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Las rutas de Salvatierra siempre llegan a Colo-Colo
Salvatierra

“Mi mamá me abrió una libreta de ahorro, postulé al subsidio y me compré una casa, antes que un auto. Estaba en Maipú, fue mi primera casa, en la que viví con mi esposa. Todavía la tengo arrendada”. Esa casa es de principios de los noventa, cuando Agustín Salvatierra recién daba sus primeros pasos en el fútbol profesional. En un fútbol y un Chile muy distintos, donde la prioridad era comprarse una casa, no un auto. Por supuesto, él no tenía idea de lo que el fútbol le tenía preparado: Campeonatos, técnicos, compañeros y Colo-Colo, sobre todo Colo-Colo.

Su historia con el club comenzó en el Estadio Nacional, cuando con su hermano ocupaban todo el día en viajar desde Peñaflor a Ñuñoa para sentarse siempre en el sector Andes, justo arriba de la entrada de la maratón, en el letrero de Phillips, específicamente en la primera i, porque ahí había respaldos. “Yo le decía a mi hermano, me conformo con alguna vez estar al lado del túnel donde salen los jugadores y poder tocarlos”. Mucho más que eso lograría Agustín, el defensor se vestiría de blanco y saltaría a la cancha desde ese mismo túnel y al hacerlo miraría siempre ese cartel publicitario que lo acompañó tantos domingos de infancia y fútbol.

Hincha del Cacique, Salvatierra se probó ante los ojos de Daniel Díaz y quedó inmediatamente gracias a una buena estrategia: “Yo jugaba en Bata y antes en Atlético Bilbao, después en Colo-Colo. Esos son mis tres amores. El día de la prueba el profe me preguntó ¿De qué juega usted? Encontraba muy grandes a todos los defensas y como soy chico, pensé: Me voy a asegurar. Así que dije que jugaba de cinco, cuando en Bata y en Bilbao siempre había jugado de diez. Parece que lo hice bien porque me inscribieron al tiro.

¿Después qué pasó?
Me pidieron los papeles para inscribirme. Me acompañó Lucho Muñoz a hablar con la gente del club Bata. Colo-Colo les ofreció indumentaria. Pero el presidente del club dijo que no ¡Cómo van a ilusionar a un niño!, decía. ¡Ustedes después echan a los jugadores! Lucho Muñoz me dijo que estuviera tranquilo, que iban a ir a la ANFA, iban a pagar y listo. Nunca más jugué en el barrio. Tenía catorce años.

¿Te acuerdas del primer partido?
Dónde está Casa Alba, ahí había una cancha, era horrible la cancha. Ahora juegan en una alfombra. Estábamos muertos de frío, jugando con manga corta. Jugamos con Everton, hubo un córner y metí un gol. No salí más.

¿Cómo recuerdas tu paso por el fútbol joven de Colo-Colo?
Rápido, fue muy rápido. Al año siguiente hubo una restructuración de las series. Entonces yo cumplí 16 y pasé a la juvenil altiro. Don Arturo Salah me incorporaba mucho al primer equipo. Me citaban dos días a entrenar, los días que hacían fútbol.

¿Ese es tu primer encuentro con el fútbol grande?
Claro, no si la introducción que yo tuve al profesionalismo fue espectacular. Siempre fui muy disciplinado en el sentido de saber escuchar, poner atención y valorar muchas cosas. Siempre valoré mucho la comida que me daban. Antes aquí vivía la familia Ramos y ellos entregaban mucho calor. Colo-Colo siempre fue así. Cuando llego a Colo-Colo me recibe Daniel Díaz, después en el grupo de proyección me toma Mirko Jozic. Y después don Arturo que es un tipo muy preparado, ordenado, muy social, organizó mucho en esa época a Colo-Colo, muy projugador. Bueno él también valoró eso en mí, que hacía caso, era respetuoso, siempre obedecí al pie de la letra, nunca falle en los entrenamientos.

¿Cuánto tiempo pasó desde que te empezaron a subir al entrenamiento hasta que subiste de manera definitiva al Primer Equipo?
Cuatro meses.

