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Manuel “Coco” Rubilar, dinamismo más temperamento
Nota 2

“Comencé a jugar en mi barrio, ahí en la Quinta Normal. Siempre fui delantero. Me inicié como puntero derecho, cuando se jugaba un fútbol espectáculo, un fútbol de goles. A la población Polígono llegó un dirigente de Unión Española y nos llevó a probarnos a Santa Laura. Isaac Fernández, el Mariscal, argentino, que había sido defensa central de esos antiguos, de esos que hoy no se ven, era el entrenador de Unión y me dejó. Tenía 12 años. Salimos campeones altiro con la Segunda Infantil. Y ahí fui escalando”, cuenta Manuel “Coco” Rubilar sobre sus inicios en el fútbol.

¿Por qué usted era hincha de Ferrobádminton?
“Es que el Estadio San Eugenio nos quedaba cerca y ahí jugaba Ferro. Íbamos con los cabros del barrio. Me hice hincha de Ferro, me gustaba. Traía buenos jugadores argentinos. Daban espectáculo. Tenían un gran arquero: Raúl Coloma”.

Y su hermano mayor Mario, ¿de qué equipo era?
“De Santiago Morning. Jugó por ellos hasta la Reserva pero no pudo seguir jugando porque se tuvo que dedicar a trabajar”.

Manuel y Mario vivían solos con su madre. Manuel casi no conoció a su padre. Josefina Boudon, entonces, las hizo de madre y padre a la vez. Descendientes de franceses que llegaron a Valparaíso, Jorge, hermano de Josefina, fue un destacado actor chileno con decenas de obras de teatro y radioteatro a su haber, e integrante de sketch en “Sábados gigantes”, comerciales publicitarios y películas como “Gringuito”, además de aparecer en un capítulo de “Los Venegas” representando a un novio de la abuela Hildita.

Pero la infancia de Manuel Enrique Rubilar Boudon y los suyos, fue más de esfuerzo que de flashes fílmicos. “Coco” nació en 1945 y desde niño supo lo que era juntar peso a peso para la merienda del día. A veces, de hecho, acompañaba a su madre a hacer el aseo en una escuela cercana. Quizás por eso, dos tercios de su primer sueldo se lo depositaba a la vieja; quizás por eso, también, el primer cheque gordo que recibió lo destinó íntegro a pagar el crédito pendiente de la casa familiar.

“Pasábamos jugando a la pelota. Salíamos a las 2:00 de la tarde de la escuela, almorzábamos y jugábamos hasta que se oscurecía. Mi ídolo era Honorino Landa. Extraordinario, tipo Caszely, de la misma onda de Caszely”.

Fue su compañero en Unión Española
“Después del Sudamericano Juvenil en Colombia (N. de R: en 1964), que fue mi primer viaje al extranjero y primera vez que tomé un avión, me subieron al plantel profesional de Unión Española. Me sentía feliz de compartir con grandes jugadores, tenía mucho que aprender.
Honorino era extraordinario como persona y como jugador. Pura alegría, puro chiste, buen humor, igual como jugaba. Él era de fútbol alegre. Debuté de hecho reemplazando a Honorino Landa, que se había desgarrado. Ante San Luis de Quillota y ganamos 1-0″.

Al año siguiente se va a Federico Schwager, antecesor de Lota
“Me dijeron que me habían pedido de la zona del carbón. Me ofrecían que me pagaban los estudios, me quedaba el último año de Humanidades, me daban alimentación, alojamiento y 300 mil pesos mensuales. En Unión no me pagaban niuno así que me fui. Vivíamos un momento malo económicamente, nos costaba parar la olla… Le dije a mi vieja que iba a mandarle plata todos los meses para que no pasáramos penurias. Ella me fue a dejar a la Estación Central y se quedó llorando. Yo no conocía el sur. No sabía ni cómo llegar. Me dijeron que el entrenador, Hernán Gárate, iba a estar esperándome con una banderita del Federico Schwager y así fue”.

Zona de mineros, de gente de esfuerzo
“Lleno de minas de carbón po. Trabajaban las 24 horas a 900 metros bajo tierra y no sabían si salían vivos o muertos. La única diversión que tenían era vernos los domingos. Teníamos que sacarnos la cresta para jugar bien por ellos.
Pasaba un bus a las 7:00 de la mañana a buscarnos a la Casa del Jugador. Éramos cinco jugadores de provincia, entre ellos Manuel González, que era de la Católica y es mi compadre ahora. Entrábamos a las 8:00 al colegio y en la tarde entrenábamos. Salimos campeones del Torneo Regional”.

