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Las otras copas de Lizardo Antonio Garrido
chano 4 Nota

Referente en 13 de los 14 partidos de la Copa Libertadores 1991, Lizardo Garrido tiene varias historias a su haber en ese título: Que un mozo del Sheraton le mostró el trofeo el día de la final y él no lo quiso tocar; que con Diego Latorre tuvo un duelo aparte en las semifinales ante Boca; que Jaime Pizarro lo llevaba a ver unos cuadros artísticos a modo de cábala…

Pero Garrido, hoy con 60 años, tiene todavía algunos episodios extras. 54 más en rigor. Porque Lizardo Antonio Garrido Bustamante jugó en total 67 partidos por Copa Libertadores de América. Es, de hecho, el jugador de Colo-Colo con más presencias en el máximo torneo del continente.

Chano Garrido -lateral derecho y líbero, acaso el defensa albo más importante de su historia- fue un fijo en la década de los 80 y principios de los 90. Tanto, que entre 1982 y 1992 Colo-Colo jugó 70 duelos coperos. Es decir, Lizardo faltó solo a tres.

“Ante Liga el 91 allá no quise jugar, para descansar. Jugó Jaime Pizarro de líbero y no hubo problemas ¿Cuáles son los otros? No recuerdo”.

Ante Unión Huaral de Perú el 90 en el Nacional y con Newell’s el 92 en el Monumental
“No sé… Lesión no creo, porque me lesioné poco. Además jugué los otros partidos esos años. No recuerdo bien la verdad. No sé, pero lo tengo que haber acordado con el técnico porque no recuerdo que me hayan sacado y yo no supiera de antes. Si jugaba siempre…”.

De local jugaste 33 partidos de Copa y perdiste solo dos
“¡¿Con quién?!”

Peñarol el 85 y Cobreloa el 89
“En Peñarol jugaba Revetria, el Cabezón. Por eso después lo traen a Colo-Colo po. Y Cobreloa era una rivalidad pero máxima”.

¿Qué te pasa con este récord?
“En el fútbol viví cosas lindas y cosas de terror. Jugué tantos partidos de Copa Libertadores pero en la única que tuvimos brillo fue en la del 91. Me siento bien, lógicamente, por tantos partidos internacionales. El haberme puesto la camiseta y siempre con el sueño de algún día ganarla.
La Copa es distinta y eso (su estadística) refleja lo que disfrutaba jugar, lo que me encantaba jugar por Colo-Colo. A veces estaba un poco baleado y me importaba un carajo.
En varios partidos de Copa Libertadores me pasaron cosas súper desagradables. El autogol que hice a Morón (1988, ante Oriente Petrolero en Bolivia). La gente no tiene idea en las condiciones en que estaba ese día”.

Las malas también se cuentan

Copa Libertadores 1988
Octavos de final, ida
Oriente Petrolero 2, Colo-Colo 1
Estadio Ramón Tahuichi Aguilera de Santa Cruz

“Yo no debería haber jugado en Bolivia el 88 porque estaba con una depresión muy grande. Pasé dos o tres semanas sin dormir. El día antes del partido le dije al doctor que me diera una pastilla o algo porque no podía dormir. Ahora, si me preguntas por qué tenía esa depresión, no tengo idea. No tenía motivos ¡Cero! Jugaba en Colo-Colo, un gallo conocido, familiarmente extraordinario, con mis hijos bien, mi señora bien… No había razón del por qué estaba así. Yo entraba llorando al camarín ese año. Terminaba el partido y en la ducha ¡pa! Explotaba po”.

