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Las verdades de un referente: Caupolicán Peña
Caupolicán Peña

¿Qué es Colo-Colo, Caupolicán? ¿Qué significa?
“Yo creo que Colo-Colo es la expresión deportivo-social del pueblo de Chile con todas sus virtudes y defectos. Expresa dentro del cuadro deportivo las virtudes de un pueblo aguerrido, fuerte, tenaz, obstinado, apasionado. Y eso debe ser la institución en sus roles sociales y también deportivos.
A la gente le gusta el ‘De atrás pica el indio’ y esas cosas no se escapan a través del tiempo. En general, Colo-Colo es una pasión”.

Cuando de hablar de fútbol chileno y/o Colo-Colo se trata, Caupolicán Peña es una de las voces más preclaras.

Al ritmo de los hermanos Andrés e Ignacio Prieto o de Alberto Fouillioux, Peña es de esos personajes que ha crecido con el fútbol chileno y lo ha protagonizado desde la cancha primero y luego desde los mandos técnicos. Sucesores todos de Fernando Riera (o de Sergio Livingstone, aunque no fue DT) como precursores, actores y testigos de lo que ha pasado en el país futbolero desde mediados del siglo pasado.

Porque Caupolicán Peña Reyes (83) fue un lateral derecho destacado (“Siendo cabro, en uno de mis primeros partidos, hice una chilena en nuestra área ¡Escuti no lo podía creer!”). Campeón con Colo-Colo en 1953, 1956 y 1960, líder del primer equipo albo que jugó por una Copa Libertadores (en 1961). Seleccionado nacional. Creador y primer presidente del Sifup. Luego DT campeón con Palestino en 1978, entrenador de la selección chilena a fines de esa década. Forjador del Colegio de Entrenadores, activo de la Unidad Técnica Nacional en los 90…

Y encima pedagogo. Profesor normalista, criado en Carahue con toda una conciencia social. Orgulloso de su entorno mapuche.

Caupolicán Peña

El fútbol chileno se revolucionó en los 50

Su historia es la del profesor que se hace futbolista
Colo-Colo se nutrió históricamente de profesores. Está David Arellano y después está Quiñones (también fundador)… Yo llegué en los 50 con esta influencia histórica del maestro primario. Y le dio salida a esto un profesor que llegó de la Normal de Victoria: José Santos Arias. Y después vino Caupolicán Peña, Bernardo Bello, Álvarez, Lucho Álamos, Tirado… Siempre ha tenido en su fuerza Colo-Colo esta docencia. Y ahí llegué oriundo de Carahue, con 19 años, a un camarín donde estaba Escuti, Manuel Muñoz, Farías, tantos jugadores importantes que uno los admiraba de lejos, a través de la radio en ese tiempo.
Llega este profesor, salido de la Normal de Victoria con mucha modestia, pero también con mucha energía y fuerza para competir en una institución que siempre fue mi admiración.

¿Alcanzó a hacer clases en el sur?
En Imperial, en la revolución mapuche. En Vilcún. Siempre la recuerdo. Alcancé a tener un año de ejercicio profesional allí y de ahí salté, de Vilcún a Santiago. Había estado una vez nada más en Santiago, en una olimpiada de Escuelas Normales. Pasé de la ruca a los departamentos de cementos. Me siento agraciado por la vida.

Su primer título es el 53, el de la llegada de los Robledo y la vuelta del gringo Platko
Robledo revolucionó Colo-Colo. Fue una gestión muy audaz del presidente de ese tiempo, Pedro Foncea, que a través de datos y contactos encontró que había dos jugadores chilenos, hermanos, que jugaban en Inglaterra. En estos carriles se trajo a estos dos hermanos (Jorge y Ted). La ebullición de la hinchada colocolina, de la Vega, del Matadero, en la calle, le hizo una retroalimentación social y deportiva a Colo-Colo y también una demostración en la cancha. Los Robledo, Jorge sobre todo, mostró un estilo de juego que cambió a Colo-Colo con lo que traía desde Inglaterra: pases largos, centros, cabezazos, juego aéreo y no solo hizo esa demostración formal, sino también dentro del camarín en las actitudes conductuales dentro del grupo. Sin hablar español, en sus actitudes él fue liderando un Colo-Colo que cambió sus hábitos y su modales de trabajo.

