A fondo:

Los caminos futboleros de Arturo Salah

Entrevista con nuestro presidente. El fútbol, su vida y el presente y futuro de Colo-Colo.

Por Gonzalo Pizarro y Leonardo Salazar.

La historia de Arturo Salah en el fútbol tiene un lugar clave. Es la utilería del Estadio Italiano. Salah era un niño y decidía pasar sus vacaciones de verano acompañando y asistiendo al utilero de Audax Italiano Juan Tobar. “Ahí me picó el bicho del fútbol”, recuerda el actual presidente de Blanco y Negro.

“Veía todo el entrenamiento y luego me quedaba todo el día en la utilería con Juanito. Me contaba todas las anécdotas de los jugadores mientras le ayudaba a ordenar las vendas. Yo vivía en la utilería con Juanito Tobar, él fue un utilero longevo, un mito de la utilería. Estuvo primero en el Audax por mucho tiempo y después en la Unión Española”.

¿Cuántos años tenía entonces?

Infancia, entre los 10 y los 15 años.

¿Iba al Estadio Italiano a hacer deportes?

Sí, vivía a dos cuadras de ahí y en las vacaciones me lo pasaba ahí. De hecho ahí conocí a mi actual señora. Me crié en el Estadio Italiano, el Audax entrenaba ahí.

¿Era de comprar revista Estadio?

¡Todas! Todas las revista Estadio. Desde chico y después El Gráfico.

Y las Gol y Gol

Las Gol y Gol… Barrabases ¡Imperdible!

¿Quién era su héroe en Barrabases?

Pirulete, lógicamente. Guatón, Sam…

¿Y su ídolo de chico? ¿De quién tenía el poster en la pieza?

No era de esos. En mi casa ni cuando me casé, ni cuando fui futbolista, ni antes era de tener cosas externas que hablaran de fútbol.

Pero en la pichanga cuando se organizaban. Yo soy Chirino, decía el arquero. ¿Usted quién decía?

Coll… Coll.

Hábleme del “Muñeco” Coll, son jugadores que uno no vio. Algunos dicen que ya no hay jugadores como ellos ¿Es tan así?

No, yo no soy de los que se queda trancado en el tiempo y piensa que siempre lo de antes fue mejor. Con el avance de la ciencia y la tecnología, los sistemas de entrenamiento y todo, siempre se van superando. Pero en esa época era un fútbol mucho más romántico, de menos exigencia, menos mediático y la verdad es que uno iba a la cancha a disfrutar del juego. Ahora hay muchos intereses de por medio que hacen que la gente que va al estadio no valore mucho el contenido del juego. Pero ese tipo de jugador como el que usted me nombra, Roberto Coll, que entre paréntesis debe haber sido el extranjero de mayor calidad que ha pasado por nuestro medio. Pertenecía a un equipo que era, bueno usted sabe que yo soy descendiente de palestino y mi padre era hincha de Palestino. Íbamos mucho al estadio en esa época yo tenía 8, 10, 12 años. Conformó Palestino el equipo del 58. Me acuerdo de la delantera de memoria: Rojas, Coll, Cortés, Fernández y Castro. Esa era la delantera de Palestino. Después jugaba Donoso en el arco, el Tano Almeida de central, había un Fernández también, uruguayo, pasó por Colo-Colo. Jugaba Víctor Castañeda y José García, eran los laterales. Bueno, jugadores de una época tremenda. Así como en Colo-Colo tenía a Walter Jiménez, argentino, tremendo jugador. Me acuerdo del brasilero Frojuelo, Roberto Frojuelo. Pero había una pléyade de jugadores importantes. En el Audax también, éramos hinchas del Audax también porque mi madre era italiana. Ver jugar a Adelmo Yori, a Mario Torres, a Daniel Chirino, un arquero del norte, tremendo, seleccionado. Me crié viendo equipos, como el del Ballet, el de Colo-Colo, la Católica de Issella, Sarnari y Fouillioux. Íbamos mucho al estadio en la época en que había reuniones dobles y triples.

