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Julio Crisosto dice: Gracias, fútbol
Julio Crisosto

Julio Crisosto asegura que es feliz a sus 68 años. Que está agradecido, que sigue amando al fútbol y sus recuerdos son, siempre, con una sonrisa. Incluso aquel, ese que lo tuvo fuera del Mundial 1974.

Son más las buenas: Sus campañas con Católica, el campeonato con Colo-Colo del 79, su paso por la selección y sus viajes a Europa donde lo idolatraron.

Crisosto siempre amó al fútbol. Desde sus pichangas en Cavancha.

“Yo vivía en la población José Miguel Carrera y a la vuelta de mi casa estaba el club Libertad. Había un dirigente, Yuri Gómez, que era tesorero, entrenador, utilero, las hacía todas en el club. Un grandote. Yo era chico y él venía con un saco con las pelotas, las camisetas y me dijo una vez que quería que jugara con ellos y que él le pedía permiso a mi mamá. ‘Señora Nena: Déjelo, déjelo’, le decía. Yo era de los mejorcitos en la pichanga hasta que mi mamá me dio permiso. Nos íbamos caminando por la playa hasta Cavancha. En ese tiempo la cancha de Cavancha era de salitre, una cancha blanca. Uno se caía y quedaba raspado entero. Jugaba en junior y en peneca de delantero, pero en cancha pequeña”.

Los relatos son de la década del 50 y 60. Julio Alberto Crisosto Zárate nació en Iquique justo iniciando la segunda mitad del siglo. Su padre fue militar del Regimiento de Caballería Nº1 Granaderos. Era malo para el fútbol. El bueno era el abuelo materno, Julio Zárate, que peloteaba en las salitreras, en plena pampa.

“Dicen que salí a él. De chico me ponía a jugar en la calle y él me tiraba la pelota y todo eso. Jugaba todo el día. Eran pichangas todo el día. Salía del colegio Don Bosco, donde mi hermano mayor era el famoso: Lisandro Crisosto. Jugaba bien, le pegaba muy bien a los tiros libres. En el colegio jugué al arco también, y desde siempre tuve buen rechazo. Saltaba bien por eso también, porque tenía buen rechazo”.

Crisosto escuchó el Mundial de Chile 1962 por radio. Se sentaba en las faldas del viejo, aferrados al audio de la Telefunken. Al tiempo el hermano Lisandro viajó a estudiar a la Universidad Técnica en Santiago y cuando regresaba al norte, le llevaba al pequeño Julio la revista Estadio.

“Él también me llevaba fotos de Roberto Frojuelo, Juan Soto, Mario Moreno… Él era hincha de Colo-Colo y estuvo a punto de jugar en Palestino, pero prefirió seguir estudiando Pedagogía en Castellano. De esos tiempos me acuerdo también de Darío Verdugo con Sergio Silva, escucharlos por la radio. Gritaban: “Gooooooooolpeó en el palo” (risas). Era típico de Verdugo. Ahí escuchaba los partidos de Colo-Colo. Me gustaba Juan Soto, el goleador, después lo tuve como entrenador. Pero tampoco era que admiraba a un jugador en específico”.

El Nacional Juvenil que cambió su vida

En 1967 se jugó en Antofagasta el Nacional Juvenil. Crisosto se unió a la selección de Iquique. Uno entre 12 hermanos, el “Changa” deambulaba como podía, con los amigos. Cuando la U o Colo-Colo viajaban a Iquique a jugar algún amistoso, Julio se metía agazapado, arrancaba de los carabineros que amenazaban con los caballos y se escabullía. Era un loco por el fútbol. Todo el día fútbol. Era un cabro de barrio detrás de la pelota.

Crisosto era el mejor del Segundo A del Don Bosco. Los domingos jugaba por su colegio después de misa. Se empezó a hacer conocido. Todos sabían de él y sus goles, incluso el “Viejo Gualeta” –que por cierto tenía las piernas chuecas- dirigente del Boca Juniors de Iquique. Lo tentaron pero no jugó. Nada era formal hasta que con 15 años se presentó con su amigo “Chato” Córdova para las pruebas de la selección local.

“Nosotros éramos bien ‘pituquitos’. El Don Bosco era de corbata, pantalón corto, calcetines, mocasines, con bolsón de cuero. Llegamos a las pruebas y estaba el “Lolo” Muñoz, el entrenador. En el camarín eran todos choros, nos miraban medio raro pero igual nos vestimos. Nos probamos y en 20 minutos hice como cuatro goles. “Lolo” Muñoz me sacó altiro y me citó para los otros días”.

