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Martín conduce hacia sus sueños
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Cuando Martín Vladimir Rodríguez Torrejón sale a la ruta, lo hace mirando firme el horizonte. No titubea pero siempre conduce con cautela. Sabe que a sus 22 años la llegada al éxito depende de él, pero también tiene claro que el camino no siempre está pavimentado con doble vía.

Le ha costado al mediocampista talentoso llegar a ser hoy un jugador importante en Colo-Colo. Entremedio no solo hubo esfuerzos de un típico niño futbolista, sino que también lesiones graves y diversos discos “Pare”.

Hoy, noviembre de 2016, el viaje es placentero. Martín maneja sonriendo, con las ventanas abajo y el viento moviendo su pelo. Está dichoso en la Ruca.

“Me siento muy feliz en todo aspecto. A mis 22 años si bien es cierto he ganado muchas cosas, también he sufrido, con lesiones graves… Estoy pasando por un buen momento y en el equipo más importante de Chile. Eso me tiene súper tranquilo. Quiero seguir mejorando y darle muchos títulos a esta institución, eso es lo que más quiero”, reflexiona.

Cuando tenía 10 años, Rodríguez ya jugaba en diversas escuelas y clubes de Diego de Almagro, su ciudad natal. Además, peloteaba haciendo rabiar al abuelo Mauricio Torrejón, defensor amateur en el norte. “Me odiaba (risas) porque no lo dejaba dormir en las tardes. En la casa su pieza quedaba justo al lado de un portón y hacíamos los medios pelotazos. Me pinchaba las pelotas”, cuenta.

¿Imaginabas cuando chico todo esto que vives hoy, Martín?

No, no pensaba. Sí quería estar en un equipo importante. Se me dio la oportunidad de Colo-Colo y me han tratado súper bien, me he acoplado a mis compañeros, a la gente. Es algo muy hermoso lo que es el mundo de Colo-Colo, el pueblo colocolino es algo maravilloso.

¿Te costó digerirlo?

Sí. Llegué siendo como una joven promesa, nadie sabía si iba a rendir a o no. Además la presión que te da la gente, el pueblo, uno lo tiene que saber llevar. Gracias a los partidos que jugué cuando llegué me fui dando cuenta lo que pide la gente de Colo-Colo: mojar la camiseta, entregar el 100%. Trato de hacerlo siempre. Si bien es cierto que pasé por un mal momento el semestre pasado, gracias a dios ahora estoy en uno de mis mejores momentos.

Martín Rodríguez, el 14 albo (número con historia), papá de Antonella, hijo agradecido de Raquel, parte del clan “Torrejón” famoso en Diego de Almagro, vivió en el último Superclásico un partido inolvidable. Todo, luego de un periodo complejo. Él mismo lo recuerda.

Tuviste buenos partidos en Huachipato y acá algunos en el título del año pasado pero ¿El Superclásico fue el mejor partido de tu carrera?
¡Sí! Ese partido me preparé mucho psicológicamente. Venía de perder un penal en la final contra la U (diciembre 2015, Copa Chile) y fue algo que marcó mi carrera. No quería salir a la calle, estaba desmotivado… Pero el fútbol da revanchas. Y esta revancha la supe aprovechar. Ese partido (último Superclásico) es de los que voy a recordar toda la vida.

¿Me dices que el penal de Copa Chile te afectó tanto que te duró un semestre el tema?
Sí, claramente. De ahí empezó una historia de lesiones, estaba mal anímicamente. Me afectó mucho. Cada vez que me metía a las redes sociales me decían que era un cagón, donde me había perdido el penal. La gente la entiendo, a nadie le gusta perder una final y menos contra el archirrival. Ya superé eso y con este Clásico pude salir adelante.

”Siempre supe que sería futbolista”

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Desde hace al menos dos generaciones que la familia Torrejón -clan central en la vida de Martín- vive en Diego de Almagro, villorio minero fundado con el extraño nombre de “Pueblo Hundido” y ubicado en la subida rumbo a El Salvador.