Y usted mandando parte de su sueldo a Santiago
“Mandaba 200 mil pesos. Me quedaba con 100 mil pesos para los gastos míos. Estar allá era como: ‘Bueno, aquí está la cancha po. Demuéstrame quién eres’. Era mi oportunidad. Ahí supe que quería ser futbolista, aunque yo quería estudiar Odontología. Di la Prueba Aptitud Académica (N. de R: En 1966 en la primera edición del test) pero no saqué el puntaje suficiente”.

El punto de quiebre: Jugador Revelación en 1967

Rubilar aún no era “Coco”. El apodo lo ganó en el sur, de hecho. “Salté a cabecear en un clásico con Concepción y chocamos con un rival que quedó aturdido. Y a mí no me pasó nada po. La hinchada de Lota dijo que tenía el coco duro”, cuenta.

Tras una temporada en Schwager jugando por el Regional –símil a la Tercera División- pasó a Iberia de Puente Alto de la Segunda División. En 1967 jugó su primera temporada regular en Primera, con Unión Española: Marcó cinco goles y acompañó al scorer del torneo, Eladio Zárate (28). Pedro Arancibia

La revista Estadio –en particular el periodista Antonino Vera- lo eligió entre las revelaciones del año junto a los cruzados Erasmo Lecaros y Sergio Messen, entre otros: “José (sic) Rubilar había integrado anteriores alineaciones de los rojos pero ahora, quizás si por estar mejor acompañado, llegó a tener un papel verdaderamente importante, aun sin ser titular. Un delantero muy útil, muy buscador de oportunidades de gol, que a menudo encontró”.

“Después de eso fui a firmar contrato con el presidente de Unión Española. Me quería dejar en la tercera escala de sueldos pero yo decía que el fútbol era presente, que demostré en la cancha lo que era capaz. Yo quería ganar mucho más”, explica.

¿Le ofrecían más de 300 mil pesos?
“Mucho más po. Nos reunimos como tres veces y no llegábamos a acuerdo. ‘Véndame’, le dije. Existía la Bolsa de Jugadores y aparecí ahí. Supieron en Lota, que ya estaba en Segunda, y me compraron altiro”.

No le complicaba jugar en el Ascenso
“No, para nada. A mí toda la vida me ha gustado el fútbol. Jugar en Tercera, Segunda o Primera me daba lo mismo. Yo quería jugar”.

Bueno, ¿y cuánto le ofrecieron?
“Como 500 lucas y yo pedía como un millón dos. Cuando me fui a Lota, por arreglo del Sindicato, el 15% de la transferencia era para el jugador. A mí me compraron en 50 millones de escudo. Unión no quería pagar y al final el 7,5% me lo pagó Unión y el otro 7,5% Lota. Recibí la plata y le compré una casa a mi vieja en San Miguel. Nosotros, en rigor, el 62 ya nos habíamos ido a esa casa pero había que pagar el dividendo como por 25 años. Cuando me vendieron pagamos toda la deuda altiro. ‘La casa es tuya’, le dije a mi vieja. Puuuuu, se largó a llorar de felicidad”.

¿Vio el Mundial de Chile?
“Un dirigente de Unión, Domingo González, nos dice que hay una entrada para ir a Rancagua a ver Inglaterra versus Argentina. Eran dos en realidad, pero una la ocupaba él. Y entre todo el equipo de la Primera Infantil hicimos un sorteo y saqué el papel que decía ‘Sí’. Así que fui con Domingo González en su auto y ‘puuuu’, fue una experiencia preciosa, fue un gran regalo.
Los partidos de Chile los veíamos con los cabros en el barrio. Para mi gusto, es la mejor selección de todos los tiempos. Porque jugaron un Mundial y salieron terceros. Fue una locura en todo Chile”.

Al Colo, de la mano del Zorro Álamos

rubilar Manuel Rubilar tuvo un giro en su carrera en Lota Schwager. No fue solo por ser campeón del Ascenso y llegar con el novel equipo a la Liguilla en Primera, sino porque pasó de ser delantero a lateral izquierdo.