En Antofagasta, la selección de Iquique fue subcampeona. Crisosto, Mario “Huaso” Maldonado, Rigoberto “Negro” Torres y amigos deleitaron a la ciudad completa. Su madre, sospechosa de las andanzas de su hijo en un comienzo, empezó a seguir la campaña. En la final perdieron 8-1 ante Cadetes de Santiago. Justo a Iquique habían llegado recién los buses Fénix Pullman; eran cerca de 50 buses. Y para sacarle rodaje llevaron a la gente gratis a Antofagasta para la final. A estadio lleno no pudieron ante el “Loco” Araya, Arratia, Daniel Díaz, Carvallo y compañía.

“Mi vida cambió ahí. Los veedores me engatusaron porque estábamos en una residencial con una comida horrible de mala, asquerosa. El doctor (René) Reitich, veedor de Católica que era dentista, habló conmigo y me pasó plata de ahora unas 100 lucas, algo así. Nosotros muertos de hambre nos fuimos a un local que estaba a la vuelta de la residencial a comer empanadas de queso. Con todos mis compañeros”.

Rumbo a Santiago

Dejar Iquique era dejar la familia, las veladas de boxeo de los sábados en la noche, en la Casa del Deporte, o las esporádicas clases de básquetbol y béisbol.

Encima Elisa Zárate no estaba tan segura. Mire que su hijo se iba a ir tan chico a Santiago. Si ni conoce la capital. Claro, Julio con suerte había viajado a la Fiesta de la Tirana y a Antofagasta, en ese inolvidable torneo.

“Dejémoslo, si es el futuro de él”, dijo don Lisandro, el padre. Total ya estaba en Segundo de Humanidades y podría terminar la escolaridad en el Liceo 7 de Santiago, donde estaban los jugadores de la Católica. Además viviría en la casa del jugador cruzado, cerca de plaza Ñuñoa; compartiría con Manuel Gaete, Juan Barrales y el “Perro” Cicamois, que ya alternaban en el primer equipo.

El sí para Julio fue el sí más bello de su vida.

Mochila bajo el brazo, Crisosto llegó a Santiago y comenzó a entrenar con la juvenil cruzada en el Estadio Santa Rosa, junto al “Keko” Messen, con quien hizo más de 100 goles. En 1968 peloteaban al lado del primer equipo, hasta que Fernando Riera, entrenador principal, armó un ‘picadito’.

“Después los compañeros me decían que marqué la diferencia altiro. Ahí estaba Tito Fouillioux, por ejemplo”.

¿Cómo fue entrenar con ellos? Usted los escuchaba por radio en el Mundial del 62
Yo los admiraba. Miraba a Néstor Isella, Juan Carlos Sarnari, el “Guatón” Laube, Adán Godoy. Eran bellas personas. Lo único sí, con el que tuve un problema, fue con Isella.
Cuando debuté contra la U anduve muy bien. Clarín decía ‘Julio Crisosto tiene pachorra y hasta le hizo un túnel a Alberto Quintano’. Eso fue el 69 y ya estaba José Pérez como técnico, el “Gallego”.

El viernes 18 de abril de 1969 Católica viajó a Paraguay para jugar con Cerro Porteño por Copa Libertadores. Vallejos; Barrientos, Adriazola, Laube, Díaz; Isella, Varas, Sarnari; Armando Díaz, Messen (Tobar) y Fouillioux fue la alineación de José Pérez. Tras el 0-0 la UC clasificó a semifinales, donde caería ante el futuro campeón Estudiantes de La Plata. “Nunca un equipo chileno había llegado tan alto”, ilustró Estadio.

En Santiago, el domingo de esa semana y por el torneo doméstico, los cruzados jugaron ante la U. Fue derrota 4-3. Nef; Gallardo, Juan Rodríguez, Quintano, Manuel Rodríguez; Peralta, Hodge; Ventura, Spedaletti, Yávar y Arratia fue el equipo de la futura U campeón.

Católica incluyó a una tropa de jóvenes. Jugaron: Trepiana; Andrés Livingstone, Villarroel, Lecaros, Maldonado; Barrales, Luis Hernán Carvallo; Mario Livingstone, Crisosto, Solís y Luis Armando Díaz. Crisosto fue reemplazado por Fernando Carvallo.

Pérez era opuesto a Riera
A mí me ayudó mucho. Todo lo que perfeccioné, el salto y eso, es gracias a él. Me ponía unas argollas con una pelota arriba y las iba subiendo, con una valla de atletismo. Tenía que saltar la valla y en el aire pegarle el cabezazo a la pelota que estaba colgando de la argolla. Y yo no he visto a nadie hacer eso. Y es bueno para el delantero.

