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Las convicciones de Barroso son su mejor defensa
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Convicción: Seguridad que tiene una persona de la verdad o certeza de lo que piensa o siente.

“Supongamos que te llama Pizzi y te dice que se lesionó Mauricio Isla…”

Antes de escuchar completa la pregunta, Julio Barroso (31) se larga a reír.

“…Y te dice que te quiere en la selección chilena pero de lateral derecho ¿Qué dirías?”.

Sin dudarlo, uno de los mejores defensores centrales del fútbol chileno responde:

“No. Claramente que no y no voy a mentir. No es una cuestión… ¡El recuerdo es pésimo de lo que me pasó como lateral! Igual estaría en la cancha pero no ¡No! En la vida tomas decisiones. Lo que sufriste no lo vas a volver a vivir. Como que tengas un amigo que te pegó toda la vida y después voy de nuevo y lo vuelvo a querer. Sería una mentira. Ya te queda esa sensación de todo el daño que te tocó vivir. Sería mentalmente malo para mí y si lo que uno contagia es malo vas a ser un ente negativo dentro del equipo, no va a ser algo positivo como a mí me ha tocado ser en Colo-Colo”.

-¿Y si te llama Gerardo Martino?
No, igual ¡Igual! No cambiaría mi respuesta.

-¿Le dirías que no a la selección argentina?
¡Sí, sí! Como te digo, asumiendo todos los riesgos. Pero cuando no asumís riesgos, perdés muchos años. Del 2006 al 2010 perdí años de oportunidades para mí. Lo que hoy he brindado en Colo-Colo o en Ñublense mismo lo hubiese hecho desde mi inicio, con el cartel de Argentina que siempre ha sido más grande, está claro que hubiese vivido otra realidad. Para mí haber perdido esos años y retroceder cuando avancé mucho, sería una decisión poco inteligente de mi parte.

Julio Alberto Barroso explica y justifica su aversión a jugar como lateral derecho.

No lo juzgue todavía, si es que lo va a hacer. Él mismo volverá al tema con argumentos. Con convicción. En su relato, cada paso está construido desde su experiencia y tomando las enseñanzas; de sus viejos y de Dios.

Lo de lateral derecho lo marcó para mal, tanto que recién a los 26 años pudo relanzar su carrera, pero esta vez como defensa central, que es donde se siente feliz.

La felicidad, a todo esto, se construyó en Barroso desde un camino pedregoso. Costó. Adentro y afuera de la cancha y por eso –tal vez- es que para él sus convicciones, profesionales y personales, son intocables.

Para entenderlo hay que remontarse al chico de San Martín, en la provincia de Buenos Aires, que creció bajo el rigor de una familia soldada entre sí, unos con otros. Una familia que superó dolores de esos bravos y que pudo salir adelante pese a una dicotomía extraña: el papá Julio era de River, la mamá Margarita de Boca, y cada uno arrastró a tres de sus seis hijos heredándoles el respectivo amor por la camiseta.

Argentinos Juniors: Siguiendo al hermano


Entre Juan Manuel, Luis, Roberto, Ana y Eva, el hermano que marcó a Julio Barroso fue Juan Manuel, cinco años mayor que él y el primero de la familia en hacerse futbolista.

Juan Manuel Barroso llegó a jugar en la Reserva de Argentinos Juniors y le bordó el camino a Julio. Si el primogénito escuchaba cumbia, Julio lo hacía; si luego se pasaba al rock, Julio también, y así fue creciendo en San Martín, la ciudad oriunda de Attaque 77.

Cosas del destino, ahora es Juan Manuel el que sigue a Julio, disfrutando como propios cada barrida o salida limpia desde la zona defensiva de Colo-Colo.

“Mi hermano Juan Manuel era el reflejo de lo que yo quería ser. Tenía toda su pieza con póster de Boca y camisetas y yo dormía con él, así que me hice de Boca. Cuando chico miraba, sufría los partidos de Boca”, dice Julio.

Tal como su admirado Juan Román Riquelme, para Julio antes de Boca estuvo Argentinos, ese equipo que acoge además su primer recuerdo yendo a una cancha: Torneo de Ascenso y un partido a muerte ante Chacarita en los 90.

A los 9 años Julio Barroso partió a probarse a Argentinos Juniors y no paró más. Coincidió con uno de los técnicos que lo marcó en su carrera, Ramón Maddoni, formador del mismo Riquelme, Carlos Tévez, Fernando Gago, Esteban Cambiasso, Juan Pablo Sorín y Fabrizio Coloccini, entre otros.

