alturaarrow_down-red arrow_side badge-facebookbadge-instagrambadge-twitterclosedebutemail facebook gallery-nextgallery-prevgallerygoogle instagram lightbox-nextlightbox-prevlive-atajada live-cambio live-gol live-jugada-peligrosa live-offlive-player-in live-player-out live-red-cardlive-silvato live-tarjeta-amarillalive-tarjeta-roja live-timerlive-yellow-cardnacimientonacionalidadnextopenpagination_downpesopinterest prevquotesearchslide-nextslide-prevtimeline-left timeline-right twitter videoswhistle worldyoutube
Las emociones de Claudio Arbiza: el Cacique, los suyos y la Celeste
ARBIZA 4 Nota NEUROBIONTA 632x380

Jorge Claudio Arbiza se emociona particularmente con tres temas: Colo-Colo, su familia -que incluye a sus amigos y está liderada por su padre- y la selección uruguaya, más conocida como “La Celeste”.

Por Colo-Colo jugó 86 partidos entre 1996 y 2001. El arquero –esa es una condición que nunca se pierde- tiene hoy 51 años y recuerda con orgullo cuando llegó al Cacique recomendado por Marcelo Giarruso, coterráneo de Fray Bentos, Río Negro, puerto uruguayo de 25 mil habitantes donde vacacionaba de niño Jorge Luis Borges.

Arbiza está de vuelta en Chile y, de alguna manera, cumple otro de sus sueños. “Siempre estuvo en el pensamiento y en las ganas el volver algún día. Se dio la chance con Tito (Tapia) y estoy súper alegre y feliz. Son muchos recuerdos, con momentos hermosos, y uno lo nota con el cariño de la gente”, señala.

Colo-Colo juega ahora su partido internacional más importante en Copa Libertadores tras aquella inolvidable campaña de 1997, donde se rozó la final y el golero fue figura. “Sin duda que hoy se pasa por la cabeza esos momentos. Con aquel equipo fue la deuda que tuvimos, no haber logrado algo internacional. Era la frutilla de la torta que nos faltó. Están esos sentimientos y más pensando en Brasil, porque una de mis cartas de presentación en Colo-Colo fue el partido ante Flamengo. Estuvimos a punto de pasar a la final y todo esto te lleva a estar unos años atrás y pensar que estás adentro”, sincera el charrúa.

Arbiza recuerda el juego por los cuartos de final ida de la Supercopa 1996. El jueves 17 de octubre de ese año, en Sao Paulo y ante Flamengo de Río de Janeiro, el uruguayo jugó el mejor partido de su vida. A los 14’ Junior Baiano convirtió el 1-0 y de ahí los brasileños no pudieron más. Sobre el final empató Francis Ferrero, en la vuelta ganó Colo-Colo –donde Arbiza se lesionó y terminó de golero Pedro Reyes- y fueron eliminados ante Cruzeiro, la verdadera bestia negra del Colo-Colo de Gustavo Benítez.

Sobre el partido aquel, lustroso y brillante para Arbiza, la revista “Don Balón” escribió: “El uruguayo anduvo en una de esas noches imposibles de olvidar. Atajó tiros increíbles ante la impotencia brasileña. Con actuaciones así, volver a vestir la Celeste no parece un despropósito”.

“Fue espectacular. Ese partido no lo puedo olvidar nunca. Los otros buenos partidos de mi carrera fueron contra la U cuando, los dejamos fuera de Copa Chile (1996) y por Defensor Sporting, contra Vélez Sarsfield en Copa Libertadores, en 1994”, refresca el hoy entrenador de arqueros de Colo-Colo.

Claudio Arbiza estuvo en tres títulos nacionales de Colo-Colo. En 1996 jugó solo tres partidos (los últimos), luego ingresó simbólicamente ante Temuco en la estrella del Clausura 1997 y disputó dos encuentros en 1998. Además de atajar en siete de 12 choques de esa Copa Chile 1996.

arbiza 2 Pero el protagonismo de Arbiza en los Albos estuvo en lo internacional. Fue el titular de la reseñada Copa Libertadores 1997. Allí estuvo en siete de 12 encuentros y una lesión lo privó de atajar en la llave decisiva, ante Cruzeiro. Volvió a jugar de estelar en la Copa 1998 y 1999, además de la Supercopa 1996 y 1997 (en ambas llegaron a semifinales).