Bueno, y qué pasó con Isella
Me tenía muy nervioso Néstor Isella. ‘¡Tocála hijo de puta, tocála!’. Me gritaba de una manera pero… ¡Si yo tomaba la pelota y tiritaba! Fue tanta la presión que en un partido el “Gallego” me sacó al entretiempo. Isella quería que todas las pelotas pasaran por él ¡Si eran cabrones!
Yo vivía en una pensión en Erasmo Escala, y me fui caminando desde el Estadio Nacional hasta allá, no me quedé a ver el segundo tiempo. Caminaba y lloraba y lloraba. El martes en el entrenamiento “Gallego” me dice: ‘Crisoto, Crisoto, ven’. Así me decía: ‘Crisoto’. ‘No le aguantes más a ese hijo de puta. Cuando te empiece a putear, dile algo o pégale un combo en el hocico’. Fue santo remedio. En el entrenamiento me grita Isella. ‘Tocála, agrandado, hijo de puta, pendejo de mierda’. Me di vuelta y le digo: ‘Queeeeeeee tenís, argentino tal por cual’. Lo subí y lo bajé. Quedó helado ¡Helado! Nunca más me habló, nunca más me pidió la pelota. Cuando yo tenía la pelota él miraba para otro lado. Tiré pa arriba. El “Gallego” Pérez fue de gran ayuda. Hay otros que le habrá pasado lo mismo y caen al pozo y de ahí ya no sales más.

Su forma de jugar era de barrio, siempre guapo
Iquiqueño po. Una vez en un entrenamiento con el Eddie Campodónico saltamos y me hizo un tajo. Me pusieron como cuatro puntos. Jugábamos con Colo-Colo el domingo y andaba con venda. Estábamos en el córner y ¡Pa! (Leonel) “Chuflinga” Herrera me pegaba combos donde tenía la herida. No había cámaras ni televisión ni tanta cosa. En una le pegué el combo de vuelta…. Tuve al “Gato” Posenato, que era bravísimo… Yo la devolvía, nunca me achiqué con nadie. Saltaba y ¡Pum! Cabezazo, pero siempre con el codo arriba. “Chuflinga” entraba con alfiler y te pegaba pinchazos. Así eran. Ya no se ve eso. Yo hice 10 mil veces eso que hizo el Nico Castillo (codazo contra Rumania). Y nunca me pillaron. Eran otros tiempos.

Volvamos a “Gallego” Pérez. Le decía que era casi el opuesto de Riera

Fernando Riera era de conversar y mucho de baby fútbol. El toque que caracterizó por años a Católica. El fútbol bonito y cuestiones. “Gallego” llegó con otra mentalidad. Se empezaron a ir los Isella, Sarnari, y tiró a cabros. A nosotros nos favoreció sí. Salieron los Oñate, Solís, Maldonado, Lecaros de Arica. Arriba Messen, yo, Guerrero, Arturo Salah… Pérez era de meter la pierna, eso le gustaba, nada de tanto caño, de toquecito. Al “Cabezón” Solís, puta, lo tenía arriba, porque el “Cabezón” era perro, bravo. A los jóvenes nos favoreció. A lo mejor si no llegaba él, muchos hubiéramos quedado en el camino.

Determinó su forma de jugar
Venía de la escuela de los Panzers. Eran toros, guapos… Chocaban todos, se rompían la cabeza, ¡pa!

Hábleme de Católica 73. Descienden pero usted anda bien. Era seleccionado y va a Grecia
Para mí fue extraño porque de los 40 partidos, habré jugado la mitad. (N de R: 23 partidos jugados de 34. Hizo siete goles). Estaba en la selección, fuimos de gira con la selección, Colo-Colo me pidió de refuerzo para la gira a Europa, donde el “Chino” Caszely se quedó en Levante. Veía repoco a los cabros, aparecía jugaba un partido y me iba. Pasaba más en Juan Pinto Durán. Además sale lo de Grecia.

¿Cómo fue eso?
El 71 fuimos a una gira con Católica a Yugoslavia, Italia y Grecia. Antes de llegar a Grecia, un empresario que andaba con nosotros, no recuerdo su nombre, dijo en la prensa que con Católica venía un hijo de griego. Cuando me bajo del avión en Atenas veo gente con flores y yo miraba pa atrás porque pensé: ‘Debe venir una persona importante’. ¡Y me estaban esperando a mí, hueón! ¡Hijo de griego! (risas). Dicen que Crisosto era Crisóstomo, que es griego pero en el Registro Civil escribían como querían nomás y quedó Crisosto.
Me entrevistaban en griego, con intérpretes. Me llegaban flores por todos lados, me besaban dos veces. Fue como que hubiera llegado Messi. En el hotel lo mismo, salía en los diarios: ‘Crisosto, hijo de griego’.
Jugamos con AEK y la gente me estaba esperando afuera del estadio. Me sacaron en andas al bus. Era una idolatría que nunca pensé. Los dirigentes de Católica no me quisieron vender al AEK, que quería que no me viniera, poco más que me querían secuestrar y que me quedara en Grecia.

