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Las lecciones del “Pelao” González, 50 años después
José González

José “Pelao” González destaca reiteradamente dos cosas: una, que es colocolino. Y dos, que maduró tarde. Aunque tuvo una carrera destacada -siendo fijo en Colo-Colo, dos veces campeón y seleccionado nacional- dice que podría haber sido mejor.

González llegó de niño al Cacique, hecho ya un hincha “avezado”. Es que desde que tiene memoria, azuzado por su padre, se hizo colocolino. A los 6 años ya estaba en el Nacional alentando al Cacique. Y luego -sobre todo en las categorías mayores de cadetes- jugaba de preliminar al primer equipo, en el Nacional.

“Nos daban un sándwich y desde las canchas interiores del Nacional nos quedábamos a ver al primer equipo. Yo pasé a ser jugador profesional de Colo-Colo y seguí pagando mis cuotas de socios. Sigo siendo socio. En Colo-Colo es el único equipo donde jugué”, explica.

“La preocupación de mi vida es Colo-Colo. Con todas las estructuras que tiene en este momento. La gente tiene que estar muy tranquila porque está Arturo Salah. A él le reconozco su profesionalismo, su ética y su moral. Es un hombre íntegro. Yo sé que él está tirando para Colo-Colo solamente”, sigue González, campeón en 1960 y 1963.

¿Recuerda el primer partido que vio de Colo-Colo?
Le íbamos a guardar el asiento a mi papá. Católica vs. Colo-Colo, 1953. Yo iba a ver jugar a los Robledo que habían llegado… ¡Manuel Muñoz! Ídolo.

Después de eso se mete a las cadetes
Dijeron que los Robledo iban a entrenar a los cabros de cadetes. Ese era el gancho. Y no fue así pero fuimos (a probarnos) porque éramos colocolinos.
Fuimos un grupo de amigos de San Diego con avenida Matta, mi barrio de entonces. Fuimos cinco los que vivíamos en el sité, pero uno solo llevaba zapatos de fútbol. Yo no llevaba zapatos de fútbol, no los conocía. Y no me dejaban entrenar. A pata pelá no podía y con zapatos de calle, tampoco. Así que se probó mi amigo, no quedó, lo pasó al otro y al otro, hasta que me llegó a mí. Y quedé (risas). En el Nacional fueron las pruebas con Raúl Marchant.

En 1960 Colo-Colo era entrenado por Flavio Costa, ex técnico de Brasil en el Mundial del 50, el del recordado Maracanazo. En la primera fecha vencieron a Magallanes, pero luego cayeron ante Unión y 4-0 frente a Everton. Despedido Costa, asumió Hernán Carrasco, de 33 años.

“Carrasco hizo algo distinto a lo que hizo don Flavio, que venía de ser vicecampeón mundial en Brasil. Él venía con una escuela muy brasilera. Al llegar a Colo-Colo fue muy duro en los entrenamientos”, refresca González.

¿A qué se refiere con lo de la escuela brasileña?
Siempre los brasileños han estado por sobre el nivel de los chilenos. Física, táctica y técnicamente… disciplinariamente. Han sido siempre mejores que los chilenos. Y en ese tiempo nosotros veníamos con una escuela de jugadores que éramos muy indisciplinados. En la selección chilena incluso hubo varios episodios. Pero no era solo culpa del jugador, fue toda una época en que toda esa gente se mamó la Segunda Guerra Mundial y hubo mucha escasez. La gente se va a lo medular pero no piensa en por qué fuimos así. Porque uno fue vicioso… pero uno venía mal formado. La preparación nuestra a todo nivel era muy mala.
Bajo esos aspectos, cuando llegó don Flavio, con otra mentalidad, en otro país, llegó a Colo-Colo y acá había todavía resabios de cosas que no se tenían que hacer en el fútbol.

José González De eso solo se dio cuenta después
Evidentemente. Todo se daba por sentado que lo que se estaba haciendo era un cosa normal. Pero no es normal.