¿Y cómo te incorporarse a ese camarín?
Yo iba más asustado. Cuando empecé a tener más continuidad me empezaron a sentar al lado de Raúl Ormeño, del Chano (Garrido). Ellos nos orientaron mucho a nosotros. Se acercaban a conversar Dabrowski, Jaime Pizarro, Morón. Y yo me quería parar y salir de ahí para que conversaran tranquilos, pero me iba a parar y me decían: ¡Quédate acá! Siempre me decían que me quedara, que escuchara. Yo escuchaba, no decía nada.

O sea fue un recibimiento cálido, porque uno podría pensar que era un camarín de “cabrones”
No, para nada. Esa base fue la que obtuvo el logro internacional. Un equipo no sólo tiene que ser bueno en cancha. Las personas que componen un equipo es fundamental. Lo colectivo por sobre lo individual. Cuando yo hago el primer contrato le pregunto a Jaime Pizarro, él me pregunta si tenía un dinero más porque sabían que yo estaba estudiando. Yo les dije que no, entonces me aconsejaron que pidiera que me pagaran los estudios. Ellos eran así. Por ejemplo cuando había negociación de premios ellos siempre llevaban algún joven, porque entendían que en el futuro te iba a tocar a ti negociar.

¿Cómo te sirvió eso cuando tú fuiste el experimentado?
Subió Luis Mena, estaba Héctor (Tapia), Manuel Neira. Toda esa generación. No es bueno hablar de uno, pero creo que fuimos muy cariñosos con todos ellos. A la vez ellos así lo recepcionaron. Nunca tuve un problema con ese grupo y eso que para ellos no era fácil, por la fama que tenían. Almorzábamos juntos y nosotros siempre fuimos referentes de buena leche. Siempre los integramos.

¿Recuerdas tu debut?
Cuando alternaba, me hicieron debutar con Everton por Copa Chile. Íbamos perdiendo en el primer tiempo 2-0, de fondo jugaba Colo-Colo por Copa Libertadores. Jugábamos todos, nos decían los cara sucia. Jugué de lateral izquierdo. El primer tiempo estaba tan nervioso que se me pasó muy rápido, como si hubiese entrado y salido. Cuando uno debuta tiene que hacer lo mismo que hace en su equipo. Horrible jugábamos en el primer tiempo, perdíamos 2-0 y Arturo Salah en el entretiempo nos dijo que no podía ser, que no era posible y que teníamos que revertir la situación. Terminamos ganando 4-2.

¿Por qué crees que lograste mantenerte en Colo-Colo?
Cuando me suben al plantel yo dije: No tengo ninguna posibilidad de jugar aquí. Estaba compitiendo con el Chano Garrido, Hugo González que se iba a ir. Habían centrales de jerarquía. Decía, a lo mejor puedo jugar de volante central, pero tenía a Jaime Pizarro y Raúl Ormeño. De diez menos, estaba Sergio Díaz y Jáuregui. Entonces solamente dije aquí por convicción, por lo que he jugado y por lo que se me ha dado en el fútbol joven, me tengo que convencer de que voy a cumplir el ciclo. Yo pensaba que por maduración iba a jugar en el Primer Equipo. Si yo sigo haciendo lo que he hecho hasta ahora tengo que jugar. Siempre creí en mí y fui respetuoso de mi compañero. Porque el futbolista es egoísta, siempre piensa que lo hace mejor que el que está jugando y no hace mucha autocrítica.

El camino en el profesionalismo

Salvatierra 1993

En el 91 pasa algo raro contigo porque juegas en el campeonato nacional, pero no participas de la Copa Libertadores ¿Qué pasó ahí?
En 1991 no fui a la pretemporada, me iban a mandar a préstamo. Pero dentro de la pretemporada se lesionó alguien y me citaron a jugar un cuadrangular en Rancagua. Ahí me vio Mirko y lo hice bien, pero a esa altura ya habían mandado la lista para la Copa Libertadores. Recién se podía volver a inscribir jugadores en la segunda fase. Entonces el coordinador, Víctor Herrera, recibe la orden de inscribirme, pero no lo hace. El día que se cierra el plazo Mirko, muy enojado, me dice que lamentaba no poderme inscribir. Estaba con Inostroza y estaban muy enojados.

¿Te quedó una espina por eso?
Claro. Si todos creen que jugué la Libertadores, porque paralelo a la Copa yo jugaba en el torneo local. Me da pena porque no tuve el placer de estar en alguno de esos partidos. Pero sí me siento parte de la campaña. Estuve en el camarín, fui a las charlas, pero no me vestí. Pero siempre jugué con la esperanza que se abriera la ventana y me inscribieran. De hecho para la final estábamos todos concentrados, los lesionados y expulsados y faltaban jugadores. Todos me decían que si estuviera inscrito sería alternativa. Después jugué la Intercontinental, la Recopa, todo.

