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Jorge Robledo o el hombre que revolucionó el fútbol
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“Jorge Robledo: Trajo a Chile un nuevo fútbol, el de choque, de penetración. Le dio vitaminas a las delanteras de varias selecciones y durante años fue el mejor jugador que teníamos en casa.
Se retiró del fútbol cuando aún le quedaba mucho para seguir enseñando.
Con su hermano Ted imprimieron al fútbol chileno tal fuerza, que nuestra escuadra nacional llegó a competir con los ‘grandes’ de igual a igual.
Desafortunadamente la suerte fue adversa”.

La revista Gol y Gol, en su edición N° 15 del 11 de julio de 1962, resumió la historia de Chile en los Mundiales y dio en el clavo con la trascendencia de Jorge Robledo Oliver, el “gringo” que revolucionó el fútbol nacional.

Robledo apareció en el Mundial de Brasil 1950 como una ráfaga extraña: era el chileno-europeo que le enseñó a sus compañeros de selección a cabecear, a jugar de primera, a organizarse. Pero rápidamente volvió a Inglaterra y Chile debió esperar hasta 1953 para que ahora el remezón fuera en las canchas nacionales y en el torneo doméstico.

Robledo fue contratado por Colo-Colo en un boom mediático y futbolístico mayor al de Espina el 95, al de Yáñez el 91 o al de Caszely el 78. Superior a cualquier contratación anterior o posterior. Cuando Jorge Robledo se calzó la camiseta del Cacique, el fútbol chileno comenzó de nuevo.

De Iquique a Yorkshire

Robledo Jorge , George, “Pancho” o “El gringo” Robledo nació en Iquique el 14 de abril de 1926, el mismo año en que David Arellano brillaba con la selección siendo goleador del Sudamericano jugado en casa, donde Chile fue subcampeón.

Su padre Arístides era un contador de las salitreras; su madre, una británica veinteañera -Elsie Oliver- que al final tendría un breve paso por Chile. Elsie -embarazada de Walter- su primogénito Jorge de 5 años y Ted, partirían a Inglaterra a inicios del 30. Solos, sin el padre.

“Cuando toda la familia ya estaba a bordo del barco que los llevaría a Europa, el contador bajó con la excusa de comprar cigarros y nunca volvió”, se lee en el libro “Los 11” de Morgan y Figueroa.

Así Jorge Robledo creció en Inglaterra, con los modos y la cultura británica, pero siempre con un hálito chileno que lo traería de vuelta más temprano que tarde.

Fue todo potente para el pequeño George. Casi junto con su llegada a Europa, los Nazis bombardearon Londres. Arribó al poder Winston Churchill y al rato se acabó la Segunda Guerra Mundial.

En medio de eso Robledo comenzó a jugar fútbol, aunque ya había pateado una pelota (regalo de su padre) en Iquique, a los 5 años. A los 16 entró al mítico Huddersfield Town, recordado como el primer tricampeón de Inglaterra. Entonces el equipo estaba de capa caída y jugaba en la Segunda División. Pasó poco tiempo allí Robledo. Al año siguiente lo contrató el Barnsley, también de la B.

“Estaban saliendo de la Segunda Guerra Mundial y él aparte de jugar trabajaba en las minas de carbón. Era bien sacrificado todo”, señala hoy Elizabeth Robledo Nissim, su única hija.

47 goles en 114 partidos (según reseña “Los 11”) alzaron la vista del poderoso Newcastle United de la Premier League, que lo contrató por 25.000 libras esterlinas (puntualiza la revista “Four Four Two”), siendo el tercer fichaje más caro de la temporada y con su hermano Ted como compañero de ruta.

Estamos en 1949 y Newcastle buscaba volver a la gloria. (Newcastle, el equipo más nortino entonces de la Premier. Como si fuera Iquique). Campeones en 1927, ahora recién regresaban del Ascenso y apostaron en grande.

Robledo la rompió. “Era bueno en el aire y un gran definidor. Trabajó duro para ser un gran jugador”, dijo de él su compañero en Barnsley, Johnny Steele.

En su debut en la Premier terminaron cuartos y Robledo brilló. Se dice que fue convocado a los entrenamientos de la selección inglesa, que recién se había afiliado a la FIFA en 1946. Sin embargo, no aparece en ninguna de las formaciones de Inglaterra de esos años.

