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Para Rubén Espinoza todo comenzó con el viaje del Fiat 600 en 1979
Espinoza y la alba, en el Monumental

Rubén Alberto Espinoza Molina no solo es tricampeón con Colo-Colo (de las temporadas 89, 90 y 91). Espinoza es campeón de América. El ex jugador –que 4 días antes del mítico duelo decisivo ante Olimpia cumplió 30 años- asumió la conducción de ese inigualable equipo.

Espinoza participó en la mayoría de los goles de la Libertadores. Marcó 5 tantos, se adueñó de las pelotas paradas y jugó en todos los partidos de la campaña del 91. Algo que solo él y tres más consiguieron (Miguel Ramírez, Jaime Pizarro y Gabriel Mendoza). Espinoza es un referente total del Popular.

Pese a que debutó en Universidad Católica, el oriundo de Tomé vibra con Colo-Colo. Aquí logró su peak como jugador, en una carrera que terminó en el Richmond Kickers de EE.UU. y que comenzó en canchas de tierra y con un viaje mítico, iniciático, arriba de un Fiat 600 en 1979.

¿En qué está Rubén?
Llevamos 4 ó 5 años trabajando gratamente en el Estadio Israelita, lo que me ha permitido realizar un trabajo con niños desde 3 años hasta con gente adulta, arriba de 50 años. Se ha organizado muy bien el grupo de trabajo con Ricardo Biondi, ex arquero. Trabajamos toda la semana ahí. También estoy en la Universidad Andrés Bello a cargo de la selección femenina de fútbol.

¿Cómo recuerdas tu paso por Colo-Colo?
Fue una etapa importante de desarrollo en mi vida. Jugar en Colo-Colo me permitió ganar la Copa Libertadores y jugar en el Cruz Azul de México. Uno se va encariñando y sigue sufriendo por lo que pasa ahora en Colo-Colo. Más que un recuerdo, es un sentimiento de mucho cariño. Yo deseo íntimamente que puedan salir de este momento y que puedan tomar el sitial que les corresponde, porque Colo-Colo, no es debiera, DEBE estar siempre en los primeros lugares… O sea no en los primeros lugares, ¡en el primer lugar! Por ser el equipo más popular de Chile, por ser el equipo más importante y sobre todo por haber logrado cosas internacionales -aunque a muchos les moleste- cosas internacionales que otros clubes a nivel nacional no han logrado. A pesar de que se logró hace muchos años.

Usted se formó en Católica, logró títulos allí, estuvo mucho tiempo… ¿Lo complico si le pido elegir entre la UC y Colo-Colo?
En Católica estuve 10, 11 años, allí me formé y se obtuvo un muy buen rendimiento futbolístico con Ignacio Prieto (campeonó en 1984 y 1987). Es un cariño, uno nunca se debe olvidar de sus inicios. Yo no me olvido y en ese sentido estoy muy agradecido. ¿A quién le tengo mucho más cariño? A esta altura de la vida uno va sufriendo (se sonríe). Más que disfrutar, uno va sufriendo porque le gustaría que dos equipos tan importantes estuvieran bien.
Ahora con el equipo de Colo-Colo 91 yo todavía mantengo contacto. Ese equipo más que un equipo de fútbol era un grupo de amigos. Yo creo que ése fue el mérito. Con la gran mayoría mantenemos una relación y una comunicación permanente… Al final (entre Católica y Colo-Colo) son cariños diferentes.

