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Para Carlos Rivas, Colo-Colo se lleva en la piel
Carlos Rivas

A sus 61 años, Carlos Rivas aún se emociona cuando escucha la palabra Colo-Colo. Será porque vive en Canadá hace casi 30 años, a miles de kilómetros de su natal Chimbarongo, que los afectos se elevan.

“Estar sentado en el estadio da emoción. Se pone la piel de gallina. Yo sigo los partidos desde Toronto, donde vivo, pero ahora estar aquí y recordar cuando entrenábamos aquí mismo, da emoción”, cuenta Rivas desde una butaca de la Ruca en su viaje anual a Chile que, esta vez, tuvo un festejo especial: los 80 años de su suegro y amigo, Adán Godoy, exarquero de Chile en el Mundial del 62.

Rivas recuerda cuando de pequeño, agazapado tras el puesto de feriante de su padre, escuchaba los partidos del Colo, y después al jugar con sus amigos se creía Chamaco Valdés. El mismo ídolo al que conoció en un camarín del antiguo Monumental, por allá por los 70.

Eso apenas llegó a Colo-Colo, club donde campeonó en 1979 y 1981. Inostroza se quedaba. Rivas y Vasconcelos eran uno solo, haciendo paredes y alimentando a Mané Ponce, Caszely y el Pollo Véliz, o Santander después.

Jugó siempre de 8, aunque cuando se juntó con Chamaco tuvo que cargarse a la orilla, como puntero, volanteando. “Cuando Chamaco dejó de jugar me dieron el puesto que me gustaba”, recuerda. Lleva 42 años casado, tiene cinco nietos y agrega, es feliz. “Colo-Colo es un 80% de lo que soy ahora”, se sincera.

¿Cómo jugaba Carlos Rivas?
“Era un jugador técnico. Por algo me decían “Chama”, la mitad de “Chamaco”. Chamaco extraordinario, el mejor mediocampista en la historia del fútbol chileno. Y para mí un honor de que me hayan nombrado “Chama”. Tenía el pase largo, el tiro libre, teníamos delanteros como Mané Ponce, el Chino Caszely, Vasconcelos, Juan Carlos Orellana que uno tomaba la pelota y salían corriendo detrás de los defensores. Nos conocíamos mucho”.

Como David Pizarro, dicen
“Creo que con David somos similares, pero yo tenía más movilidad. Me gustaba tener la pelota. Y tenía un 10 extraordinario como Severino Vasconcelos. Nos facilitaba mucho. En la selección estaba con Manolo Rojas o Miguelito Neira.
Ahora Colo-Colo tiene a Valdés, muy buen jugador y Vecchio, buen jugador, dos mediocampistas completamente de ataque”.

¿Cómo estaría Carlos Rivas en este Colo-Colo?
“¡Feliz! Desgraciadamente no se puede volver atrás, pero si algo hubiese en la vida que me pidieran qué quisiera yo: volver (el tiempo atrás) y volver a jugar por Colo-Colo. Si hubiese algo que fuera posible, eso sería un deseo grande para mí”.

Rivas admite que sí, que es obvio: cumplió un sueño al calzarse la alba. Partió en Audax debutando en un 0-0 ante O’Higgins en el Estadio San Eugenio junto a otro joven delantero: Arturo Salah. Pasó por Antofagasta, Concepción, Santiago Morning y llegó al Cacique. Y con ello la selección, siendo clave en el subcampeonato de América en 1979 y parte importante de las Clasificatorias rumbo a España 82, donde marcó un golazo a Ecuador, de tiro libre.

Carlos Rivas viajó al Mundial de España pero una lesión le impidió jugar. Luego vino el pase a Edmonton y la siembra de las nuevas raíces. Hoy ve a Colo-Colo por TV y en familia. Sus nietos canadienses son colocolinos y los partidos los miran en grupo, con un C-H-I mediante, alentando como si estuvieran en la barra. Como si estuvieran siguiendo a distancia a los ídolos colocolinos, pegados a la radio, siendo niños.

“He visto a Colo-Colo muy bien, llega mucho por las orillas. Además Fierro tiene mucho ataque y Beausejour que fue una gran contratación. También con técnico nuestro y jugadores nacidos acá. Eso es bueno para el fútbol chileno, que creamos en lo nuestro. Me alegra por Colo-Colo que le ha dado la oportunidad a Héctor (Tapia)”, opina.

