregui llegó hasta Tercero Medio. Nunca completó los estudios. En esas tardes de 1973, ya con la dictadura instalada, las preocupaciones eran otras. Y los amigos, y el pisquito, y la esquina, y el fútbol guardado en la azotea.

Hasta que -bello barrio- un vecino lo agarró un día y le gritó con una bocanada de cariño que –reconoce hoy Jáuregui- le salvó la vida. “El viejo me dijo: ‘Te estai puro perdiendo Chico. Tú eres bueno pal fútbol. Vuelve a jugar hueón aunque sea en el barrio’”.

La población Los Nogales es cuna de buenos equipos de barrio. Hablamos del “Real Toro Mazotte”, del “Atahualpa”, de “Los Cóndores de Chile” y del “Capitán Gálvez”, campeón de los barrios de Chile.

– ¿Voy a jugar con los cabros de juvenil? No quiero
– No hueón, vay a jugar en Primera. Yo voy a ser el técnico y vay a jugar conmigo.
– ¿En serio?
– ¡En Primera, hueón!, me dijo don Pancho.

Hay veces en que una persona pasa por la vida de otra y deja una estela, una marca. Una huella imborrable. La historia de Arturo Jáuregui podría haber sido otra, diametralmente opuesta, sin títulos, ni Colo-Colo, de no haber sido por aquel vecino y entrenador amateur: Don Francisco Fuentes.

“Siempre se lo agradecí. Siempre lo dije yo. Él me abrazaba y cuando jugaba en Colo-Colo me preguntaba si yo me acordaba de esa conversación”, recuerda Arturo, emocionado por el viejo amigo ya fallecido.

Aviación y el segundo vuelo

jauregui El “Gálvez” fue la salvación. La salvación y el aprendizaje. Porque Arturo la rompió pero también conoció el fútbol amateur adulto. Era 9. Mañoso, con combos y patadas. “Me dieron duro. Viejos que te pegaban combos, codazos y hay que seguir nomás. Cuando ibas a firmar al turno, te pescaban en la orilla y te piñizcaban. Te gritaban encima de la oreja: ‘Qué vay a jugar cabro culiao, maricón culiao’. Como era chico, más todavía. Cuando llegué al fútbol profesional se hacía todo más fácil”, rememora Jáuregui.

El barrio forma. Algo similar decía Gary Medel
“El barrio te marca a full. Yo casi no tuve formación de cadetes. Solo de barrio. Cuando jugué en Primera, me entraba Chuflinga Herrera, ‘Zapatitos con Sangre’, me entraba con todo y no era nada. En el barrio te pegan un combo directo. Una vez me pasé a uno por arriba, picándosela, y me encuentro con el medio combo, me salía sangre por todos lados. Dos amigos míos le reclamaron y se pusieron a pelear entre ellos. Las patadas, los planchazos, los codazos… Cuando llegué a Primera era una taza de leche. Hasta el árbitro tiene miedo en el barrio.
Tiene razón Gary Medel. Uno juega después más tranquilo. Yo me paraba también, aniñado”.

Eso lo mantuvo en el fútbol profesional
“Siiiiii. Yo tenía el cartel de pesado. Los rivales, el árbitro, todos decían lo mismo”.

En esa época de amateurismo, otro entrenador amigo, Luis Mondaca, lo llevó a jugar por la selección de Maipú y enfrentaron a Peñaflor, auspiciado por Bata. Jugaban en plena plaza Maipú, donde hoy está el metro. Aunque perdieron, y Jáuregui lloró por primera vez por el fútbol, el rival lo pidió de refuerzo. “¡Vaya po mijo!”, me dijo mi papá. “’Yo te llevo a entrenar a Peñaflor’… Ahí se nota que mi viejo quería que yo fuera futbolista”.

Con Peñaflor vencieron a Puente Alto y clasificaron al Nacional de Chillán 1974. Ahí la rompió otra vez y le hablaron de la UC, Audax, Universidad de Chile y Colo-Colo. Pero a prueba. Hasta que llegó un emisario de Aviación y le puso encima de la mesa un contrato por cuatro años.