Los tíos y familiares de Martin trabajan en las minas. Su madre es parvularia y trabajó siempre en el Jardín “Blanca Nieves”, mítico en la ciudad y fundado en 1972.

Él, de pequeño, vivió pegado a un balón de fútbol. Al principio en la calle, luego en el club Dínamo y al final en cuanto equipo se armara en la zona.

“Lo que pasa es que mis tíos son muy futboleros allá en Diego de Almagro. Mi familia allá es muy conocida. “Los Torrejones”, le dicen. Siempre fueron destacados porque son cinco hermanos y todos jugaban juntos a la pelota. Eran muy nombrados, salían campeones”, explica.

O sea el Dínamo jugaba con 11, y la mitad eran Torrejones

¡Sí! De ahí ellos me llevaron a jugar al Dínano. Me empezaron a llamar a la selección de Diego, después me pedían de refuerzo de Chañaral, de Copiapó, así hasta que llegué al Nacional Amateur jugando por Copiapó, en Los Vilos. Salimos en tercer lugar, habían hartos veedores y creo que de ahí sacaron mi número desde Huachipato.

Pero Huachipato no fue el primer intento. Te probaste en la U

Sí. También estaba en una Academia de Fútbol en Copiapó. Eran como los mejores de la Tercera Región. Me invitaron a internacionales, torneos, y desde la Academia me llevaron a probarme a Universidad de Chile. Fui al Caracol Azul, estuve una semana y me dijeron que era muy chico, muy flaco, que tenía que volver después para ver cómo había evolucionado y todo… ¡Mentira eso! (risas)

¿Te afectó el rechazo?

No mucho porque siempre mi familia me apoyaba en todo. Me decían que si no era esa, vendría otras opciones. Nunca pensé Huachipato sí. Pensé irme a Antofagasta o La Serena.

¿Alcanzaste a probarte en esos equipos?
No, nada. Llegué de vuelta a Copiapó y con otra Escuela de Fútbol de Diego de Almagro hicimos una gira a Talcahuano. Jugamos con U. de Conce, Huachipato, Naval. Ahí empezó todo. Quedamos cuatro jugadores en Huachipato pero solo dos hicimos toda la carrera. Franco Collado, el arquero, y yo.

¿Te gustaba ver fútbol, eras futbolero de siempre, de chico?
Mis primeros recuerdos son cuando Colo-Colo peleó la Sudamericana en 2006. Mi familia eran todos futboleros, de Colo-Colo, y nos juntábamos en mi casa. Siempre me vistieron de Colo-Colo, me regalaban ropa de Colo-Colo. Los recuerdos que tengo son cuando el Mati (Fernández) estaba en su mejor momento y salió el Mejor de América. Eso se me quedó grabado.

¿Tu ídolo era Matías?
Era Robinho. Tenía poster de Robinho y de Ronaldinho. Y mis tíos me regalaron uno que decía “Eterno Campeón” de Colo-Colo. Creo que es del equipo del 2005.
Siempre me gustó ver partidos, era súper futbolero. En ese tiempo en Diego de Almagro pasaban los partidos de la Liga española, me gustaba ver a Ronaldinho, al Barcelona, a Cristiano Ronaldo en el Manchester.
Veía todo el día los mejores goles del fútbol chileno, los goles del mundo, por Youtube. Jugadas y cosas así.

¿Con 14 años ya sabías que querías ser futbolista?
Sí, ya sabía. De hecho me levantaba el sábado o domingo a las 8:00 de la mañana a jugar mi primer baby fútbol allá. Me dormía a las 12:00 de la noche con otro baby. Y entremedio los partidos con los clubes.

¿Te acuerdas de algún récord de partidos?
Sí, me acuerdo una vez que fuimos a la cancha con mis amigos a las 9:00 de la mañana y me salí del partido como las 3:00 de la tarde. Como que siempre llegaban a jugar y a un equipo les faltaba uno. Me decían y yo me quedaba.