Dicen que ese equipo del 91 se forjó el 90 cuando pierden con Vasco en octavos de final de la Libertadores (por penales, tras empatar 3-3 como local). Ahí usted pierde un penal en la definición. Luego en la campaña del 91 termina siendo pieza clave
El 90 fue especial, ahí nosotros nos forjamos. Aunque el proceso empieza el año 86 con Arturo (Salah). También hay que entregarle un mérito importante a lo que hizo Arturo. Él ordenó ese equipo, lo formó profesionalmente, le inculcó a los jugadores lo que era un jugador: La educación, la entrega y el profesionalismo.
También pasaron muchas etapas desde el año 86 al 89 en que yo llegué a Colo-Colo. Lo que me cuentan Lizardo Garrido, Raúl (Ormeño), Jaime (Pizarro), y lo que uno veía como testigo estando en otro club, es que ellos formaron el grupo que nosotros pasamos a integrar. Gracias también a la amplitud de criterio, al compañerismo que existía. Ellos nos cobijaron, tuvimos una muy buena bienvenida, pero también tuvimos la capacidad de acoplarnos a la exigencia de lo que es Colo-Colo.
Yo me recuerdo que muchos se preguntaban si nosotros íbamos a ser capaces, si íbamos a responder a la exigencia que había en Colo-Colo, de siempre salir primeros, que el segundo lugar no sirve. Pero también es mérito del grupo que nos cobijó y del rendimiento colectivo que logramos.
El año 90 estábamos haciendo una muy buena campaña, habíamos empatado en Brasil con Vasco, íbamos 3-1 acá… Fue un dolor muy grande. De ahí se fue forjando el equipo y se van fortaleciendo otras cosas. Además de lo que venía haciéndose desde 1986.
Lo que me tocó vivir el 90 para mí fue muy fuerte. Porque viví las dos caras de la moneda. Me tocó hacer dos goles en ese partido y después perder la definición (ante Vasco). Para mí fue muy fuerte, pero tuve el apoyo de todos y la capacidad de levantarme y al año siguiente vivir la otra parte que fue muy emocionante.
Uno recuerda eso y pasa a ser… (se detiene) ¡Qué bonita etapa! El hincha te entrega ese cariño. Claro, fue una bonita etapa y no solo en el tema futbolístico. Lo que se vivió institucionalmente, grupalmente, eso hasta el día de hoy se sigue consolidando.

¿Siente que fue el héroe anónimo del equipo del 91? Todos hablan de los goles de Lucho Pérez en la final, del gol de Barticciotto ante Boca, del Chano Garrido en La Bombonera, de Pizarro, Morón, en fin. Y usted jugó todos los partidos y participó en casi todos los goles. Tal vez no tuvo un peak pero siempre fue nota 6…
¿Sabes quién me lo dice siempre? Lizardo Garrido. Siempre me dice lo mismo que estás diciendo tú, eso de resaltar la importancia de haber participado en un porcentaje bastante alto de los goles ya sea por pelotas detenidas, balones desde los costados, jugadas o el último pase. Uno no se da ni cuenta. Participaba porque era parte del juego, y si uno veía a un jugador mejor ubicado… ésa era la gracia de ese equipo.
Bueno, que se venga a reconocer después de 22 años es importante (risas)
Yo creo que el logro que se obtuvo ese año es mucho más importante que el rendimiento y los logros individuales.

Rubén, usted es de Tomé. Entiendo que reforzó a Cañete en unos Nacionales Amateur, ahí lo vieron y se vino a probar a Santiago haciendo un largo viaje en un Fiat 600
Si me recuerdo (risas). Nos demoramos como 280 horas desde Tomé hasta acá. Y cada 15 kilómetros teníamos que bajarnos a echarle agua al Fiat 600 (risas).
Fue una etapa bien difícil. Bonita también, fue un desafío. De hecho yo venía a Colo-Colo. Jugué un nacional juvenil acá en Santiago y don Alberto Fouillioux, que era técnico de las inferiores de Colo-Colo, me había recomendado.
En el Fiat 600 yo venía con un ex jugador también, Ítalo Faletto. Y así como me vine en un Fiat 600, hubo técnicos que me dijeron que no servía.

¿Ítalo Faletto también venía a probarse?
No, él ya venía a Santiago Morning listo. Yo no. Yo no había querido venir antes a Santiago porque quería terminar mi 4to medio. Había dado la PAA, quedé de hecho en la Universidad Católica de Talcahuano, en Educación Física, carrera que no seguí porque me vine a Santiago a los 17 años.
Cuando vi que Fouillioux sale de Colo-Colo y se va a Católica, fui a probar suerte a Católica y él se recordaba de mí.
Al final fue un paso rápido. Me probó, me vio y a los 27 días estaba debutando en Primera División. Mi paso fue rápido de jugador amateur a futbol profesional.

