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Los dueños del camarín de Colo-Colo
Juan Melgarejo, Nelson Pizarro y Luciano Campos

Juan Melgarejo, Nelson Pizarro y Luciano Campos. Son los utileros del primer equipo de Colo-Colo. Los dueños del camarín y hombres clave en todo lo que tiene que ver con el vestuario de los albos, de piés a cabeza.

Pero, ¿cómo funciona este trío? ¿Qué labores hacen? ¿Por qué son tan importantes para el Cacique?

Cuenta Nelson Pizarro, el jefe de este equipo, que, aunque suene contradictorio, la clave es que no hay un jefe. “A mí no me gusta eso de mandar. Yo prefiero trabajar a la par con mis compañeros, acá cada uno tiene sus responsabilidades, pero si es necesario todos hacemos de todo. Nos llevamos muy bien”, dice.

Pizarro (en la foto, al centro) llegó al Cacique en 1991, justo cuando el equipo había ganado la Copa Libertadores. “El utilero jefe era Hernán Romero. Yo realizaba labores de mantención y aseo en el estadio y tuve que hacer unos reemplazos en el primer equipo. Estaban el “Coca” Mendoza y Raúl Ormeño, dos grandes amigos. Fue Ormeño el que luego me pidió para integrarme de lleno al plantel y ahí estuve hasta la quiebra”, afirma el “dueño” de las camisetas albas.

En sus 46 años fue la quiebra el momento más difícil que le ha tocado vivir en Colo-Colo. “Casi perdí mi departamento. Tenía a mi señora y mis dos hijos pequeños (de 7 y 2 años en ese entonces). Fue muy complicado. Mi papá y Marcelo Espina me ayudaron mucho para evitar perder mi hogar”, recuerda.

Pero el fútbol le dio también momentos de alegría. “Cuando me casé, Ormeño me prestó su auto para el paseo con mi señora. El chofer desvió el camino y nos llevó al hotel ‘Los españoles’. Ahí estaban todos los jugadores del plantel 1993 esperándome para darme una sorpresa. Me regalaron el refrigerador y una semana en Las Cruces. Fue inolvidable”.

Nelsito, como es conocido en el Monumental, tiene anécdotas por montón, aunque prefiere no revelarlas. Sabido es que él bautizó a Arturo Vidal como “Celia”, pero se acuerda mucho de una que tiene que ver con sus labores diarias, las de limpiar, ordenar y estar a cargo de todo lo que es indumentaria. “Una vez se me olvidó el cintillo que usa Francisco Prieto. Íbamos a El Salvador. No tuve más que asumir el error y tratar de arreglarlo. Justo yo usaba un paño negro para amarrar todas las camisetas. Con plumón le había puesto ‘Rambo‘, para bromear con Marcelo Ramírez… y ese fue el que ocupó Pancho esa vez, lo doblé y quedó como cintillo, claro que por dentro decía ‘Rambo‘. Empatamos 2-2″.

Un día con Nelsito

Cuenta el utilero que pudo ser jugador. Era lateral. Un carrilero de barrio muy rápido que estuvo cerca de fichar en Magallanes. Pero la vida le deparó otro destino. No se arrepiente para nada, pese a que Gustavo Benítez, DT del plantel tricampeón 96, 97, 98 le preguntaba seguido por qué no se había dedicado a jugar. “Yo tengo mis cosas”, dice Pizarro, aunque ahora lo suyo es la ropa. “Me levanto a las 6:30. Llego al estadio siempre unas tres horas antes de que lleguen los jugadores. Ahí revisamos la indumentaria de entrenamiento, que dejamos en el puesto de cada jugador el día anterior, para que todo esté listo”.

“Luego engrazamos los zapatos. Luciano les prepara el desayuno, y Melgarejo baja a la cancha con los implementos como conos y balones para el entrenamiento. Mientras entrenan, yo preparo la indumentaria para el día siguiente. Hay que aprenderse de memoria qué poleras personales tiene cada jugador, sus tallas, cuáles son sus canilleras y zapatos. Éstos los marcamos. Algunos jugadores los firman con sus nombres o el de sus hijos. A otros les pongo el número de su camiseta. Al final me los aprendo todos”.

“Aprendí mucho de Hernán Romero. Desde la manera de doblar las camisetas, hasta tener un orden mental para no olvidar ningún detalle, desde la indumentaria, el secador de pelo, hasta los parlantes que los jugadores usan para escuchar la música de sus iPhone o iPod”.

Juan Melgarejo, el hombre de los balones

Mucho más quitado de bulla que Nelsito, Juan Melgarejo (en la foto a la derecha de Pizarro) no está un momento quieto. Si no ordena los petos, está inflando balones. És el encargado de la implementación y materiales para partidos y entrenamientos. Y ahí los balones son lo principal.

“Hay que inflarlos todos los días. Les pongo 10 libras. En partidos tienen 12, 12.5 libras, porque ahí son nuevos, entonces son más livianos”, cuenta.

“Soy ayudante de campo más que nada. Acompaño a los profesores para preparar la cancha, los circuitos. Me gusta venir a pretemporada. Es mucha más pega, pero también hay espacio para descansar porque no hay que trasladarse entre la casa y el estadio, o hacer aseo, por ejemplo”, agrega Melga.

Como a Nelsito, Colo-Colo le ha dado muchas alegrías, aunque también algunas penas. En la pretemporada de 2002, Juan Melgarejo fue como cada mañana al estadio en Constitución donde se realizaría la práctica matinal. Las llaves se perdieron y la única forma de ingresar al recinto era saltando una reja. “Ya era el tercer salto que realizaba para pasar todo el material desde la camioneta a la cancha, cuando mi anillo se enganchó en la reja. Casi no me di cuenta, sólo sentí algo frío en la mano. Había perdido el dedo”. A sus 51 años, Melgarejo lo toma con humor. “Yo trabajo en Colo-Colo desde que tenía 10 dedos, y hoy con 9 no me imagino en otro club”.

Colo-Colo, una vida

El tercer hombre de este equipo, Luciano Campos, es el más esquivo de todos. Con 50 años y más de 20 trabajando en el Cacique amaga los micrófonos cual futbolista evitando rivales. Cuentan sus compañeros que es el más bromista, aunque todo eso queda en el ámbito íntimo. Lo que costó sacarle la foto…

Pese a que Lucio no dice palabra, para los tres Colo-Colo es lo más grande. Lo explica Nelsito: “Para mí llegar al camarín de Colo-Colo fue algo demasiado grande. Acá tienes todo. Utileros de otros equipos siempre me dicen que para ellos este club es como el Barcelona. Ellos en dos bolsos manejan toda la ropa y nosotros acá tenemos que manejar 10 ó 12 bolsos por partido. La infraestructura es completa, tenemos lavandería, por ejemplo, en otros clubes los utileros lavan y secan la ropa. Es indudable que Colo-Colo es lo más grande de Chile”.

“Además, este equipo me ha dado todo. Viajes a lugares que jamás habría ido, grandes jugadores que son mis amigos. Me molesta cuando hay gente que dice ‘Yo a Colo-Colo le di esto o aquello’. Es Colo-Colo el que le da a uno las cosas, por eso es el más grande”, cierra Nelsito.