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La historia viva: Charles Villarroel y la revolución de los ’50
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En un mes más, Charles Villarroel cumplirá 87 años. Está en esa edad donde la memoria es prodigiosa, la madurez permite hablar aconsejando y la sapiencia autoriza a dar lecciones sobre el pasado.

El ex volante de corte, campeón en 1953 y 1956 con Colo-Colo, fue testigo privilegiado de aquella época donde el Cacique – y el fútbol chileno- cambiaron en 180 grados.

Amigo de Enrique “Cuá Cuá” Hormazábal, compañero de concentración de Jorge Robledo, Charles Villarroel es el hombre indicado para hablarnos de esos dos monstruos que protagonizaron la historia. Y, claro, para charlar también de él.

Esta es una conversa para transformarla en una clase. Porque muchos de sus relatos de hace 60 años podrían escenificarse hoy.

Jugador de barrio

charlesCharles Villarroel llegó a los 11 años a Colo-Colo. Jugó desde la tercera infantil aunque no tenía la edad. Antes era 10, incluso fue goleador en cadetes pero con ¡otro nombre! Sus hermanos mayores Julio y Luis actuaban por los Albos y en la temporada 1941 el goleador del torneo de menores fue Luis Villarroel. Pero el que entraba a la cancha era Charles. Las ganas y el barrio podían más.

A los 13, su padre Gregorio –también dirigente de cadetes de Colo-Colo- lo matriculó en la Escuela Industrial, dependiente de la Universidad de Chile. Solo había un problema: debía jugar por los azules. Y lo hizo. Sí, Charles Villarroel, el hoy vecino del Estadio Monumental, a cargo de un paño de estacionamientos y otro de una cancha de fútbol concesionados por la Municipalidad de Macul, colocolino hasta el tuétano, se calzó la otra camiseta.

“El sábado antes del partido contra Colo-Colo, mis hermanos me decían: ‘Mira, huevón: al cabro que le toque marcarte a ti, ¡tiene que ir a sacarte la cresta! Y si hacís un gol ni lleguís más a la casa’. Eran colocolinos todos en la casa. Y le hice un gol a Colo-Colo ¡El drama en la casa, oiga! Ganamos 2-1, hice el gol de la victoria… Éramos todos bravos. De barrio. Jugué por la U el Clásico Universitario, de preliminar”.

Terminó el año y el campeón de la serie fue Colo-Colo. Católica fue segundo y la U de Charles Villarroel tercero. Pero ese no era el tema.

“Si no es por la ‘finaita’ de mi mamá no podía llegar a la casa. Hablé con don Lucho (Tirado, el DT) a final de año. ‘Sabe don Lucho, tengo un drama en la casa ¡Nadie me habla! Tengo que comer solo, don Lucho (risas)”. Ahí él intervino con el rector y pude seguir en la Industrial aunque volviera a Colo-Colo”.

Luis Tirado, entrenador de marca en los 40, fue el estratega del primer campeonato logrado por la U. Después de convertirse en el primer DT nacional de la selección chilena, llegó a Colo-Colo y fue campeón en 1944. Se fue y volvió en 1951 e hizo debutar a Villarroel en Primera.

“Él me conocía de chico. De hecho decía: ‘Éste era bueno cuando cabro, ahora ya no’. Él me sacó de 10 y reemplacé a Gilberto Muñoz. ‘El Pituto’, que estaba enfermo, era re bueno. Jugaba con Osvaldo Sáez en la media. Se jugaba con dos medios. Y Tirado me puso de 6”.