El 73 se retoma entonces el asunto

El 73 vino el Panathinaikos. Viajé con Mauricio Wainer. A la Católica llegaba cualquier extranjero y le pagaban tres veces más que a mí, y yo era el único seleccionado de Católica. Pedí un Fiat 125 y me quedo, dije. No voy a Grecia. Wainer me dijo que me daba el auto pero prestado. Hasta el final del campeonato. ¡Ándate a la cresta! Pensé. Le dije que no y decidí irme.
Viajé con el “Gato” Marín, gerente de Católica pero el asunto allá se alargó y me quedé solo. Entrené en Panathinaikos con Puskas de DT. Me pasaba a buscar el papá de la Bruja Verón (Juan Ramón) en auto a un hotel en el centro.
Llegó un momento en que me aburrí, porque no me podían inscribir por el cupo de extranjeros, tenía que esperar y hacer un chamullo, cambiarme el apellido de Zárate por Angelopolus. Más encima mi hijo mayor, Christofer, estaba chiquitito.

El golpe y las cartas desde Rusia

Lizandro Crisosto Moraga, el padre, ya había jubilado del Ejército para el golpe de Estado de 1973. Él era cocinero de los oficiales. De (Óscar) Bonilla, Pinochet, y otros que estuvieron en Iquique. La preocupación de la familia era por varios de los 12 hermanos, que participaban en marchas y actividades durante la Unidad Popular. Por suerte no pasó nada.

El día del golpe ustedes entrenaban en Juan Pinto Durán por la selección

Sí. Íbamos a buscar las maletas para el viaje. Pasó a buscarme “Chamaco” Valdés que vivía en avenida Perú. Venía con “Walo” Herrera y Nelson Vásquez, que estaban en el hotel Carrera. Como las 8:00 debe haber sido. Yo ya estaba escuchando en las noticias que estaba el golpe. Fuimos a Pinto Durán a ver qué nos decían. Nos entregaron las maletas y Chamaco tenía un Fiat 600… Cuatro maletas puestas arriba del techo… Eran maletas blancas y decía: ‘Selección chilena’. Con una chaqueta de cuero negra que parecíamos bomberos.
Salimos de Pinto Durán y en Macul paramos como cuatro veces. Nos hacían parar los milicos y decíamos que éramos de la selección e igual nomás. Teníamos que abrir las maletas, mostrar y explicar. Los milicos estaban bravos. Me dejaron primero a mí. El “Walo” Herrera entiendo que se fue caminando desde el hotel por la Alameda para irse a Viña, a ver a su familia. Llegó hasta Las Rejas e hizo dedo.

¿Qué pasó cuando llegó a su departamento?
Vivía en las torres San Borja donde había muchos cubanos. Al frente mío vivía el (Eduardo) “Coco” Paredes de Investigaciones. Llegaron los milicos a allanar desde abajo. Yo tenía cuadros de la selección así que a mí no me hicieron nada. Me reconocieron. Pero abajo tenían una pila de libros, revistas y las quemaron afuera de las torres.
Después pusimos un colchón en el baño. Estábamos con el Christofer chiquitito. ‘Nos puede caer una bala loca’ dije yo. Así que me aseguré y dormimos con mi señora (Mercedes Carrasco) y mi hijo, los tres en el baño.
Escuchábamos cómo los milicos echaban las puertas abajo de los otros departamentos. Los cubanos se habían ido sipo. Todas las puertas quedaron destrozadas.

A seis días del golpe la selección comenzó una gira que terminaría en URSS, para el partido por las Clasificatorias rumbo a Alemania 74. Mercedes y Christofer se quedaron con familiares. Julio tenía miedo. En Moscú dice que los seleccionados especularon con alguna represalia del gobierno de Leonid Brézhnev.

“Como en Chile habían tomado presos a varios comunistas, perfectamente nos podían ocupar como intercambio. Ese era el miedo que teníamos nosotros, pero no pasó nada.
Sí nos encontramos con cualquier chileno. Habían varios estudiando en la Universidad de Lumumba. Me acuerdo de los Meneses, de Iquique. Lloraban los cabros, no tenían comunicación e hicimos de carteros nosotros. Me traje una maleta llena de cartas”.