¿Cuánto habrá sido el primer sueldo?
“Unas 16 lucas. Yo, cabro. Mi primer sueldo… ¡Y era llegar a Primera! El 75 empecé en el campeonato de Reserva. Y el 76 me prestan a Independiente de Cauquenes a mí y a 13 jugadores. No iba solo, que también era importante. Nos demoramos como 12 horas en el bus en esa época pero eran los sueños de uno. Salir en el diario… Lo único que quería era jugar con el Nacional lleno. Quería despegar ahí”.

El 76 Arturo Jáuregui fue padre por primera vez. Debutó profesionalmente ese año en Cauquenes ante Linares por el torneo de Ascenso. Jugaba con las medias abajo, a lo Caszely, a lo Landa. “’Ven, esas canillitas las quiero para mí’, me decía el Chino Díaz, de Rangers, un viejo que se estaba retirando. Braaaaaaaavo po. Así era el fútbol de Segunda en esos años”. “Después el Chita Cruz me decía: ‘No me hagai correr mucho hueón’. ‘¡Qué tenís viejo culiao (risas)!’, respondía”.

Jáuregui fue segundo goleador del Ascenso tras Pato Bonhomme, aunque lo expulsaron varias veces. Combos, peleas, líos con el DT… Regresó a Santiago con una de sus primeras peticiones de perdón de su carrera. Que ahora sí, que andaré bien, que me portaré bien…

El regreso a Aviación fue lento. En 1977 el entrenador Hernán Carrasco le fue tomando el pulso de a poco. Jáuregui seguía revoltoso, bueno para la pelota pero a ratos indisciplinado. Hasta que llegó el segundo momento clave en la vida del “Chico” Jáuregui.

“Había un Hugo González que jugaba de 10 en Aviación. Un día estaba lesionado y yo, que jugaba de 7, podía ocupar el puesto. Hasta ahí no entraba mucho en el equipo hasta que me preguntaron: ‘¿Querís jugar de 10? Tienes pase, hablas dentro de la cancha, te gusta el gol’. Me acordé altiro de Pelé. ‘Jugaré con la 10 como Pelé’, pensé. Y ahí debuté el 77 en Primera contra Antofagasta en El Bosque. Estaba en la banca con Roberto Rojas”.

¿Cómo entró en el grupo?
“Me tenían buena. Porque me llevaban a todos los asados y me mandaban a comprar. Como era de los más chicos. Cantaban, la talla, el hueveo… Nunca andaba peleando con nadie, siempre andaba riéndome. ‘Arturito, vaya comprarse unos Pisco Control y unos Viceroy’. Yo era servicial.
Había hasta tres asados a la semana”.

Era el Aviación de Coffone y Pennant. Un equipo importante que, por cierto, le tocaba jugar en el Nacional. Como aquel partido contra Colo-Colo que Arturo nunca olvida.

“El 77 Colo-Colo no venía bien, no daba pie con bola y nosotros podíamos ir a pelearle. Me dicen: ‘Está citado. Sergio Pamies va a jugar de 7, Pennant y Ricardo Fabbiani de 11. Y usted de 10. Atrás Coffone, Villalba. El Pelao Lucho Rojas, Gato Posenatto, Landeros y Pavez. De arquero jugó Leyton’. Me mandé el partido del año ¡Con Colo-Colo! Otro nivel también. Y en el Nacional, mi sueño. Si ahí vi jugar a Pelé. Ganamos 2-1. En una jugada entré al área, la cacheteo y Nef me la saca. Fui la figura igual. Ese partido me dio a conocer”.

Retroceder para avanzar

5 Nota 632x380

En 1978 Jáuregui se cortó los ligamentos internos del tobillo, en un entrenamiento en El Bosque. Estuvo dos veces enyesado, casi dos meses en total sin siquiera tener pronóstico. Era una lesión complicada. Hasta que Álvaro Reyes –como no- lo ayudó.