“Lota Schwager quedó en mi corazón. Cuando llega el Zorro el 70 dijo que quería tres partidos amistosos y después de eso dio una lista de los jugadores que quedaban. En la pretemporada me dijo que le gustaba, me dejaba pero me iba a colocar de lateral izquierdo, porque quería usar mi velocidad y que desde ahí me incorporara al ataque”, recuerda Rubilar.

¿Y qué le dijo usted?
“‘Oiga maestro –le dije- yo nunca he jugado de defensa po’. ‘Yo te voy a enseñar, no te preocupís’, me dijo. Entrenamiento tras entrenamiento me enseñó a tomar la posición, hacer las coberturas, tirar al puntero pal lado de la raya, atacar el balón, porque el defensa tiene que atacar el balón, no mirarlo. Y ahí me enseñó cómo defender.
Al comienzo me incorporaba al ataque y no regresaba pero con el tiempo me fui acostumbrando”.

Sospechaba que Luis Álamos lo podía llevar a Colo-Colo en 1972
“Pasó que en Lota el 71 fuimos a jugar a La Calera y estaba lesionado Víctor Merello. El técnico Dante Pesce me pidió que jugara de mediocampista. Estábamos peleando para no descender y le ganamos a Colo-Colo allá en el mineral. Jugamos un partido de definición con Audax en Talca y el gerente de la carbonífera les dio día libre a los mineros y los llevó a todos a Talca. Gol del Mono García, un gran 9 de área, 1-0 nosotros, y en el segundo tiempo Olivares de Audax nos hace un gol de cabeza. 1-1. Douglas Bedwell, un puntero de nosotros, de puro picado le pegó una patada a Olivares. Lo expulsaron, íbamos en los cinco minutos del segundo tiempo. De repente vemos que Dante Pesce entra corriendo a la cancha… ‘¡Le va a pegar a Bedwell!’… ‘Yo mato a este conchesu… ¡Cómo se hace expulsar en un partido tan importante! Yo lo mato’, gritaba (risas). Lo tranquilizamos y lo llevamos a la banca po. Y yo nunca había visto un gol de taco. Gabriel Galleguillos lo hizo y ganamos 2-1. Nos salvamos”.

Buena anécdota pero me perdí ¿Qué tiene que ver eso con su llegada a Colo-Colo?
“¡Ah! Lo que pasa es que Dante Pesce cortó a Bedwell para el año siguiente y yo renuevo contrato. Jugamos un amistoso en Cañete y Pesce me coloca de mediocampista. Yo me arranqué y me fui a la galería ¡No quise jugar po! ‘Otra vez me van a cambiar de posición –dije yo- jugué de delantero, lateral, ahora mediocampista’. Dante Pesce me cita a reunión con el presidente y él me dice que el entrenador manda. Yo les expliqué que no quería jugar de mediocampista. ‘Te vay entonces’. ‘Yapo, pero tráiganme el contrato que firmé recién’, les respondí. Lo trajeron y rompimos las cinco copias del contrato. Me fui nomás.
Y yo vivía en un departamento en Lota al frente de Fernando Osorio. Entonces cuando el Zorro se hace cargo de Colo-Colo llamó a Guillermo Páez y a Fernando Osorio. Yo a Osorio le dije que estaba libre y ellos dos le contaron al Zorro que quedé libre. ‘Díganle que venga pa acá’, dijo el Zorro. Ahí me vine po. Firmé por dos años. Llegué al equipo más grande de Chile así que me la juego entera, dije yo. ‘Tengo que responderle al Zorro’, pensé”.

Álamos lo define como un jugador con dinamismo y temperamento
“Sí. El temperamento es la pasión por jugar. Es la entrega total en el campo de juego, los 90 minutos. Y yo tenía velocidad y buena técnica.
El Zorro es el ‘Maestro de Maestros’. Veía muy bien el fútbol. Se sentaba en la banca y miraba, no te pegaba ningún grito nada. Al entretiempo se acercaba al jugador. A mí me decía: ‘El error que estai cometiendo es que le estai dando mucho espacio al delantero. Atácale el balón’. Nos corregía y listo.
Y sabía elegir los jugadores. El 72 fuimos de pretemporada a La Serena y altiro dijo el equipo que entraba jugando y que al final jugó todo el año”.

Para el 72 recupera a Chamaco Valdés ¿Cómo fue eso?
“Chamaco era extraordinario. El Zorro le dijo: ‘Yo quiero que tú seas el gran Chamaco que eres, y que te conozco. Pero tenís que bajar de peso’. Chamaco bajó de peso, se colocó las pilas y lo otro, muy importante, es que Chamaco sabía que detrás de él estaba Juanito Koscina, que venía de La Serena. Y Juanito era tan bueno como Chamaco. Chamaco sabía que si no respondía, Koscina le quitaba la camiseta”.