Hablamos de la Inglaterra de Alf Ramsey (crack y futuro DT campeón del mundo en 1966), Stanley Matthews (uno de los íconos en la historia inglesa) y Jackie Milburn, partner de Robledo en Newcastle.

“Mi papá se hizo conocido en Barnsley y después se lo llevó el Newcastle. Cuando se perfilaba en la Liga inglesa como goleador y todo, el embajador chileno en Inglaterra, Bianchi, avisó que en Inglaterra había un chileno. Ahí lo invitaron a integrar la selección del año 50”, explica Elizabeth.

El mesías del fútbol chileno

robledoRobledo llegó a Chile como un chileno-extranjero. Vestido de corbata y terno con el escudo del Newcastle bordado, fue al estadio Nacional por primera vez en mayo de 1950.

Sin hablar una gota de castellano aterrizó en Santiago y se sumó al equipo de Alberto Buccicardi solo un mes antes del Mundial. La Federación Chilena le tuvo que poner un traductor personal, según escribe Chomsky en “Historia de la clasificación Brasil 2014” donde se incluye un capítulo del Mundial del 50.

Era de hablar lento. Hasta tímido y discreto. Amante del cigarrillo, el café y las pastas… Dato clave: No le gustaba el té inglés ni el “Jacket Potato”, por lo tanto no era tan británico.

Robledo no viajó con el plantel a Río de Janeiro. Lo hizo solo, con escala en Buenos Aires. En el mismo avión iba Julio Martínez Prádanos.

Es ahí donde comienza este aprendizaje sin barrera de idioma. Los compañeros empezaron a ver cosas nuevas. Un nuevo fútbol. El de Robledo.

“Muchas personas hablan del fútbol antes de Jorge Robledo y después de Jorge Robledo. Dicen que cambió el estilo de jugar en Chile. Más de algún gol olímpico habrá hecho, los cabezazos, los pases proyectados”, dice Elizabeth.

“Aquí un jugador recibe la pelota, la para y después la juega. Al hacerlo, para la pelota, se para él y para el juego. En Inglaterra el futbolista juega el balón de primera (…) y las acciones son, en consecuencia, más rápidas y profundas”, reflexionaba el mismo Robledo en revista “Estadio”, que se enloqueció con su llegada y llenó páginas y páginas con su historia.

Jorge jugó por la selección ante la UC en su primera vez con la Roja (Livigstone vs Robledo). Tal fue la locura por el goleador que “Estadio” escribió tras el primer juego: “Robledo y Universidad Católica llenaron una tarde gratísima para todos”.

A la semana -cosas del fútbol- el amistoso fue ante Colo-Colo, con un Estadio Nacional repleto (“Lo importante en el deporte no es vencer. Sino participar. Lo esencial en la vida no es el triunfo, sino luchar bien”, se leía en el tablero marcador aquella tarde).

La vida a veces se va escribiendo como un guión de película (¿O siempre?). Robledo debutó oficialmente por la selección chilena ante… ¡Inglaterra! en el esperado estreno de los “inventores del fútbol” en un Mundial.

JM dedicó luego una columna a Robledo en Las Últimas Noticias. “Robledo corrió más que nunca. Se veía a las claras que anhelaba responder a las esperanzas que en él cifraron millones de chilenos. Pero las cosas no le salieron bien. Pese a todo estuvo a un tris de cumplir su sueño (de marcarle a Inglaterra) en ese tiro libre que pegó en un vertical (…) Una noche lo encontré solo en Copacabana, en la esquina más cercana al hotel, mirando el mar como el más romántico de los enamorados. Me acerqué y pude comprobar que no había romanticismo en su expresión. Era dolor, desconsuelo, amargura pura por su poca fortuna. De ahí que convenga pregonar a los cuatro vientos que Robledo, junto con ser un excelente jugador, evidenció también ser un muchacho honrado y un hombre de bien”.

Pasó que Robledo no pudo marcar ante Inglaterra (lanzó uno de los tres tiros en el palo que tuvo Chile) en un momento en que todos esperaban goles y goles.

“Desde Gran Bretaña ha llegado lo que necesitaba el seleccionado nacional. Un delantero fuerte y entrador, capaz de desmarcarse y hacer goles. La falta de un rematador efectivo ha sido una enfermedad endémica de nuestros seleccionados en los últimos años”. (“Estadio”, previo al Mundial).