Usted llega a Colo-Colo a mediados de los 70 cuando se venía de un largo periodo sin ser campeón ¿Había presión?
“Nunca lo tomamos así. Nosotros entrábamos a ganar todos los partidos. Teníamos a Mané, Carlos, Juan Carlos, el Pollo, Vasconcelos, el que pasaba apenas era el Yeyo Inostroza, el viejo (risas). Todos buscábamos el otro arco.
Había un grupo de jugadores que veníamos juntos. Tanto en selección como en Colo-Colo. Fuimos subcampeones de América y no pudimos por un gol, jugando la final en Argentina, en el alargue. Ese grupo venía junto y en Colo-Colo salimos campeones con Pedro Morales, un técnico extraordinario. Y con la gente. Cuando uno pisa la cancha, y ve las camisetas, es otra cosa. Jugar en Colo-Colo es otra cosa, completamente diferente”.

rivas Qué significa Colo-Colo
“¡Todo! Para el futbolista es algo especial. Los que jugamos y se puede decir, triunfamos en Colo-Colo, es todo para nosotros. Dejamos el fútbol y seguimos siendo hinchas, teniendo pena cuando el equipo no camina. Y, para mí, no hay que criticar negativamente. Lo más importante es ser positivo en la vida si uno también tuvo periodos malos y buenos”.

Usted era colocolino de chico
“Sí, de chico. Mis papás trabajaban en ferias libres y mi papá siempre ponía los partidos de Colo-Colo y yo jugaba a la pelota detrás de él, donde tenía su puesto. Y yo escuchaba los partidos. Me iba con una pelota a jugar atrás y siempre cuando daban los equipos me nombraba en el equipo yo también.
De ahí me quedó Colo-Colo. Escuchaba a Colo-Colo y mi papá cambiaba la radio. De ahí me quedó Colo-Colo en mi corazón”.

Su ídolo era Chamaco
“¡Chamaco Valdés! Y mi suegro, Adán Godoy. Son personas que en el fútbol las he admirado. Adán es muy querido por toda la gente de fútbol”.

¿Cómo fue cuando compartió con Chamaco?
“Él se quedaba tirando tiros libres y yo me quedaba sentado en la pelota y lo miraba. Me daba consejos y yo lo observaba siempre. Una de las cosas que me marcó fue que él observaba, miraba antes de que le llegara la pelota. Cuando le llegaba ya sabía cómo estaban los de arriba. Le pegaba de primera y sabía dónde estaban. Él pensaba antes”.

¿Cómo vivió la campaña de Colo-Colo 73?
“Lo iba a ver al estadio, con mi señora pololeando de la mano, fuimos a ver las finales, todo… (se emociona) ¡Hartas lágrimas de ver a Colo-Colo de esa forma!… Es que Colo-Colo es algo que está en la piel. Fui hincha de un equipo que yo lo defendí nacional e internacionalmente y le di todo lo que le pude dar a Colo-Colo. Todo como jugador. Entraba a la cancha, a veces jugaba mal, pero lo que trataba de hacer lo hacía cien por ciento”.

Me imagino la alegría cuando le dicen que Colo-Colo lo quiere contratar
“¡No dormí! No dormí en toda la noche po. Yo estaba en el Chago y me dicen: ‘Está Colo-Colo, Católica y la U’. Y fue Adán (Godoy) quien conversó con don Alejandro (Ascuí), con los dirigentes y pagaba más la U y Católica. Colo-Colo era mucho menos plata. Don Vittorio Yaconi, de Deportes Concepción, yo era de él. Y estaba a préstamo y Santiago Morning no había pagado unos dineros y me devolvieron a él. Tuvimos una reunión. Y me dijo: ‘Mira, tenemos estas ofertas pero el que menos paga es tu equipo ¿Qué quieres tú?’. Y yo le dije: ‘No me interesa, yo me voy gratis a Colo-Colo. Déjenme llegar porque voy a triunfar en Colo-Colo’. Y ahí firmé acá”.

¿Su padre lo vio jugar en Colo-Colo?
“No. Por eso cada vez que yo hacía goles, miraba al cielo. Se los dedicaba a él.
Él jugaba rayuela, pero colocolino de toda la vida. Son cosas muy emocionantes… Colo-Colo… son equipos que se quedan en la piel. La primera vez que te pones la camiseta en el estadio, ya no te la puedes sacar más. Queda en la piel”.