“En ese tiempo también me porté mal. Salía, cabro con plata, no jugando. El 79 me recuperé y empecé a pelear con el técnico. Una vez jugué un partido re-bien contra Ñublense. Le hicimos seis goles. Y Carrasco dice: ‘¿Quién tiró más pases malo? Jáuregui’. ‘Chiiiis profe. Dígame lo bueno po, si metimos seis goles. Ahhhhh ¿Y los demás? Me voy mejor’, le respondí. Yo sabía que después los dirigentes me iban a decir: ‘Ya, no pesquis al viejo’.
Perdí 78 y 79 por hueón. Uno a esa edad cree que se las sabe todas. Yo debía haber seguido ahí nomás callado pero siempre el que tenía la culpa era el entrenador, no uno”.

El 80, cuando comenzó a jugar, Aviación cayó a la Liguilla y terminó descendiendo en Iquique. El 81 estuvo medio año en Segunda División hasta que tras una derrota con Lota Schwager, otra vez salió el Jáuregui rebelde. “Llegó el comandante Gómez y nos agarró a los que nos habíamos quedado del año anterior y dijo que nos iba a meter una multa porque habíamos jugado mal”.

Obvio que se negó y quedó la grande
“Siiiiii po. ‘Yo no voy a aguantar la multa. Jugué mal pero usted no me paga más cuando hago goles’, le dije. Más encima estaba ahí el técnico, el ‘Marinero’ (Isaac) Carrasco. Y le digo: ‘Y usted iñor, debía haberme sacado del equipo no acusarme con los dirigentes’. Era rebelde. Esa pelea salió hasta en la prensa. El comandante me dice: ‘Si no te gusta, te vay. Anda a buscar el pase nomás’. ‘Me voy po’. Fue un momento bien tenso. Era mi casa por casi siete años… Fui a La Moneda a buscar mi pase. ‘Me voy ¿Me da el pase?’, dije. ‘Noooooo po’, me dijo el comandante. ‘Si te querís ir tenís que pagarnos 10 mil dólares’. Hablé con mi papá que tenía la concesión del casino del diario que está frente a La Moneda. Crucé y me dijo: ‘Yo te pago el pase pero dile que en cuotas’. Volví donde el comandante y me fui. Tuve que pagar 10 cuotas de mil dólares”.

Era mediados de 1980. Jáuregui, sin club, comenzó a entrenar con el Audax de “Clavito” Godoy. Mario “Maestro” Salinas lo llevaba y traía a Maipú. El futuro se veía medio oscuro. Pero así como otras veces en esta historia, apareció un punto de quiebre. O alguien que le ayudó a girar.

“Estaba en mi casa en Maipú y de repente me dicen: ‘Te busca Andrés Prieto’. ¿¡Andrés Prieto?! En ese tiempo no es como ahora. Si querían ubicarte tenían que ir a tu casa. ‘¿Está libre? ¿Supo que estoy en Iquique? ¿Le gustaría irse a Iquique?’, me dijo. Yo, en mi mente, decía: ‘Siiiiiipo aquí me voy’. ‘Allá le van a dar 400 mil pesos y 15 mil dólares’. Yo, ‘Ohhhhhh, esta es la mía’. ¡Si estaba pato!”.

¿Cuánto ganaba en Aviación, para tener la referencia?
“Unas 150 lucas. Yo quedé loco ‘¿Dónde firmo?’, le dije. ‘Le gustaría viajar mañana, aquí tengo los pasajes’. Uhhhhhhh. Se fue don Andrés y la mamá de mis hijos me dijo: ‘Te vay pero pórtate bien’. Allá firmé por 350 y 12 mil dólares. Llegué, entrené como avión, estábamos en un hotel y voy solo con los dirigentes. ‘¿Cuánto quiere ganar?’, me preguntan. Yo solo me bajé y firmé.
Cuando llega don Andrés, me pregunta por cuánto firmé. ‘Me bajé un poquito don Andrés’. ‘¡Pero madreeeeeee. Le dije que eran 400 mil y 15 mil dólares!’, me dijo don Andrés y me empezó a hablar como argentino (risas)”.

Oportunidad caída del cielo
“Sipo. Ahora depende de mí, dije. Era un día jueves y el sábado jugamos un amistoso con la U. Lleno Cavancha y ganamos 2-0. Jugué como máquina. Al otro fin de semana empezaba el torneo oficial.
El martes, Prieto altiro me dijo: ‘Parte jugando el domingo’”.