Profundice en lo de la Segunda Guerra Mundial
Nosotros fuimos engendrados, la mayoría, del año 38 al 50 (N. de R: González nació en diciembre de 1939). En ese periodo se desarrolló la Guerra y las convulsiones que provocó en todo el mundo. Si allá (en Europa) faltaba el pan, aquí faltaba el doble. Había un déficit total, había escasez. Estaban más preocupados de sobrevivir que de darle cultura, educación y otros valores a los chilenos. Trataba de salir adelante el país nomás.

¿El camarín era más desordenado que ahora?
Más que desordenado, era discriminador. Tú no entrabas al camarín del primer equipo. De las cadetes tú ibas a un camarín de al lado. Tenías que hacer mucho mérito para entrar. Nosotros éramos desordenados después de los partidos.

¿Qué hacían?
Íbamos a una boite, tomábamos un par de tragos, íbamos al Bim Bam Bum, nos juntábamos con mujeres, muchos nos quedábamos fuera de la casa. Había mucho prostíbulo. Había un desorden en ese sentido. Y como nadie nos educó, nadie nos entregó valores, evidentemente que fuimos ‘pajaritos’. Porque alguien que nos hubiera educado, nos hubiera enrielado, nos hubiera dicho lo bueno y lo malo, seguramente hubieran sido los valores diferentes.

Entonces Costa trató de imponer disciplina y luego Carrasco los conocía más…
Exactamente. Por eso hubo un rechazo a don Flavio. Don Flavio, recuerdo, en la Escuela de Carabineros en Antonio Varas, nos mandaba a dar, todos los días, ¡cuatro vueltas a la cancha! Cuatro vueltas a la cancha… ¡Olvídate! Era la muerte para todos los jugadores ¡La muerte!… Este viejo tal por cual… No estábamos acostumbrados a las cuatro vueltas a la cancha. Ahora es totalmente distinto.
Don Flavio era fregado. Después nos reuníamos con Caupolicán Peña, Fernando Navarro, Mario Ortiz, el Cuá Cuá Hormazábal y (comentábamos): ‘Era la muerte las cuatro vueltas’.

Por lo de la educación que no les entregaron, ustedes no lo recibían como algo que les iba a servir para los partidos
!No po! ¡No po! Era como un castigo ¿Y sabes lo más importante? ¿Lo fundamental? Nosotros durante 10 años no tuvimos preparador físico. Del 60 al 70. No tuvimos preparador físico especializado. Siempre eran los entrenadores los que hacían la preparación física.
Recién con don Pancho Hormazábal, el 70, llegó el profe Lillo. Fueron 10 años.

¿Y eso no pasaba en los otros clubes?
Nooooooo. La U tenía a Gustavo Graef.
Desde el 63 la Chile desbandó (N. de R: Colo-Colo pasó siete años sin ser campeón y el archirrival vivió su mejor época). Por el proceso que tenían también, de cadetes, con don Lucho (Álamos).

Ahí hay un punto: Usted está en el debut de Colo-Colo en la Libertadores, el 61. Caen en la llave ante Olimpia aunque ganan en Asunción, pero pierden acá por goleada ¿Esa falta de preparación física costó para que a Colo-Colo le fuera bien internacionalmente?
¡Totalmente! Es que nosotros estábamos muy atrasados. Muy atrasados. En el fútbol antiguo la preparación física no era buena. En “cachativa” futbolística a lo mejor éramos mejores que los que juegan actualmente, pero en lo físico ahora es muchísimo mejor.

El 63 salen campeones
Pero con otro profesor: Hugo Tassara. Ellos entraron en la pedagogía de la cosa constante. Repetición, repetición, repetición. La idiosincrasia de Tassara era chilena. La brasileña (de Costa) era distinta. Coloque a un alemán aquí entrenando en Chile…

Rudi Gutendorf
Pero ese era más ‘gozador’ que todos nosotros (risas).

Y Tassara ¿no les impuso disciplina?
Nooooooo. Él fue más dúctil. Más permisivo.