¿Cómo fue la primera vez que entró al camarín albo?
“Entrenábamos como a las 9 de la mañana. Imagínate venir a vestirse al lado de Mario Galindo, jugadores consagrados, como el Gringo Nef, después llegó el Chino Caszely. Entrenábamos a las 9 y yo estaba aquí como a las 7:00 de la mañana, a esa hora ya estaba en la puerta. No dormí nada. Lo único que quería era vestirme y entrenar, ser de Colo-Colo oficialmente. Estaba Romerito (utilero). ‘Qué hacís aquí Chico Rivas, tan temprano’, me dijo. Pero me acuerdo que mi primer día llegué muy temprano”.

Carlos Rivas
Carlos Humberto Rivas lleva 20 años con una Escuela de Fútbol en Canadá, en la que trabaja junto con su hijo y les enseñan a cerca de 400 niños. Hay jugadores que siguieron sus carreras en Europa y “más de 45 niños que están con beca universitaria en EE.UU. Y hace poco un chico de 15 años firmó en Málaga”.

¿Cuál fue el mejor técnico que tuvo?
“Tuve varios. Don Ramiro Cortés, tenía 15 años yo, después caí en las manos de una selección juvenil de don Lucho Ibarra, después tuve a Vicente Cantatore, excelente técnico y persona. En Colo-Colo Checho Navarro, Tito Fouillioux, Pedro Morales… don Lucho Santibáñez. Todos los técnicos te dejan algo. Checho Navarro me trajo a Colo-Colo.
No hay técnicos malos. Si amas al fútbol rescatarás algo de cada persona que te dirigió”.

Usted llegó y triunfó. Sus mejores años fueron acá
“Es difícil estar en Colo-Colo, en equipos grandes o selección. Todas las semanas tienes que tener un rendimiento muy alto. Y todos los demás ‘8’ del fútbol chileno quieren llegar a Colo-Colo.
En ese tiempo tenía a Raúl Ormeño que estaba atrás mío. Un excelente amigo y jugador. A nivel de selección estaba Víctor Merello. Estaba también Orlando Mondaca.
Para estar en Colo-Colo todos los domingos tienes que tener buenos partidos. La crítica está encima”.

¿Cuál es el gol que más recuerda?
“El gol que le hice a mi suegro. Le hice dos goles ese día. Nos fuimos juntos en el auto, con sus nietas atrás, mis hijas que estaban chiquitas. Íbamos en el auto, nos despedimos en Santa Laura, un abrazo y le digo: ‘Hoy día te voy a hacer un gol’. Y me dice: ‘No te metas al área que te voy a pegar un combo’. Y yo creí que era broma.
Le metí un pelotazo a Mané, se arranca, tira el centro, yo llego, entro al área y me pegó un combo aquí en el ojo, me deja así el ojo (hace el gesto de inflamado).
Y después le hice un gol de tiro libre. De ese gol me acuerdo mucho. Y tuve la fortuna de hacerle otro.
Colo-Colo vs. Santiago Morning.
Después teníamos apostado un asado, pasamos a comprar la carne y me fui con un pedazo de carne aquí en el ojo y morado el ojo entero toda la semana”.

¿Le pidió disculpas?
“Nooooooooooo. Si son cosas del fútbol. Pero fue con mala intención sí (risas)”.

Hablemos de la selección. Clasifican al Mundial del 82 y hay un golazo suyo a Ecuador ¿Qué pasó después?
“Desgraciadamente cuando llegamos allá hubo cosas puntuales. Me lesioné y teníamos una forma de jugar muy especial nosotros. Incluso yo tiraba los penales. Esa vez (en el Mundial) jugamos con tres centrocampistas de contención.
Nos tocó un grupo fregado pero hicimos lo que podíamos hacer, adonde podíamos llegar”.

¿Cómo lo vivió sin jugar?
“Muy frustrante. Yo era titular, iba jugando, y apenas llegamos al Colegio Meres (en la concentración en Oviedo), salimos a entrenar y me desgarré. Trataron con corticoide, de recuperar el músculo y no hubo caso. Fue bastante penoso.
Además había gente del Paris Saint Germain y otro equipo de Austria que querían verme jugar porque en ese tiempo los lanzadores que metían pelotazos eran muy bien vistos.
Había hecho toda la Copa América, había hecho goles importantes ahí también. Desgraciadamente no pude jugar”.

