Nuestra historia 3: Los temblores institucionales, la casa monumental y el equipo del 73

Las malas también se cuentan: En sus primeros 10 años de vida, Colo-Colo tuvo 10 presidentes. Tras la fundación y luego de la muerte de David, sucesivamente los hermanos Arellano se fueron alejando del club en medio de polémicas y desórdenes. A tal nivel llegó el asunto, que el emblema precursor Francisco “Mono” Arellano decidió volver a Magallanes.

Las disputas institucionales acarrearon una primera gran crisis en 1931. Justo era el momento en que los socios comenzaron a levantar la idea de que Colo-Colo debía tener su estadio propio. Hubo retiro masivo de simpatizantes, renuncia del directorio en pleno, falencias económicas, acusaciones de caer en lo mismo que los fundadores le criticaron a Magallanes -eso de que no había renovación en el equipo y siempre jugaban los viejos. Y, lo peor de todo, hubo un peligroso “receso”.

El fútbol chileno en general vivía un periodo de terremotos. La discusión de fondo consistía en seguir o no la tendencia de otros países americanos: Ser o no ser profesionales, he ahí la cuestión.

En 1932 la Asociación Santiago tuvo que intervenir a Colo-Colo “por no reunir los requisitos indispensables de seriedad, moralidad, espíritu deportivo y marcha económica”. Había serias denuncias de que el club se había profesionalizado, en meses en que esa palabra estaba prohibida.

Cuando en 1933 comenzó oficialmente la era profesional en el fútbol chileno, el Cacique venía recién levantándose de vuelta. Quizás por eso demoró cinco campeonatos en ganar un título.

Lo bueno es que el público siempre estuvo. Esa necesidad de los hinchas de ver a Colo-Colo siguió desbordando canchas, gatilló en buena medida la construcción del Estadio Nacional (los otros recintos fueron quedando chicos) y empujó la búsqueda seria de la casa propia.

En 1946, a dos décadas de la fundación, Colo-Colo por fin tuvo su primera cancha. El Estadio de Carabineros, recinto emblemático del fútbol capitalino, ya había sido demolido, pero los terrenos de calle Balmaceda esquina Cumming, en Quinta Normal, eran valiosos, probados, y con buen acceso para los futboleros.

En esa época –y durante 60 años- Colo-Colo tuvo solo dos presidentes que duraron más de tres años: Róbinson Álvarez (nueve años en dos periodos en la década del 30 y 40) y Antonio Labán (también nueve temporadas en los 50). Coincidencia o no, con esos dirigentes, con ese orden institucional, se pudo aterrizar el tema estadio y la cuestión de crecer con seriedad.

Álvarez fue quien compró los terrenos del Estadio Carabineros -actual Parque de los Reyes- y le encargó al arquitecto Augusto Gómez armar una maqueta, la que fue diseñada y presentada incluso a la prensa. El sueño costó. Hubo caídas y lamentos. Mientras se buscaban los recursos, pasó una década. A decir verdad, el club fue ganando campeonatos, creciendo en popularidad, pero institucionalmente algo faltaba.

En 1955 Labán decidió vender los terrenos de avenida Balmaceda porque le dieron un dato de unas chacras ubicadas en Vicuña Mackenna, por allá lejos del centro, en un callejón llamado Pedrero. En 1956 Colo-Colo compró la propiedad donde hoy se ubica el Estadio Monumental.

Su construcción fue lenta. Entremedio el equipo vivió uno de sus máximos periodos de sequía de títulos, entre 1963 y 1970.

Se necesitaba entonces un último empuje, desde la cancha ojalá, para poder inaugurar, ahora sí, la casa propia. Si bien Colo-Colo ya había vibrado con Alfonso Domínguez, Enrique Sorrel, Misael Escuti, Francisco Hormazábal, Óscar Medina, Juan Aranda, Enrique Hormazábal, Mario Moreno y una larga lista de ídolos, en 1961 debutó Francisco “Chamaco” Valdés y en 1967 lo hizo Carlos Humberto Caszely, quizás los dos más emblemáticos jugadores de la historia del club.

En esos años post Mundial de Chile, un equipo universitario apareció con fuerza y aprovechó la época de bajas del Cacique, que incluyó otra intervención de la Asociación en 1968. Colo-Colo despertó iniciando la década del 70 y se destapó en 1972, con un equipo que batió record de público. La llegada del entrenador Luis “Zorro” Álamos le dio distinción a un Colo-Colo que -ahora sí- estaba en condiciones de poner su nombre en toda América, aunque en el continente el equipo era más que conocido: En sus primeros tres partidos oficiales en el extranjero venció consecutivamente en Paraguay, Ecuador y Venezuela. Y la primera vez que enfrentó a un argentino y un brasileño, salió también ganador (River Plate y Botafogo).

La Copa Libertadores del 73 removió al fútbol chileno. Hubo un giro. Hubo un golpe, esta vez positivo para el deporte nacional. Nef; Galindo, Herrera, González, Rubilar; Páez, Valdés, Messen; Caszely, Ahumada, Véliz fue una formación que se repitió de memoria. Un equipo que abrió a Chile al mundo.

Al final una cosa llevaba a la otra: En 1970 Colo-Colo había ganado su estrella 10, en 1973 fue el primer equipo chileno en llegar a la final de la Copa Libertadores de América y en 1975 inauguraba su estadio propio. Nada fue al azar.

(Durante toda esta semana de aniversario, contaremos la historia de Colo-Colo en 7 capítulos. ¡94 años de Eterno Campeón! #VamosCacique)

Nuestra historia 1: Un equipo que nació grande con David que se fue a los cielos

Nuestra historia 2: Platko, Robledo, la consagración y las revoluciones