¿Cómo lo manejaste? ¿Te siguió eso después?
“Fue en ese periodo solamente. Y fue raro porque era un periodo de éxito, es lo que más me llama la atención. La depresión se me pasó sola, vi a la gente que tenía que ver, le di la importancia que tenía.
La depresión no se me manifestaba con estar acostado todo el día. No. Era una sensación extraña aquí en el estómago. Era una angustia que no me permitía hacer nada. A veces estaba en mi casa y a las tres de la mañana me despertaba y sentía esa tontera. Me sentaba en la cama y no podía dormir. Estaba complicada la familia, estaban asustados. Si fuera ahora, yo estaba hablando contigo y me venía eso y no podía seguir aquí, tenía que salir a caminar o algo, no podía seguir sentado hablando contigo. Tomé pastillas. Me duró un año o un poco menos. De hecho no era ni soy una persona depresiva. Pero me pasó eso y lo manejamos internamente, aunque mis más cercanos en el equipo lo sabían. Era el año 88, tampoco estaba mucho lo de ir al psiquiatra o al psicólogo”.

Hiciste un autogol en ese partido en Bolivia
“Después vi el video de ese autogol, y le pegué con el borde externo po ¡Debería haberle pegado con la izquierda! Se la clavé al Loro (Morón). Además venía marcado por el autogol en Paraguay (N. de R: noviembre de 1985 y rumbo al Mundial de México anotó en contra, en Asunción). Me molestaban por eso, a mis hijos también.
Lo pasé muy mal con todo eso, pero siempre quería jugar. No dormí toda la noche en Santa Cruz pero quería jugar ante Oriente Petrolero. Mis compañeros no me dijeron nada, ¡vamos a la otra nomás! Pero ellos cachaban. Sabían los más amigos, los médicos y Arturo Salah. Agradezco a ellos porque me tenían una fe ciega. Una vez jugué con las costillas rotas porque ellos me decían: ‘¡Juega, Chano, juega!’”.

Sigamos con las malas. 1987. Ganan 2-1 a Sao Paulo en Brasil, pero hay dos errores de Garrido. Uno termina en el gol de ellos
“¡Exactamente! Fue uno de los partidos más malos que hice yo. Me acuerdo perfectamente. Anoche estaba revisando partidos antiguos, me pongo a ver en Internet. Y vi un Colo-Colo con Católica. Saca Marco Cornez y me llega a mi zona. Y como dice el Piti (Pititore Cabrera): ‘Me dio un bote en el aire’. Siguió la pelota y ¡pepa! Después sí meto una chilena en el área. Minuto final y cabeceó Morón porque nos fuimos todos arriba. El gol lo hace Rubén Martínez… Pero ¿en qué estábamos?…”

En Sao Paulo el 87. Enganchaste dos veces hacia adentro
“Es que me gustaba eso po. Tenía que estar muy urgido para reventarla. A veces era muy irresponsable, si. No sentía el fútbol así, de pegarle pa arriba. Pero como te digo, fue uno de los partidos más malos que hice en la Copa.
¿Sabes qué me pasa? Ganamos con goles de Jaime Vera y Juan Gutiérrez pero en el camarín yo sabía lo mío. Uno se da cuenta altiiiiiro. Yo estaba feliz pero sabía que había jugado muy mal. No mal ¡Muy mal! Cuando estás sin confianza, estás jugando mal, entran los demonios y empezai a pensar que no te la tiren o jugai pal lado.
Una vez me pusieron de 4 y tenía que marcar al hombre a Manuel Rojas y bien. Jugué de 6, lateral, central, de volante jugué harto y sabía que tenía una confianza ilimitada. Tiraba un taco en la mitad de cancha y salía todo po. Pero en eso hay un riesgo. Porque te equivocai y se va esa confianza, cuando juegas mal. Aunque mis compañeros me tiraban más la pelota sí, para retomar la confianza”.

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El debut contra el máximo rival

Copa Libertadores 1982
Grupo 4
Colo-Colo 0, Cobreloa 0
Estadio Nacional de Santiago

Lizardo Garrido fue la gran figura del torneo 1981. Era su revancha, luego de irse a préstamo a Colchagua y Trasandino en las temporadas anteriores. En 1982 viajó con la selección al Mundial de España y al regreso, jugó su primer partido por Copa Libertadores.

Tenía 24 años el 4 de agosto de 1982 cuando Colo-Colo recibió a Cobreloa, que ese año llegaría a la final de la Libertadores.