¿Cómo recuerda la Copa Libertadores 1997?
“Nos marcó. Y con partidos importantes, aunque también están los de la Supercopa, cuando le ganamos a Estudiantes de La Plata allá o contra Boca, Independiente y Cruzeiro y nosotros pasamos (N. de R: Supercopa 1997).
En la Copa del 97 se luchó pero tuve la desgracia de no poder jugar los partidos decisivos por lesión. Es la amargura que a uno le queda adentro, el no poder haber dado una mano al grupo y haber estado allá adentro con los muchachos. A ese grupo le faltó un logro internacional para haber cerrado con broche de oro ese proceso”.

Colo-Colo perdió 1-0 en Belo Horizonte y en el Monumental ganaba 1-0 a los 20 minutos, con gol de Ivo Basay. Empató Marcelo pero iniciando el segundo tiempo Basay marcó dos goles de penal y el Cacique pasaba a la final de Libertadores. Sin embargo, a los 62’ expulsaron a Emerson, dos minutos después marcó Cleison, al rato le pusieron tarjeta roja a Pedro Reyes y al brasileño Elivelton y en la tanda de penales Dida le atajó a dos que nunca fallaban: Basay y Marcelo Espina. Convirtieron Ricardinho, Donizete, Fabinho, Marcelo y ellos avanzaron.

¿Dónde estaba en la definición a penales con Cruzeiro, Claudio?
“En la tribuna, junto con el Negro, Juan Carlos (González). Estábamos los dos lesionados. De arriba se sufre más, se ven las cosas más claras. Recuerdo que después del 3-1 pudimos hacer el 4-1 o 5-1. En un foul expulsan a Emerson y en el tiro libre (gol de Cleison) la barrera se abre, la pelota pasa por ahí y se le mete abajo al primer palo a Marcelo (Ramírez) que hizo todo el esfuerzo y no pudo llegar. Después en los penales creo que son cosas ilógicas, o bueno, en el fútbol no hay lógica, pero Ivo (Basay) había hecho los dos penales en el partido, uno en cada palo y en la definición lo tira al medio y Dida se queda parado. Y en el otro, el que era difícil que pudiera errar era Marcelo (Espina) y también lo erró. Son momentos y segundos que hay que estar delante de la pelota. ¡Ta! Ya fue. Pero fue lo que nos faltó”.

La otra llave era Racing versus Sporting Cristal ¿Sentían que el que ganaba en el Monumental podía ser el campeón?
“En esa semifinal estaba el campeón. No lo supimos cerrar o no nos ayudó la suerte. Nos quedamos con esa pena. A los 20 días (N de R: 27) nos toca enfrentarlos por la Supercopa y perdiendo 2-0 con Cruzeiro, se lo dimos vuelta y ganamos 4-2. Siempre te queda esa espinita de por qué no fue en la semifinal. Pero el fútbol es así, te toca perder y ganar pero tenemos la tranquilidad que ese grupo dejó todo para poder lograrlo. Nos faltó esa puntita para lograr algo internacional. Quedó la amargura y la calentura de que teníamos que haberlo liquidado antes, durante el partido”.

A Colo-Colo llegó un consagrado

Claudio Arbiza empezó a destacar en 1988. “Ya el 89 lo jugué todo, fue mi primer año definitivo de titular y no paré más”, refresca.

En 1990 jugó su primera Copa Libertadores con Defensor Sporting, equipo con el que fue campeón dos veces en Uruguay. Actuó los seis partidos de la fase de grupos pero no estuvo en los octavos de final ante River Plate, donde “la Violeta” fue eliminada. Arbiza tenía 23 años. arbiza

“Estábamos con Sergio ‘Manteca’ Martínez y Marcelo Tejera. ‘Manteca’ después en Boca aprendió a definir de zurda. El pendejo Tejera (N. de R: debutó con 17 años en Copa Libertadores) estuvo con nosotros desde los 15 y sabíamos que la iba a romper. Recuerdo que esa Copa del 90 jugamos contra Progreso, y Pepeganga y Mineros de Venezuela. Me acuerdo del debut, contra Progreso en Centenario. Nosotros habíamos sido campeones de la Liguilla de Libertadores en y ellos del campeonato uruguayo”.