José González

¿Qué partido recuerda con cariño?
Cuando debuté internacionalmente estaba todo cagado. Contra Real Madrid (N. de R: año 1961). La noche anterior yo me quería hacer el lesionado. Venía Canario, Di Stéfano, Puskas, Gento… (se larga a reir). Y yo estaba recién dando los primeros pasos. Nos juntamos por esa cosa del destino en el Pan-Pan, que era un restaurante de moda al frente del Bim Bam Bum. Entonces estábamos ahí en la barra, yo estaba con el Chaqueño Espinoza, un argentino-paraguayo, y me decía: ‘Pero Pelao, cómo no vai a jugar, huevón’. ‘Si voy a hacer el ridículo huevón, oh’ (respondí). Y llega José María Muñoz, que fue famoso relator argentino, más famoso que todos los actuales.
Estábamos ahí y el Chaqueño le dice: ‘El Pelao no quiere jugar mañana contra el Real Madrid’. Y el argentino, que tenía un verso, me dice: ‘Pero pibe, cómo no vas a jugar. Si no quieres no juegas… Pero te vay a perder –me dijo- un reloj de oro que le entrega el Real Madrid a todos los jugadores rivales’. ¡Chucha!, dije yo, ¡un reloj de oro! Entro aunque sea en camilla. A los 10 minutos me lesiono y listo… Al final ¡no regalaron nada! (risas).
A raíz de eso después me llamaron a la selección. Decían que yo jugaba mejor internacionalmente que para los partidos nacionales. Después, las Eliminatorias del Mundial del 66 las hice de titular.

Entiendo que jugó muy bien en la definición ante Ecuador
Yo tenía que marcar al segundo jugador más importante después de Spencer: Washington Muñoz. Era verdaderamente Garrincha. Lo anulé po. Anduve bien y no tuve problemas. El problema mío fue la disciplina. Y yo no le voy a quitar nunca el poto a la jeringa. Por la misma formación mía.

Hace una autocrítica pese a que no tenía herramientas para darse cuenta en ese momento
No, no, no. Nadie me abría los ojos.
Al tiempo después, cuando me retiré, fui con (Caupolicán) Peña y el profe Venegas a Europa. Fuimos a Barcelona, Madrid al Paris Saint Germain y al Colonia. Fuimos a ver cómo se entrenaba el ‘Fútbol Total’ de Stefan Kovacs. Ahí vimos cómo se entrenaba el ‘Fútbol Total’ de Holanda. Ahí me pegué los sablazos.
Maduré tarde.

Hace un par de meses se publicó el libro “Historia de la clasificación. Brasil 2014″, de Lucho Urrutia. Allí, se hace un preludio con las presentaciones mundialistas en 1950 y 1966. Y habla González: “Me perdí el Mundial de Inglaterra dos meses antes en México, cuando Álamos nos excluyó con el ‘Pluto’ Carlos Contreras por una supuesta indisciplina (…) Fue una chuecura del Zorro, quien años después hizo su mea culpa y me pidió que fuera su ayudante en Colo-Colo 1974″.

¿Por culpa suya no fue al Mundial de Inglaterra?
Es que esa fue una injusticia. Nosotros pedimos permiso, no nos arrancamos. Hubiera sido una cosa de orate si nos hubiéramos ido sin permiso. Nos faltó madurez. En Perú sí me faltó mucha madurez a mí.

¿En la definición con Ecuador también salió después del partido?
Antes. Antes del partido. Salimos, yo tenía una niña del Bim Bam Bum. Me estaba esperando en Lima. Salimos a comprar, me entusiasmé con ella, pero yo no sabía que en Lima, en ese tiempo, los hoteles no estaban dentro de la ciudad, estaban alrededor. Teníamos permiso hasta las 1. Habíamos jugado y le ganamos un amistoso a Alianza de Lima. Don Lucho (Álamos) nos dio permiso hasta las 1. Yo me entusiasmé con la niña, me perdí, no llegaba nunca el taxi… Cuando llegué al hotel estaban todos comiendo. Qué me iba a ir a sentar.