Tras la Copa volvió a Newcastle. Se llevó consigo los modismos y garabatos en español –o “en chileno”, más bien- transmitidos por sus compañeros de selección en la concentración en Río.

“Le enseñaron las palabras feas primero y él no sabía que las estaba diciendo”, cuenta entrerisas Elizabeth.

Le quedaban triunfos y goles por conquistar en Inglaterra pero estaba ya la certeza de que Chile aparecía pronto de vuelta en el horizonte.

Voy, gano un par de copas, y vuelvo

Primer Ministro Ingles - Sir Winston Churchill - Final 1951- 1952
Robledo volvió a Europa para ser bicampeón con Newcastle de la Copa FA. Otra vez fueron cuartos en la Premier y Jorge marcó 14 goles en una Liga. En la celebración de la primera Copa FA, en Wembley, Robledo estuvo con el Rey Jorge VI. Al año siguiente lo coronó Winston Churchill tras el 1-0 ante Arsenal, gol de George.

Aquel tanto, marcado al minuto 84, fue una epopeya. Era el 3 de mayo de 1952 y un chico de 11 años se maravilló con la escena (cabezazo de Robledo al primer palo). El muchacho entonces pintaba. Luego le regalarían una guitarra, armaría una banda y haría lindas canciones (John Lennon se llamaba).

RobledoEse cuadro fue ocupado como carátula del disco “Walls and Bridges” (1974). Robledo vivía en Rancagua, retirado del fútbol en ese momento y nunca supo que apareció en un disco de Lennon. La revelación la hizo hace un lustro el escritor porteño Néstor Flores.

Volvamos a los 50. Robledo había dejado Chile, triunfó de nuevo en Europa y retornó a Sudamérica. Colo-Colo lo contrató en un boom mediático-futbolero-cultural que marcó 1953. En mayo se estrenó con el Cacique –anotando dos goles, por cierto- y en julio volvía a vestirse con la Roja, en un amistoso ante España en el Nacional con arbitraje de Ralph Tarrat… inglés.

Al final serían 35 juegos con la selección, anotando 9 goles. Uno de los hitos de Robledo con la Roja fue el subcampeonato del Sudamericano (hoy Copa América) de 1955.

El equipo nacional –que entonces hacía pretemporadas en el regimiento Tejas Verdes de San Antonio, luego campo de concentración en la dictadura de Pinochet- cayó en la final ante Argentina, match que sería recordado porque fallecieron 7 personas tras un derrumbe en una de las galerías del Estadio Nacional de Santiago.

Por Colo-Colo, Robledo alcanzó la fama y el prestigio de entrada. En 1953 logró el campeonato en su estreno, título muy buscado por los albos, que llevaban seis temporadas de sequía.

“Robledo da una lección objetiva de buen fútbol”, escriben Marín y Salviat en la biblia alba “De David a Chamaco”. “Lo importante es que se puede comprobar, en cada partido, que los compañeros de Robledo tratan de imitarlo” (Ídem).

Fueron 26 goles en 22 partidos ese 1953. Asombroso. Su ascendencia lo llevó a ser DT-jugador en 1955 y a “ayudar” –luego de los estadios llenos- a que Colo-Colo comprara la sede de Cienfuegos 41 en 8 millones de pesos.

Repitió luego como goleador y referente en el título del 56 con 12 goles en 25 partidos antes de partir a O’Higgins, enemistado con los dirigentes y gatillando también la formación del Sindicato de Futbolistas. En Colo-Colo dejó 153 partidos y 84 goles.

“A sus compañeros les enseñó a jugar sin pelota; fue un precursor de la labor de dignificación del futbolista profesional. Con él comenzó el fútbol a convertirse en una actividad respetable” (“De David a Chamaco”).

En estos partidos en Chile, Emilio Acchiardo Nissim, primo de Elizabeth y sobrino de Jorge Robledo, lo vio desde las graderías del Nacional. “Lo vi jugar muchas veces y me impresionaba mucho su condición física, cómo cabeceaba, con un estilo muy especial y cabeceaba muy fuerte. Recuerdo que siempre decía que no había que esperar la pelota, había que ir a buscarla”, cuenta Emilio.