“Decían que Argentinos Juniors era el mejor semillero del mundo en ese tiempo. No entraba cualquiera. Con un técnico que me marcó mucho, como Maddoni, que después lo contrató Boca. El otro día le contaba a Pedro Reyes: Se hacía un filtro muy difícil para pasar. El jugador tenía que saber pegarle con las dos piernas, saber lo básico para recién entrenar. Había muchos jugadores que eran desechados. Y encima a mí me tocó criarme con mi mamá y mi papá que fueron exigentes, ganadores, más el entrenador éste que me exigía, y uno se va formando de chico. El desarrollo mental lo tienes de chico”.

El crecimiento fue rápido. A los 15 años Barroso comenzó a ser convocado a la selección argentina a la vez que despertaba en la madrugada para ver a Boca en las finales de la Intercontinental, vía satélite desde Tokio. Era defensor central, siempre central.

Pasó a la albiceleste Sub 16, Sub 17, viajó al torneo Esperanzas de Toulon hasta que cayó en la categoría sparring. Corría el 2003 y Marcelo Bielsa comandaba el nuevo proceso dentro de su proceso, tras el Mundial Corea-Japón.

El mejor técnico que tuve


“Estábamos todas las semanas con Bielsa en los sparring, nos quedábamos concentrados en el predio de la AFA (en Ezeiza), en dobles turnos que fueron los más exigentes que viví en mi carrera. Cualquier jugador que haya vivido con Bielsa te puede contar que lo de él es extremo”, expone Barroso antes de hablar del otro entrenador que lo grabó para siempre.

-¿Qué técnico admiras? ¿Cuál te dejó más?
A mí el que me marcó gran parte de mi carrera para hacer lo que hoy hago tácticamente -sé que mi juego es muy táctico, posicional- fue Bielsa. Todos los trabajos que hace. El tipo que pudo entrenar con él, el que pudo vivir con él su nivel de exigencia, sabe lo que él te puede potenciar. Él a mí me ha enseñado conceptos y situaciones tácticas que, como te digo, marcan diferencias. Yo me acuerdo, él al quererme mucho, me exigía mucho. Me gritaba y me gritaba mucho. Una vez estábamos haciendo unos duelos mano a mano y tenía que salir un defensor detrás del arco, lo encaraba un delantero y dentro de los delanteros que encaraban estaba Crespo, Batistuta, Riquelme, Aimar. Y yo me acuerdo salir a enfrentar un duelo con 19, 18 años, a esos jugadores (risas) ¡A quien estoy marcando! Y bueno, yo dije: ‘No se la voy a quitar porque por ahí quedo mal’. Y me acuerdo que Bielsa me pega un grito… me dice: ‘¡Barrooooooosoooooooo! ¡Qué está haciendo, quítele la pelota!’.

Barroso imita la voz de Bielsa en ese grito que todavía recuerda. Está Riquelme, está el formador Maddoni, pero más arriba, allá lejos, está Bielsa.

“Él me conocía y sabía que para mí un duelo es a muerte –sigue Julio- El momento donde uno marca que tu equipo va estar en la gloria o va a estar en el peor momento porque soy central y me toca esa circunstancia. Con mis compañeros Sub 20 también hacíamos duelos y trataba de que no me pasara nadie, esto está claro. Y me acuerdo que ese grito, no sé, fue como que prendió el motor interno, qué después fui y se la quité a todo lo que se cruzó. Me acuerdo patente porque después estaban todos sorprendidos porque no dejé pasar a ninguno y después vino Bielsa y me dijo: ‘Usted no puede entrenar así’. Y recuerdo las palabras como hablaba él, enojado. ‘Usted es un jugador con mucho potencial. No se puede permitir entrenar de esa manera. Que los jugadores lo pasen así’. Y de ahí comprendí que el fútbol para él no era ‘entrenemos y sea lo que sea’. Esto era lo que va a marcarte la diferencia en un partido. Todo eso para mí fue siendo un combustible de aprendizaje que digo, pocos lo han entendido, pocos han sido los privilegiados y fui parte de esa camada privilegiada. Hacíamos todos los trabajos tácticos que él tiene en carpeta que son solamente de un nivel que él lo puede hacer. Y a mí -hoy comprendo- todo lo que me potenció”.

-¿Qué te enseñó Bielsa tácticamente?
De central Bielsa me enseñaba coberturas, cierres, retardo de juego, posicionamiento para un centro, cosas que a veces uno dice: ‘Cómo hace para estar parado justo en el lugar donde viene la pelota’. Pero no es una fortuna de la vida, es mentira cuando dicen que tuvo fortuna que la pelota le cae justo. Hay una enseñanza detrás que él me brindó.

-Te marcó
Tal vez voy a contar algo que nunca conté, que fue increíble. Siendo sparring de Bielsa jugaba de central y Bielsa yo recuerdo que me amaba. Hasta me ponía a entrenar con el primer equipo. En un partido amistoso que iba a jugar la selección me quería citar al banco (N de R: con Uruguay en La Plata en 2003). Yo no había debutado ni en Primera. A nivel selección Argentina, mayor, que te citen a un chico a los 19 años al banco, tal vez iba a ser diferente la historia. Y sé que Hugo Tocalli, entonces técnico del Sub 20, le dijo: ‘No, no lo lleve, todavía es chico’. Y Bielsa llevó al Coti (Leandro) Fernández, otro central que ahora volvió a Newell’s. Después me enteré y la sufría. Decía: ‘Cómo me esquivaron las buenas oportunidades en algún tiempo’.