Un personaje
Yo tuve la satisfacción de estar muchas veces en la casa con él. Me dio mucha confianza en su amistad. Conocí el trayecto y la herencia que dejó Jorge en el camarín de Colo-Colo.

¿Él y Platko se comunicaban en inglés?
Sí, en inglés

¿Cómo eran los entrenamientos y las concentraciones en ese tiempo?
Platko trajo ese avance que venía de Europa. Eran sistemas de trabajo más profesionales, educación, formalidades, que realmente venían con sociedades más avanzadas. Fue mucha la influencia de Platko y Robledo…
El jugar con las medias arriba, el saber donde se amarraban las medias (en ese tiempo se debían amarrar). Tenían un solo lugar donde amarrar, por si había lesión para sacar rápido y ver la lesión. Detalles como esos… el corte de pelo, los baños turcos, el peso, la balanza… ¡Estoy hablando del año 53! Hicieron un gran aporte al fútbol chileno.

A usted, con preparación, le debe haber sido fácil asimilar esas reglas ¿Notó que a otros compañeros les costó subirse a este carro?
Siempre existen esas situaciones. Había unos rebeldes que con el tiempo… (risas). Había algunos descuidados en la disciplina, por eso el gringo Platko concentraba dos días antes. Almorzábamos en el Matadero, con los compañeros matarifes, todos los domingos que ganábamos. Y ahí sí quedaban algunos resabios de algunas conductas que no encajaban en esta doctrina europea.

Se habla de que a Cuá Cuá Hormazábal le costaba
Sí, le costaba… Al Chino Aranda, por recordar… Costaba salir del medio de donde el jugador se movía. Era una condición que tenía Chile también. Era otra etapa.

Cuénteme del título del 56. Dicen que el Palestino del 55 fue uno de los más brillantes y ustedes les quitan el título
Los del 53 comenzamos el torneo y se sabía que íbamos a ser campeones. Todos los domingos arrollaba, goleaba, era no competitivo incluso. Sobresalía. El del 56 para mí era el mejor equipo. No tan contundente, pero un equipo con mucho más poder ofensivo. No tanto en la cosa inglesa, europea. Llegó Fernández, el entrenador uruguayo, Jaime Ramírez le llevaba un estilo más corto al juego y con Mario Ortiz también. Vino una transición del juego inglés de Jorge (Robledo) a una habilidad técnica de Mario Moreno, Jaime Ramírez, Bernardo Bello, Mario Ortiz, que entrelazaban con un juego largo y corto, con Enrique Hormazábal. Era un equipo más de brillantez. Más habilidoso y técnicamente refinado que el Colo-Colo 53.

En el título del 60 llama la atención que los dirigía Hernán Carrasco, con 33 años. Y usted, por ejemplo, tenía 30
Yo creo que nos ganó el magisterio, la docencia, la relación de maestro, a pesar de los 33 años de Hernán. El maestro que fue muy cercano, que estuvo siempre, liberando al grupo en una maestría. Maestro más que técnico. Consiguió aglutinar a todo un equipo que no se veía como campeón. Había otros equipos con más individualidades.
El Colo-Colo del 60, con Carrasco, fue un equipo de amistad, por lo tanto más colectivo. Con juego colectivo.

El Sifup se creó dentro de Colo-Colo

Tras jugar solo en Colo-Colo y antes de ser técnico, aparece lo del Sifup
Se fue dando la historia. Del año 50 al 60 empezó a crecer el desarrollo no solo del juego sino también profesional. En esa situación se produjo encuentros de lo que hacía el dirigente casi amateur y también el jugador semi-profesional. Al desarrollo de cancha también vino el desarrollo social.
Yo siempre tuve la ocasión de liderar algunas situaciones y en ese momento me tocó estar muy cercano al Mundial del 62. Venía esa gran luz, ese gran faro del Mundial del 62 en Chile y el 60 se empezó a plantear una serie de situaciones donde había existencia de jugadores que no se les pagaba, no tenían derechos profesionales, no había un respeto profesional.
Y el dirigente, como digo, también era muy amateur.
Vino el encuentro de respetar un poco el asunto y se me ocurrió que los problemas que había en otros clubes los tomara Colo-Colo.
Colo-Colo no tenía problemas, necesidades, los tenían otros clubes. Pero los jugadores de Colo-Colo siempre han sido muy solidarios. En ese momento tomamos el bastión de ejercer el liderato para encontrar algunas reivindicaciones sociales y deportivas. Y me tocó dirigirlas.

