alturaarrow_down-red arrow_side badge-facebookbadge-instagrambadge-twitterclosedebutemail facebook gallery-nextgallery-prevgallerygoogle instagram lightbox-nextlightbox-prevlive-atajada live-cambio live-gol live-jugada-peligrosa live-offlive-player-in live-player-out live-red-cardlive-silvato live-tarjeta-amarillalive-tarjeta-roja live-timerlive-yellow-cardnacimientonacionalidadnextopenpagination_downpesopinterest prevquotesearchslide-nextslide-prevtimeline-left timeline-right twitter videoswhistle worldyoutube
La historia de Guillermo Subiabre, el ‘Chato’ más grande de todos
Subiabre

Medía un metro 58 pero era bueno, quizás el mejor. Y le pegó al gigantón argentino Luis ‘Doble Ancho’ Monti en Uruguay 1930 anotando el primer combo mundialero que quedó sin sanción.

“Fue un chileno puro”, lo describieron el día de su muerte.

Guillermo Subiabre Astorga era un goleador de fuste. Pícaro, ladino, “creo que me haré popular entre el público femenino”, dijo antes de partir a Montevideo, según consigna el libro “Los Cóndores Blancos. La historia desconocida de Chile en el Mundial de 1930”. Los cronistas escribían que su especialidad eran los goles de volea.

“La historia de él siempre fue de fútbol. Era muy simpático, bajito, por eso le llamaban ‘Chatito’. Mi abuelita (Eliana Díaz, ya fallecida) me contaba que como él era chico lo miraban en menos siempre. Decían: ‘De adónde va a jugar’. Pero cuando jugaba era espectacular. Tenía un buen chute, un derechazo impresionante”, narra su nieto Guillermo Subiabre Molina.

‘Chato’ conoció a David Arellano primero como rival. Luego fueron compañeros inseparables y, con el tiempo, Subiabre pasaría a ser uno de los mayores íconos de Colo-Colo tras la muerte del fundador.

Era el más chico de todos, junto con Francisco “Mono” Arellano. Fue crack, en alta. Es el único jugador que tiene el título de “Jugador Vitalicio de Colo-Colo”. “Con su sola presencia se llenaba el estadio”, se decía.

“Debe ser el primer ídolo popular de Colo-Colo junto con Francisco Arellano. David Arellano no alcanzó a vivir la gran popularidad del club como estrella de gran fama, pero uno ve en los diarios y revistas que Subiabre era un jugador seguido, popular por sus goles y con mucha celebridad. Por algo fue nombrado jugador vitalicio, sus jugadas y remates eran recordados con el paso del tiempo y era puntal del Cacique”, aporta el historiador Sebastián Salinas.

En octubre de 1926 fue parte del primer triunfo de la selección chilena en su historia (7-1 sobre Bolivia en el Sudamericano jugado en Santiago). Fue su presentación bombástica ante el fútbol capitalino.

La revista “Gol y Gol” escribió en los 60 que entrenando para ese torneo, el delantero le dislocó los dedos al arquero Carlos Hill con un chute de 20 metros.

Subiabre Y se movieron las grúas, versión fútbol amateur. Dos meses después de aquella Copa América, jugó su primer partido por el Cacique. Fue el 18 de diciembre de 1926 y en Valparaíso reforzó a los albos en el 3-3 frente a un Combinado de Wanderers y La Cruz. Era el match 42 en la historia de un joven Colo-Colo que preparaba una legendaria gira por Europa.

El 2 de enero del 27, Subiabre y los otros refuerzos de la Quinta Región casi se quedan abajo del icónico viaje. Llegaron al barco “Venezuela” a minutos de que zarpara ¿El motivo de la demora? Estaban jugando un partido de fútbol.

“Era muy bueno para la talla. Era el palomilla del grupo. Él se subió al mástil de un barco porque quería cambiar la bandera y poner la bandera del Colo. Una blanca que tenía una raya al medio. Y creo que él armaba los bailes también en los viajes en barco. Era muy chucheta. Mi abuelita me contaba que a veces los viajes se demoraban un mes y hacían sus show ahí. Ellos eran una familia. Y creo que lo pasaban bien, bailaban y todo pero cuando había que jugar se paraba todo. Eran estrictos, entrenaban en el barco incluso. Ellos tenían un profesor que les ayudaba a la preparación física en una época que no era normal. Mi abuelita me contaba que entrenaban y se iban a unas chacras que había por allá por Lampa. Allá se iban, entrenaban, corrían y hacían ejercicios”, resume Subiabre Molina.