-Beausejour es uno de varios que ha destacado a Bielsa como el mejor DT que tuvo
Con Bose nos sentamos en la misma mesa y repasamos muchas cosas de Bielsa. Todo el que lo tuvo, si es inteligente, entiende que él potencia no solo el plano deportivo sino el plano profesional. Detrás de todo lo que él exige tenías que tener una vida dedicada. Porque él no tenía margen del jugador lesionado, que tenía problemas personales. Problemas familiares tampoco aceptaba adentro de la cancha. Para él la diferencia entre el fútbol y la vida personal había una brecha grande que uno tenía que entenderla. Conozco que es la manera. Yo acá no puedo venir y hacer una vida familiar amorosa y eso ponerlo en la cancha. Hay otra clase de exigencia, de compromiso, de intensidad y de concentración que si no lo estoy en ese momento, en lo individual daño a lo colectivo.

-¿Lo volviste a ver?
No pero él una vez fue a ver un partido de Palestino-Ñublense, cuando yo estaba en Ñublense, y vinieron a decirme que me mandaba muchos saludos, que estaba contento que vuelva otra vez a jugar en la posición que me gustaba, de central.
La actual camada de la selección argentina tiene un punto en común. La mayoría fue sparring de Bielsa hace poco más de 10 años.

Campeón del Mundo Sub 20: Tocando el cielo


¿Qué le dirías a un chico de 20 años que anota el gol del triunfo en una Copa del Mundo, donde además es campeón? “Que fue un bendecido”, responde hoy Barroso.

En 2005, con 20 años, Julio Barroso vivió uno de los mejores años de su vida. Jugó como titular todo el Mundial Sub 20 de Holanda donde tuvo participación destacada y fue campeón. En octavos de final, ante Colombia, su equipo empataba 1-1. En el minuto 93 el entonces lateral albiceleste le pegó desde fuera del área y marcó un golazo. El equipo de Messi, Agüero, Zabaleta, Biglia y Gago avanzó gracias a un gol de Barroso.

“Llegar a vestir la camiseta de un país es lo más orgulloso y grande que puede vivir un jugador.
Y hacer un gol y quedar en algún punto en la historia de ese país, creo que es algo que con el tiempo uno no cae en esa magnitud”.

-¿Esa noche sentías que estabas tocando el cielo con tus manos?
Sí. Fue una de las noches más lindas. Uno trata de decir que fue la mejor pero en el fútbol nada es mejor porque siempre vienen otras cosas mejores, increíblemente. Fue uno de los días más hermosos, sobre todo viniendo de un partido de selección, que son de los partidos más lindos que te toca vivir en el fútbol.

En ese mes de junio de 2005, Barroso tuvo además otro regalo. Cumplió otro sueño. Fue transferido a Boca Juniors. Compartió la noticia con Gustavo Cabral, su compañero de habitación, hoy en Celta de Vigo. Pero a la distancia, concentrado en Holanda, pensaba solo en su familia, reunida en el hogar de San Martín.

“Mi mamá me avisó que había sido transferido a Boca. Yo a mi representante le dije que le comunique a mi mamá lo que sucedía y ella me confirmó todo. Cuando llegué a Colo-Colo la que me comunicó también fue mi mamá. Trato de que las buenas noticias pasen por mi familia”.

-¿Qué sentiste al saber que estabas fichando en Boca?
No podía creerlo, sinceramente no podía creerlo. El saltar a un equipo grande era uno de los pasos más importantes de mi carrera, estaba jugando el Mundial, estaba en un momento donde parecía que todo lo que tocaba, como se dice, se hacía oro.

-¿Y tu viejo, qué te decía?
Fue más lindo disfrutar con mi papá cuando salimos campeón del mundo y hablar por teléfono. Me acuerdo que mi papá siempre fue un tipo exigente, de un perfil fuerte. Disfrutábamos mucho pero tenía la seguridad que nunca se veía vulnerable en nada, nunca lo habíamos visto llorar a mi papá delante de nosotros. Hablamos por teléfono y se puso a llorar y soltó el teléfono. Eso recuerdo más, porque salimos campeón del mundo y porque mi papá me veía vestir la camiseta de la selección Argentina.

Julio Barroso respira. Se detiene. La siguiente es parte de su historia por descendencia. Julio Barroso padre fue un sobreviviente que luchó por sus ideales en la época de la dictadura de Jorge Rafael Videla. Otra muestra más de convicción.