¿No tuvieron miedo de hacerlo?
Nosotros teníamos trato especial así que no había problema. En Chile nos bajaron del avión como héroes.

¿Cómo entregó las cartas?
Venían con dirección. Fui personalmente en el auto. Golpeaba y explicaba que llevaba cartas de su hijo o familiar. Nos repartimos y yo me traje unas 20 cartas habrá sido. Fui a unas 20 casas. Ayudamos harto, incluso después cuando fuimos a ver a Álvaro Reyes. “Chamaco” intervino por Hugo Lepe también.

Para la revancha jugaron en el Nacional que era campo de concentración

Cuando jugamos con Santos (N de R: amistoso tras la negativa de URSS de viajar a Chile), los presos estaban ahí al lado de nosotros. Los tenían en otro camarín, sabíamos que estaban ahí. Con el tiempo (Eduardo) Gordon llegó y nos dijo a los seleccionados: ‘Ustedes de ahora en adelante van a jugar gratis’. ¡Se pararon todos po! Era como que estuviera en un fundo o hablando con los pelados (N. de R: uniformados de bajo rango).

Usted jugó en Naval ¿Los militares se metían mucho ahí?
Sí, se metían. Eran jodidos. Una vez estábamos haciendo la pretemporada en las islas Quiriquina. Hicimos un campeonato de vóleibol, dormíamos en camarotes, con los pelados (militares). Nos daban comida especial sí. Tuvimos un problema en ese torneo de vóleibol, Lucho Ibarra, el técnico, se puso a pelear con un comandante y nos echaron de la isla Quiriquina.
Se subió de tono una discusión y según Ibarra nos habían faltado el respeto.
Otra vez perdimos 8-1 con Colo-Colo y nos molestaron los pelados. Nos agarramos a combos y ¡pa!, la media embarrá.

Un goleador a Colo-Colo

Crisosto jugó entre 1969 y 1973 en la UC. Ese año los cruzados descendieron. “Yo lloré, toda la gente llorando. Yo hoy soy hincha de Católica pero fue raro. Llego al camarín, todos llorando y me voy a mi casa, me siento, y no pasan ni cinco minutos y timbre. Era Vicente Riveros, gerente de Colo-Colo. ‘Julio tienes que firmar porque está todo hablado’. ¡Católica me había vendido a Colo-Colo y yo no sabía nada de nada! Y después me echaron la culpa a mí que yo no había querido jugar en Segunda División. Ese Wainer… Por eso no tengo ninguna foto en San Carlos ahora, yo creo. Me dio rabia, fue tan injusto. Vibro con Católica pero no tienen nada de mí allá”.

El 20 de febrero del 74 juega por la UC en la última fecha del torneo 73, y el 2 de marzo debuta por Colo-Colo en la Copa Libertadores 74. Pasó una semana solamente…
Sipo, altiro me integré a Colo-Colo. Incluso no habíamos hablado de premios. Si yo perdí plata oiga… Estaba Mario Moreno en el Sindicato. Había una ley que el 15% de una transferencia era para el jugador. Moreno nos dijo que no podíamos permitir que nos quitaran eso. Y Católica me hizo renunciar a eso. Tuve que firmar renunciando a ese 15%. En ese tiempo no había representante ni nada. Firmé en Colo-Colo sin saber cuánto iba a ganar. Me dieron el sueldo alto, de los que ganaba “Chamaco” por ejemplo, pero firmé por un Fiat 125 y al final me alcanzó para un Fiat 600. Perdí mucha plata, era ingenuo uno. Los dirigentes te levantaban un poco la voz y una agachaba el moño. Ese Aladino Gálvez era pillazo.

¿Qué le pasa al llegar a Colo-Colo?
La mayoría de los seleccionados eran de Colo-Colo así que los conocía a todos. El único cambio es que estaba Juanito Amaya (en utilería) y tenía un canasto grande lleno de medias y los jugadores se las sacaban, las dejaban ahí y al otro día se ponían las mismas así nomás. En Católica “Humbertito” tenía todo planchadito, dobladito, con estufa. En el Monumental llegábamos cagados de frío y hediondo. Así que yo me llevaba mis cosas para lavarlas en la casa y todos me decían: ‘Ay, el pirulo’ (risas).