¿Iba con su papá?

Con mi papá o solo. Tenía la suerte que mis abuelos vivían justamente en la calle Santa Laura a pasos del estadio Santa Laura y a pasos del estadio Independencia. De manera que a veces íbamos a ver los partidos en Santa Laura y en Independencia en la misma tarde.

Almuerzo con los abuelos y de ahí al estadio

Justamente, o comida después con los abuelos y primos que vivían al frente de ellos. Entonces nos pasábamos en ese barrio. Y mi padre era waterpolista de la Unión Española, cuando existía la piscina olímpica ahí. Era el polo de natación más grande del país. Él representó a Chile en las Olimpiadas del 48. Era un muy buen nadador, pero también muy amante del fútbol. Jugó en las divisiones menores de Unión.

Para la gente de su generación es inevitable preguntarle por el Mundial del 62, porque es un hito ¿Cómo vivió ese Mundial?

Bueno, yo tenía 13 años y el papá tenía dos abonos y nosotros éramos tres hermanos hombres. Todos futboleros. Mi casa era como una sede social, teníamos un equipo en el barrio, de chiquititos, de infantiles. Yo vivía en una zona suburbana en esa época. De Tobalaba hacia arriba era todo campo. Entonces había una infinidad de canchas rurales y había ligas de la ANFA. Ahí empecé a jugar en los infantiles. Creo que esa fue mi formación, muchas horas de cancha, pero salvaje.

¿En qué equipos jugó por esa época?

Jugué en el Miramonte, en Los Domínicos, de la ANFA de Las Condes. Jugué mucho en el Estadio Italiano en la Liga Independiente de Fútbol, por los Italianos que se llamaban.

¿Siempre jugó en la misma posición?

De centrodelantero. Después cuando llego a la Católica, llega el Tanque Rojas y estábamos Crisosto y yo, todos centrodelanteros. Ahí empecé a evolucionar por los costados, pero siempre hombre de punta.

Su experiencia en Audax fue de centrodelantero

Sí, centrodelantero. Fui el goleador del equipo los dos años que estuve en Audax. Pero mi llegada al fútbol fue bastante no programada, fue producto un poco de la casualidad. Mi objetivo nunca fue ser futbolista profesional. Jugaba todos los partidos. Sin haber sido cadete, creo que tuve más entrenamiento que un cadete por la cantidad de partidos que jugaba. En el barrio, en el colegio y en el Estadio Italiano. Era una cantidad de horas-fútbol que es la que me formó y a eso uno le agrega que la forma de entretenerse en el barrio en esa época era corriendo, jugando al paco-ladrón y una serie de juegos que ya no existen. Uno corría por los barrios, desde mi casa cerca del Estadio Italiano y llegaba allá donde está el estadio del Banco del Estado. Hacía todo el recorrido por Los Domínicos, hacíamos carreras con los amigos, postas y eso fue una formación salvaje que me permitió tener la base para después ser futbolista profesional.

Pero estábamos en lo del Mundial ¿Cómo se repartieron los abonos con sus hermanos?

Nos íbamos alternando para ver quién iba. A mí me tocó el partido del inicio, Chile-Suiza y me tocó ver el partido de Yugoslavia, por el tercer lugar. Esos fueron, porque Chile después se fue a Arica. Los vi en Andes, tiradito para el lado sur ¡Espectacular! En esa época existía el velódromo todavía. Me acuerdo perfectamente de los cojines que regalaban en la entrada. Un cojín de plástico, blanco con un logo, el escudo nacional. Después terminaban todos en la cancha.

¿Cómo vio esos partidos del mundial?

Hincha de la Selección y me la viví toda porque estaba todo el día parado en el lugar de concentración. Era una casona que estaba en Hernando de Magallanes con Colón. Ahí concentraban. Yo vivía a 15 minutos caminando. Me instalaba ahí todos los días para ver entrar y salir a los jugadores cuando iban a entrenar.

¿A quién quería ver?

Los ídolos ahí eran Honorino Landa, Tito Fouillioux, Jaime Ramírez, Eyzaguirre, Jorge Toro, Escuti, Leonel.