La Intercontinental entonces te sirvió como revancha
Sí, me sirvió para sacarme la espina. Contra Estrella Roja dije, bueno, si no pude jugar la final en Santiago, tengo que tratar de dejar lo mejor aquí. Después, al año siguiente, nos elimina Cruzeiro aquí. Si pasábamos esa llave hubiésemos hecho historia nuevamente.

De los torneos locales ¿Cuál recuerdas con más cariño?
El del 93 y eso que el 91 salimos tricampeones, 89-90-91 con campeonatos largos. Pero en el 93 por la cantidad de partidos y lo que le entregué al club fue el más importante.

¿Qué tenía ese equipo de especial?
Ese equipo era un equipo menos vertical, pero que tenía más calidad en la posesión del balón. Estaba el Coke Contreras, el Guatón Vega, Marcos Etcheverry. Eso nos aportó mucho y marcaba una diferencia con el Colo-Colo 91 que era más vertical y más intenso.

¿Lo de Mirko Jozic fue revolucionario?
Sí, es el Colo-Colo que trasciende. Igual esto es cíclico. Cada cierto tiempo hay técnicos que marcan tendencia. Estuvo el de Jozic, después el de Borghi. Y así otros técnicos que han pasado por Chile. La U de Sampaoli jugaba muy bien. Al final la gente decidirá cuál estilo le gusta más. A mí me gustaba mucho más Borghi, pero tal vez ha sido más eficaz Sampaoli. En el tiempo de Jozic éramos muy estructurados, pero ahora los equipos que tienen éxito son mucho más estructurados de lo que éramos nosotros.

¿Mirko sacó el mejor Agustín Salvatierra?
Sí, claro. La disciplina y la intensidad, (le sacaba partido a) mi velocidad y técnica. Porque yo era un jugador técnico. Muchos creen que yo era de pegar y me lo dicen, pero yo en realidad era intenso para jugar.

¿Te creíste alguna vez eso de que eras hachero?
Yo tenía una misión en la cancha y la cumplía. En la cancha siempre es más fácil destruir y la gente se quedaba con eso. Yo anticipaba mucho y ahí siempre está el roce y juegas al límite.

¿A quién te costó marcar?
Gerardo Reinoso y el Beto Acosta en Católica. Mariano Puyol en la U. A Gorosito también me tocó seguirlo, pero ahí ya jugábamos más zonal.

¿Cómo recuerdas tu salida de Colo-Colo?
Fue triste. Me fui sin pena ni gloria. Estaba al mando Gustavo Benítez y no hubo una preocupación por el que se iba. Había transición en la directiva, estaba Dragicevic. Quizás yo estaba muy identificado con Mirko Jozic y fue como que limpiaron a los que fuimos parte de esa época. Al poco tiempo se fue Miguel Ramírez, Javier Margas, ya estaba retirado el Chano, Ormeño fuera, Jaime Pizarro fuera. Me fui muy triste de Colo-Colo.

¿Cómo te hubiese gustado que fuera?
Mira, en la época de Jozic y Arturo Salah, al jugador que había nacido en Colo-Colo y que se iba del club se le entregaba una medalla de oro, o un galvano. Un gesto. Gustavo Benítez a mí no me comunicó. Lo di por hecho. No hubo un cierre del ciclo.

¿Cómo fue pasar de Colo-Colo a Palestino?
El Pájaro Rubio me ayudó a hacer el contrato con Palestino. En ese momento él ya quería ser representante. Pero en ese momento fue de amigo. La gente cálida. Me invitaron a comer comida árabe. Elías Abufon extraordinario. Caí en muy buenas manos. Un club chico que hacía las cosas a pulso. Palestino se ordenó en esa época, indumentaria… Después llegó Dabrowski. Yo le decía al presidente ¿por qué no pintamos el estadio? Porque daba depresión después de haber jugado con 30 mil personas, a la Cisterna te iba a ver el cura Hasbún y Luis Dimas. Creo que a mí me hubiese servido estar a préstamo más joven en un club como Palestino.