Su debut es en 1951 contra Santiago Morning que tenía a “Cuá Cuá” Hormazábal, a quien usted conocía del barrio. Usted ha contado que él le dio consejos antes del partido
“Éramos amigos con ‘Cuá Cuá’ (N. de R: un año menor que Charles), jugábamos con pelotita de trapo en la calle. Él del barrio Libertad; yo, del Herrera ¡Buenas pichangas! Él, que estaba en Santiago (Morning), me dijo: ‘El domingo vay a jugar huevón, ¿ah? No nos vamos a agarrar a patadas los dos, po’. Él era bravo. Mucho más bravo que todos los del barrio. Jugaba con las medias abajo. Era respetado por todos. El mejor.
‘Dile a don Lucho que a la izquierda no te acostumbrai y ‘el Huaso’ Sáez va ahí y tú vay al derecho. Y vay a pescar a García’, me aconsejó. Todos me decían que tenía que meterle en el partido… Hablé con don Lucho (Tirado) almorzando en su casa, cerca del Estadio Nacional, con una pizarra que tenía: ‘Don Lucho, yo me afirmo por la izquierda pero no como por la derecha’. Era muy bueno Tirado. ‘Hablemos con Osvaldo’, me dijo. Y cambiamos.
Sáez tenía un cacharrito y cuando me cambié a la (población) Juan Antonio Ríos me pasaba a buscar. Entrenábamos en la Escuela de Carabineros en Antonio Varas. A veces como cabro flojo, me asomaba de la ventana del segundo piso y le decía: ‘Osvaldito, toy enfermo, no voy a ir a entrenar’. ‘¡No! Baja, baja, huevón. Si querís jugar tenís que entrenar’. Me empujaba”.

charles 2 En la foto: Villarroel el día de su debut, entre Manuel Machuca y Osvaldo Sáez

Usted debuta con 21 años ¿Todavía era un jugador de fútbol de barrio?
“¡De barrio, total! No tomaba el profesionalismo. Mi padre era gásfiter del agua potable. Éramos 11 hermanos. Cuando firmamos contrato mi padre me llevó a la sede, como dirigente. ‘Firma por lo que sea -me dijo- No pongai problema’.
Carlos Poblete, detective, era director y también me decía: ‘Charles, no pongai problemas. Tenís recién 21 años, mucho por delante’.
Había un cabro que se llamaba Enrique Campos. Que era muuuuy bueno, de la juvenil, que no llegó.
‘Si no firmai, va a jugar Campos en tu puesto’, me decía don Carlos Poblete.
Usted firmaba contrato antes con toda la mesa directiva ahí encima.
Me dicen: ‘Charles, nosotros te queremos mucho. Has jugado acá todas las cadetes, eres colocolino, tu padre es un gran dirigente, entusiasta… Te vamos a ofrecer 10.000 mil pesos por dos años como prima y un sueldo de 300 pesos’.
Chuuuuuuu ¡Mi papá ganaba 200 al mes!
Chucha, dije, ¡10 mil pesos! Y 300 al mes, ahhhhhh. Yo pensaba nomás y don Antonio Labán que estaba ahí, me ve con la mano en la cabeza.
‘Charles, ¿Qué estás pensando?’
Yo no hablaba, pensaba en la plata que iba a recibir. Si todos los cabros en el barrio me decían: ‘Te vay a arreglar, vay a ganar plata ahora’.
Sin yo decir nada, don Antonio me dice: ‘¡12! ¡Ya, te vamos a dar 12 mil!’
Ahhhhhhhh ¡No la podía creer. No podía hablar!
‘¡Te vamos a dar 15, pero tope!’
Y yo no respondía porque estaba pensando en tanta plata que era (risas). ‘Qué van a decir los cabros en el barrio’, pensaba. Si me decían 6 mil, o 2, firmaba igual ¡15 mil, imagínese!”.

Cuando llegó al barrio se armó la media fiesta, ¿no?
“¡Qué fiesta! La reunión era ya de noche. Le digo a los dirigentes: ‘Quisiera llegar con algo pa celebrar en la casa’.
Don Antonio pregunta: ‘En la caja, ¿Cuánto hay en efectivo?’. Eran cerca de mil pesos.
‘Redondeemos entre todos mil pesos a Charles. Te vay a llevar sencillo, sí’, me decían.
‘No impooooorta’, decía yo (risas).
Me recomendaron irme en taxi, porque iba con los bolsillos llenos de plata. Nunca había tenido tanta plata ¡y nunca había andado en taxi! A pura micro nomás.
Pasé a comprar café, una ‘cachá’ de sopaipillas ahí en San Pablo, huevo y chocolate.
Cuando llegué a la casa ¿Sabe lo que hice? ¡Vacié toda la plata en la mesa! Estábamos locos con la familia y los amigos del barrio.
Después nos fuimos a tomar cerveza con los cabros aunque yo tomé Coca Cola nomás ¡Verdad! Si nunca me gustó tomar. Fue ‘Cuá Cuá’ po. Los cabros me hicieron gastar como 400 pesos en puras cervezas”.