A usted se le sindica junto a Pellegrini como uno de los alumnos aventajados de Riera y ahí estaba, con 13 años, esperando ver a Riera también

La verdad es que a él no le dábamos mucha bola (risas), no nos interesaba mucho. Toda esa generación fueron los hijos de Riera y nosotros como que fuimos los nietos de Riera. El mérito que tiene es que logró crear dos generaciones de entrenadores. Porque los del Mundial del 62 fueron todos entrenadores, o casi todos. Después esta otra generación que él tuvo, que yo tuve el privilegio de tenerlo cinco años como entrenador, también casi todos fueron entrenadores. Él te marcaba, te sellaba. Era tal la pasión y la seriedad que le daba a la actividad que a uno lo seducía.

¿Él era un personaje inusual para el fútbol de esa época?

Inusual porque en esa época el fútbol era un oficio que no estaba reglamentado, no había estatuto de jugadores de tipo contractual, existían los mecenas. Me acuerdo incluso que el Audax entrenaba tres días a la semana, no existían los preparadores físicos. Entonces Fernando Riera fue el que trajo la profesionalización de la actividad.

Usted no pensaba ser futbolista profesional ¿Qué pasa entremedio?

Esto: Riera. Pasó Riera, porque yo soy hijo de inmigrantes, madre italiana, padre descendiente de palestino, su gran anhelo era que sus hijos fueran profesionales y los tres fuimos felizmente profesionales, la primera generación de la familia. Ellos como inmigrantes venían a trabajar y hacerse un camino. Cuando me meto al fútbol era con la condición que mi prioridad era titularme de ingeniero.

¿Eso fue paralelo?

Paralelo. Yo empecé a jugar en Audax a los 19 años, cuando cursaba tercero de ingeniería. Entré a la Universidad primero, después al Audax Italiano. Fui desde el Estadio Italiano porque muchos de los que jugaban en mi equipo amateur eran dirigentes de Audax.

Lo llevaron por bueno

Claro, yo destacaba en esa liga y salía goleador y los dirigentes me decían por qué no iba. La verdad es que no estaba convencido. Pero fui y no salí más. Se entrenaba en La Florida paradero 21 y la Universidad estaba en San Joaquín.

¿Ahí se encantó?

Es que para mí era una pasión el fútbol. Yo prefería jugar el partido con el equipo amateur el domingo que ir a una fiesta. Si tenía que jugar al otro día me acostaba temprano, lustraba los zapatos, era toda una cuestión que no tiene nada que ver con los hábitos que ahora tiene la juventud. Eso aunque jugara en un equipo amateur del Estadio Italiano. Vivíamos para eso. Destacaba ahí y me pidieron (del Audax). Hice un contrato no profesional, me pagaban si jugaba. Pero no me lo pudieron pagar porque entré y a los tres meses era titular del equipo y no salí más.

Y el contrato estaba pensado para que no jugara mucho

Claro, y estaba ganando más que Mario Rodríguez, un argentino que venía de Independiente, campeón del mundo. Llegamos a un acuerdo, pero ahí empezó la cosa. Se involucra la familia y la pasión que lleva todo esto.

¿Cómo era Arturo Salah como jugador?

Creo que tenía buena técnica. Pero lo que resaltaba de mis características era el espíritu de lucha, la capacidad y la potencia física. Era un puntero veloz, tenía medianamente buen juego aéreo y considero que tenía una cultura táctica importante y por eso me querían mucho los entrenadores. Trabajaba mucho desde el aspecto táctico los partidos.  Algunos me tienen tildado de tronco. Pero yo tenía habilidad y fuerza.

O sea Salah jugaba en un equipo de Salah

Sí, aunque ya después les di un tinte más técnico a mis equipos. Eso a mí me identificaba, pero como tenía una muy buena condición física, me etiquetaban más como un jugador físico que técnico.

Cuando hablamos –para colocolo.cl- con Fernando Carvallo, él decía que Lionel Messi estaba en camino a superar a todos los futbolistas anteriores como Pelé y Maradona ¿Piensa igual?