Había confianza ya…
Si encima había ido a la gira a Europa. Yo casi también me quedo en esa gira. Justo nació mi hijo en agosto del 73 cuando estábamos allá. Hablé con Aladino Gálvez y me devolví. No terminé la gira con Colo-Colo. Más encima me llevaron preso…

¡Cómo!
Fuimos a la plaza de toros en Madrid. Lleno. Fuimos todo Colo-Colo. Yo no sé como disfrutan tanto esa cuestión. Lo más lindo son los banderilleros. Entra un caballo acorazado y le pegaban al pobre toro. Cuando estaba moribundo entra el torero. Y no le achuntaba, con un sable grande. Todos empezaron a tirar los cojines. Y de repente suben unos gallos, me pescan y me llevan al calabozo, abajo. ¡Por tirar cojines! ¡Lo había tirado todo el mundo y al único hueón que agarran fue a mí! (risas). Estuve toda la tarde metido en el calabozo. Pasaron como 3, 4 horas, hicieron algunas gestiones y me soltaron. Los cabros esperándome en el bus cagados de hambre. Me echaban puteadas, bromas…

¿Se fue preso sólo por tirar un cojín?
¡El cojín, nada más! Si yo era tranquilo. Los compañeros se cagaban de la risa. ‘Cabezón –me decían- por la cabeza fuiste al único que vieron’ (risas).

El título del 79 fue importante para Colo-Colo, después de varios fracasos

Llegó Pedro Morales. Una gran persona, trabajaba súper bien. Lo conocí en la selección, era ayudante de Álamos. En ese tiempo había campeonato de Reserva y fuimos campeones ahí también. Si jugaba Miranda, Orellana, yo. Es que teníamos prácticamente dos equipos (N de R: Crisosto jugó 18 partidos y convirtió cuatro goles en esa campaña). Jugábamos los martes los que no jugaban el domingo. Nunca estuvimos parados y eran partidos bravos.

¿Fue sacarse un peso el ser campeón tras siete años?
Fue como sacarse un peso, sipo. Hablábamos de la mufa que teníamos. Mané Ponce y Atilio Herrera llegaron con esas cábalas que tú no podías nombrar cualquier cosa, tenías que tocarte los huevos y todas esas cosas (risas). Siempre andábamos con eso. Teníamos que ser campeones como fuera, por el plantel que teníamos. Pero les sacamos la cresta a todos. El nivel era parejo dentro del grupo.

¿Cómo fue el periodo de la intervención con el grupo BHC?
Llegó (Luis Alberto) Simián… Conmigo se portó bien. Había varios que eran empresarios que no tenían idea de fútbol pero eran respetuosos y pagaban bien. Simián llegaba al camarín y me decía: ‘Julio, te hacís un gol y te pago 500 lucas’, una cosa así. Me la entregaba en el camarín delante de los compañeros. A mí me daba no sé qué (risas). ‘Cabezón, nosotros nos sacamos la cresta jugando, vo hacís los goles y te llevai la plata’, me gritaban los cabros. ‘Ya, vayan pa la casa a un asado’, les decía. Íbamos todos. Entrenábamos en Príncipe de Gales, en el Banco Central, bien atendidos. Con Simián me saco el sombrero.

¿Cómo fue tener de técnico a Puskas?
Como jugador lo respeté, fue uno de los grandes, Real Madrid y todo, pero como entrenador… No le vi nada. Nada. Fuera de eso, cero respeto. Se ponía a tomar en el hotel. Vino blanco, se tomaba como dos botellas. Se levantaba casi muerto po. No había respeto. ¡Guatón!… Eso sí le pegaba a la pelota y era extraordinario. A los arqueros los entrenaba muy bien porque le pegaba extraordinario.
En el trabajo en general nada. Yo no le vi nada.
A mí se me puso a llorar una vez. En Antofagasta. Había jugado por la selección y después viajamos a Antofagasta y Puskas dice: ‘Claro, hay algunos que juegan por la selección y se rajan y juegan’. Y me las estaba tirando a mí. Yo con cierta calentura no me medí, y le dije: ‘¡Qué!, yo juego por mi país y nunca fui un vendepatria’. Él jugó por la selección española siendo húngaro. Y eso como que lo mató. Después tuve que pedirle disculpas. Quedó destrozado. Yo soy súper ubicado pero en esta me calenté. ‘Yo por mi país me la juego entero y nunca le doy vuelta la espalda’, le dije además de que era un despatriado. Se fue al camarín, no aguantó, se puso a llorar. Seguramente recordó algo, no sé.

De selección

Julio Crisosto jugó 41 partidos con la camiseta de la selección. Convirtió 18 goles y jugó las eliminatorias para Alemania 74 y Argentina 78.