Parte de una revolución

charles 3Le costó agarrar camiseta a Villarroel. Hasta 1955, cuando partió a préstamo a O’Higgins, sumó solo un puñado de partidos. Sin embargo, vivió in situ el mítico año 1953, cuando la historia se comenzó a escribir de nuevo.

El 53 llegó a la liga chilena Jorge Robledo Oliver.

Se puede hablar mucho del “Gringo”. Acá Villarroel lo hace en primera persona. Mal que mal, aportó su buen grano de arena en ese título –el primero del Cacique en seis años- jugando 9 partidos de titular.

¿Qué pasa con ustedes como futbolistas, en el plantel, cuando aparece por primera vez Jorge Robledo?
“La costumbre del chileno es que es más chacotero. No me avergüenzo ni mucho menos pero el chileno siempre ha sido, por costumbre, irresponsable, según Robledo, para las comidas, los horarios, para todo. Él llegó con las costumbres inglesas.
Un hombre muy correcto, muy respetuoso, gran amigo, gran persona. Nunca prevaleció que él venía de Newcastle, de un equipo de Primera en Inglaterra. Él venía a jugar por Colo-Colo”.

Él había jugado el Mundial del 50 y volvió a Inglaterra. Para el 53 ustedes y el medio ya lo conocían bien, sabían que era una súper estrella. Las revistas y los diarios lo seguían desde antes que aterrizara en Santiago, de hecho
“Además de saber que era súper estrella, sabíamos que venía de un equipo de Primera División de Inglaterra, que para nosotros era un orgullo. Que estuviese con nosotros era un orgullo”.

¿Qué pasa cuando se juntan con él por primera vez, en el entrenamiento en la Escuela de Carabineros?
“Fue una conmoción. Nos extrañamos cuando llegamos porque estaba lleno de gente. Fue Julito Martínez, don Pampa, Míster Huifa, todos los periodistas de la época. Jorge era la gran atracción. Para serle honrado nos sentimos un poquito mal nosotros… Daba un paso Jorge, fotos, todos siguiéndole. Me acuerdo que ‘el Monito’ (Rogelio) Núñez dijo: ‘Puta, a nosotros que nos atropelle un tren. Si no va a jugar solo’ (risas)”.

Eso igual se quiebra cuando ustedes ven que Robledo es muy humilde
charles 4 “Exaaaaaaacto. Eso fue de inmediato. Él hablaba en inglés, muy malo el español pero algo hablaba. Dijo que se sentía feliz de estar en Colo-Colo. ‘Estar con ustedes, orgulloso. Yo comparar Newcastle con Colo-Colo y quedarme con Colo-Colo. Así que, amigos míos –dijo- tómenme como un amigo. Estoy a sus órdenes. Si algo mal hago, por favor díganlo’”.

¿Y Ted Robledo, su hermano?
“El ‘Gringuito chico’ no hablaba nada. Menos español, casi nada. ‘Cuá Cuá’ después cuando llegó le enseñaba todos los garabatos. Las primeras palabras de Ted fueron algo así como: ‘Huevones de mierda, son amigos míos ustedes’ (risas). Con tono de gringo, obvio”.

Entre Platko, que era el DT, y Robledo ¿Hablaban en inglés?
“Siiiiiiii. Se entendían perfectamente. Él le daba a Robledo instrucciones en inglés. Ahí nosotros mirábamos nomás”.

En la cancha altiro marcó diferencias, Robledo
“Robledo empezó a enseñarnos que el equipo era un conjunto, no era individual. Para cabecear era extraordinario. En vez de cabecear para el arco, él se la ponía al ‘Chico’ Cremaschi para que la empujara pa’ adentro. Nunca le interesó ser la primera figura. Es lo grande que fue Jorge Robledo. Se ponía siempre atrás”.

¿Cómo era Platko? Había estado antes en Colo-Colo pero también era un tipo con mucha historia
“Él inventó la marca individual. Excelente técnico pero muy buena persona también. Yo a veces llegaba en bicicleta a entrenar y me decía: ‘Ven pa acá tú. Bicicleta malo. Bicicleta no agarrar cambio de velocidad. Si tuvieras volante chiquitito te hace bien. Esto no’. Se preocupaba de todo el ‘Gringo’. ¡De todo! Sobre todo de los jóvenes”.