Viejo, mi querido viejo


“Mi papá sufrió muchas cosas. Era peronista y fue secuestrado en el golpe militar, vivió cosas duras, falleció parte de su familia, y para él la época peronista era un sentido muy orgulloso a la patria. Representar a la bandera de tu país, para él yo sabía que era una manera particular de vivir cuando salimos campeones del mundo Sub 20. Gracias a mi papá me di cuenta que era una cuestión más que jugar al fútbol. De patria, de valores que él tenía y con el tiempo fui comprendiendo”.

-Fuerte entonces escuchar llorar a tu viejo, por teléfono
No lo podía creer. Uno también llorando y fue uno de los recuerdos más lindos. Hoy entiendo por qué lloró. No solo por el resultado, no solo por el orgullo, sino porque me imagino recordó todo lo que tocó vivir que no fue lindo. Mi papá sufrió mucho, poca gente puede hablar de lo que es un golpe militar porque no comprende la maldad, el daño que se puede hacer a una persona. Mi mamá lo ha siempre tratado de mantener en silencio pero de grande nos fue contando todas las situaciones. Fui comprendiendo que el llanto era un poco más que un resultado de fútbol.

“Si tengo que poner un ídolo en mi carrera es mi papá”, lanza Barroso y continúa sin parar, como un homenaje póstumo a su padre, quien fuera secretario general de la Marina Mercante y concejal y fundador del Municipio de San Martín en la época de Juan Domingo Perón.

“Es la persona que mostró valentía en la época de adversidad, que le ponía el pecho en todas las situaciones. Tuvimos económicas muy malas y siempre él puso a la cara diciendo: ‘Quédense tranquilos que de esto vamos a salir’. Por eso donde hay adversidad yo quiero ir, quiero estar. Viví así la vida”.

-¿Tu papá te contó sobre su detención en dictadura?
Mi papá falleció el 2006 y tenía una regla de no mostrar vulnerabilidad a nada. Contar eso era quebrarse. La que sabía de todo fue mi mamá. Por ella nos enteramos. Ella tuvo que seguir con temas judiciales, reconocimiento a toda esa tortura que le tocó vivir.
He tenido una vida que he aprendido mucho. Fue cruel todo lo que le tocó vivir. Cuando fue la cuestión judicial y desclasificaron archivos, relatos de personas y ahí se dio cuenta que mi papá no llegó a contarle todo. Lo que vivió fue verdaderamente cruel. La maldad de la mente humana no se llega a comprender.

-¿Pudiste ver esos archivos?
Nos contó mi mamá. No a todos en grupal pero sí a cada uno nos contó más de grande. Para mí no es asumir pero sí entenderlo. Mi mamá estaba embarazada de mi hermano más grande cuando pasó todo y vivió un momento muy duro. Era la época donde volvías a la casa o desaparecías.

-¿Supiste qué exactamente pasó con tu papá?
Algunas cosas de tortura sí. Las que escuché no sé si son contables. Tal vez en otro momento las contaré porque excede lo que a muchos o a pocos le interesa saber… Mi mamá nos contó algunos relatos de lo que mi papá vivió. Mira, para decirte algo solamente simple: A mi papá le vendaron los ojos pero con una venda que veía todo lo que sucedía. Veía lo que le hacían a las mujeres… (Silencio) No existen palabras para describir. Ahí es donde la gente empieza a comprender que los valores de Dios se han perdido. La maldad atroz no tiene límites. Agradezco la oportunidad que le dio Dios de volver a vivir, porque no fue de los desaparecidos, de los que mataron. Si hubiera sido de la gente que no volvió más a su casa, yo no estaría acá.

-¡Qué fuerte! Además lo supiste cuando tu viejo ya no estaba
La mujer que tuvo al lado fue un ejemplo también de valentía, de sufrimiento, de importancia a su esposo. Me he criado con eso y para mí el matrimonio es algo importante. Con el tiempo mantuvieron el amor siempre. La pérdida de él fue muy dura, para todos nosotros, tuvo un paro cardiaco, venía con diabetes e hipertensión. Se tuvo que operar de un problema que tenía en el tobillo por la diabetes, no estaba preparado, no quería ir a operarse, siempre le tuvo temor a eso. Y fue operado, quedó en observación y en la clínica sufrió el paro.

