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Las confesiones del “Niño Gol”: “No hice ningún gol desde fuera del área”
Juan Soto en el Museo Colo-Colo

Juan Soto Mura, el mítico “Niño Gol”, llega al Museo albo en el Estadio Monumental vestido con una camisa que tiene un nudo en la parte de abajo, misma amarra que ocupaba hace 55 años -en la cancha, por sobre sus pantalones cortos- en la época en que comenzaba a jugar por Colo-Colo.

“Es una costumbre, no sé por qué pero siempre me hago esa amarra. Ahora y antes cuando jugaba”, dice el “Niño Gol” a sus 75 primaveras.

Más allá del detalle estético –o de moda, si se quiere- Juan Soto tuvo una repercusión superior en el fútbol chileno porque fue un goleador de aquellos. Debutó en el Cacique ante Green Cross e hizo tres goles. Fue scorer albo durante cuatro torneos, alzó la copa del 60 y partió a Rangers, donde es hasta hoy el goleador histórico de los talquinos en Primera División.

Tras su retiro, Soto se fue a Punta Arenas convidado por Mario Galindo. Trabajó en una Escuela de Fútbol y luego creó su propia empresa de aseo, que le presta servicios a varias instituciones. Lleva 18 años en eso y hoy quiere trasladarla a Santiago para volver a sus tierras. Ya se vino como avanzada su esposa María Eugenia…

Sus tres hijos (Juan Fernando que vive en Iquique, María Eugenia que habita en Santiago y Sigrid que lo siguió a Punta Arenas) son su tesoro preciado. Junto con Colo-Colo:

“Colo-Colo para mí es todo. No me pierdo partido, sufro. Toda la vida he sido colocolino”, dice Soto, también un asiduo a las selecciones nacionales de inicios de los 60.

¿Cómo fueron sus inicios?
Soy del barrio Santa Elena, por ahí por Franklin. A inicios de los 50 me vine a probar a Colo-Colo y como era muy finito no me dejaron. En ese tiempo el entrenador de las divisiones inferiores era Raúl Marchant (también ayudante de Francisco Platko).
Luego, jugando por un equipo de la Copal (Papelera) por ahí por la población Chile, Valentín Erazo, que era entrenador de las divisiones inferiores de la Unión Española, me vio jugar y me llevó a la Unión… ¡Yo siendo colocolino!
Ese mismo año fui goleador de la tercera infantil de la Unión Española. De ahí me sacaron de la Unión y me llevó Colo-Colo. Eso fue el 52. El 57 debuté en primera. Entrenábamos en una cancha por allá por Mapocho.

Manuel Muñoz nos contaba que mientras era figura de Colo-Colo e incluso seleccionado, trabajaba como mecánico
Yo trabajaba con mi papá en la Champagne (Viña) Valdivieso pero él me daba las facilidades para que fuera a entrenar en las divisiones inferiores. Después estuve como dos años trabajando y jugando por el primer equipo de Colo-Colo, cuando entrenábamos en el Estadio Carabineros.

Usted salió campeón el 60, qué recuerda de ese título
Teníamos un equipazo, ganamos lejos el campeonato. Fue como son los títulos ahora, al estilo nuestro. La otra vez me llamó la atención cuando Colo-Colo iba a disputar el título de la Copa Sudamericana y escuché una entrevista a este jugador de la Chile que se retiró hace poco, un argentino ¿Cómo se llama?

Diego Rivarola
Claro. Dijo para qué celebran tanto si es una Copa de cartón. Bueno, después en Punta Arenas vi cuando la U salió campeón, agarró la Copa, dio la vuelta olímpica y yo me preguntaba: ¿Será de cartón esa? Los títulos siempre se celebran.

¿Cómo eran los partidos en esa época?
Antes eran más tranquilos los partidos nuestros. No había barra. Yo tenía un cuñado que iba al Nacional y mientras yo estaba jugando, lo veía que se paseaba por todo el estadio. Caminaba de puros nervios porque era hincha mío tremendo. Y no pasaba nada.