Concentraban en el centro, ¿no?
“En el hotel Crillón, en el centro. Y también en Los Maitenes, arriba (precordillera). Las concentraciones comenzaban generalmente el viernes.
Yo fui compañero de pieza con Jorge Robledo. ‘Charles, conmigo’, decía, porque al principio pensaba que yo tenía costumbres inglesas. Y naaaaaaaaada (risas). Yo era bueno para la leche con plátano en la concentración, la chirimoya. Porque había cosas que no comíamos en la casa.
En el hotel yo pedía nomás. ‘Come jamón, come queso’, me decía. Lo llevaban en bandejas a la pieza pero a él no le gustaba tomar desayuno en la cama. A mí sipo (risas). ‘Levanta Charles’, me decía.
Era obligación lavarse los dientes y ducharse con él. ¡Obligación!
¡Yo me lavaba los dientes cuando me acordaba! (risas).
Me iba a acostar yo y me decía: ‘Charles, el aseo’. (hace el gesto de lavarse los dientes).
Me enseñó muchas cosas él… ¡Comer a las horas! Él era muy disciplinado. Nada de los sánguches antes del almuerzo. Al final uno se habituaba a eso.
En los entrenamientos uno se habituó con él a no sacar la vuelta. Si estabas cansado, párate, decía. ‘Descansa y sigue. No corra’, decía.’ Si no vas a llegar no corras a la pelota, espera’ ¡Nos enseñaba! Ayudaba mucho a Platko”.

El 53 estaba también Raúl Marchant, que había sido DT campeón con Audax
“Graaaaaaaan persona. Don Raúl hacía labores como preparador físico con nosotros. Entrenaba en ese tiempo también al Arrieta Guindos y nos llevaba a jugar a plaza Egaña, con gallos bravos”.

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En 1955 Villarroel reconoce que “se agrandó” y quiso renovar por más plata de la que correspondía. Lo mandaron a préstamo y O’Higgins lo recibió. El técnico era el viejo conocido Francisco Hormazábal, gran jugador de Colo-Colo en los 40 y futuro DT campeón albo en 1970. Villarroel y Pancho Hormazábal eran vecinos en la población Juan Antonio Ríos. La esposa del DT de hecho, Kenita, fue quien hizo el contacto para el fichaje.

Para 1956 el nuevo técnico albo, el uruguayo Enrique Fernández –quien venía de entrenar y ser campeón con Real Madrid- lo consideró de entrada. Charles terminó siendo uno de los cinco jugadores que más actuó en esa campaña donde se alzó la 7ª estrella.

Fue una buena decisión partir porque jugó de titular el 55, destacó, y para el 56 fue pieza clave en Colo-Colo
“Antes que terminara el año me llamó Colo-Colo que debía volver. El entrenador era el uruguayo Fernández, claro. Gran jugador y graaaaaaan entrenador. Cuando él llegó recuerdo claro que nos reunió en el gimnasio del Estadio de Carabineros. ‘Yo no vengo a hablar de mí porque ustedes deben conocer mi trayectoria –dijo- pero yo no vengo a perder plata aquí. No quiero robarle a nadie un veinte, menos a ustedes, pero tampoco me gusta que me roben a mí. Allá están los reservas, ¿cierto?, si ustedes no tratan futbolísticamente de sacar a estos otros, no me sirven. ¡No quiero dirigentes, chismes, nada! Tienen que demostrarme en la cancha que ustedes valen’.
Ahí empezó y sacó a Enrique Hormazábal altiro. ‘Y tú, gordito, ¿Juegas fútbol también?’
Asiiiiiiii. No hayamos donde escondernos. Era el mejor jugador que teníamos. Quería picarle el orgullo. Enrique como era aniñado y choro, le respondió: ‘Después que me vea jugar va a decir si juego o no juego po… Para qué me mata antes de jugar’…
‘Me estas gustando, me estas gustando’, le dijo Enrique Fernández. Los uruguayos son bravos de chiquititos, pero ‘Cuá Cuá’ era más que bravo”.

Cuá Cuá o el crack que pudo ser más

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Muchos dicen que fue el mejor ¡de la historia! Enrique Hormazábal encaraba, luchaba, era bravo, de barrio… Mandaba unos pases mágicos de lado a lado de la cancha. Inteligente, pícaro, fuerte… Goleador y técnico. Cualidades como para pelearle a Pelé.