-En Chile también hubo dictadura y se habla de reconciliación y perdón. A los que le hicieron eso a tu viejo ¿Los perdonas? ¿Se puede hablar de reconciliación?
Conozco lo de Chile por el colegio, que enseñaban lo que sucedió en las dictaduras de diferentes países, pero no con profundidad. Sí conocí la de Argentina. Me imagino que será lo mismo. ¡Es un golpe de estado!
Yo en particular no sé si tendría las palabras para decir el perdón hacia ellos. Yo no existía en esa época. Mi madre más que nadie es la que podría hablar de eso. Si me hubiese tocado haber estado en ese momento, vivirlo en carne propia, está claro que si no conociera a Dios sería muy difícil vivir con una vida perdonando a personas que hicieron daño.
Hoy que conozco a Dios y sí perdono porque sé que Dios me perdonó primero a mí, todas mis maldades, lo que sé que hice incorrecto.
Para mí no es una carga hoy lo que llevo. Me es solamente entender que hay poderes, hay intereses, situaciones que al ser humano le hacen mucho daño. Una cosa es disfrutar del éxito y otra es querer tener poder. Y esa búsqueda de poder es lo que lamentablemente ha sufrido cada país y lo que se puede ver a nivel mundial, con la preparación de potencias de guerra y lo que lamentablemente va a suceder si seguimos así.
La ambición humana de no entender de límites… Entender que donde termina el derecho de uno, empieza el del otro.

Dios


Luis Marcoleta fue de los primeros jugadores que expresó públicamente su devoción a Cristo. Luego como técnico dirigió a Barroso en Ñublense, justo cuando el argentino “conoció a Dios”, como dice él mismo.

Marcoleta señala que la gran característica de Julio es su tranquilidad. Como que siempre estuviera en equilibrio. Habla incluso de que tiene un “liderazgo introvertido”.

Barroso ha cambiado, claro. Pero reconoce que nunca fue desordenado. Nunca le gustó el alcohol, ni la noche, ni el cigarrillo. “No por una cuestión profesional sino por una cuestión familiar y la exigencia que tenía mis padres. Mi papá y mi mamá me hacían tener una exigencia muy alta. Y eso heredé”.

Además, comenzó a poblarlo el tema divino acá en Chile.

“Hay enseñanzas que son humanas y otras que son únicas, de bendición, como me tocó conocer a Dios en un momento en mi vida. Eso ha perfeccionado todo lo que mis padres trataron de enseñarme”.

Barroso ama a Dios. Lo ama porque el Señor está en medio de ti / como guerrero victorioso / se deleitará en ti con gozo / te renovará con su amor / se alegrará por ti con cantos.

“La simpleza de ser cristiano es un estilo de vida, no es una religión. Las religiones son las que arruinan al ser humano porque se someten a preceptos y normas que no le permiten disfrutar. Yo con lo que hago disfruto y sobre todo los valores que se han perdido, como la familia. Mi esposa y mis dos hijas son las que me alegran con todo lo que hago”.

-¿Qué significa eso?
Uno reconoce que alguien entregó la vida por uno. Por mis errores, por mis faltas, y las tuyas, y las de todas las personas. Que alguien tenga la valentía de pagar por los errores de ajenos, creo que es el acto más importante de amor que una persona puede dar. Reconocí eso y me hizo tomar más valentía en lo que hago. El que es cristiano tiene que mostrarse valiente. Son aquellos que cuando el barco se está hundiendo y tambalea, tienen que poner el pecho. Yo me hice así.

-¿Es cierto que eres tan tranquilo adentro y afuera de la cancha?
Hoy considero que necesito tranquilidad y calma para llevarle a mi equipo en los partidos pero sí también euforia interna, no soy el mismo… Cuando juego y cuando estoy afuera no soy el mismo. Cuando estoy afuera creo que todo es normal, somos todos amigos y tenemos una relación que por ahí nos necesitamos para salir de la rutina. Y trato de descomprimir, trato de disfrutar con mis compañeros. Pero dentro de la cancha no soy ese tipo. Ahí soy el tipo que exige, el que tal vez tiene que decir una puteada, no ofensiva sino pidiendo reacción. Y que va a entregarse por completo. No es lo mismo para mí adentro y afuera de la cancha. Hay dos mundos diferentes que aprendí a vivir y lo aprendí de grande. Cuando eres chico no tienes tanta responsabilidad.

-Es raro. Desde afuera te ves tranquilo
Sí. Y eso es lo que intento que sea. Uno no es un jugador 100% del día. Siempre digo que en la vida uno tiene como trajes. Un momento que se pone el traje de esposo, en otro momento de padre, de amigo y en otro de jugador. Y cada traje tiene que ser diferente.

-Muestras las garras en la cancha, entonces
Soy adentro de la cancha un jugador que va a entregar la vida por el compañero. Nunca voy a estar lejos de una situación de adversidad. Me gusta ir a enfrentarla y estar ahí. A veces en la vida los golpes tienen que servirte para algo. A mí me sirvieron para ser valiente, para saber que si no soy yo uno de los tantos líderes que necesita el equipo para agarrar una bandera, no voy a esperarlo que lo haga un chico. Dentro de la cancha trato de pelear hasta la última chance.

