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La mejor ovación: Familiares recibieron a los campeones de Gradisca

La de esta mañana debe ser la ovación que más atesorarán los futbolistas de la Sub 17. Ya habían ganado todos los partidos en el campeonato de Gradisca, lograron los premios al mejor futbolista del torneo (Francisco Lara) y al mejor entrenador del certamen (Héctor Tapia). Pero nada se compara al aplauso de la familia y los trabajadores de la Casa Alba cuando el plantel bajó del bus en Pedrero.

Todos ellos debieron seguir las hazañas de los jóvenes desde sus casas en Santiago y en regiones, enterándose por Twitter y por teléfono de los goles y victorias de sus hijos, nietos y amigos en Italia. Pero lo vivido en Europa fue mucho más allá de los seis partidos ganados. Así al menos lo entendió Jaime Pizarro al recibirlos en el desayuno que el club había preparado para ellos: “Esta experiencia ustedes la van a poder guardar. Les va a servir no tanto como futbolistas, sino como personas”.

Y así lo sintieron también estas jóvenes promesas que, corriendo en los pastos de Gradisca, entendieron que su futuro puede desarrollarse en el viejo continente: “Es lo mejor que he vivido. Mi sueño es jugar en Europa y poder hacerlo con el Milán es lo mejor. Me gustaría subir al Primer equipo, irme fuera y asegurarme la vida”, proyectó Carlos Sepúlveda, uno de los talentos destacados de este equipo.

Quizás lo más impresionante de este grupo es que llevaron muchos valores que pertenecían a categorías más jóvenes de la institución sin perder competitividad. Es el caso de Jorge Lagües, el Tuto, un enganche que fue titular en la victoria contra Udinese y que podría volver a jugar a Gradisca los próximos dos años: “Estoy feliz porque me recibieron muy bien todos. Además lo que aprendí allá fue muy valioso para mi futuro y mis metas”. Su ejemplo es la mejor forma de comprobar el trabajo en las divisiones menores: “Cuando las cosas se hacen bien los resultados son estos”, remarcó Luis Pérez.

El énfasis en las series menores también estuvo en el discurso del Presidente Carlos Tapia que a través de esta generación avisora un futuro de éxitos para Colo Colo: “Se ha criticado mucho a esta institución por fijarse sólo al otro lado de la cordillera. Pero tenemos los pies puestos en esta tierra y específicamente en la Casa Alba. Ha llegado una nueva primavera”

Cuando el desayuno ya había terminado, junto a trabajadores y familiares, los muchachos cerraron esta inolvidable mañana con un ceacheí. Luego volvieron a sus casas con el pecho hinchado, orgullosos de haber dejado en Europa una huella de su espíritu y talento. Tal como lo hiciera el propio David Arellano hace exactos 85 años cuando dejó su vida defendiendo la camiseta del club más grande de Chile.