¿Por qué contra River ataja Héctor Tuja?
“Fue decisión de Raúl Moller. Yo no estaba lesionado ni nada. Perdimos 2-1 en Uruguay y en el Monumental de Buenos Aires”.

¿Se enojó?
“(Risas) Yyyyyyyy… Tuvimos una serie de cruces con él, yo le dije que no me diera explicaciones, que él era el técnico y sabía lo que hacía. Pero sí, me quedé recaliente pero en ese mismo año vuelvo a recuperar la titularidad con Nacional en el campeonato uruguayo.
Son decisiones que tomó en ese momento, de repente capaz que me vio muy joven (N de R: Tuja tenía 30 años”.

Después jugó tres Copas Libertadores donde pierde con un finalista
“Sí. El 92 perdimos con Newell’s de Bielsa. Estaba Lukas Tudor, en el equipo de Scoponi, Gamboa, Berizzo…. Te quedas la tranquilidad de que pierdes con el campeón (risas). Nos pasó después con Vélez el 94. Definí por penales. Fue 1-1 en nuestra cancha y 0-0 allá. Perdimos por un gol en los penales. En Argentina podíamos haber ganado pero son momentos. Luego Vélez sale campeón de América y del mundo. Y con Gremio también el 95 (jugando en este último año por Olimpia)”.

¿La Copa Libertadores es distinta?
“Sí, la Copa Libertadores sin duda que es distinta porque son los mejores de cada país. La primera fase es la más complicada donde puedes tener un mal partido y no depende de ti”.

¿La primera fase, más que los muere-muere?
“Sí, porque después es muere a muere, mano a mano y chao. Pero cuando estás en fase de grupo por ahí te sale mal un partido, pierdes, y se te complica. En los mano a mano sabes que son 90 minutos allá, 90 minutos acá y tienes que estar prendido a muerte. Es más difícil el grupo porque te puedes desconcentrar”.

Lo claro es que cuando llega a Colo-Colo en 1996, usted tenía mucha experiencia
“Sí, son desafíos lindos, hermosos. Y los tomé como tal y me enfrenté como tal. En Defensor era difícil entrar. Lo logré, después me sacan y volví a entrar. Cuando terminé con Defensor fui a Olimpia y ganamos la final contra Cerro Porteño por penales, y voy a pelearle un puesto a (Jorge) Battaglia. Después me llaman de Colo-Colo y sé que venía a pelearle el puesto a Marcelo (Ramírez). Yo lo tomaba como una responsabilidad enorme y sabiendo lo que representaban. Eran tipos seleccionados de su país, con mucha historia.
En Colo-Colo fue una lucha linda y muy sana. Los dos entrenábamos a full y por eso nos mantuvimos tanto tiempo estando los dos a muy buen nivel”.

¿Eran amigos?
“Es que amigos son pocos, significa mucho una amistad. Sí que teníamos una súper buena relación, y con todo el grupo también. Con el que más amistad tuve fue con Ivo y Juan Carlos González, pero siempre tuve buena relación con todos. Con el Coto, con Pedro, con Barti, con el Cabezón Espina. Con todos. El grupo era muy unido y sabíamos que éramos uno solo. El problema de uno era el problema de todos y por ahí se arma el grupo y después sabes que largan 11 dentro de la cancha y van a comerse al que venga y los que están afuera están esperando su oportunidad para entrar y hacer lo mismo”.

Usted también era atajapenales
“La definición del 94 con Vélez fue por penales. La del 95 con Cerro Porteño también. Con Vélez atajé uno pero erramos dos. Erra (Jorge) Almada que era imposible que errara. Con Olimpia atajé el cuarto. Íbamos perdiendo por uno y quedamos iguales. Luego atajo el séptimo u octavo penal, el decisivo.
(En Colo-Colo) Giarruso (PF) me conocía, sabían que me gustaba (atajar penales), además acá tuve una definición con Boca, también atajando penales. Me caracterizaba por eso también, por atajar penales. Era algo innato que llevábamos los dos (con Ramírez) o no sé (risas).
Era mucho en el trabajo de cabecita o de ganar el mano a mano. Ahí tienes una fracción de segundos y ahí ya tienes algo más para atajarlo”.