El fútbol traicionero


Tras volver de Holanda en 2005, como flamante campeón del mundo, Barroso cumplió su sueño: Calzarse la camiseta de Boca Juniors. “Fue uno de los orgullos más grandes, vestir la camiseta de la cual fue hincha de chiquito. Y compartir vestuario con jugadores que había visto en la tele”, relata.

El 17 de noviembre debutó ante Arsenal y fue expulsado a los 26 minutos. Sería una señal de que sus inicios serían difíciles.

“Así como viví el momento lindo en el 2005, en el 2006 fue al revés. Todo duro. Todo duro. Sobre todo por el fallecimiento de mi papá. Mi papá fallece, en Boca me comunican que no iba a seguir, y después empecé un periodo en que caí en el disgusto profesional. En una sensación más de dejar que de seguir. Así fueron trascurriendo muchos años y con una insatisfacción personal que me impedía avanzar”.

Esa insatisfacción dice relación con el tema del inicio: la posición en la que jugaba en la cancha.

En Argentinos Juniors y en la selección –con el periodo de sparring de Bielsa incluido- su posición era la de central. Pero en el Mundial jugó de lateral derecho. Y, aunque suene paradójico, lamentablemente lo hizo bien.

“Cuando me tocó llegar del Mundial, lo que fue lindo por ganarlo también fue lo que me marcó para seguir jugando como lateral. En el Mundial empecé a jugar en una posición donde el técnico me pidió que improvisara, porque todo el Sudamericano lo jugué de central. Cuando uno es chico cede a todo y desconoce todo lo que pueda afectarle a uno su decisión”.

-¿Por qué tanto odio al lateral derecho?
No era mi potencial. Uno tiene que entender que hay jugadores que son físicos, hay otros que son de velocidad, hay otros que tienen manejo de mediocampo, que son talentosos, de enganche… No se puede poner, como decimos en Argentina, el comedor en el baño. Está claro, no va a ser lo mismo. Por ahí queda un poquito bien pero no va a lucirse. Nunca me sentí bien como lateral.

A mediados de 2005 y con el cielo en sus manos todavía, el técnico de Boca Alfio Basile mandó a entrenar a Tandil a los tres seleccionados Sub 20 de su equipo: Fernando Gago, Nery Cardozo y Julio Barroso. “Pibes, ustedes son chicos, no necesitan descanso”, les dijo Basile con su vozarrón característico.

A la semana siguiente los tres y el plantel estelar de Boca (con Palermo, Abbondanzieri, Schiavi y Diego Cagna, entre otros) partieron a una gira por Corea del Sur y Europa.

“Fuimos a Corea y Boca tenía tres laterales derecho: Hugo Ibarra, José María Calvo y Pablo Álvarez. Y en un partido amistoso, donde Basile le iba a dar descanso a los titulares, me llama a la habitación y me dice: ‘Pibe –Basile le decía a todos ‘pibe’- No tengo lugar de lateral derecho y en lateral izquierdo. Y quiero ver si podés jugar de central’. Y yo me acuerdo que fue una de las cosas más lindas que me pudo haber dicho. Contento, alegre, le dije: ‘Sí, sí. Voy, quiero jugar’. Y él me decía: ‘¿Estás seguro?’. Y yo: ‘Sí, sí’. Porque sabía que él me desconocía en esa posición. Estábamos haciendo la entrada en calor en la cancha, a un costado, él me llamaba y me decía: ‘¿Está bien, está seguro?’. Él no sabía que yo jugaba de central y era en la época en que los juveniles el trato era muy poco, nada. No te hablaban, no te saludaban, era cruel en algún punto, no le gustaban los juveniles a Basile, de ninguna manera.
Y me acuerdo que hice un partido extraordinario, fui el mejor, la rompí. Saltaba, corría, cruzaba. Vinieron todos a felicitarme, estaban asombrados, no me conocían en lo que podía hacer. Hasta el mismo entrenador se sorprendió. Fue, habló de mí. Entonces yo dije: ‘Bueno, la encontré otra vez, ahora vuelvo a jugar de central. Le mostré que puedo estar’.
Vamos a Holanda, jugamos con el Porto. De cuarto lateral pasé a ser el segundo de Ibarra y Hugo Ibarra se lesiona y él dijo: ‘Bueno, tiene que jugar Barroso’. Y no fue alegre para mí la decisión, porque sabía que tenía que jugar otra vez de lateral derecho. Volví a jugar, no lo hice bien, volví a retroceder todo lo que había conseguido en el partido anterior”.

Barroso, con 20 años, no podía ir donde Basile y explicarle la situación. El técnico era de un carácter durísimo. A Boca llegó el central Jonathan Maidana y le dejó a Barroso solo una pequeña chance como lateral.

Tuvo ese debut con expulsión incluida y comenzando el 2006 fue enviado a préstamo a Racing, un Racing en crisis que tuvo cuatro técnicos en el año, el último de ellos Reinaldo “Mostaza” Merlo.