Tú ya sabías que para seguir tu carrera tenías que salir de Diego de Almagro

Lo tenía súper claro. Igual con 11, 12 años me tenía que ir al terminal de Diego e irme a Copiapó y manejarme solo en Copiapó para poder ir a entrenar a la Academia. Todo para surgir. Lo que más quería, lo que más deseaba, era ser futbolista profesional. Por mí lo iba a encontrar de cualquier manera. Cueste lo que cueste.
Cuando jugaba por la selección de Copiapó o en los campeonatos de baby iba toda mi familia a apoyarme. Mi familia que es inmensa. Siempre me entregaron ese apoyo incondicional. Era muy lindo. Una barra.

¿Cuál fue tu primera vez en el estadio?
Fui a ver a Cobresal con Colo-Colo. Mi primer partido. En El Salvador. Me acuerdo de un golazo que hizo un delantero de Cobresal… ¡Laffatigue!

“Pensé: Tengo que romperla en Huachipato”

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Justo una semana después de su cumpleaños número 13, el mítico Colo-Colo de Borghi viajó a El Salvador para jugar ante Cobresal, en otro match camino al tetracampeonato. Era el 12 de agosto 2007 y la derrota por 2-1 del Cacique sería el primer acercamiento de Martín, una cancha de fútbol profesional y Colo-Colo. A los 59’ Julio César Laffatigue marcó de chilena y esa jugada se quedó grabada en Rodríguez.

Al año siguiente, desde Huachipato le pidieron reforzar el plantel para una Copa Nike a jugarse en Concepción. Fueron campeones regionales con el pequeño nortino entre las figuras. Era la primera vez que Martín se vestía con una camiseta de club profesional.

Era octubre de 2008 y el volante ganó, brilló y recién volvió al sur en el verano de 2009. “Me dijeron que me quedara pero que yo tenía que pagarme la mitad de la pensión. Hablé con mi mamá y ella me ayudó. Pasaron seis meses y me pagaron la pensión completa. Iba goleador en las cadetes”.

O sea llegaste y no te costó mucho

Lo que pasa es que en la pensión donde vivía éramos cuatro del norte, otros del sur, pero todos de lejos. Nos apoyábamos entre todos, nos reíamos, hacíamos cada cosa juntos. Lo pasé bien. Estaba Collado, Leonardo Povea y otros que quedaron en el camino.

En la Sub 15 Martín hizo casi 10 goles; en la Sub 16, cerca de 30 con Óscar Correa como DT, futuro ayudante de Jorge Pellicer… Pasaron solo dos temporadas y con 16 años fue convocado al primer equipo por Arturo Salah.

“Estábamos jugando un partido contra Curicó y llegó a mirarme Arturo Salah. Me acuerdo que hice tres goles. Al tiempo llamaron a los jugadores que van a hacer la pretemporada con el primer equipo y me nombran a mí… Estaba feliz y ahí, siempre me acuerdo, Arturo Salah me dice: ‘Está preparado para hacer la pretemporada con nosotros ¿O le da miedo?’ Yo lo quedé mirando y le dije: ‘Sí, sí, sí (risas)’”.

Su debut oficial fue por Copa Chile ante Puerto Montt en un 7-0 (el último, gol de Martín). Después jugó versus Palestino por el torneo nacional. “Lo único que sentía es como latía mi corazón. Quería correr, correr, correr para todos lados. Fue algo que no podré olvidar. A los 16 años me di cuenta que podía ser un jugador importante si no me la farreaba y no me quedaba en el camino”.

¿Te diste cuenta de eso altiro?

Cuando empecé a venir a la selección Sub 20. Ese proceso me sirvió para sacar carácter, porque era súper piola, si no me la tocaban me daba lo mismo. Si pasaba desapercibido en un entrenamiento también me daba lo mismo. Creo que cuando fui a esa selección, como que cambié totalmente. Dije que si estaba en una selección era por algo. ‘Tengo que llegar a Huachipato y tengo que romperla, ser diferente a todos’, pensé. Y empecé a cambiar el chip. Tenía un buen amigo, Lorenzo Reyes, que fue un gran apoyo y me aconsejaba, me decía que era muy bueno, que de repente la tocaba mucho y no hacía mi juego que era encarar y todo. Y no la pedía. Sentía que podía hacer mucho más.

