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“Leyenda hay una sola”, la historia de Colo-Colo 73
Leyenda hay una sola

Colo-Colo es el equipo que más material ha dado para la publicación de libros de fútbol. Desde “David Arellano, el deportista mártir”, escrito en 1929 por Alberto Arellano Moraga, hermano del fundador del Cacique, los albos han sido fuente de atracción para todos. Incluso en las letras.

La editorial “Cinco Ases” acaba de lanzar “Leyenda hay una sola. La historia de Colo-Colo 73” un libro lleno de detalles, profundo, donde el periodista Axel Pickett Lazo (“El partido de los valientes”) recrea todas las historias dentro de la gran historia que tejió el equipo dirigido por Luis Álamos y que alcanzó la final de la 14a Copa Libertadores de América.

Son 435 páginas para un libro intenso. Esto, pese a que el mítico Colo-Colo 73 no alcanzó la copa.

“Ser leyenda no tiene que ver solo con los triunfos. Tiene relación con la identificación que logras. Y Colo-Colo 73 consiguió que todo el pueblo colocolino y también otros sectores de la sociedad se identificaran con su estilo de juego, con sus triunfos y desventuras. Hubo mucho más que partidos de fútbol. Hubo valores, sueños y esperanzas que se vistieron de blanco durante ese año”, explica Axel Pickett.

Claro, estamos hablando de un elenco que movió al país en un año tumultuoso, y que cerró su campaña en la Libertadores solo tres meses antes del golpe militar.

Nef; Galindo, González, Herrera, Rubilar; Páez, Valdés; Ahumada, Messen, Caszely, Véliz. Un equipo dirigido por el Zorro Álamos y donde también jugaron Beyruth, Lara y un poco menos Gerardo Casteñada, Fernando Osorio y Alejandro Silva. Y está el Chamullo Ampuero, y el PF Luis Venegas, el presidente Aladino Gálvez y los personajes desconocidos, como Luis Casteñeda, masajista genial para unos, medio brujo para otros, pero que acompañó al equipo incluso en Montevideo, en la gran final.

Leyenda hay una sola “Para algunos era un ser sobrenatural; para otros un buen masajista, medio charlatán. Su importante rol en ese plantel es poco conocido y se cuenta con detalles en el libro. Los testimonios de algunos jugadores respecto a él son estremecedores”, agrega Pickett y enfatiza en el punto: “Incógnito también es el Luis Álamos que aparece: mucho más desmitificado de lo que acostumbramos a leer. El plantel le reconoce su maestría, pero también fundamenta críticas a su poco directa manera de decir las cosas”.

Axel Pickett -junto a Danilo Díaz- lanzará próximamente otro libro de fútbol. “Los apodos de la Roja”, también editado por “Cinco ases”, traerá reseñas de más de 400 jugadores que defendieron a la selección chilena, con la historia de sus motes y un resumen con su participación por Chile.

Allí habrá colocolinos, era que no. Tigre Sorrel, Chato Subiabre, Mono Arellano, Discutido Arancibia, Camión Flores, Ciego Escuti, Norton Contreras, Cuá Cuá Hormazábal, Gringo Robledo, Chico Cremaschi, Eladio Rojas “el bombardero de Tierra Amarilla”, Chita Cruz, Chamaco Valdés, Keko Ramírez, Chino Caszely, Juan Carlos Orellana “el zurdo de Barrancas”, Chuflinga Herrera, León Astengo, Gato Osbén, Cóndor Rojas, Rambo Ramírez, Chano Garrido, Káiser Pizarro, Cheíto Ramírez, Negro Salgado, Tito Tapia, Chamagol González, Murci Rojas, Bam-Bam Zamorano, Kalule Meléndez, Rey Arturo Vidal, Matigol Fernández, Mago Valdivia, Chester Maldonado, Visigol Paredes y muchos otros que siguen dando material para recrearlos en un libro.

Los protagonistas: “Representamos al pueblo”

Parte de las virtudes de “Leyenda hay una sola” es que hay muchas voces. Los mismos protagonistas recrean los momentos, las anécdotas y se cruzan definiciones, para constatar los hechos.

¿Por qué ese equipo marcó tanto? ¿Por qué éste y otros libros recrean su historia?
“Fue por la situación que estaba viviendo el país – responde Leonel Herrera- Estaba muy tenso todo y en ese momento era la única alegría que tenía nuestro país. Todos estaban pendientes de nosotros. Al margen de tener un buen equipo, que se identificó mucho con el pueblo, representamos al pueblo. Se comentó en muchas oportunidad que nosotros atrasamos el golpe y si uno analiza fríamente a lo mejor fue así”.

“El presidente (Salvador) Allende andaba en todos lados con nosotros. Fue a Paraguay, a Argentina, acá en Santiago nos mandaba a buscar a la Alameda. En todas las embajadas donde fuimos a jugar andaba él con nosotros. Además no había mucha televisión, lo que también nos ayudaba mucho a tener cercanía. Y a la vez dimos espectáculo”, enfatiza Chuflinga.

¿Por qué se sigue hablando del Colo-Colo 73, Guillermo Páez?
“Porque se supone que fue algo, a lo mejor, más grande que el Ballet Azul. Son equipos extraordinarios que lucharon contra todo, contra la fuerza de los poderes de los argentinos, uruguayos, el arbitraje. Con las manos limpias luchamos y fuimos más que ellos. Y eso queda marcado”.

“Le dimos un toque al mejor equipo brasileño. Para mí, Colo-Colo 73 es también Colo-Colo del 72, 73 y parte del 74. El 73 fue el promedio. Dábamos espectáculo: cuando llegamos de Montevideo (tras la final), fue impresionante la gente que estaba en la plaza Bulnes. Ese equipo llegó a la gente, llegó al pueblo.
Lucho Cubillas (histórico jugador uruguayo) me decía que era por lejos el mejor equipo del mundo ¡Del mundo! Si Independiente salió campeón tres años seguidos y éramos mejor que ellos”, profundiza el “Loco” Páez.

“Marcamos diferencia desde la cancha y con un equipo con personalidad, de peso. Con muchos ídolos y que se creían los mejores. Yo veía para el lado y veía a los mejores jugadores. Nosotros nos considerábamos así y así éramos. Yo nunca vi un equipo así ¿Si fue el equipo que más me marcó? Te doy tres: Ballet Azul, Colo-Colo 73 y Cobreloa de inicios de los 80. Esos son los equipos que para mí han marcado. Colo-Colo 91 fue campeón y no hay cómo competir, nos sentimos felices, pero como equipo veo más a los otros tres”, cierra Páez.