¿Cree que sin su lesión, y si jugaba, el planteamiento habría sido distinto, un poco más ofensivo?
“Es posible, pero a lo mejor era para peor. El equipo en realidad no anduvimos tan mal. Se perdió ahí nomás, salvo con Alemania, una potencia mundial.
Era una selección muy buena, éramos bastante agresivos. El Pato (Yáñez) era un puntero terrible, la velocidad que tenía, peligroso; Chino Caszely que andaba con todas las luces prendidas, Gustavo Moscoso un jugadorazo. O sea había un plantel bastante bueno.
Juan Carlos Letelier que venía de atrás, que estaba en la banca, el Negro Dubó con Eduardo Bonvallet; de los defensores: Mario, el flaco Garrido, Elías Figueroa, el Gato Osbén al arco. Era una selección no solamente de nombres sino que de rendimientos en ese momento”.

¿Fue muy larga la concentración? Siempre se habla de eso ¿Se equivocó Santibáñez?
“Yo creo que sí, pero no soy de hacer críticas negativas. Mi opinión personal es que fue larga pero no sé si se haya equivocado, no sé quién se equivocó. Porque nosotros también podríamos haber conversado con él, entonces es también parte de una equivocación de nosotros. De los dirigentes. Si cuerpo técnico, dirigentes y jugadores, éramos muy amigos todos. Se podría haber conversado.
Porque los alemanes, cuando llegamos, estaban descansando, en la playa con sus familias, después del entrenamiento, que era algo lógico.
Pero nosotros era: concentración-práctica, concentración-práctica. Y antes habíamos estado como seis meses, aunque la familia nos iba a ver.
Ahí creo que nos faltó madurez nuestra. Porque no planteamos esta situación ni la hicimos saber para ver si la podíamos cambiar para mejor”.

En el Colegio Meres tenían unos flippers y unas máquinas de bebidas. Tomaban bebida todo el día
“Si no teníamos más que hacer. Son cosas que cada cuerpo técnico lo hacen a su manera y quieren hacerlo lo mejor posible. A veces resulta y a veces no. Por eso te digo que estoy feliz de ver lo de Héctor (Tapia), con lo que está haciendo. Se ve que quieren mucho a los jugadores y que los jugadores los respetan. Y esas cosas son bonitas. El fútbol es familia. Estás los siete días de la semana con penas, frustraciones y alegrías”.

Para cerrar el tema de la selección ¿Fue factor no contar con Elías Figueroa en la primera final de la Copa América del 79?
“¡Por supuesto! Por supuesto. Elías, por algo triunfó en Brasil y en Uruguay. Una vez jugando en Brasil y estaba Zico, Sócrates, ahí me di cuenta y vi la dimensión de Elías. Ellos nos atacaban y yo miraba hacia atrás y ahí salía Elías jugando entre medio de dos y tres. Extraordinario.
Entonces las veces que él no estaba por supuesto que nos afectaba como equipo. Elías era algo especial para nosotros. Era un líder muy positivo y muy ganador. Triunfó en Uruguay también. Era un tipo ganador e impregnaba eso a nosotros”.

¿Cómo fue el título con Colo-Colo en 1981? Tenían a Pedro García como DT que era muy joven
“Entre nosotros conversamos con los dirigentes, porque don Pedro (Morales) no seguía. Y habían opiniones, Pedro (García) había hecho buenas campañas fuera de Colo-Colo y le respondimos nosotros. Había un plantel que venía junto de bastante tiempo. Don Pedro Morales armó ese plantel y era fácil jugar. Además éramos unos ocho que íbamos a Pinto Durán, éramos titulares aquí y allá. Era fácil, nos conocíamos bien.
Pedro García dejó fluir este equipo. Era algo especial.
Si tú tienes un grupo de jugadores que se adaptan bien, tienes que seguir incentivando eso”.

Dicen que eras un jugador muy alegre
“Sí, hay muchas cosas bonitas. Es que el fútbol es vida. Levantarte todos los días, llegar al camarín, las bromas son increíbles ¡Los viajes! A mí me pasó. De mis primeros viajes, estábamos en el Hotel Sheraton y nos subimos al ascensor y yo digo: ‘¿Quién juega pool?’, porque decía ‘pool’. Y era por swimming pool (piscina). Me mandan a buscar las pelotas de las mesas de pool. Llego con las pelotas y los tacos, me subo al ascensor y se suben todos. Esperando a ver qué hacía yo. Y empiezo a ver que se sube gente con toallas y en traje de baños (risas). Ahí caí. No bajé a comer después ni nada. Me molestaron toda la semana”.

Quién era tu partner
“Mario, Mario Galindo. Pero en general éramos muy amigos ese lote. Todos viendo películas juntos, otro grupo jugaba cartas. Pasábamos mucho junto. Leo Herrera llevaba el pandero con las tallas y todas esas cosas”.