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La nueva vida del Capitán
Los dos Luis

El muchacho se llama Luis, igual que él. Y aunque sus padres y toda su familia son del otro equipo, él vibra con Colo-Colo y es fanático del Cacique desde siempre.

Luis González, de 15 años, le mete ánimo, garra y fuerza a una desgraciada leucemia. Casi de manera permanente lleva 10 meses en el Hospital Roberto del Río. Está pronto a volver a sus tierras, Huasco, y este jueves recibió la visita de su ídolo, Luis Mena.

Luis Mena, multicampeón y eterno gran capitán, dejó el fútbol y asumió ya en propiedad en sus nuevos roles, atento ahora a full de las labores sociales del Cacique.

“Uno con muy poco puede hacer mucho. Y darle alegría a estos chicos es impagable”, decía Mena, emocionado.

Luchito, el muchacho colocolino, la luchará hasta el final. “Estoy con ánimo, más con esta visita”, repetía entre las sonrisas de sus padres y de las enfermeras y funcionarias del Roberto del Río, que terminan siendo parte de la familia.

Mena lo sabe. Y no solo recibió las mil gracias sino que dejó la puerta abierta. Porque eso que a él tanto le gustaba hacer, mientras jugaba, ahora será una de sus labores principales. La garra y la impronta colocolina quedará al servicio de los hinchas y con un embajador de lujo.

La historia de hoy partió en el Monumental desde donde salió el eterno capitán con un grupo de funcionarios albos. “Una vez fui al hospital El Salvador. Un niño estaba en la UCI, inconsciente, pero solo podía mover sus ojos. Así se comunicaba. Fuimos con Colo-Colo, lo saludamos, y cuando me iba le tomo la mano y él me la aprieta. La mamá comenzó a gritar que era un milagro y las enfermeras no entendían nada. Son historias impagables”, contaba Mena viajando desde Macul a Independencia.

Luego, en el regreso, ya proyectaba cómo organizaría las nuevas visitas y cómo se empoderaría de su nuevo rol, que lo tiene feliz. Tan feliz como quedó un fanático albo esta tarde.

Y a ti, Luchito González, qué más te vamos a decir, si lo tienes todo claro: ¡Vamos con todo! ¡A pelearla hasta el final! Como solo un colocolino sabe hacerlo.