¿Pasó algo específico en la selección. Te dijo algo Fernando Carvallo?

No, solo veía que era titular en la Sub 20 y muchos jugadores que estaban jugando al lado mío eran titulares en sus equipos. Simplemente me di cuenta de eso y que tenía las condiciones de hacerlo. Ahí fue mi cambio de carácter. Algo fundamental en mi carrera.

También te diste cuenta, seguro, que en Huachipato había jugadores buenos en juveniles pero que se empezaron a quedar

Sí. La verdad es que en la Sub 16 teníamos jugadores muy buenos. Peleando siempre, en semifinales incluso. Yo decía que si no llegábamos todos, la mayoría tenía que llegar. Y no fue así. De hecho, año 1994 llegamos tres: Povea, Collado y yo.

Tú eres un jugador talentoso, pero eso no basta ¿Estás de acuerdo?
El talento es único pero hoy en día con el talento no alcanza. Si no le pones esa cuota de correr o no sé, de luchador en la cancha, o la parte táctica, no sirve mucho. A mi juego le he agregado correr, ayudar al equipo tácticamente, llegar al área, ahora estoy definiendo, marcando goles.
El profe Guede me pide muchas cosas y trato de cumplirlas. Él se da cuenta de lo que pueda dar. Ha sido alguien fundamental en este proceso.

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¿Qué consejos les podrías dar a los chicos que están en juveniles? A veces creen que solo con talento están listos
Más que nada, muchos dicen: ‘Soy bueno y con eso me alcanza’ y yo creo que tampoco es así el fútbol. Siempre tienes que tener sacrificio, humildad. Hay muchos jugadores que son muy buenos pero le falta esa cuota de humildad, de asumir los errores que están cometiendo. En ese aspecto yo fui muy inteligente, siempre me daba cuenta en qué la estaba cagando, o en qué estaba fallando. También con mis amigos nos dábamos buenos consejos, éramos muy unidos.
Aparte de darnos cuenta de las cosas que hacíamos bien y las cosas que hacíamos mal, nunca dejamos de remar para el mismo lado. Aunque las cosas salieran mal, siempre estábamos juntos y nos apoyábamos.
Por ejemplo, cuando uno extrañaba a la familia, ahí estábamos todos. Los cadetes hay muchos que son de afuera y de repente no aguantan, porque extrañan a la familia.
Ahí va en uno: Si realmente uno quiere ser futbolista tiene que darse el tiempo y sacrificarse. Si te gusta esto tienes que encontrar el camino.
Muchas veces también hay jugadores que tratan de menospreciar el talento que tiene uno. Me pasó en Huachipato que jugadores que eran buenos, me trataban que yo era malo y cosas así. Jugadores que eran buenos y que ahora no figuran en el fútbol.
Yo siempre fui de bajo perfil, me daba cuenta lo que hacía mal, lo que hacía bien y siempre traté de mejorar y remar para el mismo lado con mi equipo. Eso fue algo bonito de Huachipato que aprendí.

Igual, de seguro hubo varias noches en Talcahuano que era de llorar y extrañar a la familia y a Diego de Almagro

Sí, fueron varias… El primer semestre que llegué fue difícil. Trataba de que mis compañeros no me vieran. No me gustaba que me vieran. De repente con mis amigos más cercanos les decía que extrañaba a mi familia y ahí venía el apoyo de ellos o de la tía de la pensión. Fue muy importante ese apoyo, nos trataban como hijos, nunca nos dejaron de lado. Hacíamos paseos, como una familia.