Estoy de acuerdo. Lo que ha hecho tan joven y con tan poco tiempo creo que ha superado cualquier tipo de registro. A pesar que es tan difícil comparar épocas diferentes pero si él logra cuajar su carrera en un campeonato mundial, no habría duda. A pesar de que encuentro que es una injusticia que se diga quién es mejor o peor según quién ganó un campeonato mundial porque eso es una cuestión colectiva. Estos jugadores que quedan fuera de una copa mundial porque su país no clasifica es una injusticia. Yo discuto a veces con mis hijos, pero tuve la oportunidad de ver a Pelé mucho. Toda esa generación, de los que nos gustaba el fútbol tuvimos la ventaja de ver a Pelé en su mejor momento y muchas veces aquí en Santiago. Siempre venía el Santos de Pelé y siempre jugaba de maravillas. Vimos toda la etapa del Santos, la época del mundial. Para mí era un patrón de ejemplo.

¿Y viendo a Messi por la tele lo empezó a discutir un poco?

Es otro estilo de jugador. Pelé era un jugador más completo, pero Messi es un jugador más desequilibrante, más goleador. Pelé era un jugador estético, armónico, atlético. Hacía jugar a los compañeros y en el área era letal. Pero Messi es un gallo que no se puede controlar. Yo les digo a mis hijos que es trampa jugar con Messi. Tiene la gran condición de la velocidad y la conducción en velocidad.

¿Considera que el Barcelona de Guardiola ha sido el mejor equipo de la historia?

Sin duda. Lo he dicho cuando he podido. Vi el Brasil del 70, el Holanda del 74 y muchos equipos muy buenos, pero éste alcanzó un nivel de perfección y de calidad técnica como no vi antes.

¿Pudo ir a verlo en vivo?

Sí, he visto como cuatro Real Madrid-Barcelona.

¿Siempre con Manuel Pellegrini?

No, no siempre con él. Aunque sí vimos alguno…

¿Iban juntos?

Sí. Y antes también. Con Manuel hicimos una pasantía por Europa (en los 90). Estábamos los dos parados y sin pega. Nos fuimos a estar una semana en cada club. Nos fuimos a Barcelona, fuimos al Glasgow Rangers, al Arsenal y al PSV.  En vez de hacer cursos, estar una semana en cada club. Para ver los entrenamientos, su organización, su trabajo con los menores, viendo lo global de cada club.

¿Quién estaba de técnico en el Barcelona?

Estaba Van Gaal. La época de Rivaldo, Deco. Vimos a un entrenador de arqueros que hacía unos trabajos maravillosos, vino a Chile a hacer unas charlas, un holandés, ha escrito libros y es el líder en esa área. Esa estadía en el Barcelona fue muy provechosa.

¿Usted termina su carrera de jugador y ya sabía que iba a ser técnico?

No, no, porque en la parte final de mi época  de jugador la combiné con la ingeniería. Estuve dos o tres años haciendo consultorías privadas en Price Waterhouse, Bakovic. Hacía trabajos esporádicos, puntuales a los que llamaban a ingenieros.

¿Le gustaba ese trabajo?

No (risas). Por eso te digo. Y también la última parte me dediqué a hacer docencia, en la Universidad de Chile. Seis años. Hice clases en Ingeniería de Alimentos, un ramo que se llamaba “Operación unitaria”.

¿Y eso le gustaba?

Me gustaba pero porque estaba jugando fútbol y no era full time. Pero después cuando me retiré, quedé full time haciendo clases. Pero me enfermé (risas). Ahí me enfermé, era un energúmeno en la casa. Y la verdad es que de repente, conversando con mi mujer, decidí cambiar. Además mucha gente me llamaba, el mismo Fernando Riera me picaneaba, porque él me veía aptitudes. Así que me invitaron un día a entrenar en cadetes de Católica. Ahí dije: “Bueno”. Si me voy a meter a esto, me voy a meter para ser el mejor, cómo vamos a echar por la borda 15, 16 años de fútbol, toda una experiencia dejarla botada, empezar de cero… Ahí tomé una decisión importante dentro de mi vida. Hay varias decisiones importantes: cuando uno se casa, elegir la mujer. Clave. Yo le apunté plenamente, acabo de cumplir 40 años de matrimonio.