El sueño del 73

rubilar 2 Rubilar ocupó la camiseta número 10 en el Colo-Colo 1973 que llegó a la final de la Copa Libertadores. Su vida cambió: se compró un auto aunque poco sabía manejar. A ese año “Coco” ya venía de una temporada destacada. Con 27 años en 1972 fue el tercer jugador del Cacique con más minutos, tras Francisco Valdés y Fernando Osorio.

Aunque luego fue campeón en la Copa Chile 1974 -junto a Hugo Solís es el que más juega en aquella copa- el gran peak con la camiseta alba fue la Copa del 73, donde jugó en los 10 primeros partidos y se perdió las tres finales por lesión.

¿Tenían la ilusión de llegar tan alto en la Libertadores 73?
“Es que todo fue bueno del comienzo. En el primer partido goleamos 5-0 a Unión Española po. Con un espectáculo pero increíble y con un estadio lleno, como 80 mil personas en el Nacional (N. de R: 69.682 espectadores).
Yo miraba a mis compañeros y nosotros hablábamos muy poco, pero adentro de la cancha nos sacábamos la chucha, solucionábamos todos los problemas. Éramos un equipo de compañerismo, adentro nos ayudábamos”.

Tenían buen equipo
“¿Sabes qué? Si Colo-Colo 73, en ese año, hubiéramos tenido un estadio como el Monumental, nosotros somos campeones de la Copa Libertadores de América. El 73 cuando llegamos a Pedrero había una sola cancha y nos bañábamos con una manguera po huevón. El Zorro llamó al presidente, don Héctor Gálvez, y lo llevó al entrenamiento para conversar y mostrarle. Ahí nos consiguió la cancha de Gasco en Estación Central”.

¿Buen líder el Zorro?
“El Zorro Álamos era vivo. A la niña que lavaba las camisetas le debían no sé cuanta plata. Y el Zorro invitó a los periodistas a la cancha de entrenamiento para que escuchara la conversación con el presidente y con nosotros. Arregló esos temas y además, en el círculo central, nos dijo: ‘Jóvenes, quiero a un Colo-Colo que llene los estadio, y eso es responsabilidad de ustedes’. Dicho y hecho. El Zorro eligió un buen equipo y ese Colo-Colo brindaba espectáculo y era ofensivo ciento por ciento. Ir a ver a Colo-Colo 73 era una fiesta”.

Hablemos de las malas también. Como cuando pierden 5-1 con Cerro y lo reemplazan a usted
“Sí, fue un mal partido. Anduvimos mal todo el equipo. Agarramos el avión en Brasil después de ganarle a Botafogo y nos fuimos a Asunción. A Cerro Porteño le llamaban el Ciclón. Nos presionó en campo nuestro, recuperaban la pelota y ya en el primer tiempo nos llevaban 3-0 (N. de R: A los 19 minutos en rigor).
El Zorro hacía los cambios nomás y nosotros respetábamos las decisiones del técnico. Uno como jugador se da cuenta cuando está jugando mal”.

Cuente la anécdota de cuando pelean los premios en medio de la Copa
“El 20% de la recaudación era premio para nosotros. Chamaco hacía buenos arreglos. Y antes del partido con Botafogo no querían pagar po. Estuvimos hasta como la 1 de la mañana en el hotel peleando los premios. Pedí la palabra y le dije a Gálvez: ‘Qué se cree, si no somos de Tres Pilitas de Guano’ (risas). Al final arreglamos 100 dólares por ganar pero pedimos de antes que nos pagaran en el mismo camarín”.

¿Qué siente cuando, antes de la final con Independiente, entrenando por la selección en Pinto Durán, se desgarra?
“En el mejor momento de mi carrera, me llega la mala. La vida es así, tiene buenas y malas. El profe (Luis) Venegas me tiró una pelota y sentí un tirón en el cuádriceps. Me dio un tirón que nunca había sentido. Me reventé. Chamullo Ampuero me llevó ‘al apa’ al camarín. El médico me vio y altiro me dijo: ‘Desgarro’. Yo no sabía ni qué era un desgarro. Estuve como un mes en recuperación. Ultratermia, ultrasonido y descanso; ultratermia, ultrasonido y descanso y así. Pero nada… Me perdí y no me pude recuperar aunque hice los tratamientos que el médico me decía”.