“Merlo era amigo de Basile, de la misma manera. Malo con los juveniles, muy malo, y se lesiona un central y me dice: ‘Quiero que jugués de central’. Y juego de central, estaba otra vez contento. Empiezo a entrenar de central, estaba jugando bárbaro, porque siempre disfruté jugar de central, me siento otro, disfruto y hago las cosas con una seguridad diferente. Y el lateral derecho de Racing hizo una práctica pésima, pésima. Y Merlo me dijo: ‘Volvé de lateral’. Y ooooooootra vez de lateral. Me tuve que bancarla de nuevo. Y así hasta que me fui desganando, verdaderamente me fui desganando”.

En Racing encima, Barroso sufrió un desgarro y un esguince fortísimo. Jugó 21 partidos. En enero de 2007 partió a Lorca de la Segunda española y tampoco, no anduvo, y su equipo terminó descendiendo de categoría.

Quizás lo único bueno de esta etapa es que viajó a Europa con Wanda, su entonces novia y también oriunda de San Martín, era que no. Sería el comienzo de una linda novela de amor, compromiso y apoyo que sigue hasta hoy.

El segundo semestre de 2007 Diego Simeone lo llevó a Estudiantes de La Plata (ocho partidos y un gol, más otro juego en la Copa Sudamericana), hasta volver a Boca en 2008.

“En la Reserva de Boca 2008 el técnico era Abel Alves, me quería muchísimo él y me conocía de central. Me vio en el Sudamericano, en la época de chico porque él estaba involucrado con inferiores y me dijo: ‘Julio, quedate tranquilo, vas a entrenar conmigo. Y conmigo vas a jugar de central’. Fui muy feliz, por lo menos dentro de la dureza de bajar del primer equipo a la Reserva”.

Basile volvió a Boca, lo citó a un par de partidos del primer equipo como central. Se fue Basile y con Abel Alves en Primera Barroso tuvo su época de mayor continuidad en los xeneizes, jugando incluso en el mítico 2-0 a River Plate en La Bombonera, con dos goles de Gary Medel.

A mediados de 2010, Julio Alberto Barroso tomó la gran decisión de su vida: No jugaría más de lateral derecho. Aunque eso significara el retiro.

Le dijo que no a Simeone, que lo quería en San Lorenzo. Que no a Tocalli, que lo quería en Quilmes, con enojo incluido. “Hugo, usted me conoce de toda la vida. Me citó a la selección a los 15 años de central, para usted era uno de los proyectos más importantes de la selección como central”, le reclamó Julio al DT.

“Siempre reincidí en el desgano, en la falta de entrenamiento, no explotaba lo poquito que podía dar de lateral porque daba poquito, casi nada de lo que hoy me toca dar. Y apareció Ñublense en 2010. Primero pregunté: ¿Voy a jugar de central? Si me decían lo contrario tal vez me volvía, no voy a mentir. Era la agonía de mi carrera. Iba a dejar todo y no sé que hubiera hecho la verdad”.

-Odio total al lateral
Era mucho. Porque no explotaba lo mío. Me sentía que era uno más en el equipo, si daba lo mismo si estaba o no estaba. No estaba para jugar a medias ni para ser desechado. Era la época en que me mandaban a todos los clubes, me devolvían, si tampoco voy a negar esa realidad. Entonces sentirte que eres insignificante, me ponía mal porque nunca fui así. Mi esencia era otra y no podía sentirme bien así. Por más que haya hecho el mejor esfuerzo, porque sé que lo intenté hacer, no me gustaba. Yo digo que esto te tiene que gustar y disfrutar. Si entras a una cancha y no disfrutas, entonces el fútbol se transforma como en un trabajo y vas a sufrirlo. Solamente estar para cumplir. Me dicen que cierre, cierro… era un robot que me decían lo que tenía que hacer.

-Disculpa pero eso va contra lo que dicen los técnicos de que ellos deciden ¿Si te dicen que juegues de lateral?
No, no lo haría. Aún con las consecuencias que sé que puede traer. En mi mente la respuesta sería: ‘No puedo brindarle al equipo una solución, solamente le brindaría un problema’.

-Pero eso lo decide el técnico ¿Te rebelarías?
No sé si la palabra sea rebelar. Hoy me toca ser más grande y podría darle argumentos necesarios (al técnico) para decirle que no le puedo brindar lo que tal vez él cree que puedo hacer. Y sería mejor que juegue otro. Yo no busco mi bien personal, busco el bien del equipo.

