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Las Escuelas para Adultos y el alma colocolina
Premiación Escuela Adultos

Hay algo especial que tiene Colo-Colo, decía Juan Gutiérrez en la ceremonia de cierre de año de las Escuelas de Fútbol para Adultos. Algo intrínseco en el escudo, en los pasillos del Monumental, en las personas, que no se vive en otro club. Arturo Salah, también presente en la premiación y cena, hablaba de que el mejor grupo con el que trabajó en su larga carrera como técnico, fue en Colo-Colo, en la segunda mitad de los 80.

Eso especial del Cacique lo reafirmaron los jugadores albos. No hablamos de Vecchio, Delgado o Pavez. Hablamos de Mario Somarriva, Giovanni Petroli, Martín Fierro, Ernesto Miranda y los cerca de 80 jugadores de las Escuelas de Fútbol para Adultos del Cacique, iniciativa inédita en el país.

Hace tres años comenzó esta historia en una noche de invierno, con una lluvia histórica en Santiago. En la mañana antes de la primera práctica, un par de alumnos llamaron al coordinador, alma y motor de esta Escuela, Luis “Chupete” Hormazábal, para preguntarle si con esa lluvia igual se entrenaba. “Si pues, esto es Colo-Colo”, les respondió “Chupete” anotando de entrada la sentencia de que el Cacique es único, uno solo. Nuestro.

Nuestro porque Somarriva, Petroli, Fierro, Miranda y compañía son jugadores albos. Entrenan con la indumentaria oficial, en las canchas del Monumental y este martes y jueves tuvieron su cierre de año futbolístico en la cancha David Arellano. Pero más que eso. Son jugadores albos como Lucho Mena, o antes Espina, Vasconcelos, Robledo o Cuá-Cuá, porque sienten el escudo como parte de su piel.

¿Estamos en presencia de jugadores que darán el salto al profesionalismo? Para nada. No es el objetivo. Y por ahí no va lo del alma colocolina.

Va por el lado de confluir gran jugador y mejor persona. Va por el lado de compartir, de hacer grupo, de socializar y ser solidario y amigo con el compañero, dentro y fuera de la cancha.

Ese es el espíritu que transmite “Chupete”, y los profes, Daniel Díaz y Raúl Ormeño, antes ídolos y hoy amigos de sus dirigidos.

Esta semana, en el cierre, vinieron al Monumental las familias de los jugadores, vieron como cada jugador de la Escuela Adulta recibió su diploma y desplegó su talento, sus ganas y su pasión en la misma cancha donde el Colo 2014 debutará ante Audax. Luego, la cena íntima de los alumnos con la dirigencia y el cuerpo técnico. Fue ahí donde Salah recordó que la unión de grupo fue lo clave de ese plantel campeón el 86, el 89 y germen del equipo que logró el título más alto alcanzado por un club chileno.

Fue ahí donde Juan Gutiérrez se emocionó pasando un rato agradable. Fue ahí donde Hormazábal-Ormeño-Díaz entregaron premios a 5 destacados por serie (los que entrenan los martes y los que entrenan los jueves), que finalmente representaban a todo el grupo. Fue ahí, también, donde se celebró a Enrique, el Kike, el utilero. Al paramédico, PF, médico y todo el staff que apoya a este grupo de la Escuela Adulta. Ya está dicho, el trato debía ser como si estuviéramos en presencia del primer equipo, del Colo-Colo 73 o el del 91, y así lo dijo Luis Baquedano, exdirigente albo, impulsor del proyecto.

Todos los hombres que entrenan semana a semana en la Escuela son tipos con trabajo, que en base a esfuerzo llegan a la Ruca. Que seguramente cumplen un sueño, el de vestir la casaca alba. Pero ellos mismos se encargan de resaltar que lo viven con pasión. Ellos, que tomaron la palabra y en un acto emocionante devolvieron sorpresivamente la mano y aplaudieron y homenajearon a los profes.

Finalmente la Escuela de Fútbol para Adultos es una familia. Que extiende el sentido para el que está hecho Colo-Colo. No solo se busca ganar domingo a domingo. También se vive, se comparte y se siente con tipos como usted o como yo, que son jugadores albos aunque sea un día a la semana. No por buenos (necesariamente) sino porque aman este escudo.

Galería de imágenes del emocionante cierre de año, aquí.

Info de Escuelas para Adultos, aquí.