¿Futbolera?

En ese momento no sabía con cuántos jugadores se paraba un equipo pero se hizo futbolera. Sabe más que yo ahora… Después la decisión de si me dedicaba al fútbol o a la Ingeniería. Y ahí, siempre le digo a los jóvenes, que la vocación es importante. Creo que tenía vocación para esto. Y el Tata (Riera) me la descubrió, o me la hizo descubrir. Yo lo hacía copiado él el que mis jugadores compartieran con los niños y animaran Escuelas de Fútbol y fueran Monitores. Y a uno va viendo, si le gusta o no, si lo siente o no. Ahí decidí meterme a entrenador.

Fue una alegría dejar las clases y volver al fútbol

Sí. Aunque más que alegría, alivió porque en la Universidad conocí gente notable. Un profesor que me marcó, tanto como Fernando Riera en lo humano, un científico que se llama Jaime Sapag. Un tipo brillante en su área, Bioquímico, que era un ejemplo de vida en lo humano, en la docencia, en lo pedagógico. Siempre elegido por todos los alumnos de la Facultad como el mejor docente. Y yo era su profesor adjunto. Para qué te digo todo lo que me sirvió. ¡Haber tenido a Riera y haber tenido a ese caballero!

¿Riera, Sapag y alguien más lo marcó?

Mi padre. Falleció en 1984, yo estaba empezando mi carrera de entrenador en las cadetes de la Católica… Cuando yo era jugador iba a todos los partidos. Me acompañaba a Talca, a Concepción, a donde fuera. Le gustaba Palestino pero después se hizo fanático del equipo donde yo jugara. Me imagino lo que habría vibrado conmigo como entrenador.

¿Cómo vio este regreso que planteó el Barcelona con punteros abiertos, con casi dos defensas…?

Fue realmente revolucionario. Lo más importante es la calidad individual y técnica que tenía ese plantel. La cosa ofensiva sabemos cómo desequilibran. Pero esos defensores que no se equivocaban nunca, rápidos, que recuperaban la pelota casi en el círculo central. Puyol, Piqué, Busquets, los laterales… Y después con la pelota en los pies ninguno se equivoca, le pasan la pelota a los compañeros. Es la clave en el fútbol. Parece tonto y obvio pero es como el aparato circulatorio del hombre. Las venas y las arterias… El pase es como tener un buen aparato circulatorio. Si se corta hay un coágulo. Cuando pierdes un pase es cuando hay un coágulo. Estos gallos hacen ver tontos a los rivales. Tú no sabes si atacarlos o no. Los atacas y te hacen otro. Y equipos grandes, los hacían ver mal. Siempre tenían varias soluciones para resolver la presión. Y nunca le daban más de dos toques a la pelota. Jugar a dos toques significa que como te venga la pelota eres capaz de controlar y tocar. Si no tienes técnica para eso, te llegan los rivales.

¿Le parece reivindicatorio que este fútbol, con harta posesión, haya triunfado?

¡Sí! Para mí ha sido una felicidad. Yo tengo un dicho: mientras más amateur el fútbol es más para arriba y más para adelante. Fíjate en los partidos de barrio: la pelota está siempre en el aire o pa’ delante. Pa’ delante, pa’ delante. Y yo creo que el fenómeno de España con eso ha sido notable. España era “Pa’elante, pa’elante” y este equipo logró junto con Aragonés primero cambiar esa mentalidad. Y antes no ganaron nunca nada. Con ese “Pa’elante” no ganó nunca nada.