¿Es verdad que usted de joven, jugando por Río Negro, ataja tres penales en una semifinal?
“¡Sí! Tenía 17 años y era un campeonato amateur del interior. Atajo el primero, el segundo y el quinto. Pero erramos segundo, tercero y quinto. Siempre en ganancia pero errábamos. De cinco tapé tres pero nosotros erramos tres afuera y uno lo ataja el arquero de ellos. Increíble”.

¿Cuál era la receta para atajar penales?
“Me sentía capaz, me sentía más grande en el arco, no sé… Y era mirar mucho. Y la intuición. Tenía mucha intuición de dónde iba a ir”.

¿Qué delantero siempre le hacía goles?
“Hay uno que gracias a dios lo pude enfrentar poco: Romario. El ‘Enano’ era terrible, y cómo definía de punta, te agarraba loco. Palermo también era bueno, Maradona, Caniggia, Pájaro Hernández, Bebeto… Eran insoportables. Dely Valdés en Nacional era terrible. La velocidad que tenía. Por arriba, de chilena… Pablo (Bengoechea) en los tiros libres era mortal. Le ponías dos, le ponías tres, cinco (de barrera) y venía y ‘pin, ahí, pin, ahí, pin, ahí’… Varias veces me convirtió, también de penal. Uno de los pocos penales que le atajan a Pablo se lo atajo yo. Pero viene después y me hace el segundo. Pablo era mortal. Era impresionante lo bien que le pagaba a la pelota”.

¿Qué arquero admiraba usted cuando chico?
“Para mí fueron grandes arqueros Pato Fillol. Lo miré mucho cuando salió campeón del mundo. Era insoportable lo que atajaba ¡Lo que volaba! Y después a Dino Zoff, por la voz de mando que tenía, era impresionante como ordenaba, como mandaba. Me acuerdo un partido que Italia iba ganando 4-0, le hacen el uno, y lo que insultó Zoff y puteó a los defensas porque lo habían dejado patear. Fue impresionante y jugaba con 42 años”.

ARBIZA 3 Nota NEUROBIONTA 632x380

¿Qué es ser un arquero?
“Yo creo que un arquero tiene una personalidad distinta. Ya de partida somos distintos. El único jugador que dentro del área puede jugar con la mano. Ya ahí se parte distinto. Tienes que tener mucha personalidad, pero no es por el mando sino porque andas 89 minutos bien, en el minuto 90 te hacen un gol o tienes un fracaso pero rápidamente tienes que olvidarlo para demostrar a tu defensa que estás bien, que fue un error y nada más.
Me pasó en un partido contra Peñarol. En una de las tres finales que tuvimos con Defensor. Sale una pelota que tira (Washington) Tais, un centro al segundo palo, pica mal en una mata y se me mete al primer palo. Los defensas míos escucharon el grito de gol y no sabían lo que había pasado. Era tan clara que salí a buscarla y me preguntaban qué había pasado.
En ese momento viene Pablo Bengoechea, jugando él por Peñarol, y me dice: ‘Dale, vamos, que no pasa nada’. Viene Marujo (Marcelo) Otero, también de Peñarol y me dice: ‘Vamos, vamos, vamos arriba’.
Y se me da que en el último minuto Patito Aguilera patea, le atajo, pega en el palo, le vuelve y le pega al otro palo, me paro y se la saco al otro lado. Entonces son las cosas que te da el fútbol.
Para ser arquero tienes que ser loco y con voz de mano. Y ahora tener capacidad para poder jugar con los pies, para poder jugar de líbero. En Colo-Colo tienes que jugar de líbero porque tienes que jugar más afuera, ayudando a los defensas.
En equipos grandes tienes que prepararte toda la semana para el domingo estar para dos o tres pelotas y estar súper bien. No es como en equipos chicos, donde eres figura porque te patearon 50 veces pero igual te hicieron cinco goles. Tienes que estar enchufado. Es lo que me pasaba: Yo estaba todo el rato hablando, mandando, estaba sintonizado y metido en el partido”.

¿Cómo era su previa al partido? Usted era cabalero
“No era tanto. Las cábalas están porque te hacen sentir bien. La cábala mía era primera vestirme la pierna izquierda antes que la derecha. Y si tú dices es una locura… (risas). Pero son cosas que te hacían sentir bien.
En el calentamiento sí, lo que sentía que me estaba faltando en ese momento, lo practicaba para decir: ‘Estoy bien, me siento bien’. Si no, te quedaba esa duda de que: ‘Por qué no habré hecho dos saltos más, o más velocidad, o por qué no caí’. Tenías que entrar sin dudas.