Aunque sus padres esperaban que fuera marino, ‘Ñemo’ -apodo de infancia- se apegó a la pelota desde temprano. Tenía 21 años cuando brilló en un Nacional Amateur representando a Osorno. Fue llamado desde Valparaíso, se sumó por un tiempo a la Marina, pero también a Santiago Wanderers. Luego la selección, Colo-Colo y la fama…

En la mencionada gira del 27 jugó uno de sus partidos más destacados. En Barcelona los albos vencieron 5-4 a la selección catalana, con dos goles de ‘Chato’. El match fue comentado por décadas. Catalunya venía de golear a Peñarol y se dijo, incluso, que el golero Ricardo “Divino” Zamora no quiso jugar por no enfrentarse de nuevo a Subiabre.

Claro, el año anterior, en el Santa Laura de Santiago, “Ñemo” le marcó tres goles en dos partidos al ídolo Zamora, arquero de Real Madrid, Barcelona y luego de España en el Mundial del 34.

Según Sebastián Salinas, en su “Por empuje y coraje”, tras perder los dos juegos en Plaza Chacabuco, “Zamora se tiró al suelo y se puso a llorar. Era la primera vez en la gira que perdían dos veces con el mismo equipo”.

El iniciático viaje aquel del 27 mostró al goleador y crack, pero también al compañero extrovertido y alegre. “… Después del baile en cubierta con sus correspondientes cuecas: fueron los héroes Subiabre y (Waldo) Sanhueza”, escribió Alberto Arellano en “David Arellano. El deportista mártir” (1929). También cocinaba y leía. En La Habana arrendó un auto con David Arellano y se fueron a recorrer el casco antiguo de la ciudad.

“En la segunda mitad de la década de 1920 e inicios de los 30’s, sin duda la columna más importante de Colo-Colo eran Guillermo Saavedra, Carlos Schneeberger, Guillermo Subiabre y José Miguel Olguín, a los que luego se sumaron Arturo Torres y Eduardo Schnneberger. A mi juicio, ellos son lejos los pilares del tipo de juego que tuvo el club. Fueron los más importantes post David Arellano, como se demuestra en que todos esos fueron capitanes del equipo, que era quien además señalaba la forma de juego en aquellos años”, explica Salinas.

El combo a Monti

Subiabre Foto: Los capitanes Manuel Ferreira de Argentina y Subiabre de Chile, al lado de Juan Langenus, árbitro belga

Subiabre fue –junto a Guillermo “Monumento” Saavedra y Arturo “Carecacho” Torres- el jugador más popular de Chile en Montevideo y uno de los ocho colocolinos en el Mundial del 30. Tras la cita, la gente le enviaba cartas a través de los diarios.

La historia del combo a Monti es mítica. Monti era un ropero de un metro 90, subcampeón en el primer Mundial, jugador de la Juventus y luego parte de la selección de Italia campeona en 1934 ¿Cómo fue todo? Él mismo –capitán del seleccionado esa tarde en el Centenario- lo relató en 1933 a la revista “Don Severo”, según cita “Por empuje y coraje”:

“Monti era el matón de los argentinos y golpeaba a los nuestros en cada atajada. Era recio y cochino y bueno, yo que también soy carne amarga, estaba quemado (..) Vino una nueva intervención brusca de Monti; salté para parar con el pecho la pelota y el argentino me dio un puntapié que me hizo caer medio muerto. Saavedra, Cara de cacho y otros compañeros le echaron en cara su manera de proceder. Yo, entre tanto, me levanté del suelo y con toda la rabia que me producía el dolor del golpe, le pegué el puñete. Vi que se derrumbaba esa mole y que luego lo paraban y se volvía a caer, como billete viejo”.

“Dio el medio salto para poder pegarle el combo”, apunta su nieto.

La revista “Gol y Gol” recreó la historia 30 años después y escribió: “En Montevideo la fábrica de cigarrillos ‘Crack’ colocó la figura del ‘Chato’ en unas láminas que acompañaban las cajetillas. Y en todas las fuentes de soda comenzaron a vender un shop que recordaba el terrible nocaut”.

“Aparte de los cigarrillos, lo que más se acordaba mi abuelita era de unas cajas de fósforo donde aparecía él. Lo hicieron en Uruguay. Ella se acordaba siempre de eso”, añade el familiar.