Fernando Carvallo nos decía algo similar

¡Es que a Riera ustedes no lo conocieron! Riera lo hizo. Lo hizo con la Católica de Isella, Sarnari, del Chocolito Ramírez, Tito Fouilloux, Villarroel, Adriazola. Ellos jugaban: “Pum, pum, pum, pum, pum…” (hace el gesto de toque, toque y toque). Algunos se enojaban pero ellos no aflojaban. Y ganaban campeonatos.

¿Le gusta como juega el actual Colo-Colo?

Sí, sí. La decisión de ratificarlos pasa por ahí. El contenido que le dieron de juego al equipo, hizo tomar la decisión. Tito logró darle un juego al equipo que a la gente le gustó, que a todos nos gustó. Hay una mancomunión entre lo que la gente quiere ver y lo que muestra el equipo.

Es irrenunciable ya que Colo-Colo mantenga la fórmula de ser protagonista

Colo-Colo siempre tiene que ser así, pero un buen equipo tiene que manejar todas las facetas del fútbol. Y la faceta defensiva, así como la manejó contra la U, también es una cosa muy valorable. El alto nivel, internacionalmente por ejemplo, tú tienes que atacar y también saber defender. Y lograr el equilibrio. Eso no lo tuvimos al principio. En este campeonato como que hemos estado un poco con las sábanas cortas: las 8, 9 primeras era un equipo que goleaba mucho pero también estábamos inseguros y nos hacían goles evitables, se creaban oportunidades los rivales. En la segunda parte fue al revés: como que perdimos un poco de volumen ofensivo y mejoramos atrás. De hecho nos transformamos en una de las defensas menos batidas junto a O’Higgins.

Este plantel tiene un buen número de jugadores de las inferiores en el equipo ¿Cómo se podría mantener eso, por ejemplo, en una Copa Libertadores o al revalidar el título?

Bueno, hay que ir haciendo madurar a los jóvenes. Y ojalá vayan dejando fuera a los grandes. Ese es nuestro gran desafío. Este proceso con Tito (Tapia), y la gracia que él ha tenido, es que ha mirado también para adentro. Tenemos casi el 55 por ciento de jugadores formados en casa en el plantel. Esos jugadores van creciendo. Y en una Copa Libertadores yo veo que, por ejemplo, Juan Delgado no tendría por qué desentonar. Los mismos chicos Pavez. Es un proceso aunque a mí me hablan peyorativamente de esos temas, pero al final es una cuestión que se va produciendo. Y vamos trayendo jugadores como Barroso, Paredes y Valdés que vayan apoyando este crecimiento de los jugadores jóvenes. Y es caso de mirar la Copa que ganó Colo-Colo el 91. Había hartos jugadores formados en casa: aparte de Garrido, Pizarro y Ormeño estaba Miguel Ramírez, Javier Margas, Leo Herrera, Peralta, Cucho Salvatierra (también jugó ese año), y fueron incorporándose en un proceso técnico que duró más de cinco años.

Tito Tapia se formó como entrenador en el club ¿Es un modelo posible de replicar? ¿Les gustaría que Colo-Colo formara técnicos en el futuro? O que tras Tito Tapia, en 2 años más o 10 años más, cuando se vaya, lo sucediera un DT de la cantera

Eso sería ideal. No es fácil, pero sería ideal que nuestros propios entrenadores  se vayan formando acá. Si bien el rol de Colo-Colo no es formar técnicos, la idea es nosotros transmitirles impronta, prepararlos, desarrollarlos, capacitarlos, mandarlos a tener experiencias afuera, ir formando un staff que no nos signifique, que cuando haya que traer un entrenador, empecemos a mirar para afuera. Ese ha sido un error a lo mejor involuntario, porque no había alternativas, pero ya vimos en Colo-Colo que no da resultados. En general no da resultados. Legítimamente el entrenador que viene de afuera lo único que le interesa es ganar el domingo y se desentiende del desarrollo del club. Deberíamos lograr eso y para mí ese es el gran desafío que tenemos. Creo que lo hemos ido cuajando y hemos ido creciendo desde adentro. No al revés. No de afuera traer una pléyade de gente y muy buenos a lo mejor desde el punto de vista individual, pero que no logran cuajar en el desarrollo del club.