¿Qué significa que un arquero tenga que ser loco?
“En todo sentido. De carácter fuerte, por ser arrojado, por no dudar, por no ser tímido. Pasa algo y tienes que salir a gritar, o ‘boquillear’ y tienes que impresionar para hacerte sentir bien. Es mejor que digan: ‘Cuidado con este loco que va a salir y te va a pegar un grito o un piñazo. Ten cuidado con este loco que si sale te parte en dos’. Que te hagan ver que no perdonas. Adentro del área sos vos y nadie más”.

¿Por qué eligió el arco? Entiendo que desde el colegio usted quería ser arquero
“Siempre, siempre. Desde chico buscaba cualquier pared para poner de arco y que me patearan. Desde chico me gustó. Lo llevaba por dentro, lo sentía de esa manera. Me apasionaba estar adentro del arco y que me fusilaran y me pegaran un pelotazo. Me gustaba tirarme ¿En el sofá? Noooooo porque mamá me daba con un garrote. En cualquier pared, en cualquier lado buscaba algo atrás y me tiraba porque no tenía que llegar la pelota ahí, porque era gol”.

Hincha de Nacional
“De Nacional. Me inculcó mi viejo. Con Defensor uno aprende a quererlo, es una familia realmente, pasé nueve años ahí. Fue el equipo que me dio la oportunidad de mostrarme a nivel profesional, el equipo que me abrió las puertas para la selección y para que me fuera a lo internacional. Le debo mucho a Defensor en todo lo que me aportó y me hizo ver lo que era un grupo unido y estar en familia.
Si me dices, soy hincha de Nacional desde chico, pero si me pones los dos está parejito”.

Usted estaba retirado y en 2004 lo llama Santiago Ostolaza y le dice: ‘Quiero que juegues por Nacional’ ¿Qué le pasa ahí?
“Eeeeeeeeee (se toma unos segundos y responde).
Fue una inyección de energía que me dio y dije sí. Yo estaba entrenando igual y fui como tercer arquero, como para ayudar al grupo, para unir, y termino jugando, (Jorge) Bava estaba suspendido y (Sebastián) Viera también estaba suspendido y termino jugando los primeros cuatro partidos del campeonato uruguayo. Y bueno, sin duda que fueron momentos hermosos. Fue como el broche de oro poder retirarme en el equipo del que toda la vida fui hincha”.

¿Y el viejo, como estaba?

Claudio Arbiza se detiene. Mira el horizonte y se emociona.

El viejo y los suyos

Jorge Claudio Arbiza tiene tres hermanos: El mayor es Mauricio, luego viene él, le sigue Renzo –basquetbolista- y la más pequeña es la mujer, “la más mimada”, dice Claudio: Marcela.

“En Fray Bentos tengo todo. Mi familia y el arraigo de los amigos, del fútbol, de la gente. La amistad que tienes en el fútbol no se olvida más”, cuenta.

Su club de barrio fue el Laureles, mismo equipo que dirigió por dos temporadas hasta antes de volver a Chile.
A Claudio, de chico, le decían “Caloi”, porque siempre cuando andaba jugando a ser arquero, se vestía con una polera de la marca de bicicletas “Caloi”, fundada en el siglo XIX por un italiano en Brasil.

¿Por qué? Porque Arbiza es sobrino del legendario ciclista uruguayo Juan José Timón –estuvo en los JJ.OO. de Tokio 64 y ganó decenas de Vueltas- y éste le enviaba camisetas de la marca, cuando fue entrenador del equipo en Sao Paulo.

Hay una anécdota con la que comienzan los sueños futboleros del pequeño Arbiza: Su abuela materna estaba enferma de cáncer, internada en el Hospital Universitario Manuel Quintela de Montevideo, ese que está justo atrás del Estadio Centenario.

Era el martes 6 de enero de 1976 y Arbiza tenía 8 años. Lo recuerda claramente porque era el “Día de Reyes”, celebrado por los uruguayos a modo de fiesta de Navidad, con la respectiva entrega de regalos a los niños.
El asunto es que Arbiza, el viejo y sus hermanos viajaron los 278 kilómetros que separan a Fray Bentos de Montevideo, para acompañar a mamá y visitar a la abuela.

