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Octavio, el goleador de Treinta y Tres
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“La única costumbre uruguaya que tengo es el mate y la carne. Pero eso es normal. Soy más reservado, más tranquilo. Soy más de estar con mi señora y ahora con mi perrito. Con los amigos de acá. Un poco porque extraño la tranquilidad, la paz. Por lo mismo estoy buscando una casa con patio para no extrañar tanto eso. Ahora estoy en un departamento, entonces extraño el espacio para poder moverme”.

Y era difícil que fuera de otra forma, Octavio Rivero nació en Treinta y Tres, una pequeña ciudad de 25 mil habitantes al este de Uruguay, donde el campo, el espacio y el aire libre son la norma. Ahí, desde muy chico, imaginó y comenzó a construir el sueño de ser futbolista profesional: “Sí, siempre tuve claro que lo que yo quería hacer era jugar al fútbol”. Y como buen uruguayo lo hacía siempre, después del colegio en la calle, en una cancha, con amigos o solo incluso. Durante catorce años Treinta y Tres fue el escenario de sus primeros partidos, donde ya se podía ver que Octavio tenía algo más, algo que compartía un goleador que en ese entonces encandilaba a los uruguayos y que también era treintaitresino, Darío Silva.

“Él era uno de mis ídolos”, reconoce el nuevo goleador albo, que tempranamente dejó la tranquilidad de su ciudad natal donde todavía viven sus padres, abuelos, hermanos, tíos y primos, para empezar a cumplir su sueño: “Me fui muy chico, a los catorce años a Montevideo”.

Dejaste atrás una vida muy tranquila
Sí, jugaba al baby, chiquito. Iba al liceo, después a entrenar y no mucho más. A veces salía con mis amigos a pasear. Fui feliz allá, capaz que no tenía todo lo que me hubiese gustado tener porque somos de una familia muy humilde. Pero capaz que eso me hace más feliz hoy porque sé de dónde vengo, por lo que pasé y que no se me dio nada fácil.

Además forjó tu carácter
Sí, sufrí, pero también haber pasado por muchas cosas te hace crecer. Igual en mi cabeza siempre estuvo el deseo de irme para ser futbolista, entonces cuando llegó el momento no me costó tanto. Lo único que se me hacía difícil era dejar a mi hermano chico.

¿Cómo es tu familia?
Mi padre y mi madre son separados desde que tengo un año. Me crió mi padrastro, así que siempre digo que soy muy afortunado porque tengo dos padres, los dos con puntos de vista muy distintos y eso me ayuda mucho.

¿Siempre jugaste al fútbol allá en Treinta y Tres?

¿Siempre de delantero?
No. Cuando era chico jugaba en la cancha y si íbamos ganando me ponía al arco. Eso hasta los 12 años.

¿Juegas de arquero en las pichangas?

Si nos quedamos sin arqueros en un partido, ¿te pones los guantes?
Tendría que verlo, depende del resultado. Pero sí, me gusta atajar.


Colo-Colo: Un escalón más competitivo

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¿Te gusta Santiago?
Sí, es lindo. Conocía de cuando jugué en O’Higgins y a veces venía. Es una ciudad linda, grande, limpia y ordenada. Hablo por lo que he visto.

¿Y Vancouver?
No, Vancouver es increíble. He tenido la suerte de conocer varios países y creo que Vancouver es una de las ciudades más lindas que he conocido junto con Estambul.

¿Y la liga?
Es una liga que ha crecido mucho, que sigue creciendo, con grandes jugadores. Lo único malo diría yo es que tienen muchas canchas sintéticas y eso perjudica el juego según mi punto de vista.

¿Estamos muy lejos en cuanto a organización?
Sí, creo que eso es lo que destaca de esa liga. La organización. Bueno, por algo tienen todo lo que tienen. Son desarrollados, son potencia, lo tienen todo.

¿Hay algo que podríamos imitar?
Son muchas cosas pequeñas que pueden no parecer importantes hasta que las vives. El respeto. la gente te veía y te decía buenos días, que tengas un gran día. Mi familia fue algunos días y me decían que se fueron con otra energía.

¿Por qué te viniste entonces?
Quería más competencia, tener la exigencia de ganar, salir campeón, estar más cerca de mi país, que me vea más el técnico de mi selección.

Jugaste en Vancouver, Uruguay y Chile, futbolísticamente ¿hay muchas diferencias entre países en cuanto a cómo se juega al fútbol?
Sí. En Uruguay se juega un fútbol muy difícil, es muy apretado, muy fuerte. Acá es un fútbol muy dinámico, siempre se intenta jugar. A mí me gusta mucho, hay preocupación porque las canchas estén siempre buenas, las mojan antes de los partidos.

Para un delantero ¿es mejor jugar acá?
Más que en Chile, para un delantero es bueno jugar en un equipo que salga a buscar. Para mi punto de vista la Selección de Chile es un equipo que va a buscarlo, pero si te fijas no recibe muchos goles. Defensivamente juegan bien porque tienen mucho la pelota.

¿Cómo te has sentido estas primeras semanas en Colo-Colo?
Muy bien, además ayudó que el primer partido de titular pude hacer un gol, con toda la gente atrás, se escuchaban mucho como cantaban, retumbaba. Fue lindo y espero seguir mejor.

Tu primer contacto con el Monumental fue antes, con el gol que nos marcaste jugando por O’Higgins
En ese momento me sentí muy contento, era primer partido de titular, el gol de la victoria, quedaban pocos minutos. Ahora cuando me toque hacer un gol me pondré muy feliz porque un estadio lleno es distinto.

Sientes que estás compitiendo con Esteban Paredes
Estamos jugando con dos, pero también podemos jugar con uno. Creo que Esteban es un gran compañero, me ha tratado bien, hay una buena relación, siempre con respeto. Eso me pone contento porque muchas veces es difícil tener una buena relación con tu competencia. Es una competencia sana donde todos vamos para adelante.

¿Te defines como un goleador?
Tengo 24 años y salí goleador en Uruguay, acá estuve a dos goles del goleador, en Vancuver fui el goleador de mi equipo. Soy goleador pero también doy asistencias. En O’Higgins di cuatro, en Vancuver di siete. Jugando arriba me sienta bien hacer goles y jugar para el equipo.

Tenías un sueño en Treinta y Tres, tras 24 años ¿te falta algo para conseguirlo?
Me ha costado mucho llegar hasta acá, sé todo lo que pasé. Pero soy muy joven todavía, tengo mucho por delante. Mi sueño es jugar en la Selección y luego ir a Europa. Esos son mis objetivos.