Usted ha dicho que el título del 86 es icónico. Que lo recuerda mucho y que lo disfrutó mucho ¿Fue porque recién estaba debutando como DT?

Lo que pasa es que ese campeonato fue como la vida, un campeonato donde se vivió de todo. Hubo drama, tristeza, alegría, rabia, éxito… hubo de todo.Eso significó templarme como entrenador, y de entrada. Lo que se vivió ahí creo que no se ha vivido nunca más. No sabes tú lo traumático que fueron los tres, cuatro, cinco primeros meses. Y con un equipo cohesionado, con jugadores cohesionados, con un trabajo profesional. Yo tuve la suerte que venía de hacer un par de cursos en Europa y traje algunas cosas que eran novedosas. Lo que más a mí me ayudó es que yo siempre he sentido que la carrera de entrenador es la proyección natural del jugador futbolístico. Yo me sentía entrenador por los 15 ó 16 años que fui jugador de fútbol. Además del perfeccionamiento que pude hacer afuera, me ayudó para superar todo eso vivido el año 86. Paradójicamente, en otra investidura, ahora ha sido bastante similar. No con el traumatismo que tuvo ese año, pero no ha sido fácil. El comienzo fue difícil y se estaba dando el mismo patrón. Lo que quiero dejar claro es que cuando se trabaja convencido y con profesionalismo, al final se logran las metas. Y cuando más problemas hay, más se disfruta. Tiene más valor el objetivo logrado y eso fue lo del año 86.

¿Por qué son muchísimos los jugadores que lo consideran el mejor técnico de sus carreras o un gran técnico que les enseñó mucho, dentro y fuera del fútbol?

Al principio, en el Colo-Colo 1986, creo que se produjo algo muy especial: me tocó la suerte de tener un grupo de jugadores excepcionales. En lo fútbolístico y en lo humano. Creo que fue el gran motivo de por qué fueron después campeones de América. Tal vez tiene que ver por la manera de conducir mía: con firmeza pero con justicia y con afecto. Ellos (los jugadores) deben valorar mucho que todavía me siento jugador de fútbol. A mí me preguntan qué soy, y yo digo que soy jugador de fútbol. Y eso he tratado nunca perderlo de vista. Ni cuando fui entrenador ni cuando ahora soy dirigente. Todavía me creo que soy jugador de fútbol. Y pudiendo haber tomado otras alternativas, profesionales, he sido siempre un defensor del jugador de fútbol, y de los entrenadores que han sido jugadores. Yo creo que ese es el camino. No sé cómo puede enseñar medicina alguien que no es médico. Y como yo siempre me pongo esa vestimenta creo que el jugador lo valora. Y tratando siempre de cohesionar los equipos. Lo más difícil para un entrenador es lograr eso. Porque la cosa técnica todo el mundo la conoce. La cosa táctica también es conocida. Ustedes van, y quieren hacer un equipo con amigos, y saben quién va atrás, quién adelante, en fin. Y lo físico para qué decir. Está todo estudiado, con diferentes metodologías: unos hacen el test de Cooper, otros suben montañas, unos pretemporada en la arena, y al final es una meseta. Cualquier equipo de Primera División tiene que estar preparado físicamente. Pero lo que es difícil de lograr es la cohesión. Del equipo, del grupo. Para contestar derechamente, con los adelantos de la ciencia, de la tecnología, de la medicina, cualquiera puede enseñar una disciplina. Lo que es difícil es ser coherente entre lo que uno dice y lo que uno hace. Cuando uno predica con el ejemplo es la mejor manera de ganarse a los jugadores. Y es lo que yo he intentado hacer durante toda mi vida. Esa es la respuesta que puedo dar. Yo he intentado de que el discurso sea coherente con mi actuar.

Cuál fue el mejor jugador que dirigió

¡Pucha! ¿Top 5? Marcelo Salas, Iván Zamorano, Jaime Pizarro… Lizardo Garrido… Hugo Rubio, Pato Yáñez… ¡Ah! Y el Cóndor Rojas, no lo puedo dejar afuera. A Cóndor Rojas le debo el campeonato del 86. Porque era un arquero excepcional.