¿Cómo fue el debut contra Uruguay?
Debuté el 71 con Pino y Lucho Vera. Copa Juan Pinto Durán. En Montevideo y perdimos 3-0. Acá en el 5-0 hice dos goles (N de R: hizo uno). Recuerdo un partido en la Bombonera donde perdimos 5-4. El “Gringo” (Nef) se comió unos goles. Salía mal el “Gringo”.
Jugar por la selección es lindo… Yo ni dormía en la noche.
En las eliminatorias contra los peruanos (1973), estaba en mi casa y llega Gárate, el coordinador de la selección, y me pasa una carta oficial. ‘Ohhh la selección’, decía yo.

Usted hizo un gol clave contra Perú para ir a Alemania 74
Contra Perú yo estaba en la banca con el “Chino” Toro. Caszely estaba medio lesionado. Y el “Chino” Toro altiro me dijo, empezando el partido: ‘Prepárate, vai a entrar al segundo tiempo’. Yo notaba que algo pasaba con Caszely. Cuando faltaban como 10 minutos, “Chamullo” Ampuero grita pa arriba, porque estábamos en la parte de abajo de las galerías. ‘¡Crisosto!’. Entré y con el “Negro” Ahumada anduvimos como que hubiéramos jugado siempre. Éramos nortinos los dos. Compartíamos pieza, éramos yuntas.

Después juega la definición en Montevideo de titular
Se peleaban el gol el “Cabezón” Farías con Carlos Reinoso. Lo hizo el “Cabezón” sí. Desvió la pelota.

¿Cómo fue el partido en Moscú?
En Rusia conocí a Elías Figueroa. Extraordinario. Pa mí no hay otro. Mi hijo me dice Vidal o Medel… Ustedes no vieron a Elías, al “Flaco” Quintano, les digo. Eran grandotes, con técnica… no hay comparación. Elías es lo mejor que ha habido. En Rusia nos ayudó que el árbitro era brasileño. Elías lo abrazaba, lo tocaba, le hablaba en portugués, lo manejó bien.

Usted está también en la eliminatoria del 78
Perdimos la eliminatoria aquí. El “Gringo” Nef se comió un gol. Muñante le tiró y lo caló abajo. Y en Perú fue terrible.
Yo tenía ganas de jugar en Santiago. Estaba seguro que entraba y hacía un gol pero me quedé en la banca.

Estaba el tema de los que jugaban en Chile versus los que venían de afuera
Caupolicán Peña hizo dos selecciones y los de acá andábamos bien. Peña estaba trabado, como que no reaccionaba. Yo estaba en la banca en el último partido en Lima y fue terrible.
En el hotel nos molestaron toda la noche. Llevaron mujeres también.

Peña estaba destrozado
Nosotros le decíamos el “Indio” Peña. Él tenía una personalidad media extraña. Era un entrenador que no te daba esa confianza como el “Cabezón” (Orlando) Aravena o Pedro Morales. Se guardaba muchas cosas, era introvertido. De repente me decía: ‘Julio: Hoy, anda pa acá, corre pa acá’. Antes del partido. Llegábamos a la charla y me dejaba fuera. Después que te había hablado toda la previa que jugaras ‘así o asá’.

El Mundial del 74 es su pequeño dolor. Luis Álamos lo lleva a Colo-Colo el 74 pero no al Mundial
Ahí influyó mucho el preparador físico, Gustavo Graef y Carlos Reinoso, para llevar a “Pata Bendita” (Osvaldo Castro). “Pata Bendita” venía lesionado. ‘Así’ con un tobillo. Carlos Reinoso creo que lo amenazó al “Zorro” y Graef quiso llevar al “Lulo” Socías.
Me acuerdo que íbamos a almorzar, yo me sentía seguro de ir, y Álamos me empieza a hablar que estaba agradecido pero no iba al Mundial. No le dije nada, quedé helado. Me di media vuelta y me fui.

Encima después ve pasar el bus de la selección rumbo al aeropuerto
No quería saber nada de nada. Le dije a mi señora que nos fuéramos a la playa, a El Tabo. Yo dejaba mi Fiat 600 en la calle, en Portugal. La selección se iba a despedir a la Junta en el Diego Portales y justo voy a echar los bolsos al auto y los veo. En el bus todos los cabros. No podía creerlo. Me saludaban…
Estaba la Copa Chile durante el Mundial (N. de R: donde sería campeón con Colo-Colo, jugando 17 partidos y anotando cuatro goles). Todos me andaban buscando. Estaba destrozado total, no quería saber nada.

