alturaarrow_down-red arrow_side badge-facebookbadge-instagrambadge-twitterclosedebutemail facebook gallery-nextgallery-prevgallerygoogle instagram lightbox-nextlightbox-prevlive-atajada live-cambio live-gol live-jugada-peligrosa live-offlive-player-in live-player-out live-red-cardlive-silvato live-tarjeta-amarillalive-tarjeta-roja live-timerlive-yellow-cardnacimientonacionalidadnextopenpagination_downpesopinterest prevquotesearchslide-nextslide-prevtimeline-left timeline-right twitter videoswhistle worldyoutube
La columna del Capitán: Otra hermosa larga espera
La columna del Capitán

Todos los finales de torneo son especiales.

Este campeonato en particular sabemos que ha sido muy positivo, en líneas generales. Empezamos muy bien, con el pie derecho. Logramos jugar de muy buena forma, con partidos muy buenos, aunque también hemos tenido juegos que no han sido de lo mejor, pero siempre hemos estado con la convicción de que lo podemos ganar, de que pase cualquier cosa está la convicción de todos, de que podemos hacer cosas importantes con este equipo.

Fueron muchos años difíciles, de sacrificio y de lucha. Por eso creo que podemos esperar esta semana con optimismo, sabiendo que tenemos una mochila cargada de ilusiones, cargada de mucho compromiso con la gente.

Queremos canalizar las ganas, la ansiedad, la locura que se vive porque llegue pronto el día domingo, de buena forma. Queremos dar la vuelta olímpica en nuestro estadio.

Estos días han sido positivos: se ganó un partido muy difícil a Universidad de Chile. Pero ahora y antes, el grupo en general se ha mantenido muy unido, con mucha claridad en lo que se quiere. Con mucha fuerza mental, porque hemos vivido momentos complicados, donde después de harto tiempo lo estamos sacando adelante.

Esto no queda aquí.

Queda camino por recorrer todavía. Estamos todos con las ganas de explotar y estallar de alegría después de tantos años de tristeza y de sufrimiento. Pero tenemos que canalizar todas esas sensaciones en positivismo. Queremos dar la vuelta este fin de semana con Wanderers pero tenemos claro que si no es así, sigue dependiendo de nosotros.

A mí me tocó vivir esta situación desde inicios de mi carrera. En 1996, en mi primer título, miraba todo con ojos de aprender, de empaparme de todo eso: Estaba a punto de dar una vuelta olímpica con jugadores a los que tenía pegados en mi pieza en un póster. Era una satisfacción grande, para mí y mi familia, participar de un equipo con tantas estrellas. Fue algo impagable. Son recuerdos imborrables que atesoro con mucho cariño porque sé que no son muchos los que pueden contar una historia como la que cuento yo.

En particular recuerdo que el 96 yo ya estaba plenamente integrado al primer equipo. Estaba ahí desde 1995. Siempre me inculcaron que uno esté o no citado hay que venir al estadio, participar de todo lo que se está viviendo. Yo no fui citado para el partido decisivo ante Audax, pero estuve en el camarín, traté de aportar al grupo aunque estaba con muchos ídolos de nuestra institución. Fue maravilloso poder dar esa vuelta olímpica con ellos, a tan temprana edad.

Ese partido lo vi en la tribuna, al lado de mi viejo, que siempre me ha acompañado en todas. Antes fui a saludar al camarín a mis compañeros, estuvimos juntos en la previa, en los gritos de aliento antes de salir a la cancha. Me acuerdo y siento una nostalgia muy grande. Me emociono. Parece que fue ayer.

Porque además estamos a días de poder levantar otra copa. En lo personal sería la número 11. Para Colo-Colo sería la estrella número 30 y yo también estuve en la 20. Es muy emocionante.

Después recuerdo el título del 2002. Concentrábamos en el hotel Los Nogales, en Providencia. Estábamos en quiebra así que no daba para concentrarse en el Sheraton como en el 96…

Ese título lo vivimos con mucha pasión. Hasta hoy la gente lo recuerda con mucho cariño. Fuimos el único equipo en campeonar en estado de quiebra. Era difícil, no sabíamos qué estaba pasando y había muchos jóvenes, como Eduardo Lobos, Gonzalo Fierro, David Henríquez, Braulio Leal y el Nacho Quinteros, entre otros, y todo encabezado por tres jugadores mayores: Barti, Espina y Raúl Muñoz.