¿Cómo surgió eso de “Niño Gol”?
Casi todos los comentaristas me decían así. Yo era finito y hacía goles. Julio Martínez, Gustavo Aguirre los recuerdo nombrarme así. Darío Verdugo era muy hincha mío. Cuando yo avanzaba decía por la radio: ‘Avanza mi compadre Juan Soto’. Hernán Solis me puso “Niño Gol”. En mi debut hice tres goles, ganamos 3-0. Si debutaba y hacía un gol a lo mejor no pasaba nada. Desde ese primer partido quedé con el apodo del “Niño Gol”.

¿Desde chico fue centrodelantero?
Sí. Mira, yo perdía más goles de los que hacía. Porque siempre estaba ahí. Habría hecho más goles que Pelé si hago todos los que tenía que hacer. Se me iban más goles de los que hacía. Yo era oportunista. Ahora me gusta mucho Carlos Muñoz pero juega más de atrás. Conmigo, Mario Moreno o Bernardo Bello centraban, y yo la metía adentro. Se le soltaba al arquero llegaba yo y la metía adentro ¡Oportunista! No salía del área. No hice ningún gol desde fuera del área. Puros goles de oportunismo. Por eso se me iban hartos goles. Se le soltaba al arquero y yo estaba ahí encima.

¿A qué delantero admiraba?
Iba a ver jugar a Colo-Colo y me gustaba mucho Alfonso Domínguez. Después jugué con Jorge Robledo, con Manuel Muñoz, Atilio Cremaschi, Mario Moreno, Bernardo Bello, Jorge Toro…

Si de todos ellos tuviera que elegir uno…
Para mí Jorge Toro es el mejor 8 que he visto en Chile. A Jorge Toro lo admiro, además que estuvimos juntos en Colo-Colo desde 1952, desde las divisiones inferiores. Él me sacó goleador siempre a mí. En todas las divisiones fui goleador. Llegaba ahí y me decía: ‘Haz tú el gol’. Fue el mejor jugador que vi junto a Cuá Cuá (Hormazábal) y Chamaco (Valdés). Admiraba más a Cuá Cuá. Era igual que Chamaco pero Cuá Cuá era un jugador muy valiente y Chamaco era medio gordito. Un defensa pisaba rápido y saltaba Chamaco. Pero igual, como jugador extraordinario. Cuá Cuá era muy bravo. A mí me defendía… si a mí me pegaban patadas y él (hace el gesto de empuñar el puño).

Aunque hizo toda la preparación previa, a 11 días del Mundial del 62 quedó fuera
Me desgarré en Viña del Mar jugando por Chile ante un equipo alemán (N. de R: Karlsruhe). Estaba jugando mi mejor partido y me recuerdo que poco antes del partido, estábamos concentrados en la casona de Colón y Fernando Riera me llamó y me dijo: ‘El domingo vay a jugar tú. Juega tranquilo porque estás dentro de los 22 (nominados al Mundial)’. Ese año Honorino Landa (finalmente el 9 de la Roja en el Mundial) hizo un año extraordinario. Y me desgarré, y me duró 50 días. Yo no podía picar. Me daban una pelota en profundidad y me venía el tirón, no podía picar.
Después yo salgo de Colo-Colo por esa lesión. Me fui a Rangers y no me lesioné más. Jugué 7 años allá.

¿Se bajoneó mucho por quedar fuera?
No tanto porque me dejaron concentrado igual. Vi todos los partidos, me pagaron lo que ganaron por los partidos, pero muchas cosas no las conseguí por la lesión. Por ejemplo, el departamento que se les dio a los jugadores. A mí me aceptó el Senado y la Cámara de Diputados, porque había hecho todo el proceso, pero en ese tiempo vetó (la entrega del departamento) Jorge Alessandri.

¿Usted concentró antes del Mundial o durante el Mundial también?
Durante el Mundial. Y vi todos los partidos. Es el destino nomás…

¿Viajó a Arica?
No. A Arica no fui.