Cobreloa, a todo esto, es el rival que más veces enfrentó Garrido: ocho partidos contra los loínos. Le siguen la UC (seis), Barcelona de Guayaquil (seis) y Olimpia (cuatro).

“Por mi orilla se tiraba el Trapo (Washington) Olivera y de eso me acuerdo perfectamente. El Trapo me cagaba (risas). Me complicaba, era maldito po, metía codazos, pegaba combos, todo. No había tantas cámaras además. Y yo no pegaba… Después me agarraba con Trobbiani ¡Qué manera de pegarnos!… ¡El Mocho (Gómez)! Un tipazo y todo pero empezábamos y te pegaba firme. El más tranquilo era el Toti Tabilo o Enzo Escobar. El Ligua (Puebla) una vez me dobló de una patada.
Cobreloa era un equipazo y había una bronca contra Colo-Colo, no sé por qué. Después por el torneo le hice un pedazo de gol de distancia y se los gritaba. Teníamos mala onda con ellos, aunque no le gané nunca a Cobreloa en Calama. Íbamos con pedazo de equipo y las hacíamos todas para la altura: comer cebolla, aceitunas, hacíamos el calentamiento en las duchas con el vapor del agua caliente. Nos movíamos así nomás, todos ahí, como baño turco. Se le ocurrió a (Luis) Rodoni (N. de R: PF de Arturo Salah) y por lo menos entrábamos con ganas, transpirados y ¡vamos que ahora sí ganamos! Pero después la altura nos complicaba y ellos tenían un equipazo también.
Por Copa era una guerra viva. No podíamos salir del hotel en Calama. Aparecíamos en el túnel y no te imaginai la cantidad de cosas que nos decían. La barrera en los entrenamientos ellos la tenían vestida con los colores de Colo-Colo. Los partidos con ellos siempre fueron bravos.
En Calama era la única parte que pensaba que era difícil ganar”.

El legendario partido del Cóndor versus Ferro

Copa Libertadores 1983
Grupo 1
Colo-Colo 1, Ferro Carril Oeste 0
Estadio Nacional de Santiago

“Efectivamente en ese partido Roberto (Rojas) atajó todo. Lo que pasa es que era muy bueno bajo los tres palos. Ágil, rápido. Nosotros sabíamos lo que podía dar, así que no fue tan sorpresa aunque fue el primer gran partido del Cóndor para fuera. Pero nosotros lo veíamos en los entrenamientos. Es como cuando Peter (Dragicevic) nos preguntó si nos quemábamos por el Pato (Yáñez). ‘Altiro po, tráiganlo ya’. Al final con Ferro ganamos con gol del Negro Neculñir. Allá jugaba un lateral izquierdo del que hablaban mucho ¿Cómo se llamaba?”

Óscar Garré
“¡Eeeeeeeese! Puta el hueón bueeeeeno. Jugaba por el lado mío. Sabía que era uno de los fuertes de ellos. Él encaraba nomás. Yo de visita no subía tanto, así que había que aguantarlo nomás. Era hábil. Le daba pa arriba todo el rato, se juntaba con sus compañeros. Sacó harto centro… ¡Me tenía enfermo!”

¿Fue el que más te complicó?
“En esa misma Copa, había uno en Estudiantes de La Plata… (Piensa) ¡Sabella! Ohhhh ese hueón… ¡Extraordinario! Era maravilloso, era pa mirarlo, pa aplaudirlo. Crack. Zurdito, se tiraba un poquito pa la izquierda. Talentoso, otra onda. Müller hacía una finta rara y te sacaba tres metros. Por la selección me tocó el colombiano Willington Ortiz ¡Dios santo! Puta el huevón bueno”

El Tongo de América

Copa Libertadores 1989
Grupo 1
Cobreloa 2, Colo-Colo 2
Estadio Municipal de Calama

Sol de América 5, Olimpia 4
Estadio La Olla de Asunción

“Cobreloa no tenía nada que hacer, estaba clasificado. Les decíamos en la cancha: ‘Oye, para un rato po. Si clasificamos los dos’. Y nada. Era tanta la bronca. Pindinga (Jorge Muñoz) volaba y nos hizo el gol al último minuto. Se nos echó la yegua y empatamos. Nos tenían igual en un arco al final, no podíamos salir. Cobreloa, más allá de la altura, era un equipazo. Hoy les pasaría por encima a todos. Y la altura igual afectaba. Yo me pegaba un pique y quedaba muerto tres minutos. Estadio lleno y todo, más encima”.