Al llegar a la capital, Claudio vio aquel edificio por primera vez en su vida. Papá le dijo: ‘Hijo, ese es el Estadio Centenario y algún día llegarás a jugar ahí’. Y el pequeño Claudio le respondió: ‘Ese estadio me va a quedar chico, papá’.

“Lo dije como cosa de pendejo, de boludo, de guri chico, yo qué sé… Gracias a dios lo pude lograr”, señala Claudio antes de volver a emocionarse. Por el sueño cumplido y por su hincha número uno: Óscar Leonidas Arbiza, el viejo.

¿Qué significa su papá para usted?
“Nooooooooooo. Papá era…. No sé (segundos de silencio). Para él fue… ¡El broche de oro también! El viejo sigue teniendo el buzo de Defensor, de Olimpia, de Colo-Colo… Cuando le dije que me iba de Chile, el último buzo que usé acá con la número 28 lo tiene guardado.
Papá tenía revistas que le habían conseguido de Paraguay, cuando fuimos campeones, cosas de Colo-Colo todavía las tiene guardadas.
Toda la vida fue el que me siguió, fue el que me apoyó. Poco más y me llevaba de la mano. Fue del que siempre tuve el apoyo, lo tuve en todos lados. Mamá no iba porque se ponía muy nerviosa, pero el viejo estaba, el viejo estaba… Y cuando ganaba no aparecía, pero cuando perdía era el primero que estaba y me tiraba pa delante, y me apoyaba”.

¿Qué le habrá pasado a don Óscar Leonidas cuando van el 97 al Centenario y Colo-Colo le gana a Nacional, con su hijo como figura?
“¡Chocho de la vida! Él donde jugaba el hijo era el hincha número uno. Aunque le ganara a Nacional. Aunque quedara marcada la historia, él era hincha número uno, le importaba que anduvieran bien las cosas tanto a mí como a mis tres hermanos.
El viejo tenía fotos antiguas de Nacional con aquel equipo del brasileño Manga y todos los fenómenos. Papá era fanático. Jugó amateur y recuerdo cuando nos quedábamos sin postre ‘Chajá’ (N. de R: típico uruguayo)… Era un chiste.
Se jugaba el clásico Río Negro-Mercedes o Río Negro-Paysandú. Y en Paysandú se hacían los postres ‘Chajá’ que eran famosos. Y a veces nos quedábamos sin postre, porque terminaba en la cabeza de alguien cuando papá iba a ver Paysandú-Río Negro. Era muy fanático, pero en buena. Amante del fútbol. Vivimos alegrías enormes con él”.

Al fondo del corazón, la Celeste

arbiza 3 Si Claudio Arbiza está feliz en Colo-Colo y se emociona; si recuerda los sueños cumplidos, el apoyo de su padre y se emociona… ¡Imagine cómo vuelve a latir su corazón cuando hablamos de “lo uruguayo”!. “Lo uruguayo” no es la pamplona, el mate, las milanesas ni el chivito… “Lo uruguayo” es la selección: “La Celeste”.

Arbiza destaca a todos los entrenadores que tuvo, pero recuerda con especial cariño a Luis Cubilla, quien lo llamó por primera vez a la selección. “Él era un adelantado. Planificaba el partido y salía como él decía”.

“Fue el 92 la primera vez que me convocaron. Recuerdo que estaba concentrado con Defensor y llegan los dirigentes y me avisan que voy a la selección. Jugábamos el domingo y era un sábado. Me dijeron que venía Cubilla para ir a una reunión y que iría yo y Héctor “Samantha” Rodriguez”.

¿Y qué le pasó?
“Yyyyyyyyyy. No sé… No sabía si estaba despierto, si estaba dormido, que no me despertaran nunca… ¡Fue algo espectacular! Es lo que uno siempre ruega. Estar en buen nivel, lograr un campeonato y poder estar en la selección y poder lograr cosas con la selección. Son las escalas que uno hace y se estaba dando.
Yo estaba feliz, los compañeros nos felicitaban pero estábamos con la cabecita puesta en el partido del domingo”.