¿Cómo te hubiese servido?
Hubiese amado mucho más el fútbol. Porque en Palestino valoricé muchas cosas que tenía Colo-Colo y que en Palestino no estaban. Uno piensa que todos los clubes son iguales y no es así.

¿Te hubiese gustado salir del país antes?
Yo no me fui afuera en el año 92. Podía ir a Morelia, pero Colo-Colo me declaró intransferible. Yo igual estaba muy cómodo y conforme en Colo-Colo. Porque jugar acá es otra cosa, más si fuiste cadete y colocolino toda tu vida.

¿Cómo es jugar en Indonesia?
De México me vine a Puerto Montt. Me pagaron un mes, o sea no pagaban, estábamos mal en la tabla, íbamos a bajar. Así que me fui. No había dirigentes involucrados. Después de eso me fui a probar a Sudáfrica y me morí de pena. A los dos meses volví. Empecé a hacer la pretemporada en Palestino y después salió la posibilidad de ir a Indonesia. Fui a Bali, una ciudad muy linda y cosmopolita. Me adapté rápido, la calidad de vida era muy buena. Vivíamos en un apart hotel.

Tienes que haber querido mucho al fútbol para tomar la decisión de ir a jugar allá
Sí, claro. Lo que yo quería era jugar y llevarme a la familia, como lo hice en México. Estuve un año allá y salió la posibilidad de ir a Estados Unidos. Yo quería aprender el idioma y vivir allá. Fui con Freddy Ferragut a San Francisco, estuve en un equipo donde me pagaban, pero no daba para vivir. Así que trabajé con Freddy que tenía unos equipos de niñas. Al año siguiente me llevé a mi familia y nos fuimos a vivir a Nueva York.

¿Cómo es vivir en Nueva York?
Extraordinario. Eran como unas vacaciones pagadas.

¿Recuerdas con cariño esa época?
Sí, con cariño. El futbolista no está preparado para cuando se termina su carrera. Uno piensa que siempre vamos a ganar la misma plata, que vamos a ser famosos… No estamos preparados. Cuando uno es futbolista no hace la fila del banco, no hace la revisión técnica. Pasai a estar solo. Consejo para los que están jugando: Prepárense mucho. No es fácil la vida afuera. Más encima a mí nunca me pagaron imposiciones. Igual cuando eres futbolista y ganas mucha plata tienes un nivel de vida muy alto y después quieres mantener ese nivel y no se puede, tienes que adaptarte.

El camino como DT

Salvatierra dirigiendo

¿Cuándo decidiste ser entrenador?
En el año 2005, en Nueva York. Volví a Chile con ese pensamiento. Retomé mis estudios en el INAF.

¿Cómo llegaste a Colo-Colo?
Gualberto Jara me invita a trabajar acá.

¿Cómo ha sido tu experiencia acá?
Gratificante y motivante porque es la prolongación de mi carrera. Tengo el mismo pensamiento de cuando era jugador, por convicción y por lo que yo hago tengo que llegar a dirigir en Primera. Y la mejor escuela para lograrlo es Colo-Colo. Ahora, me falta mucho todavía, tengo que aprender más.

¿Quiénes son tus referentes?
Un organizador como Arturo Salah y tener la capacidad de logros de Mirko Jozic. Y de los entrenadores actuales los veo a todos. Veo a Guardiola, extraordinario. Manuel Pellegrini, extraordinario. Estilos distintos y ambos con tremendos resultados.

¿Cómo es para ti compartir dirección técnica con Claudio Rojas?
Creo que él es un técnico de gran capacidad. Nos hemos complementado porque somos diferentes, él es mucho más estructurado, organizado. Yo tengo las vivencias del deporte y que las he ido canalizando a través de esa organización de él. Hoy al jugador cadete tenemos que entregarle esa organización, esa diferencia. Ahora hay trabajos específicos, con una metodología, con un fin. Ahora todo es más detallado y específico. Antes creíamos que mientras más corríamos mejor íbamos a estar para el fin de semana y no es así. Lo mismo la automatización de movimientos. Le dedicamos horas a lo táctico y antes eso no pasaba, se hacían cosas muy a lo Tarzán.

¿Qué significa para ti Colo-Colo?
Hoy es mi mejor universidad. Es como el padre que te acoge, que vio nacer a su hijo y le da la posibilidad de retribuir todo lo que le entregó. Colo-Colo es como mi maestro.