Al día siguiente ¿En qué estabas cuando se reanuda el partido en Paraguay?
“Viéndolo por la tele. Fue terrible pero ya sabíamos que iba a haber un arreglo ‘¡Cagamos!’, dijimos. Después nos juntamos en la sede en Cienfuegos 41 y hablábamos que estábamos jodidos. El reclamo era a la FIFA”.

Esto pasa el 29 de marzo del 89. En septiembre ocurre lo del Cóndor Rojas en el Maracaná ¿Crees que lo del tongo paraguayo empujó a ese ambiente de ganar fuera de la cancha?
“No lo asocio. Paraguay estaba estigmatizado con eso de arreglar partidos o cosas así. Como que allá pasaba cualquier cosa, con cosas turbias. Y lo hacían tranquilo, como que no pasaba mayor cosa. Se arreglaban y no pasaba nada. Se hablaba de ciertos árbitros hacían cosas turbias también. A lo mejor son unos pocos, pero sí estábamos seguros que cuando estábamos viendo el partido, no había posibilidad de que nosotros pudiéramos pasar de fase.
Lo del Maracaná fue distinto. No creo que acá se haya naturalizado eso (de ganar fuera de la cancha).
Participé mucho después cuando Roberto llegó a Chile. Porque la única vez que no estuve en la selección fue con Orlando Aravena. A él le gustaba otro tipo de jugador y agradezco en el alma que no me haya llevado.
Se ha hablado tanto de esa cuestión: los cabros querían trasladar el partido para otro lado.
Pero nosotros no tenemos esa cuestión de los chamullos, no es habitual en nosotros hacer ese tipo de cosas.
Fueron cosas distintas. Roberto podría haber estado en Italia, todo lo que había atajado, pero el huevón la cagó. Fue un nacionalismo al cuete. No tiene vuelta. Se mandó el condoro de su vida y pagó, no jugó más. No la cagó ¡La recontrarequete cagó!
Pero es distinto a lo del arreglo de los paraguayos. Eso era como más natural para ellos. Ese día, cuando se suspende el partido en Paraguay, nosotros sabíamos lo que iba a pasar. Si de repente hubieran sido equipos de otros países, no sé… Porque en Chile no había ninguna posibilidad de que se hiciera una cosa así. De hecho: Si le ganábamos a Cobreloa pasábamos los dos, y ninguna posibilidad de hacer algo así.

El golpe de Vasco da Gama

Copa Libertadores 1990
Octavos de final, vuelta
Colo-Colo 3, Vasco da Gama 3
Estadio Nacional de Santiago

“El Loro (Morón) podía haber hecho más tiempo. El partido terminó y antes de los penales, el estadio estaba callado. Fuimos ingenuos, muy ingenuos. Podríamos haber manejado mejor la situación. A un equipo argentino o uruguayo no le hacen ese gol al final. Si analizas los goles, eran evitables. El Enano (Rubén Espinoza) mete un caño. Después tampoco vimos si podíamos tener amarilla, para hacer tiempo, tirar la pelota lejos. Nos faltó oficio”.

No es primera vez que les pasaba. El 87 empatan con Sao Paulo en el Nacional y se arma una pelea, con Carabineros en cancha. Si ganaban, podían pasar de fase
“Sí. Tampoco cerramos el partido po. Después logramos hacer la diferencia ya en el Monumental. Todos los partidos son distintos pero no teníamos nada de bandidos. Ya el 91 fue distinto porque nos pusimos de acuerdo. Nos adelantamos. Sabíamos que si quedaba una cagada no teníamos que meternos. Nos sirvió lo de Sao Paulo el 87 también. Ya el 91 sabíamos que teníamos que enfocarnos en lo de nosotros. Nos sirvió la falta de oficio de otros años”.