¿Hizo el cambio de switch?
“Sí, sobre todo futbolístico. Si no despego ahora, me quedo. Quería ser un jugador cotizado”.

¿Y afuera de la cancha?
“Pucha, era el segundo año de Iquique en Primera… Las niñas te iban a buscar a la orilla de la cancha, los amigos… Noooo, seguí igual nomás (risas).
Después del partido, llegabas a la plaza y ahí las chiquillas ‘Ya ¿Adónde vamos?’. Me junté además con mi amigo (Cristian) “Mono” Sasso.
Igual anduve bien, hice goles. En la primera rueda terminamos cuartos. Después caímos a la Liguilla de Promoción.
Nosotros nos portamos mal, con tanta joda y querían echar a don Andrés. Un dirigente de la marina nos citó y nos fue llamando de a uno. Les dije que yo me iba con don Andrés. ‘No lo echen, si quedan seis partidos’, le decía. Era como la figura del equipo, Hugo Solís y otros dijeron lo mismo y lo dejaron hasta el final”.

En la Liguilla igual se mantienen en Primera
“Y fue de miedo. A mí me habían expulsado en la última fecha porque me agarré con Bonvallet. Siempre cuando jugábamos nos agarrábamos. Le pegué la mansa patada. Dos fechas me dieron. Me quedé en Iquique con don Mario Moreno, que era ayudante. Entrené solo y en Antofagasta el equipo empató los dos primeros partidos. El último partido lo jugábamos con Coquimbo. Yo escuchaba los partidos por radio. Llego a entrenar un día y me dice don Mario que nos vamos a Antofagasta, que me quieren para el último partido.
El hotel lleno, la gente apoyaba… Don Andrés me dice altiro: ‘Entra jugando’. Y me mandé ‘el’ partido. Ganamos 4-2, hice el primer gol de cabeza y di pases gol”.

Casi a la U y el fútbol de los 80

jauregui 2 Los bonos de Arturo Jáuregui habían subido otra vez. Con Andrés Prieto como DT se ordenó también tácticamente. Prieto era amigo de Fernando Riera, con quien –entre otras experiencias juntos- alzaron la primera copa de la UC y jugaron el Mundial del 50. Riera dirigía a la U y no hay que ser mago para suponer cómo sigue la historia.

¿Cuán cerca estuvo de ir a la U?
“Muy cerca. Fuimos con don Andrés a la casa de don Fernando Riera allá arriba. Las Condes o Vitacura, por ahí. Me dijo que me quería. ‘Quiero que se porte bien’, me dijo. Hablaba serio. ‘Quiero que sea un profesional ¿Vio lo que pasó en Iquique?’. Porque yo me di vuelta en auto. Me había tomado unas cuatro cervezas, el día de la Pascua… Me quería Cantatore en ese momento para Cobreloa. Cuando salió lo del accidente en la prensa, me llamó don Vicente y yo le dije altiro: ‘Asumo las consecuencias’. Sabía que eso me cerraba las puertas de Cobreloa.
Después de hablar con don Fernando, quedé de ir a La Moneda a arreglar el contrato con Ambrosio Rodríguez”.

¿Y qué pasó?
“Fui y Ambrosio Rodríguez me bajó la caña altiro. ‘Tenemos jugadores clase A, B y C. Usted será clase B’. ‘Clase A -dije yo po- si estoy bien’. ‘Ya, venga mañana a conversar’.
Ese mismo día me llama Juan Rojas, “Rápido”, que estaba en Magallanes con “Jarita”. Ahí había una banda que yo conocía, tres o cuatro que habíamos sido compañeros en Aviación. El mismo “Rápido” era amigo mío. Es amigo mío. Estaba Marcoleta, Bernal, llegó Quintano, el Gringo Nef. Y Magallanes era bueno. Ese año se armó “Los Comandos”.
Jara me dijo: ‘Hágalo por su amigo. Pero pórtese bien’. Todos me decían lo mismo. Yo decía que había sido un accidente nomás… Cerré altiro y me fui a Magallanes.
Después cuando me veía, Riera solo me decía: ‘Jáuregui, Jáuregui’ ¡Era mal genio!”.