Esos llantos eran solo en la pieza entonces

Sí, solo en la pieza nomás. Me acuerdo que mi primera pretemporada tuve que pasar el Año Nuevo solo en Talcahuano. Pasé la Navidad con mi familia y me tuve que venir el día 27 (de diciembre). Fui a la pensión, la tía tenía su familia, cené con ellos en la pensión, que era la casa de la tía, vivía con su esposo nomás. Fui a cenar, hicimos los salud, los abrazos y a las 12:30 estaba acostado. Mi familia me llamaba, ‘¡Feliz Año Nuevo!’ (Se emociona).
Ese momento fue uno de los más difíciles. Me costó superarlo.

Martín y Huachipato estelar se fueron de pretemporada a Los Ángeles. Tras el debut, al poco tiempo agarró camiseta de titular. Fue campeón y en una Copa Libertadores sufrió una lesión dolorosa: rotura de ligamentos de la rodilla izquierda. También tuvo otro golpe, al quedar fuera de la Sub 20, primero del Sudamericano por decisión técnica y luego del Mundial por lesión. Ahí conoció la bronca contra un técnico. El elegido: Mario Salas.

Tu primera alegría fue el título con Huachipato 2012
Sí, mi primera alegría… Fue potente, algo súper lindo. Perdimos la final en Santiago y allá (en el CAP) nos marcan altiro. Pero después el Chuky González se saca dos golazos y terminando el partido el gran Villalobos mete un zurdazo. Casi nadie pensaba que iba a pasar eso.

¿Cómo tomaste lo de la Sub 20? No fuiste al Sudamericano al final

Hice todo el proceso, completo. Mario Salas me corta una semana antes del Sudamericano. Porque necesitaba jugadores de otras características, me dijo, en ese puesto. Me hacía jugar de contención. No lo entendí y me fui mal…
Después cuando Mario Salas llega a Huachipato, hablé con los dirigentes porque me quería ir a préstamo. No quería verlo, no estaba ni ahí con él. Él fue y me dijo que los técnicos también se podían equivocar y me dio sus razones. Ahí pasó mi rencor.

Antes del Mundial de Turquía viene la lesión en la Copa Libertadores

Sí, con Fluminense allá. Pellicer me hace jugar un partido en el campeonato nacional y a mitad de semana jugábamos allá en Brasil. Fue mi primer partido de titular ese, con Iquique. Hice un par de jugadas buenísimas, salí jugador del partido. Iba todo bien hasta que el día martes, llegamos a Brasil y el profe me dice que esté tranquilo. ‘Vas a jugar mañana’. Estaba súper emocionado; la Libertadores, titular ¡No la podía creer! Entré, toda la gente, el medio estadio… Ahí fue que me lesioné y me corté ligamento cruzado a los 22 minutos.
Viene un ‘negro’ gigante, le quise meter el pie por entremedio de las piernas, para quitarle la pelota y la cancha era como pasto sintético abajo y pasto natural arriba. La pierna izquierda queda trabada en el pasto y siento que se mueve la rodilla ¡Crac! Fue un dolor súper fuerte. No me podía parar.

¿Te afectó mucho? además perdías la chance de ir al Mundial Sub 20

Nooooooo, al Mundial no pensé ir en todo caso. Nunca pensé en eso. No me iba a llamar Salas. Estaba enfocado en Huachipato.
Después pasó el tema de la lesión, a los 7 meses y una semana volví a mi primer partido de citación. Entré contra O’Higgins en La Pintana. 15 minutos e hice una jugada en la orilla y sentí que estaba bien. Tenía mucho miedo de no volver a ser yo. Tenía miedo que iba a volver lento y no iba a ser el mismo.
Fui más regular y el último partido que jugué con Pellicer, él nos da una charla y nos dice que se va, que ya no aguanta, que por favor le regalemos un triunfo. Y ese fue de los partidos más buenos que hice en Huachipato. Hice un golazo y unas jugadas donde no me podían parar. Contra Everton en Quillota. Jugué de delantero suelto, un partidazo. El profe me dijo que hiciera lo que quisiera.