La historia del combo a Monti creció con el tiempo. En los 60 decía el presidente albo Robinson Álvarez que en Uruguay un combo bien puesto se señalaba como “subiabrazo”. Subiabre

Uno de sus amigos y también mundialista, Everardo Villalobos, le puso más pimienta: “Cuando pasábamos por los restaurantes de Montevideo, los mozos corrían a felicitarlo contando, al mismo tiempo, que el plato que ellos vendían como un Pancho Villa le habían cambiado el nombre y que desde ese momento se llamaría un Subiabre”, dijo al diario “La Nación” en 1964.

“Lalo” Villalobos era voz autorizada: Junto al crack que nos convoca partieron en Rangers de Osorno, pasaron a la selección de la ciudad sureña, jugaron por Colo-Colo y por la Roja (que aún jugaba con camiseta blanca).

El mito entorno a su pequeña-gigante figura era difícil de pararlo ¿Solo pegó el combo a Monti? No. Hay más.

Francisco Varallo, el último sobreviviente de ese partido fallecido en 2010, recordaba que tras uno de los goles trasandinos, Subiabre le pegó una patada en la rodilla en pleno festejo. Varallo no pudo jugar el siguiente partido.

En las tribunas aplaudieron los uruguayos. Entre ellos José Nasazzi, líder charrúa que destacó ante los medios de prensa a ‘Chato’ y a ‘Monumento’.

El Mundial fue inolvidable para él y eso que estuvo a punto de no ir. “Tenía 27 años y estaba enamorado. Dos años después me casé. Pero como a la chiquilla me la manejaban escondida, yo aprovechaba cualquier oportunidad para estar junto a ella ¡Cómo iba a estar queriendo salir al extranjero! Además, Chile es el país más lindo del mundo”, reveló a la mencionada “Gol y Gol” en 1962 aunque, en la previa del Mundial del 30, la verdad oficial decía que Subiabre no tenía permiso para salir del país.

Entonces, se explicó, el Ministerio del Interior ordenó tomarlo preso. Era cárcel o viaje. Y que lo mismo había pasado en los JJ.OO. de Ámsterdam 1928, donde tuvo que ser dado de baja de la marina para poder ir a Europa, tras la negativa de la Armada de permitir viajar a sus miembros que no estaban de franco.

Fuera de sus anécdotas pugilísticas en Uruguay 30, la huella más perecedera la dejó en la cancha. Fue uno de los delanteros destacados de la Copa.

La cantidad de goles que hizo en el Mundial aún son una incógnita. No se usaban números en las camisetas y los reportes de la prensa y de la FIFA difieren unos de otros. Del gol a Francia hay registro fotográfico. Ante México, donde habría convertido dos goles, hay un reporte de “Las Últimas Noticias”, recogida por “Los Cóndores Blancos…” que es decidor. Escribe el cronista que, tras el debut, Subiabre “está desesperado porque no pudo hacer ningún goal”. Además, la FIFA ya le anotó esos dos goles a Carlos Vidal.

En el último juego ante Argentina -el del combo a Monti y la patada a Varallo- perdieron 3-1 y varios le asignaban el descuento a él, aunque lo más probable -siguiendo informes de los enviados chilenos- es que el tanto lo marcó Guillermo Arellano.

Eso, aunque la familia difiere. “Mi abuelita repetía que fueron cuatro. Pasa que hubo un partido que no fue mucha gente y los fotógrafos fueron a otro partido”, explica el nieto.

Nunca pudo dejar el fútbol

Subiabre Foto: Viaje de Colo-Colo a Lima en 1932
El regreso del plantel mundialista en 1930 fue un suceso. Cuando arribaron a Santiago, en una repleta Estación Mapocho se escuchaba el grito: “¡Viva el Chato!”.

Tras la Copa, Subiabre –que aprendió a jugar al fútbol a pata pelá, en un potrero detrás del cementerio de Osorno- comenzó a sufrir problemas cardíacos que lo complicaron.

El 2 de junio de 1933 vivió su mayor tragedia: su mujer Josefina Quinteros falleció al dar a luz a su primogénito, que también murió al instante. Era día viernes y ese fin de semana comenzaba el primer torneo del profesionalismo.