Volvamos al tema fuera de la cancha. Con Charles Villarroel hablábamos que en los 50 pasaba lo mismo: que muchos jugadores se perdían o no llegaban más allá por indisciplina o no entrenarse bien ¿Cómo era en los 80?
“Siempre hay jugadores que se entrenan mejor que otros. En los 80 se veía mucho el tema de la pelotita. Yo era bueno pa la pelota entonces creía que la parte física era secundaria. Corramos 10 vueltas, decían. Y yo decía: ‘Profe pa qué. Corro dos vueltas y páseme la pelota. Que corra ese que es malo’. Y había técnicos que seguían eso.
Profesional cien por ciento no éramos en los 80. Tampoco digamos que todos, pero de 10, ocho éramos así y dos eran bien profesionales”.

Usted se asume como no del todo profesional
“Claro. Era profesional en el sentido que me gustaba jugar y ser figura. Pero en disciplina me costó mucho. Siempre me costó mucho. Dicen que a lo mejor no fui más. Hay que verlo. Lo asumo. Pero era así el fútbol también en los 80. Y era difícil la vida en dictadura. Difícil. Mirar para afuera no era como ahora. Era jugar aquí, en Colo-Colo (la meta)”.

Se daba harto tomar alcohol en los planteles
“Sí, sí. Yo también tuve ese karma. Fui bueno para las fiestas y para el alcohol, tengo que decirlo. Me gustó siempre el alcohol”.

¿Y drogas? ¿Había en el fútbol?
“Sí, sí. Había drogas y de todo en el fútbol. Y no había doping. El doping empezó el año 87, el primer doping que me tocó fue en Colo-Colo contra Fernández Vial en el Nacional.
Pero no era doping que te hacía jugar mejor. Era que de repente andabas mal y te decían: ‘Toma, vay a andar como avión, te despierta’. Y tampoco se hablaba mucho del doping, en sí. ‘Me siento bien’, decía uno. Yo lo hice pero sabía que a mí no me servía. El fútbol mío era el pase, no era correr”.

Pero las pastillitas, “la rubia de los ojos azules” y eso, estaban en los camarines
“Si no en todos, en varios porque era así la vida, el ambiente del fútbol. Y tampoco puedo decir que todos los jugadores. El que era más loco, se metía y seguía la locura nomás.
Para mí lo más difícil fue el alcohol. Siempre me gustó el alcohol.
Hacíamos asado. Lo que más vi en el fútbol eran asados en la semana. Y después del asado, el trago y después ir a terminar a una casa de amigas. O un local. Era parte casi de la normalidad. Y como yo era loco, caía en todas. Era el primero en llegar a la fiesta y el último en irme. Y me hice el cartel también. ‘Chico Jáuregui bueno pal copete y desordenado’, decían, pero varios que hablaban estaban conmigo. Yo era claro en ese sentido, no alegaba, no negaba. Tampoco era que andaba curao todos los días, pero cuando salía era loco”.

¿Y el día antes de los partidos?
“Tienen que haber sido pocas veces que me porté mal. Contados con los dedos de la mano. En la semana sí, me portaba mal”.

¿Qué le decían técnicos como Andrés Prieto, por ejemplo?
“Andrés (Prieto) fue como mi papá futbolístico y humanamente también. Me hablaba harto, me conversaba mucho. Casi todos los técnicos te hablan y te apoyan.
Había técnicos sí que también estaban en todo.
Ahora en ese tiempo decían: ‘El jugador chupa, pero me hace dos goles’”.

Es de todas las épocas entonces: varios se pierden o no llegan más arriba por indisciplina o mal entrenamiento
“Le pasó al King Arturo. Chocó en la Copa América y lo perdonaron. Me pasó una talla: Yo estaba con la familia y vimos en la tele lo del choque de Vidal y yo dije: ‘¡Pero cómo. Cómo hace eso!’. Me miraron todos… ‘¿¡Y tuuuuuuu!?’.
Yo mismo, como te decía, era la pelota nomás. En Colo-Colo recién, vine a hacer un poco de pesas”.