Charles Villarroel, ya está dicho, lo conoció como pocos.

Usted Charles fue amigo de ‘Cuá Cuá’. El gran tema de la época fue por qué no jugó el Mundial del 62. Que peleó con Riera, que no quiso subirse las medias… ¿Qué pasó, según usted?
“Riera tenía ideas europeas. ‘Cua Cuá’ nunca le decía Fernando o Don Fernando. Le decía ‘El Pirulo’. ‘Puta este Pirulo que huevea, estoy aburrido con el huevón’, nos decía en el barrio.
‘Pero ¿Cómo? Si estás para el Mundial?’, le decíamos. Estaba lo de las medias arriba. ‘Y en el camarín el Pirulo nos dice: ‘Así tienen que salir a la cancha, en este orden’. Cortalaaaaaaa po’, decía ‘Cuá Cuá’.
‘Vamos a jugar al Banco Central allá a avenida Ossa y ¿sabís? Hay que saludar a los áaaaaarboles, huevón. ¡Cómo se te puede ocurrir! ¡A los árboles, huevón!’, como buen chileno (decía ‘Cuá Cuá’).
Empezó a llegar tarde, a huevear con don Fernando, y eso a don Fernando no le gustaba. Una vez llegó tarde como 2 horas, él me contaba… ‘Se devuelve a la casa’ (le dijo). Desde la concentración. Se juntaban allá arriba en Hernando de Magallanes. ‘Cuá Cuá’ seguía viviendo en el barrio Yungay, nunca quiso cambiarse. ‘Me voooooooy po’, le respondió. ‘Estoy más tranquilo en el barrio, sentado en la cuneta’”.

¿Pero nunca dimensionó o valoró lo que era jugar un Mundial?
“Con el tiempo. Pero don Fernando lo admiraba. Una vez Fernando Carvallo me dijo: ¿Sabe don Charles, usted jugó al lado del mejor jugador del mundo, según Fernando Riera? Con Jorge, dije yo, por Robledo. No, me dijo. Fernando Riera en una charla dijo: ‘Si Enrique Hormazábal se iba a Europa no volvía más a Chile’. Para Fernando Riera el mejor jugador que existía era ‘Cuá Cuá’”.

¿Para usted también?
“Sí, ‘Cuá Cuá’. Y el ‘Negro’ (Manuel) Muñoz de 10 ¡Puta que era bueno!”.

Siendo cercano a Hormazábal, nunca le dijo que aprovechara su calidad. Podía irse a Europa, ser crack en la selección, o más todavía, en fin…
“Nunca se interesó. Uno no le toma el peso. A mí también me pasó que cuando salí campeón el 56, Enrique Fernández me quería llevar a por contactos a Peñarol. Era bravo, de barrio. Yo pegaba una patada, la ponía sin asco, pero antes de que llegara el árbitro yo iba donde el jugador en el piso y le decía: ‘Chuuuuuta, qué te pasa, perdoooooon’. ‘Cuá Cuá’ era así. Viiiiiiivo.
Elías Figueroa hasta ahora me dice: ‘Cometiste un exabrupto, el error más grande de tu vida. Deberías haberte ido a Uruguay’. Pero la familia influyó, mis hermanos, el ambiente”.

Para entender su decisión y la de ‘Cuá Cuá’ ¿Eran muy de barrio? ¿No querían dejar eso? El ambiente, los amigos
“Muuuuuuuuuuuy de barrio. Nos gustaba jugar allá. Yo jugaba en el primer equipo de Colo-Colo y al rato jugaba en adultos en la Juventud Ríos. Me gustaba jugar con los huevones. ‘Cuá Cuá’ jugaba en el Vizcaya del barrio Yungay”.