Pellicer es de los técnicos que te marcó

Sí, él me dio regularidad en todo aspecto y me aconsejaba harto. Lo recuerdo como el técnico que me ayudó a dar el paso en el fútbol profesional.

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Ahí se empieza a escuchar tu nombre en los clubes grandes ¿Cómo viviste eso?

La verdad que cuando sale algo, no creo hasta que es algo concreto. Es madurez yo creo. Decían que me querían pero no tenía algo concreto.
Vine a firmar por Colo-Colo con Tito Tapia, cuando no se pudo dar el traspaso. Vuelvo a Huachipato y todo mal de nuevo: el primer partido, estaba haciéndolo bien y me pegan una patada, casi me rompen un ligamento del tobillo… Uno de la U. de Conce, Portillo. Me perdí como un mes y medio y me costó volver a tomar mi ritmo.
Hice un mal campeonato ese. Terminé bien los últimos cuatro partidos por eso nunca pensé que en ese momento me venía a Colo-Colo.

¿Cómo se dio el traspaso?

Un día cualquiera me llama mi representante y me dice que está con Aníbal Mosa. ‘Mañana tienes que venir a firmar’. Fue rápido, al otro día nos vinimos con Andrés (Vilches).

Los Torrejón hicieron una fiesta

Siiiiiii, estaban súper contentos. Ellos siempre se ven reflejados en mí. Siempre quisieron ser futbolistas.

Tu vida ha tenido varios discos “Pare” que te han servido al final

Sí, me he dado cuenta de eso y sirven mucho. Con eso me doy cuenta qué estoy haciendo mal. Siempre está ese ‘Pare’, porque algo estoy haciendo mal. Gracias a dios me rodean buenas personas, me dan buenos consejos. De eso estoy agradecido.

¿Quiénes son tus consejeros en Colo-Colo?

Barroso siempre me habla antes de los partidos. Cuando andaba muy mal habló conmigo Esteban Paredes. Huesi (Esteban Pavez), el mismo Michael (Ríos), Pajarito (Valdés). Me dan una palabra y uno capta altiro, es para darse cuenta. No es necesario decir: ‘Este es un consejo’. Es para que captes rápido y tomarlo.

Y en general ¿A qué apuntan? ¿Qué sientes tú que te faltaba mejorar?

Como que tengo que ser yo, seguir de la misma manera, que no me vuelva loco. Tengo que seguir igual y lo más importante es que, en lo grupal, seamos ‘cada uno’ dentro de la cancha.
Espero que no venga otro disco ‘Pare’. He madurado bastante, sé lo que quiero, sé lo que estoy haciendo bien y lo que estoy haciendo mal trato de mejorarlo día a día.
Quiero seguir de la misma manera, con mis compañeros remar para el mismo lado. Lo que más anhelo es salir campeón en el Estadio Monumental. Es lo que más quiero.

A varios les quedó un gustito raro con el último título, por lo que pasó en Valparaíso

Sí, me pasó eso. Aparte que al salir campeón, íbamos a serlo fuera del Monumental. Lo que quiero es salir campeón en el Monumental. Imagino toda la gente que vino al Arengazo (antes del Clásico). Siendo campeón, ¡Cuánta gente vendrá! Es de las cosas que más me ha marcado aquí en Colo-Colo. Ese Arengazo fue algo maravilloso.

¿Cuáles son tus sueños ahora? ¿Selección y Europa?

Voy paso a paso. Lo primero que quiero y lo que más anhelo en este minuto es salir campeón aquí con el pueblo colocolino y que lo demás venga por consecuencia. Estoy muy feliz acá.

¿Y Rusia 2018?
Lo veo alcanzable. No sé si lo llegaré a cumplir. Quiero, pero si ando bien en Colo-Colo las consecuencias lo dirán todo. Por eso digo que lo que más quiero es andar bien en Colo-Colo, salir campeón, ganar todo lo que nos propongamos y lo demás que venga, será por consecuencia, porque hice las cosas bien.