16 días después volvía a los Campos de Sport de Ñuñoa, pensando en que las penas de la vida también se pasaban con fútbol. Le costó y quiso dejar las canchas embarcándose en otra gira inmortal, esta vez binacional.

En medio de su drama justo apareció una invitación y se gestó el viaje de Colo-Colo a Lima (otro más, tras el de 1932 que aparece en la foto de más arriba). Luego, él y tres compañeros se sumarían al “Combinado Chile-Perú” y partirían a Europa, donde jugaron con Adolf Hitler de espectador. Ese fue su escape ¿Más sazón a la leyenda? Varios reportes no lo sindican como parte de la nómina viajera. Los recuerdos de su familia, algunos artículos y este video subido a Youtube, dicen lo contrario.

“Mi abuelo había caído en una pequeña depresión por la muerte de su mujer y su hijo y se fue a Europa”, recrea Subiabre Molina.

Regresó antes que sus compañeros y aparentemente solo. E intentó volver a las canchas con Colo-Colo por primera vez: se las arregló para anotarse en la historia jugando por el Cacique en el profesionalismo. Aunque el equipo terminó tercero, fue el club que más gente llevó al estadio en esa campaña de 1934, la segunda del fútbol rentado en nuestro país. Era que no, en la cancha estaba el capocannoniere, que jugó cinco partidos anotando cuatro goles.

Ahora sí se dedicó a otras cosas. Carlos Bello, expresidente albo, le consiguió trabajo en la Tesorería de Santiago. Luego pasó a la de Conchalí y fue director de Colo-Colo en diversas épocas.

Subiabre En 1935 se casó con Eliana Díaz. Ella tenía 17 años y él 32. Juntos tuvieron dos hijos: Rosario y Guillermo II, padre de Subiabre Molina.

…Ya estamos en los 40. Subiabre llevaba un tiempo fuera de las canchas y era casi un oficinista. Elías Deik, dirigente y médico colocolino de esa década, le volvió a recordar que sufría una dilatación al corazón. Sin embargo, en 1941 Defensor de Uruguay viajó a Chile y tras vencer a Magallanes y Audax debía medirse con Colo-Colo. Había temor de una derrota alba. Y faltaba gol. “¿Juegas?”, le dijeron. “No hay problema”, respondió ‘Chato’, que rompió por segunda vez su retiro, marcó dos goles y ayudó al triunfo del Cacique por 6-2. Dos días después fue internado de gravedad.

Zafó y siguió atento a la redonda. Cuando murió Guillermo Saavedra, en 1957, agarró un tarro y pidió dinero afuera del Estadio Nacional para armar un Mausoleo para colocolinos en el Cementerio General. Fue amigo de Fernando Riera y se juntaban en la previa del Mundial del 62.

Se dice, además, que era poeta y le cantaba a los parajes de Llanquihue y Chiloé, recordando su infancia. Ya retirado frecuentó el Teatro Municipal de Santiago.

Sus últimos días fueron de aferrarse a evitar una muerte que parecía cada vez más cercana. Sus idas al hospital Barros Luco-Trudeau se hicieron frecuentes. David Kohen, el médico de cabecera, explicaba que la nefritis crónica había anquilosado los riñones y comprometido el corazón.

Murió al mediodía del sábado 11 de abril de 1964, una semana antes de que comenzara el campeonato oficial. Sus restos quedaron en el Mausoleo Viejos Cracks, junto a sus amigos. Subiabre

Con su muerte se habló del reencuentro en el más allá de David, el estratega, ‘Monumento’, el mejor volante del Mundial y Subiabre, el delantero felino y pícaro. “Los tres caminaron por un mismo camino de gloria, vistiendo la camiseta de Colo-Colo y la de los colores patrios”, escribió el mítico periodista Raúl Hernán Leppé.

“En la familia todos somos colocolinos. La figura de él está siempre presente. Para la historia tal vez se borró pero para nosotros está él. La historia de él tiene que ser contada, decía me abuelita. Para mí es un orgullo ser nieto del ‘Chato’. Llevamos la tercera generación después de él con nombre Guillermo. Está mi padre –que también jugó en la Reserva de Colo-Colo- luego vengo yo y después viene mi hijo”, cierra Guillermo Subiabre Molina, nacido en 1964.

1964: mismo año en que falleció su padre en un accidente automovilístico, y en el que su abuelo, el gran Guillermo ‘Chato’ Subiabre, tiró su último cañonazo a la vida.