El 73 rondaba en el camarín de Colo-Colo Luis Castañeda, sanador para algunos, un personaje medio místico
“Yo fui donde él e intenté recuperarme con él, pero no resultó. No tenía mucha confianza en él. Yo creía en la medicina pero tampoco me daba solución. Por los dos lados no funcionaba. En Avellaneda probé en el calentamiento y sentí el tirón altiro. Al final me tuve que operar. Me colocaron 14 puntos con el doctor Mauricio Wainer, el padre, en la Clínica Santiago en Vicuña Mackenna”.

¿La final contra Independiente de Avellaneda la pierden en Santiago o es netamente un asunto de mal arbitraje?
“En Argentina vi el partido en la tribuna y fue un robo. Colo-Colo jugó muy bien, muy bien. Atropellaron al Gringo Nef y lo metieron con pelota y todo para adentro.
En el Nacional estuve con mis compañeros”.

En la vuelta no jugó el Negro Ahumada. El mismo Nef dice que ese fue un factor clave, porque él movía toda la zona de ataque
“En Santiago era la gran oportunidad nuestra. Desgraciadamente de nuevo los árbitros nos perjudicaron porque Caszely hizo un gol legítimo y lo anula. Ya en Botafogo Chamaco hizo un golazo pasadito de la mitad de la cancha y lo anula. Fuera de juego decían y nada que ver. Ese fue el primer robo. Segundo robo en Avellaneda y tercer robo lo de Caszely. Después supimos que Julio Grondona le daba las órdenes a los árbitros que tenían que ganar los argentinos”.

Pero le insisto con lo de Ahumada ¿Cree que con él en cancha podría haber cambiado la historia?
“Con él, estando como correspondía, ganamos el partido ¡Ganamos el partido! No supimos ganar simplemente. Debíamos haber ganado, tuvimos la oportunidad y no la supimos aprovechar… Aunque igual nos anularon el gol de Caszely”.

¿Fue dura la derrota en la definición en Montevideo?
“Siiiiiipo. Allá el camarín fue un funeral”. (En la foto: Rubilar apoya a Alejandro Silva en el camarín del Centenario, su reemplazante como lateral izquierdo) con alejandro silva

Después de la Copa van de gira a Europa ¿Es verdad que casi se ahoga en Tenerife?
“(Risas) Claro po, fue verdad. El Zorro nos dijo que nos fuéramos a la playa a recrearnos. En el mar había una lancha y fuimos con los cabros nadando hasta la lancha y estaba lejos po. Llegamos cansados y se para el dueño de la lancha, un español, y nos dijo: ‘Ya váyanse de aquí’. Así que nos devolvimos. Y a mitad de camino me cansé. Ya no tenía fuerza para nadar. Me estaba hundiendo. Y de repente Alfonso Lara miró pa atrás y se devolvieron los cabros y me agarraron. Si yo ya me estaba hundiendo. Me tomaron del hombro, me hicieron descansar un rato y me fui nadando adelante, despacito, hasta que llegamos (risas).
La vi complicada. Quería mover los brazos y no podía. Si Alfonso Lara no mira pa atrás, muero ahí ahogado. Alfonso me salvó la vida”.

Rubilar partió en 1975 a Santiago Morning y tuvo a Enrique Cuá Cuá Hormazábal como DT, quien lo hizo jugar de lateral derecho. El 76 fichó en Everton y fue campeón, aunque jugó un solo partido. “Me lesioné y entró (Julio) Núñez. Pedro Morales mantuvo al equipo y quedé en la banca. Luego jugué en La Calera y me retiré. Jorge Toro fue mi técnico ahí. Después me llamaron de Arica pero ya no quería más. Yo sentí: ‘Misión cumplida’. Sentí que había pasado por todo y ya chao, con alegría. Agradecido de haber jugado”.

En los 80 Manuel Rubilar dirigió a Puerto Montt, San Luis y Curicó Unido en 1990. Como profesional cerró ahí pero el fútbol siguió. Siempre sigue, hasta hoy, cuando entrena a chicos en Puente Alto. El fútbol lo acompaña día a día. Porque hoy, con 72 años, dice que no para de ver y consumir fútbol. “Es lo que me apasiona”, explica sentado en las tribunas del Estadio Monumental.