En Copa Libertadores o en los partidos que jugó con la selección ¿Notaba que le faltaba lo físico?
“Me faltó, sí, me faltó. Sobre todo cuando jugábamos con equipos extranjeros. Me costaba más la parte física, las piernas.
Empecé a ordenar mi carrera. Me di cuenta que estuve mal. Pero uno cree cuando cabro que uno está bien, no el técnico.
Los últimos cuatro años, en Colo-Colo sobre todo y Naval, fui más profesional que nunca. Se te está acabando la carrera. Tú te cuidas. A los 30 no es lo mismo. Vi que no podía seguir… Yo salía después de los partidos. Copetito y pasarlo bien. Pero me di cuenta que me quedaba poco y quería triunfar. Yo era jugador de equipo chico y a los 29 años llegué al Colo. Las piernas no me daban y ahí me empecé a cuidar harto”.

Sobre el final de su carrera
“Tú al fútbol siempre lo querís, pero la profesión la empezai a querer cuando se te está acabando. Ese es el gran problema del jugador chileno.
Yo en Aviación llegaba de los últimos o atrasado. Después al final llegaba de los primeros y me iba de los últimos. No quería irme del fútbol. Quería estar en la cancha, jugar, entrenar bien, quedarme a hacer tiros libres, cosas que antes no. ‘Ahhh, me voy pa la población a jugar a la pelota un rato, y estar con mis amigos’, decía. Pero no quedaba a entrenarme”.

La estrella merecida

Colo-Colo 1986
Tras destacar en un Magallanes protagonista y que clasificó incluso a Copa Libertadores, Jáuregui pasó a Unión Española en 1985, en una suerte de revancha interna. En el verano de 1986 lo querían varios equipos. Cobreloa y Everton estaban con contratos preparados.

Pero él tenía un anhelo pendiente: “Siempre fue mi sueño llegar a Colo-Colo y ser campeón con Colo-Colo. Pero como empecé a destacar los años antes, cuando jugábamos contra Colo-Colo, y yo era choro, me peleé con todos los jugadores de Colo-Colo. Hasta con el entrenador Pedro García”.

“Un día llegué a mi casa desde Viña, porque Everton me quería. Me dicen: ‘Te llamaron de Colo-Colo’. Yo había dicho que si no me llamaban en dos días de Colo-Colo, firmaba en Everton. A Cobreloa no iba a irme. ‘Tengo 29 años y quiero ver qué pasa conmigo’, me dije. Partí a Cienfuegos y Peter (Dragicevic) me dice: “Acaba de firmar Arturo Salah”. Y yo me había peleado con Arturo Salah en la cancha. Pesado. Combos, de todo. Era picado Arturo, y yo también. ‘Yo no voy a quedarme si el técnico no me quiere’, le dije a Peter”.

Encima era discípulo de Riera
“Siiiipo. Peter llama ahí mismo a Arturo, por teléfono. ‘Arturo, sabe -le digo- Quería saber qué pasa conmigo. Yo firmo si usted me quiere’. ‘Firme. El martes lo quiero en Pedrero’, me respondió. Listo. Yo quería jugar en Colo-Colo. ‘Vas a firmar por un año y tenemos que salir campeón’, me dijeron. ‘Si no salimos campeones pesco mis hueás y me voy altiro’, dije”.

¿Cómo fue el primer día en el Monumental?
“Entro al sauna, abro la puerta y estaba Raúl Ormeño, el Chano, el Cóndor… Y me había peleado con ellos en el torneo anterior (risas). Ahí en pelota estábamos (risas), me senté y me dicen: ‘Te teníamos tanta maaaaaala hueón’. Ormeño me dice: ‘Con el Chino Hisis nos turnábamos quién te pegaba las patadas’. Aquí vamos todo para el mismo lado dije.
Con Jaime Pizarro teníamos un trato cordial y serio. Pero dentro de la cancha éramos bravos. Nos cuidábamos y nos protegíamos a muerte, uno a otro”.