Aunque atajó Fernando Alves, usted estuvo en la Copa América del 95, donde son campeones
“Son momentos que no se borran nunca. Poder vivir aquellos momentos con Enzo (Francescoli), con Daniel Fonseca, Rubén Sosa, sin duda que uno los conocía, pero convivir con ellos… Además convivir el encierro, la concentración y ver ese estadio que era una cosa de locos, llegar a esa final y salir de la concentración hasta que llegamos al estadio era un tubo humano, pisar el estadio lleno de bote a bote ¡Lo que disfrutó la gente! Después salir en el bondi (bus), fuimos a 18 de julio (principal avenida montevideana). Primero no podíamos entrar, después no podíamos salir.
Esas sensaciones no te las borra nadie. Son momentos que cuando logras algo importante, te das cuenta la alegría que le das a un país en 90 minutos. La alegría que le das a la gente ¡a tu gente!
Es una cosa que después, cuando bajas los pies a tierra, te abstraes y dices: ‘¿Vos te das cuenta que en 90 minutos de fútbol, la alegría que le dimos a toda esta gente, la felicidad, que se olvidaron de todos los problemas que tenían habidos y por haber. De todos. De enfermedad, de que no comen, de trabajo, y lo que disfrutan esos 90 minutos?’.
Ver esa felicidad de toda esa gente, es impagable (silencio).
Vivirlo y darte cuenta…”

En la Copa América 1995, Arbiza compartió pieza de concentración con los defensores Gustavo Méndez y Edgardo Adinolfi. Pero conoció de cerca al Enzo.

“Es el mejor. Pero como persona, por lo que es y lo exquisito para jugar al fútbol, lo pude ver como compañero. A Enzo lo pude disfrutar y convivir con él… ¡El Flaco es espectacular! Era el top allá arriba que iba al frente con todo, pero después una simpleza en el grupo espectacular.
Recuerdo que Enzo hace fiebre antes de la final (versus Brasil). Estuvo con tres kilos de menos, y la final la jugó igual. La final dijo: ‘Yo voy a entrar igual’. Y termina jugando la final, además, con un esguince de clavícula. Él iba igual. Daniel Fonseca también, jugó prácticamente los últimos tres partidos desgarrado. Eso genera respeto. Pablo (Bengoechea) entró, tomó la pelotita. Y Enzo se la deja a Pablo y ‘dale, que festejamos todos’. La grandeza del tipo… él sabía que estaba bien ubicado (para darle al tiro libre), que el ‘Enano’ (Bengoechea) tenía confianza… De pronto él no estaba mentalmente óptimo por la fiebre o el esguince, y se la deja a Pablo. Ahí se ve la grandeza de Enzo”.

¿La Celeste para los uruguayos es una religión?
“Siiiii, siiiii. (Piensa). No sé si en otros países pasará lo mismo, pero la Celeste para nosotros es la bandera. Ponerte la celeste es sentir… ¡No es sentir! A ver, cómo te puedo decir… Es que te ponés a cada uno de los uruguayos que están arriba pero no por peso, sino a todos los uruguayos que están arriba tuyo para ayudarte a sentirte que estamos todos juntos allá adentro (en la cancha). Es algo que es… ¡Es país, es pueblo, es todo! La Celeste es todo”.

¿Esa es la garra charrúa, entonces?
“La garra charrúa es que se juega fuerte, y se juega al límite de lo que tiene que ser. Lo otro es que te ponés la camiseta Celeste y por la camiseta Celeste tenés que entregar la vida. Por la camiseta Celeste tenés que dar hasta la última gota de sudor y el que te gane te tiene que ganar pero siendo superior o entregando 120% para poder ganarte”.

¿Dan un poco más que en cada uno de sus equipos?
“Noooo… A ver… No es que entregas más ¡Es una unión, es que estamos adentro y vamos!
Y no estamos solos. Somos nosotros más los otros 3 millones que quedaron allá. Es eso. No es que uno da más, no. Es como que te empujan y dices: ‘Nosotros estamos acá, pero hay 3 millones allá que están sufriendo por nosotros. Así que vamos a dar el máximo para darle esa alegría a esos 3 millones’. Es eso y estar convencido del proceso que se hace y del grupo que se armó. Cuando están todos remando para el mismo lado, ¡tate! Quédate tranquilo que las cosas salen. A la larga salen”.