Pero eso fue antes del partido, e igual lo ponen de titular
Sipo, fue dos días antes… Es que era el mejor po. El utilero, que las sabe todas, me dice: ‘No vai a jugar Pelao, por lo del otro día’. Íbamos al entrenamiento y el chico Valentini había quedado de titular. Llegamos al entrenamiento y me acerqué a don Lucho y le dije: ‘Me dijeron que no me iba a poner’. ‘Es que tú sabis po Pelao, aquí y allá’, dice. Yo le dije: ‘¿No me va a poner? ¡Colóqueme! y se va acordar siempre de mí’. ¡Ya! (dice Álamos). ¡Gustavo! (Graef, PF): ’15 minutos, métele. Y después me pasai el informe’. Y me dio un entrenamiento como los de las Fuerzas Especiales de EE.UU. ‘¡Abajo, arriba, cabezazo, pique, gira, dale Pelao, dale!’. Pasé la prueba y jugué de titular.

¿Fue un error de Lucho Álamos dejarlo fuera del Mundial?
Más que un error de don Lucho fue una cosa de poca personalidad de él. Porque si yo doy permiso y después no reconozco eso, no tengo personalidad.
Por lo que hice en las Eliminatorias creo que no hubiera desentonado en el Mundial.

¿Y la fiesta en México? ¿Qué tal?
¡Fue en la mañana! Nos invitó Lucho Gatica a una fiesta donde tocaba el rey del mambo, Pérez Prado. Es que allá se juega a las 12.

Usted tuvo una carrera exitosa pero ¿cree que podría haber sido mejor sin los problemas de indisciplina?
Indudablemente. Porque todo parte de la familia. La familia, el colegio y donde uno se va relacionando socialmente. Bajo ese prisma, lo mío fue muy de pajarito nuevo, no había ninguna base científica. Podría haber sido mucho mejor.

No logró estrujar lo de Tassara, por ejemplo, esa pedagogía
Pero es que fue pedagógico en la parte técnica nomás. Eso es lo que yo echo de menos actualmente. Todo se va al rendimiento futbolístico y no al rendimiento integral del ser humano, que es lo importante. Son 10 años de ser jugador de fútbol y después hay una vida eterna, que uno no haya qué hacer. Es doloroso. Uno no quiere ver a nadie en mala situación. El fútbol es deshumanizado en ese sentido. No es cosa solamente de colocar visitadora social, doctores, psicólogos, sino que va mucho más allá. Debe haber una integración para que haya un desarrollo como persona.

¿Cómo vio lo de Riera? Dicen que triunfó en el Mundial del 62 precisamente porque puso ciertos límites. Que por ejemplo saca a Cuá-Cuá Hormazábal por lo mismo de la disciplina
Es que don Fernando, yo no trabajé con él, pero se comentaba y lo que uno veía es que en la parte disciplina técnica y futbolística era muy estricto, pero a la vez era muy humano, tratando de educar y preparar a la gente para desafíos mayores.
Enrique venía de una escuela distinta y no se adaptó a lo que quería don Fernando pero dentro de la cancha. Se corría el rumor que el Cuá-Cuá no se quiso levantar las medias.

Usted tuvo el episodio con Álamos del 66, pero después termina siendo ayudante de él
Eso a usted le comunica algo. Le dice que como persona José González no era tan indisciplinado.
Hay mucho mito conmigo. Por ejemplo que era hachero y todo eso. Yo era de los más técnicos y de más proyección que había en mi puesto.
Trabajé con Álamos en Colo-Colo y en Santiago Morning. Él me dio el primer trabajo en cadetes de Colo-Colo y me llevó al primer equipo a trabajar con él.

¿Como qué jugador actual era el ‘Pelao’ González?
Como que me adelanté al tema. Yo era lateral de proyección, hacía goles y marcaba. El que más podría semejarse, aunque juega al otro lado, es (Mauricio) Isla. Aunque no se hace respetar a veces.

Su característica era la tijera ¿no?
En ese tiempo le copié las características a dos jugadores de Colo-Colo: Manuel Machuca y Rogelio Núñez, el Mono. Ellos fueron mis primeras imágenes de cómo se tenía que jugar al fútbol.