Le costó igual al principio
“Me costó en el Apertura y yo quería irme. Cobreloa y Palestino me querían a mitad de año. Terminaron las vacaciones de invierno y estaba el Mundial de México. Viendo a Maradona me entusiasmé. Estaba loco por jugar, quería hacer jugadas como Maradona. Me gustaba el chico como jugaba. Llego a La Araucana donde nos juntamos y yo iba pensando en hablar con Arturo (Salah) porque quería saber si iba a jugar o no. Llego y don Arturo me dice: ‘Quiero hablar con usted’. Pensé que me iba a decir que no estaba en sus planes. Me dice: ‘¿Vio fútbol? Voy a cambiar de sistema. No voy a seguir jugando con tres delanteros’. Jugaba Gutiérrez, Saavedra y Washington Castro. Me dice: ‘Tengo el equipo listo: Roberto; Chano, Óscar Rojas, Fernando Astengo y Chupete. Jaime Pizarro, Ormeño, Pillo Vera; Pájaro Rubio que va a llegar, Juan Gutiérrez y acá (a la izquierda) lo quiero a usted’. Y yo le dije que en Magallanes jugaba así, suelto. Me enganchaba o me movía”.

Si no cambia su idea táctica Salah, usted se iba
“Yo me iba. Seguro. A Palestino o Cobreloa. ‘Una cosa le voy a pedir sí -le dije a Salah- No me saque en los primeros cuatro partidos’. Porque la gente me pifiaba: ‘En Magallanes hacíai todo y acá no hacís nada’, gritaban. Me afirmé y él sabía que yo veía fútbol. Hablábamos harto. Tácticamente movía al equipo en delantera. Sabía que si Rubio se movía hacia un lado, yo tomaba el otro. O iba de 9 si había espacio. Jugábamos bien y con un equipo de puros chilenos entre los titulares. Me empecé a sentir importante, no me sacó y a la gente también empecé a gustarle. Con la U puse unas pataditas y a la gente le gustó”.

Usted estaba suspendido para la final con Palestino, el 86
“¡Puta que la sufrí!. Estaba en la tribuna con Raúl Ormeño y Chano Garrido que estaban lesionados. No se lo doy a nadie. A mí me muestran amarilla con Huachipato. Me dicen que podía arreglar para no jugar el último partido con Conce, pero jugar la final. Pero dije que no ¿Si no había final?
Contra Conce grité y todo pero yo sabía que no jugaba la final. Llegué a la casa y lloré.
El día de la final mi señora me decía: ‘Anda al estadio’. Estaba en la pieza en la mañana y no paraba de lamentarme. ‘¡No voy a jugar la final!’, gritaba. Llegué al estadio antes que todos.
El partido fue de meta y ponga, Roberto (Rojas) salvó unos goles… Bajamos de la tribuna y di la vuelta olímpica de civil”.

“Don Gato y su pandilla”, le pusieron a Jáuregui en Colo-Colo. Salah lo llamaba así porque el volante, formado en las canchas amateur de Estación Central y Maipú, se arrimaba a los juveniles para enseñarle una que otra cosa. “Don Gato y su pandilla va ahí”, repetían, porque Jáuregui aconsejaba, compartía y orientaba a los chicos. En la mesa estaba con ellos.

Es que Jáuregui, al final, y lo dicen varios de sus compañeros de esa época, era un gallo bueno. Un tipo sincero y directo. Con fintas en la cancha pero directo fuera de ella. Claro, como en esta entrevista. Sin dobleces ¿Peleó con rivales? Sí, con todos ¿Con compañeros? Nunca. Arturo aglutinaba. Por eso, quizás, futbolistas como Lucho Pérez, el campeón de América, han declarado que lo admiraban.

“Y llegando a Colo-Colo me hice colocolino –cierra Arturo-. Una vez peleé a combos aquí (en Lo Valledor), que me vino a huevear un hueón cuando perdimos con la U, con el gol de Rivarola de último minuto. No es hueveo la cosa. Es una pasión que tengo yo. Colo-Colo es mi pasión ¡Y la camiseta! Colo-Colo siempre está primero. Todos pasamos pero Colo-Colo queda. Es mi pasión. Disfruto con Colo-Colo de Todos los Tiempos el lunes. Lo único que quiero es estar allá (en el Monumental). Colo-Colo es mi pasión”.