La pelea con Mirko

Copa Libertadores 1992
Grupo 1
Newell’s Old Boys 3, Colo-Colo 1
Estadio Coloso del Parque de Rosario

“Perdimos con Newell’s de Bielsa y me pegué un round con Mirko (Jozic). Nos hicieron un gol como a los 10 segundos (N. de R: A los 7, Alfredo Mendoza). Perdimos 3-1 y Mirko estaba más bravo que un león. Terminando el partido yo siempre hablaba con mi señora. Esa vez llegué al hotel, la llamé y Miriam -que no se metía en nada pero debe haber estado tan ‘tostada’- me dice: ‘Los mataron en la radio ¿Quién? Mirko ¿Verdad? Sí, Mirko habló mal de ustedes’.
Vamos a la cena en el hotel y yo, la típica, hago sonar el vaso con la cuchara. ‘Oye, acá, quiero decir algo’, digo. Nadie entendía nada. ‘¿Sabes qué? Recibí comentarios de que lo que dicen de nosotros en Santiago son puras cosas terribles. Pero lo que más me llama la atención es que el que más nos saca la chucha es este’ ¡Y lo indico a Mirko! Se quiso meter el Sopa (Marcelo Oyarzún), el Yeyo (Inostroza). ‘Cuando ganamos nosotros, ganai tú, y cuando perdemos, perdemos nosotros’, le decía yo. ‘Eso no hace’ y quedó la cagá po. Me tuvieron que parar un poco la mano y se metieron a calmar la situación.
Yo siempre tuve encontrones con Mirko. Para que me dijera que jugué bien tenía que hacer un gol de pecho desde la mitad de la cancha (risas)”.

Pero siempre jugaste con él también. No te sacaba
“Sí, salvo la Interamericana con Puebla, que puso al Chino (Alejandro) Hisis. No sé si fue pasada de cuenta, Hisis estaba jugando bien pero yo me la comí. Aunque siempre hubo una onda media extraña con Mirko. De hecho, está la talla de Antofagasta, cuando jugué de 10″.

¡¿Cómo?!
“Partido por el torneo local y Mirko empieza a dar la alineación. Atrás puso a Javier, Miguel y de líbero pone a Vilches. Todos me miraron. Los cabros me hacían el gesto: ‘¡Te cortó!’. Sigue con el equipo y llega arriba. Pone el número 10 y anota abajo: ‘Garrido’. O sea, ¿Tú sabís cómo se cagaban de la risa mis compañeros? Había dos alternativas: o lo mandabas a la chucha o te la comías. En pos del equipo, acepté nomás.
Mirko argumentaba igual. Argumentó y más risas todavía, porque me dice: ‘El único que puede hacer algo parecido al Bichi Borghi es el Chano’. Ahhhhhhhh, lleno de risas po.
Fue tan loco que entramos a la cancha, estadio lleno, ganamos el sorteo y la gente me miraba que estaba en la mitad de la cancha. Yo sentía un murmullo como diciendo: ‘¿Qué hace ahí?’. Si no sabía ni partir po.
Empezó el partido y me pillaron como tres veces fuera de juego. No cachaba una. Me dieron un par de pases, quise hacer algo y me la quitaron. Sentí pifias. Perdíamos 1-0 y le digo al Lalo (Vilches): ‘Arreglemos esto. Mandemos al Coca (Mendoza) arriba y yo me quedo por acá abajo’. Era más normal po, empezamos a jugar y Mirko me gritaba: ‘Muchacho loco’ (risas). Y yo: ‘Por qué no te vay a la c….’ (risas).
En el camarín después empezó a hablar en croata. Yo creo que fueron como 10 minutos de puteadas. (N. de R: Semifinales ida Copa Chile 1992. Antofagasta ganó 3-1. En la vuelta goleó Colo-Colo 4-0).

¡Morón atajó un penal… pero fue gol!