Cuente alguna anécdota
Alberto Fouillioux tenía muchas cosas juguetonas. Un día en la concentración dijo: ‘Hagamos una cosa: ¿Quién hace la cama más rápido?’. Cuando estaban todos los colchones en el suelo, golpean y entra don Fernando Riera y dice: ‘¡Qué es lo que pasa aquí!’. Y Fouillioux le responde: ‘¿No sintió el terremoto?’ (risas). Lo pasábamos bien, jugábamos pool, había mesa de pinpón, se salía a caminar. En ese tiempo Colón era puro potrero.

Chile hizo un buen partido ante Brasil en las semifinales
Buen partido solo que el flaco Escuti anduvo bajo.

Usted que jugaba en el mismo puesto ¿Qué cree que le pasó a Honorino Landa en el Mundial, que no hizo ningún gol?
No anduvo. No sé. Era el titular indiscutido. No hizo un gol en el Mundial pensando que iba a ser la figura. Y la figura fue Jorge Toro. No me recuerdo haber conversado mucho con Landa, pese a que jugábamos en la misma posición. Lo que recuerdo de él es que era pelusón y muy simpático.

En 1963 Colo-Colo sale campeón perdiendo muy pocos partidos. Uno de ellos fue ante Rangers, con gol suyo
Colo-Colo me quiso hacer un homenaje ese día en Talca y yo no quise. Estaba choreado, aunque hice el gol y no fui a la tribuna (a dedicarlo), nada… Lo que pasó fue que tuvo mucha repercusión ese partido, decían: ‘La revancha de Juan Soto’. Yo hice el gol y lo celebré de manera normal, no como otros que salen picados y se lo dedican a los dirigentes.

¿Eso porque usted no salió bien de Colo-Colo?
Siendo yo colocolino, para mí Colo-Colo me pagó mal en el sentido que por esa lesión, Colo-Colo pensó que no me iba a mejorar nunca. En ese tiempo yo le ofrecí a Colo-Colo me parece que 6 millones de escudo por mi pase y me dijeron que no, que no me vendían por eso, me vendían por 10 millones de escudo. En eso entró Rangers a tallar. Los de Rangers fueron a mi casa y me dijeron: ‘Venimos a hablar con usted porque lo acabamos de comprar a Colo-Colo’. Me llamó la atención. Les dije a los dirigentes: ‘Me podría decir en cuanto me compraron’. ‘En 6 millones de escudos’, me dijeron, lo mismo que les ofrecía yo. Yo quería negociar con el pase en mi poder porque no me quería ir a provincia. Pero al final fue mejor porque me fui a Rangers donde me fue muy bien.
Recuerdo que en el tren a Talca, íbamos almorzando con los dirigentes y yo los miraba y decía: ‘Quizás en qué tete se metieron estos dirigentes’. Porque yo creía que no me iba a mejorar. Y empecé a jugar y estuve 7 años y no me lesioné más. Era más mental la lesión.

¿No pensó ahí que podría haber jugado el Mundial?
Era imposible que yo me mejorara en 10 días. Mira, a mí me pasó lo mismo que le pasó al Chupete Suazo en el último Mundial. Chupete tenía la misma lesión mía, ¡la misma! Picaba y se desgarraba. Pero ahora la medicina es mucho mejor. Lo mío era poner ultratermia y 20 días o 30 días de para.

Después se reconcilia con Colo-Colo y termina siendo DT en cadetes
Hicimos una campaña extraordinaria en Colo-Colo donde tenía una juvenil con Raúl Ormeño, el Flaco (Lizardo) Garrido, (Luis) Chupete Hormazábal, Cristián Saavedra, Alfonso Neculñir. Salimos campeones en la juvenil. (Francisco) Puskas era el entrenador y se tuvo que ir y sonaba mucho que yo iba a tomar el primer equipo. Pero lo tomó Sergio Navarro. Luego ya partí a Punta Arenas.