Aquella vez hubo mucha gente que se fue del club. No había dinero y a nosotros nos bajaron el sueldo. No sabíamos si cobrábamos a fin de mes. Recuerdo que hicimos promociones para la Colotón y tuvimos que ir a muchos programas. No estábamos acostumbrados pero lo tuvimos que hacer por la institución.

En esa época concentraba con Marco Millape. Hasta el día de hoy somos amigos. Todos estábamos con muchas ansias antes de la final con Católica. Éramos jóvenes y Marcelo Espina y Barti fueron los caudillos que nos orientaron a canalizar toda la ansiedad. También Jaime Pizarro y Jaime Vera nos daban una confianza única y mucha tranquilidad.

Desde el primer torneo de 2002 veníamos picados, porque habíamos quedado eliminados por Rangers. Teníamos la sensación de que podíamos lograr algo más con ese equipo y dijimos: “El otro tiene que ser nuestro”.

En la final del Clausura, ante Católica, recuerdo que estaba por terminar el partido, estábamos atacando, y me dediqué a ver a la gente. Una algarabía, una alegría con estadio lleno, con todo el pueblo colocolino. Nunca lo podré olvidar.

Hoy, así como antes Espina o Barti hablaban, soy yo el que trata de guiar a los jóvenes. Soy yo quien hace el grito antes de salir a la cancha, en el camarín, y el que da las últimas palabras de aliento. Cuando estamos calentando, de hecho, voy pensando en lo que le diré a mis compañeros. Algo que pueda llegar, aunque siempre busco decir que hay que mantener la calma. Y, a veces, recurro a que recordemos a nuestras familias que siempre están con nosotros. Y tomarle el paso a la importancia de lo que estamos viviendo: uno puede quedar en la historia de un club tan grande como Colo-Colo.

Trato de hablar mucho con los jóvenes. Les pido calma y tranquilidad. Y que disfruten. Porque estos momentos pasan muy rápido. Podría lograr el título 11 y todos han sido iguales: ganas hoy, vuelta olímpica, cena en la noche, al otro día en los diarios y listo, ya estás pensando en el otro torneo, y en el que llega, el que se va… Es todo muy dinámico.

Por eso les digo a los muchachos que podrían dar su primera vuelta olímpica que lo disfruten, que le saquen todo el provecho a esto. Y encima, al contrario, los momentos malos duran una eternidad.

Para cerrar, me gustaría hablar de las cábalas: Aunque este plantel no tiene muchas, recuerdo con cariño la de algunos compañeros míos, como las de Marcelo Espina, precisamente en el título del 2002. Teníamos que venirnos desde el hotel por el mismo camino siempre. No se podía variar. Y antes de la concentración, Marcelo me llevaba en su auto desde el estadio al hotel. Alguna vez intenté subirme a otro auto y Marcelo no me dejó. De hecho para un clásico con la U, en el Nacional, yo me iba a llevar el auto al hotel. Entonces le digo: “No Marce, yo me voy en mi auto hoy”. Pero no. Me hizo ir a dejar mi auto a su casa, lo dejamos guardado y de ahí me llevó a la concentración.

Espina también usaba una media al revés y no le gustaba escuchar a Juan Luis Guerra, porque lo encontraba mufa total. Y llegando al hotel, ponía una canción de Maná, “Eres mi religión”. Al final uno se unía y no es nada malo ¿Si ayuda a que uno esté más tranquilo?

Repito: El domingo hay que mantener la calma. Habrá ansiedad de que el partido comience y termine rápido. Pero nosotros, los más grandes, tenemos que llamar a la tranquilidad. Tenemos que aportar mucho para ayudar a los que podrían vivir su primera vuelta olímpica.

Ojalá que salga todo bien y que resulte lo mejor para nosotros, que hemos sufrido harto, y para la gente que también lo ha pasado mal.

Lee acá otras “Columnas del capitán”