¿No alcanzó a jugar ni un partido en cadetes?
No. Mi formación fue entrenar en el equipo profesional en Católica.

¿Qué recuerda de ese viaje en el Fiat 600?
Imagínate lo que es viajar en un Fiat 600 más o menos 500 kilómetros el verano del 79, donde no existía la doble autopista. ¿Adelantar? No existía ninguna opción ¡Nos adelantaban todos!
Los recursos de mi familia tampoco eran los más óptimos. Fue difícil pero eran tantos los deseos y las ganas. Yo me preparé como dos meses para venir a probarme a Santiago.
El viaje fue duro, montón de horas a 40 kilómetros de máxima velocidad (risas). De hecho las carretas nos adelantaban (risas).

¿Y qué pasó con Faletto?
Él volvió a Tomé. Tuvo una enfermedad y falleció.

¿Usted se quedó altiro en Santiago? ¿Se vino con camas y petacas?
Yo me quedé altiro pero no con camas y petacas, porque no era mucho lo que podía traer (risas). Inmediatamente subí al primer equipo, debuté en Primera antes de que pasara un mes y el club me colocó en una pensión.
En la serie juvenil no jugué nunca. Me probaron, tenía la edad para juvenil, pero entrenaba y jugaba por el primer equipo. Me concentraba con el plantel, jugué varios partidos en Primera ese 79.

Cuando chico, ¿Iba a ver fútbol a Collao?
Iba mucho, tenía las mismas ilusiones que todos, pero sabía que no iba a ser fácil. Iba a ver partidos a Concepción, veía partidos por TV. Iba a ver a Huachipato, Concepción, Fernández Vial, que era fuerte. Iba a ver los equipos grandes, Católica, Colo-Colo, la U.

¿De qué equipo era hincha?
No me recuerdo haber sido hincha de un equipo en particular… Uno admiraba al Colo-Colo 73, el equipo del momento, por cómo jugaba. Con Chamaco, Carlos (Caszely), el Pollo Véliz, Leonel Herrera, Rafael González, Adolfo Nef… lo que pasó con la Copa Libertadores.
Donde yo vivía tenía una cancha de tierra al frente y lo único que hacía apenas llegaba del colegio era ir a la cancha. Me retaban, me castigaban, pero la pelota nunca la dejé. Hasta el día de hoy existe esa cancha de tierra, en la población Carlos Mahns de Tomé.
Después pasé a formar parte de las inferiores del Carlos Mahns. Jugaba por mi barrio. Y era todos los días. Jugaba en los recreos, con zapatos… Tenía la ventaja de tener una cancha, muchos hoy no tienen. Yo creo que fue mi gran escuela.

En ese tiempo, en los sueños de niño, ¿Pensó que iba a ser campeón de la Libertadores?
Nunca, nunca…

Su carrera superó sus expectativas
Sí. Uno se va forjando un futuro, pero muy tranquilo. A diferencia de la juventud de ahora, antes uno iba con mucha tranquilidad, con cautela. Ibas cumpliendo paso a paso los objetivos. Los míos eran claros: Consolidarme en mi club, buscar llegar a la selección y jugar afuera.
Hay metas que no cumplí, como jugar un Mundial o haberme mantenido más tiempo en el extranjero. Son metas que quedaron por cumplir. Pero si uno analiza fue mucho más allá de lo que uno podía haber pensado. Sobre todo por la calidad de jugadores que había en esa época. Había muy buenos jugadores.

¿Qué mensaje le deja al hincha colocolino?
Yo creo que cuando se viven momentos adversos uno los vive futbolísticamente adentro del campo de juego. Lo que más sienten los jugadores es el apoyo. Yo creo que el hincha, cuando más se tiene que hacer presente, es ahora para superar este momento adverso y volver a un sitial real. Ese apoyo tiene que ser incondicional. Independiente de todos los problemas que existen con las barras, el hincha de Colo-Colo siempre se ha destacado por ser corajudo, representativo. En este momento es cuando más tienen que sacar la voz apoyando a su club.