-Del 2010 a la fecha ¿No has jugado nunca de lateral?
No. Nada. El último partido como lateral debe haber sido Boca pero no me acuerdo. Todo lo malo trato de borrarlo rápido porque si no es un poco cruel vivir con eso. Sí es importante porque lo malo te lleva a entender la importancia de cuando te toca vivir lo bueno y valorarlo.
Recuerdo que cuando llegué a Ñublense hablé con el presidente que tenía una referencia importante, Miguel Tojo, que fue mi seleccionador juvenil, a él le gustaba cómo jugaba como central y justo a él le fueron a preguntar. El presidente de Ñublense me dijo: ‘Me dijeron que eres lo más parecido a Ayala que hay como central’. Y yo le dije: ‘Bueno, tal vez le dijeron demasiado pero Ayala me gusta mucho’. Para mí es el central que puedo decir que es una referencia como jugador. Rompe todo el protocolo, que el central mide dos metros y todo lo que se esquematizaba de esa posición.

“Ahí comenzó a resurgir el amor por el fútbol que había perdido. Aun con resultados adversos de Ñublense, donde terminamos descendiendo pero sí había algo que me pasaba, que disfrutaba. Sabía que eso me iba a llevar a lo que yo quería, que era seguir escalando y mostrar mi talento a otros niveles”, profundiza.

En 2011 Ñublense compró la carta de Barroso, que había llegado inicialmente a préstamo. Fue una transacción histórica para el club. Más encima nació Bianca, su primera hija. Empezaría en Chillán una nueva carrera.

-Han pasado 6 años de ese reinicio ¿Cómo lo calificas hoy?
Fue un empezar de nuevo. Ahora casi con 30 años que empezaron a hablar de mí en la selección, pucha, como dicen acá, ¡Cuántas cosas me perdí! Si hubiese arrancado de cero mi carrera de central adonde hubiese llegado. Es mi pregunta que me va a quedar pero no es mi frustración, al contrario. Hoy es el disfrute de lo que tengo. Estoy donde quiero estar. Si no llegué a vestir otra vez la camiseta de la selección fue porque Dios tampoco lo quiso, pero sí estuve a ese nivel y eso ya es demasiado.

Zanetti-Ayala-Barroso-Sorín


Julio Barroso debutó a los 20 años en Boca.
Julio Barroso debutó a los 26 años en Chile.

Él sabe y siente que su carrera ha tenido dos partes. Hoy disfruta por sobre todo con su familia, que creció el año pasado con la llegada de Agostina.

“Mi carrera empezó un ascenso en Chile y es algo que me emociona, me alegra. Disfruto cada segundo de lo que vivo. Y sobre todo con mi esposa, que no abandona nunca, en pretemporada está en la casa, quiere estar cerca de mí. Mi gran refugio de equilibrio son ella y mis hijas. Salgo de mi profesión y es mi vida familiar. Lo que más me importa son ellas. Son las que soportan todo el tramo donde entrenas y viajas”.

Barroso dice que se proyecta en Colo-Colo. Termina contrato a fin de año y quiere negociar antes de julio. No sobre el final. Otro modo de convicción.

El fútbol lo acompañará siempre. En la cancha, hasta cuando entregue todo lo que puede. “No podía jugar solo por cobrar un sueldo. Iría en contra de mi esencia ganadora y guerrera”, explica.

Después, con el retiro a los 34 o 40 años, solo las ganas lo saben, Barroso seguirá en el fútbol. Gerente deportivo, director de algo, entrenador, quien sabe.

De adelanto tira unos conceptos sobre el fútbol chileno, que no están demás anotar: “El fútbol no es solo una cuestión de talento. Yo he estado cinco años acá y he visto jugadores muy talentosos pero sí no he visto grandes jugadores con grandes ambiciones. Los que sí lo muestran, han llegado a nivel de selección, nivel europeo, a salir de Chile. Está claro que la diferencia se nota demasiado en esa clase de jugadores”.

Hoy a Barroso solo le importa un lema: “Me encanta la gente que deja una huella en lo que hace y cambia la historia”.

Es que al final, incluso en esa época difícil, el fútbol le entregó mucho. Como jugar al lado de Roberto Fabián Ayala, el futbolista al que Julio Barroso admiró ya no como niño, sino como colega.

“En la selección, cuando estaba de sparring, estaba Batistuta, Crespo, Zanetti, Ayala, Samuel, Sorín, Simeone, Ortega, Verón, había una camada de jugadores que me siento un privilegiado de todo lo que viví. Y más cuando me tocó jugar al lado de él (Ayala). Fue un entrenamiento que… ¡Disfrutaba! No sé describir la emoción interna para que alguien lo entienda, pero era extraordinario. Para mí era hermoso, me potenciaba, me hacia rendir más de lo que podía yo ser. Era increíble, yo estaba jugando en contra de mis compañeros que eran sparring, con el equipo titular. Samuel no pudo entrenar y me tocó”.

-¿Cuál fue esa línea de cuatro?
Zanetti, Ayala, Barroso, Sorín.

-¡Qué lindo para ti!
Demasiado, demasiado. Solo mi familia conoce estos relatos. Fue un ratito de tocar el cielo.