Está usted y Mario Moreno ¿El Sifup entonces se funda en Colo-Colo?
¡En Colo-Colo! Está Mario Moreno, (Hugo) Lepe, yo. Después con Mario lideramos el tema. Yo era capitán y después fui entrenador de Colo-Colo. Hicimos la Unión de Jugadores Profesionales, así se llamó. Me tocó presidirla, Mario (Moreno) fue secretario, por ahí Leonel Sánchez lo interesamos de la Chile, creo que fue tesorero. También Armando Tobar, Benito Ríos, René Meléndez… Fue más o menos el granado de gente. Si se me escapa alguno, pido disculpas…

Caupolicán Peña

Viví herido el Mundial del 62

¿Cómo siguió el Mundial del 62?
Lo viví en esta guerrilla. Siendo capitán de Colo-Colo el 60, estaba más o menos con la intención de estar en el Mundial del 62 como lateral derecho, pero… tengo una anécdota: Estábamos en huelga todos los clubes pero estaba trabajando la selección para ir a Europa. Era verano, no había competencia así que no sacábamos nada con la huelga. Ingresé a la concentración de la selección, me dio permiso Fernando (Riera), para hablar con los jugadores, y sacamos a los jugadores de la concentración a adherirse al movimiento. Y Fernando me lo dio… Él solidarizando mucho con los principios. Ahí lo conocí más y desde ahí lo admiré.

¿Su rol de sindicalista le perjudicó para seguir en la selección?
Me afectó, sí. Tuve una reunión con Juan Goñi, presidente de la Federación, (Patricio) Vildósola, con el mismo Fernando (Riera)… Se me insinuó que corría los riesgos para no ser llamado a la selección. Y fue también la salida de (Luis) Eyzaguirre de la Chile, que era mucho más joven que yo y desde el 60 disputaba una consagración bastante seria en el puesto.

Siente que se complementaron las dos razones
Exactamente. Tuve muchas presiones. La huelga duró más de 35 días. Era pública, había movimientos políticos en el país que se adhieren a estos movimientos. La verdad es que hubo pagos deportivos. La presidencia de la Unión de Jugadores me da la tranquilidad de que inyecté la primera reivindicación para los futbolistas. Sociales, médicas.

Antes hay un choque fuerte entre dirigentes y seleccionados en el Sudamericano de Lima el 57. Hubo muchas sanciones y acusaciones de indisciplina
Yo salí con seis meses de suspensión. Fue muy irregular esa época.
Toda la síntesis histórica que hablamos es como el recuento de que venía un desgaste del fútbol chileno que iba a señalar un camino de reivindicación con entrenadores, jugadores… Un movimiento de despegue.
Antes de ir al Sudamericano de Lima estábamos en estas reivindicaciones ya. Fuimos jugadores, incluso con esta inquietud pegada.
Lamento que hayan sucedido indisciplinas, que eran consecuencia de esto mismo. Ramiro Cortés invitó a unos amigos a subirse al bus, unos compadres que no tenían entradas, que habían ido a Lima a ver un partido. Entonces él llegó y los subió al bus y les prestó el buzo para que no se dieran cuenta que hacía esta atención y engaño a la vez. Pero eso creció tanto que lo castigaron a perpetuidad.
Pero el fondo del asunto era que íbamos muy separados entre dirigentes y jugadores.
Después (dijeron) que Carlos Cubillos se había robado una plata y gran título: ‘Carlos Cubillos se roba 10 mil dólares’ y no fue tan así. Estaba pagando el tesorero, que también caía en la falta de profesionalismo que había: no tenía una oficina. Entonces para pagar los premios tenía que ir al banco, sacar la plata, llamar de a uno, tener una listita, un papelito. Entonces como había tanto desgaste… Carlos Cubillos entra, leyendo el diario, y saca un montón de soles. Sale a la puerta y nos muestra que había hecho la broma, porque este gallo decía que no tenía plata y ‘mira, que no tiene plata’. Cuento esto para encontrar el fondo. No fue nunca un robo.
Hubo un gran juicio público, con abogados y todo.
Si uno se va al fondo, el tema era la lucha ya que había entre jugadores y dirigentes.