Copa Libertadores 1992
Octavos de final, vuelta
Barcelona de Guayaquil 2, Colo-Colo 0
Estadio Monumental de Guayaquil

“En Chile le decíamos a los árbitros que para que hacía el trámite de tirar el penal. Que fuéramos a la mitad de la cancha nomás y cobrara el gol. Molestábamos a Morón ¡Si nunca atajaba un penal! (risas)”.

Copa del 92, minuto 51’ y le ataja un penal a Insúa. El problema es que en el rebote hacen el gol
“¿Sabes cuál es el problema? Es que uno tenía la sensación de que Morón no iba a atajar un penal ¡Siempre se tiraba al lado contrario! (risas). Cuando ataja en Guayaquil, no hubo tiempo ni de reaccionar, si no estábamos preparados. Pero… ¡Era muy difícil que atajara po!
Nos divertíamos con el Loro. Él tampoco se molestaba”.

Los 67 partidos del Chano

Fueron nueve ediciones de Copa. 67 partidos.
20 contra equipos chilenos: Cobreloa (8), UC (6), Concepción (2), Coquimbo (2), Magallanes (2).
9 contra ecuatorianos: Barcelona (6), LDU (3)
9 contra argentinos: Boca Juniors (2), Estudiantes de La Plata (2), Ferro Carril Oeste (2), San Lorenzo (2), Newell’s Old Boys (1).
6 contra uruguayos: Peñarol (2), Nacional (2), Bella Vista (2).
6 contra paraguayos: Olimpia (4), Sol de América (2).
6 contra brasileños: Guaraní Campinas (2), Sao Paulo (2), Vasco da Gama (2).
5 contra peruanos: Sporting Cristal (2), Universitario (2), Unión Huaral (1).
4 contra venezolanos: Sport Marítimo (2), Táchira (2).
2 contra bolivianos: Oriente Petrolero (2).
Nunca jugó ante equipos colombianos.

Perdió solo dos de 33 partidos como local (21 en el Nacional y 11 en el Monumental). Como visita jugó 34 duelos. 10 en Chile ante rivales nacionales y 24 en canchas extranjeras: cinco ganados, siete empatados y 12 perdidos.

En ese tiempo ustedes jugaban muy diferente si era en Santiago o en el extranjero
“Yo acá era casi un delantero po. Tenía total libertad, me tenía mucha confianza. De lateral me jugaba los mano a mano y todo. Pero no hay ninguna duda: de local era uno y de visita, otro. También es por cómo nos parábamos. Afuera no me movía del área grande. Nooooooo, otra cosa. Jugábamos a que no nos hicieran muchos goles.
En el Mundial de España, contra Alemania, tenía a Rummenigge, Briegel… ¡Eran verdaderos dóberman! Primera vez en mi vida que quería que terminara el partido. Nos duraba la pelota tres segundos.
Una vez jugamos con la selección en Belén, Brasil. Estaba Pelé en la tribuna y me tiró flores porque aguanté a Eder. Ahí estaba cuando el Chico (Rivas) le decía a una virgen que había en el túnel: ‘Virgencita, virgencita, ojalá sean cinco nomás’. Mira la fe que nos teníamos po (risas).
Yo jugaba con libertad y confianza de local y afuera no nos dejaba nuestro planteamiento ni el rival tampoco. De visita costaba y tampoco nos atrevíamos. Una diferencia abismante”.

¿Cómo ves el juego con Corinthians?
“Veo que Colo-Colo tiene un equipazo. Hay jugadores que pueden solucionar un problema en cualquier momento. Tengo una fe ciega que pasamos. Ahora se puede jugar distinto y nadie te dice nada. Fuimos a jugar a Colombia, se necesitaba un punto y Colo-Colo se arropó ¡como se arropan todos los equipos! Y avanzó de fase.
Tenemos jugadores con experiencia, con Copas Libertadores, Mundiales. Y eso influye pero absolutamente. Manejar los tiempos, cuándo hay que apurar, cuándo no, si uno nos pinta la cara, cómo lo bloqueamos. Eso es clave”.