¿Vio el Mundial?
Sí, lo vi. Por la tele. Unas ganas de estar ahí… Hubo manos negras. El 74 llegó enfermo el “Zorro” Álamos, casi se muere allá. Los cabros me decían que yo le había echado la maldición, me echaban tallas.
Ese año fui goleador (N de R: 28 goles) y él era entrenador mío en Colo-Colo, pero nunca ¡Nunca!, me dijo nada. Que llegara al camarín y me dijera: ‘Bien Julio, buen partido’. Yo podía hacer tres goles y él llegaba al camarín y agachaba la cabeza.
Después los cabros me decían que él había dicho que uno de los pecados más grandes era no haberme llevado al Mundial. Lo reconoció.

¿El mejor técnico que tuvo?
El “Cabezón” Aravena. Era como de piel, te abrazaba, te daba confianza. No como esos técnicos que tienen distancia.

Usted que lo conoció ¿Por qué se habrá llegado a lo del Maracaná el 89?
Yo hice un partido en Iquique y fueron todos los del Maracaná. Fue antes que saliera el castigo al “Cóndor”. Y se echaban tallas… yo no sé… Pa mí que esto tiene que haber sido como algo del “Cabezón”. Porque el “Cóndor” Rojas tenía todo, era el mejor arquero, lo seguían de Europa. Y haber hecho una cosa así… no sé. Al “Cabezón” le gustaban esas cosas, le gustaba siempre sacar provecho de algo, como fuera, pero sacaba provecho de algunas cosas. Legal o no legal. Siempre fue así. Una buena persona, sí.
Cuando llegó Puskas a Colo-Colo, el “Cabezón” habló conmigo. Quería seguir en Colo-Colo (N de R: Era el entrenador hasta entonces). Me conversó que hablara con Simián. Yo tampoco podía decidir esas cosas.

Adiós fútbol

En 1979 Iquique buscó a Crisosto pero él se quedó en Colo-Colo y fue campeón. Al año siguiente partió a Naval. “El 80 me iba a Católica cuando de repente llega a mi casa Lucho Ibarra que se había ido a Naval. Toca el timbre y me dice que me vendieron a mí, Marcelo Pacheco y Bernal. Siempre me pasaron por arriba. ‘No he conversado con nadie’, le dije. ‘Ya está listo’, me dijo. El comandante Urbina, tenía que hablar conmigo. Se fue ‘Loco’ Araya también y se armó un buen equipo”.

El 82 va a Arica

Con Ramón Estay. Iquique no me perdona esa. Jugué por Arica y no por Iquique. Son jodidos igual. Y me lesioné. Estuve como dos meses sin club y después me llama Pedro Morales de Wanderers. Viajaba todos los días desde Santiago con el “Toro” Aránguiz. Firmé por la Copa Polla Gol nomás. Tuve un problema en la rodilla y no me pude recuperar bien. Estuve un tiempo en una pensión también en Valparaíso y viví con Julio Rodríguez.

Termina en Segunda División
Benjamín Valenzuela me llama para ir a Linares. Estaba el “Chepo” Sepúlveda y Tucapel Bustamante. Un viejo divertido, me cagaba de la risa.
Jugaba en casa nomás. Audax me quería contratar pero ya dije no. Ya no doy más, dije. No quiero terminar botado en una cancha. Dejé el fútbol de manera silenciosa.

El cierre para Crisosto fue sin grandes proyectos y lejos de una cancha. Entonces vivía en calle Colón, en Las Condes, y a poco de retirarse, un vecino -que hacía trabajos a Cemento Polpaico- le preguntó si lo acompañaría a llevar a unos trabajadores a la planta. La empresa había creado un equipo, el Unión Cepol, donde brillaba “Chamaco” Valdés.

“Él se quería instalar con una panadería en la población de Polpaico. Y además jugaba en un equipo que tenían en un torneo interempresa. Me invitaron a jugar y jugué con ‘Chamaco’. Hasta que me ofrecieron un trabajo en la empresa. Llegué a manejar la ambulancia. Después de seis meses me preguntaron si manejaba camiones. Esos grandes que llevan cemento, tienen un silo. Yo nunca había manejado camiones. Me enseñaron y estuve 25 años manejando camiones de alto tonelaje. Jubilé en cemento Polpaico”.

Crisosto nunca echó de menos el fútbol. No tenía vocación, dice, para levantar una escuela de fútbol o ser entrenador. Se afincó cerca de Tiltil a disfrutar a su familia, los nietos… Lejos y cerca del fútbol, porque cuando toma el control del televisor, los canales donde se detiene son los de fútbol. Y allí Crisosto recuerda cuando él era el goleador de la Roja y Colo-Colo. O cuando todo empezó con él corriendo en la playa para patear una pelota de trapo en Iquique, junto a sus amigos de siempre.