¿Fue a los partidos del Mundial del 62?
No fui. No fui al Mundial. Lo viví sentido, herido. No fui a ningún partido del Mundial del 62. Esa es la honestidad que debo decir. Ni por gusto, ni por aprender, ni por desarrollarme, ni por pasión… No fui. Me quedaba en la casa.

¿Lo escuchaba por radio?
Tampoco. Me desconecté total… (Piensa) Era una situación de no haber logrado la reivindicación del jugador porque había una epopeya mundial que lo apagaba. Donde había masa, publicidad. Yo tenía otro fondo. Yo veía que era el momento, con el Mundial, de lograr servicios médicos, de traumatología, seguridad para el jugador… Yo veía esos problemas deportivos por sobre el circo. Con todo el respeto que puede tener el Mundial.
Y también tenía una pena profesional.

Caupolicán Peña

Después de la noche, el día

¿Cómo vive el proceso de Palestino en los 70, ya como DT?
Con mi filosofía de vida: siempre hay día y noche. Yo venía de perder la Eliminatoria con Chile, el 77… es noche: Fuerte, vender la cabeza de Caupolicán Peña frente a la plaza de Armas. Duro.
Duré dos meses en esa dureza. Hay que ser duro. Y salí a los dos meses al día, en Palestino. Me llamaron y estuvimos un año y medio invictos, ganamos el campeonato del 78 y de nuevo Caupolicán Peña allá, arriba.
En lo que es fútbol… ¡Fue un cuadro brillante! Quedó en la historia, un plantel que se hizo muy colectivo, un juego -pienso yo- avanzado para la época, de jugar mucho a los espacios, de jugar muy colectivamente, y tener también la posibilidad de tener jugadores que alcanzaban para ese juego.

¿Es verdad que fue militante del Partido Comunista en Carahue?
No, nunca. Se me planteó en este juego político que tener el principio de luchar por los problemas era ser comunista. ¡No! Nunca fui del Partido Comunista pero sí estuve siempre en la lucha social. Al tiempo sí salí Concejal en La Florida y también fijé un principio político: Renuncié por no haber sido informado que teniendo negocios de alcoholes podía ser Concejal. Eso se puede engañar por la ley, traspasando las patentes. Pero yo seguía siendo pecador de esa ley. Por lo tanto dije no. A pesar de que el partido me decía que era una doctrina que no estaba dentro de la política en esos momentos. Obedecí a mis principios.
Fue al tiempo después. El 2004, por el PPD.

Eliminatorias del 78: Nunca hubo influencia contra Caszely

A usted le dieron la selección en una época liderada por los militares. En el fútbol estaba el general Gordon ¿No fue tema eso?
No fue tema…
Voy a aprovechar, una vez más, de decirle a Carlos (Caszely) que está equivocado.
Ha figurado en un libro (“Historias secretas del fútbol chileno”) la situación de que yo no lo llamé a la selección porque tenía la influencia del general Gordon. Yo llamé a dos jugadores del extranjero: Elías Figueroa y Carlos Caszely. Fueron los únicos jugadores con los que inicié mi posición programática para las Eliminatorias de ese Mundial (1978). Lamentablemente Carlos Caszely estaba lesionado, con un mes de yeso en el Español de Barcelona. Hablé con su entrenador, con (José Emilio) Santamaría, uruguayo, y me dijo: ‘Tiene para un mes y está enyesado’.
Eso fue lo verdadero. Y para mí fue muy contundente no contar con él. Lo tenía yo como único delantero del extranjero en mi lista inicial. Después vino “Pata Bendita” Castro y una serie de situaciones en las que estuve obligado a renovar la lista.
No hubo ninguna influencia. Yo nunca tuve ninguna incidencia política con el general Gordon ni con ningún político del momento.

¿Y nunca sintió que le insinuaran, Gordon u otro, que debía hacer algo respecto a Caszely?
Nada, nada. Al contrario. Cuando yo entregué este informe lo lamentaron mucho. Caszely era figura, él estuvo en Pinto Durán conmigo, estuvimos frente a una pizarra recuerdo, diciendo cómo más o menos pensábamos jugar. Para mí Carlos era la maestría de la delantera. Está mal informado y digo, una vez más, que no tuve ninguna incidencia.