Ya retirados ¿Tampoco habló con ‘Cuá Cuá’ de que se farreó su misma carrera?
“¡En el mismo Mundial! Compramos abonos y fuimos a los partidos de Chile arriba, a la galería. ‘Puta que la cagaste Enrique -le decía- estarías ahí adentro’. Mundialiiiiiiiista po. ‘Estoy bien’, respondía.
La gente me acuerdo que le decía ahí en la galería: ‘Don Enrique no le da envidia no estar ahí en la cancha’. ‘Y a ti no te da envidia ver nomás los partidos, huevón’, respondía.
Después de que dejó de jugar le tomó peso. ‘La cagué’, decía. Retirado vivía en el café Haití. Todos lo querían al huevón. Es que era bonachón, buen amigo, oiga. Siempre fue buen amigo. Una vez iba a jugar contra la Unión y me dijo: ‘El Flaco Nitsche es atajador de penales. No te vay a poner a tirar los penales. Y si tirai, no se la vay a tirar al lado derecho’. (Francisco) Nitsche era bravo pa’ atajar.
Llega el partido y penal para Colo-Colo. ¡Y puta! Todos los huevones se sentían mal (risas).
‘Ya, yo lo tiro’, dije de puro patudo.
Me acordé de ‘Cuá Cuá’, que me decía que achicaba el arco, ‘porque sabe tirarse el huevón’. Le pegué como me dijo y lo hice. ‘Jugador nuevo engañó hasta Nitsche en el penal’, salió en los diarios. Todo por ‘Cuá Cuá’”.

Más rabia da. Hasta sabía ver el fútbol bien, ‘Cuá Cuá’
“Cuando dejamos de jugar, Colo-Colo me ofreció entrenar a la Segunda Infantil ¿A quién cree que llamé yo para que me ayudara? ¡A ‘Cuá Cuá’! Estaba Paco Molina como entrenador del primer equipo. ‘Cuá Cuá’, que vivía su mundo, le decía a los cabros, por ejemplo: ‘Te fuiste de Pat Henry ayer vo’. Cachaba altiiiiiiro. Paco Molina atrás decía: ‘Charles ¿Pat Henry qué tiene que ver si es músico?’ (risas).
Era vivo ‘Cuá Cuá’. Sabía, olfateaba… ‘Cuá Cuá’ tenía un cacharrito y me pasaba a buscar cuando íbamos a entrenar en las juveniles. Todo el camino a puras tallas ¡A todos! Pasábamos por un kiosco, por decirle una de tantas cosas, no tenía luz y el viejo ponía una vela. ‘Te estai velando solo en el kiosco, viejo’, le gritaba ‘Cuá Cuá’ ¡y ni lo conocía!… Se le ocurrían al vuelo las cosas. No hubo manera de hacerlo cambiar.
Lo mató el cigarro, también. Mientras jugaba fumaba Liberty. Se le taparon los pulmones. Tomaba cerveza, seis u ocho cervezas como si nada”.

Enrique Fernández pareciera que le sacó trote a ‘Cuá Cuá’. Fue el goleador del equipo junto a Robledo y Cremaschi
“Íntimos amigos también. Fernández decía: ‘Con Enrique es otro equipo el que juega’. Está la talla donde apuesta quién era más rápido: ‘Cuá Cuá’ o Jaime Ramírez y con el pelotazo al pie era más ‘Cuá Cuá’.
Don Enrique Fernández apostaba todo. A las cartas no le ganaba nadie.
Él nos dio una responsabilidad a todos. Antes era una botella de vino para cuatro. Él dijo, en el primer almuerzo, ‘ponga tinto y blanco nomás, los que quieran’. Los huevones estaban, ahhhhhh… Arturo Farías, ‘Cuá Cuá’, todos buenos para chupar.
Cuando jugaba cartas, decía ‘traiga cognac, pisco, todo… Pero eso sí muchachos. Si están acostumbrados a tomarse una botellita ¡Tómensela! Pero el domingo no me van a decir que no llegaron a una pelota, no corrieron o los pasaron en velocidad’.
El ‘Monito’ (Rogelio) Núñez lo imitaba y le gustaba a don Enrique: ‘Podrías dar las instrucciones vos, Rogelio’”.

Grandes jugadores se fueron perdiendo, igual. Por esto de tomar, de lesear, de no ser profesionales al final
“Pasa lo siguiente: Antes el jugador no trabajaba ¡Irresponsable! No somos profesionales. Jorge (Robledo) era profesional. A sus horas, su vestimenta, todo. Nosotros no éramos profesionales. Veíamos el fútbol como una cuestión pasajera… La verdad ¡Pa ganar plata! Y además nos gustaba. Pero el fútbol profesional es distinto al del barrio. Y pasó lo mismo después, con (Jorge) Valdivia y los otros. Y sigue pasando”. charles 2 Nota 632x380