Qué tiene que tener el jugador elegido. Seguramente había jugadores que usted dirigió con más talento de los que nombró

Aparte de sus condiciones físico-técnicas, es el carácter. La personalidad e imponerse en cualquier circunstancia. El ser colectivos. Hay muchos que son muy buenos jugadores pero son individuales. Y todos los que nombré eran jugadores mucho de equipo. El trabajo equipo es un concepto un poco manoseado, de fácil entendimiento, pero de difícil aplicación. Y eso tiene que lograr un entrenador: que se trabaje verdaderamente en equipo. Muy seguido me piden hacer charlas motivacionales, de liderazgo y trabajo en equipo, y hay mucha documentación y escritura sobre eso. El problema es cuando se lleva a la práctica. No es fácil de aplicar.

Esperaba el éxito pronto. Ganar un campeonato a un año de su llegada

La verdad es que yo tengo muy buenas vibras con Colo-Colo. Siempre dije que el equipo más fácil que me tocó dirigir fue Colo-Colo. ¿Por qué? Porque se ganaba más fácil con Colo-Colo. Cuando tu logras acá un círculo virtuoso como se produjo ahora, es como que se echa a correr la bola y Colo-Colo como que solo agarra vuelo. Yo veía desde afuera Colo-Colo y veía que había que ordenar, que había que racionalizar, más que malos jugadores, había cierto desorden, no había respeto por los roles, mucha ansiedad con las decisiones. Pensé que poniendo un poco de orden y que cada uno cumpliera su rol, Colo-Colo debía estar siempre ganando.

Qué significa que Colo-Colo haya pasado un periodo de transición

La transición fue el periodo inicial, donde hubo que hacer algo importante: la racionalización del plantel. Había un plantel de 48, 50 jugadores inactivos, frustrados, desmotivados. Y ese fue un trabajo muy duro desde el inicio. De a poco fuimos dando pasos y felizmente creo que acertamos con las contrataciones en esta segunda etapa. Y el trabajo de Héctor (Tapia), que fue una grata cosa, que él haya tomado el cargo como lo ha tomado y con convicción y tomando decisiones en algunos momentos bastantes personales, hemos demostrado que no nos equivocamos. Y eso agregado que hay tantos jugadores jóvenes incorporados es un modelo del que yo hablé cuando llegué: que estaba el primer equipo, que estaba el trabajo formativo y que debía haber una estructura apropiada para que estas dos instancias trabajen lo mejor posible. Eso es lo que intentado hacer día a día.

Pero igual ha sido rápido todo

Sí, fue rápido. Pero uno conocía la materia prima que había aquí ¡Los jugadores! Siempre se habla de los jugadores jóvenes de Colo-Colo, se decía que se trabajaba mal. Yo creo que hay una injusticia ahí. Resulta que las divisiones menores de Colo-Colo son siempre las que tienen mejores rendimientos globales. La mayoría de los niños de Chile quieren jugar en Colo-Colo. Y ese es un capital que tenemos que aprovecharlo. Y además se realizan varias giras y los chicos siempre tienen buenos rendimientos en el extranjero. Se ha ganado un par de veces el torneo de Gradisca que es muy exitoso… Hay que creerse el cuento. Y Tito con su cuerpo técnico sabe que tiene una cantidad de jugadores que se van a proyectar bien en el profesionalismo. Lo que viene es mejor. Hemos tenido problemas al principio, se revirtió la tendencia institucional en el tema económico. Ese fue un éxito grande en el sentido de que el área comercial ha crecido enormemente. Se ha hecho una gestión profesional muy de calidad. Eso es importante y nos permitió traer refuerzos importantes. Y esa tendencia negativa se revirtió este año. Esperamos salir a números positivos.

¿Qué le diría a los hinchas?

Que crean. Que crean en el proyecto, en Colo-Colo, en el profesionalismo con que se trabaja en el club y que estén optimistas porque está por venir lo mejor.