¿Me dice que cuando hace el informe final, Gordon le dice explícitamente algo así como ‘Qué lata que no estuvo Caszely’?
Exactamente, sí. Debo ser muy fiel con Eduardo Gordon, que era director de Carabineros creo.

Caszely señala que usted lo llamó por teléfono a España y le dice: ‘No vengas. No te puedo decir por qué, pero no vengas’
No, no… Ni yo me hubiera prestado para eso, ni nunca recibí, mientras fui entrenador de la selección, ninguna influencia política de Gordon ni de ninguno de los dirigentes, que todos eran del régimen… No, no.
Incluso se extrañaban mucho sabiendo de mi sensibilidad social y política que me hubieran nombrado entrenador… A lo mejor ni era el momento mío.

Lo último que dice Caszely es que no estaba lesionado, tanto que juega Chile y Perú y a los días él juega en España contra Real Madrid
No me acuerdo de eso, pero sería entonces una situación engañosa del informe del técnico que me da. Yo hablé con Santamaría… Yo traté hasta último que él (Caszely) viniera… No había ninguna incidencia política en eso, jamás, nada.

¿Siente que, tras la eliminación, lo pusieron en la “plaza pública”?
Sí. Partimos ganando en Ecuador y la Marea Roja se insinuaba. Llegamos a Ecuador y las calles se pararon en Santiago. Ganar con 39 grados de calor fue una nota importante pero la prensa también, debo decir, ayudó al tema, a crear una verdadera película del tema. Yo cuando digo que viene la noche, es muy genérico, pero soportar la noche, diciendo que yo me inyectaba, lo de Caszely… Hubo una situación muy sensacionalista de vender un Peneca de una historia que tenía otra clase. O que el doctor me inyectaba, o que Luco que era el ayudante hacía situaciones no solidaria… Sí hubo entrega de información no objetiva de parte de él… Pero el punto de perder esa Eliminatoria fue muy sensacionalista.
Siempre he mirado el fútbol con otro espejo, no con la idea de que se va la vida del país en un partido.

Riera y el Zorro Álamos en algún momento dicen lo mismo. Ahora último también… Se repite parece eso de que algunos medios y parte del público tiran por el sensacionalismo, de irse rápido de la euforia a la crisis
Eso mismo ha formado una mentalidad. Pasamos muy rápidamente del éxito al fracaso. No hay una cultura valórica de lo que es un juego deportivo. Hoy día a lo mejor tiene mucho más alcance, pero tiene más freno también.
Hay una institucionalidad más económica, con la industrialización del fútbol, pero es de más control también en los valores que se deben expresar.
No lo veo tan novelesco como a mí me tocó vivirlo en ese Mundial del 78. Yo pienso que fue exacerbado. La cabeza de Caupolicán Peña se vendía en la plaza de Armas, y capaz que alguien me hubiera agarrado y me hubiera ahorcado en la plaza. Los diarios lo decían, de insinuar hasta un crimen de una persona que había dirigido a una selección de fútbol, que era un entrenador.

Pero pasó de la noche al día
En eso creo mucho. Y le digo a los más jóvenes: Cuando tenga una situación dramática fuerte, de pena, en negocios o profesional… Después de la lluvia, viene el sol.

Hoy está alejado del fútbol. Solo con su restaurant (el “Caupolicán” de La Florida) ¿Cómo mira el fútbol desde fuera?
El juego de hoy tiene que ver con la sociedad de hoy también. Una sociedad rápida, materialista… El fútbol es muy práctico, expresa el mercado de hoy, la industrialización, como lo ha hecho el mercado con el desarrollo.
El mercado le ha dado otra postura al ser humano, con todas sus desavenencias que tenga. En el gasto… que de repente no es tan justo.
Fui profesor, futbolista, entrenador, hoy soy comerciante. Pero debo contar íntimamente que con lo único que sueño hoy es con fútbol. No sueño con el presente, con mis negocios, sueño con ex jugadores, entrenadores, con juego. Siempre está el fútbol ¡Y en el día no pienso nada de él! No tengo ninguna actividad futbolística. No voy al estadio, no veo fútbol. Pero sueño con él.