A fines de los 50 Emilio estudiaba en el Instituto Nacional y logró que en algunas oportunidades Robledo fuera a entrenar al equipo del curso, en el mismo Estadio Nacional. “Era muy simpático, muy dedicado al fútbol. Y aunque le costaba hablar español, después lo aprendió muy bien”, remarca Acchiardo.

“En vez de ají decía ‘akí’”, refuerza Elizabeth cuyo nacimiento, dicho sea de paso, apuró de alguna manera el retiro del fútbol de Jorge Robledo Oliver, a los 34 años.

El hermano Ted

Jorge Robledo falleció en 1989 en Viña del Mar. Walter está vivo y reside en Inglaterra. Y Ted murió en un hecho que nunca se clarificó.

Cuenta Elizabeth Robledo: “Estábamos en Rancagua, yo crecí ahí. Le llegó la noticia a mi papá, que fue terrible. Recuerdo la casa llena de prensa. Mi papá lloraba, yo lloraba. Lo más triste fue nunca saber bien lo que pasó”.

“¿Qué es lo que pasó? La versión con que nosotros nos quedamos fue que mi tío cuando se retiró del fútbol se fue a trabajar a las petroleras en Dubai, al golfo Pérsico. Y mientras trabajaba conoció al capitán de un barco alemán y dicen que el capitán lo invitó al barco y de ahí nunca más se supo de mi tío. La única conclusión que se sacó, fue que el capitán lo pudo haber tirado al mar y que faltaba un sable que él tenía en su habitación. Eso es todo lo que se sabe. Él nunca se encontró. Mi tío Walter pasó mucho tiempo en Dubai y no, nada. El cuerpo nunca se encontró”.

La muerte de Ted –o Eduardo, también seleccionado chileno y dos veces campeón con Colo-Colo- sigue generando crónicas e investigaciones.

Amor de familia

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“Mis papás se conocieron a los pocos meses que llegó mi papá de Inglaterra. Y por casualidades de la vida, en Viña del Mar. Colo-Colo iba a jugar con Everton y estaban concentrados en el Hotel Alcázar. Y mi mamá estaba con una familia amiga almorzando. Ella se acercó a felicitarlo y después mi madre, que trabajaba en la Embajada americana en ese tiempo, y cuando Colo-Colo salió campeón, invitó a los dirigentes de Colo-Colo y a los hermanos Robledo a cenar. Y desde ahí no se separaron más”, cuenta la heredera Robledo.

Gladys Nissim sería el amor eterno de Jorge. Ambos hablaban perfectamente inglés –Gladys nació en Antofagasta en una familia ligada a las salitreras- y de esa relación nació Elizabeth en 1961.

“Nací yo y mi papá se retiró del fútbol –explica. Él siguió trabajando para la Braden e involucrado en deportes. Después la Braden pasó a ser Sociedad Minera El Teniente y él se unió a O’Higgins. Mi papá fue entrenador de las divisiones inferiores del O’Higgins. Entonces sí lo vi chutear una pelota. Era profesor de Educación Física también”.

Don Jorge Robledo vivió su retiro en Rancagua con humildad y en silencio. Wembley, los títulos, la gloria y su revolución futbolera, junto a su influencia en el fútbol, quedaron como lindos recuerdos.

“Era introvertido, muy caballero y muy profesional para todo lo que hacía. Era como un tesoro hablar de su época de futbolista. Se emocionaba mucho. Yo me emociono todavía. Él no era de las personas que andaba tirando pinta con eso, no, para nada. Él siempre de muy bajo perfil, una persona muy sencilla y lo que más le gustaba era estar con su familia… Todo el mundo lo saludaba. Cuando vivíamos en Rancagua mi papá salía a dejarles regalos de Navidad a las personas que recogían la basura. Era una persona muy sencilla”, sigue Elizabeth.

“A mí me enorgullece mucho y me emociona que mi papá siempre fue un caballero, dentro y fuera de la cancha. Él no era bueno para jugar sucio. Foul siempre iba a haber pero no intencionales. Él me lo decía: Si él hubiera botado a alguien sin querer, él siempre lo levantaba, nunca alegaba nada. Me da pena que ahora tenemos jugadores extraordinarios pero la actitud agresiva cuando les hacen un foul o cuando se hacen pero no les hicieron nada. Mi padre me decía, el fair play, el jugar limpio, el ser correcto. Esos valores son los más apreciados en mi vida. Fue un deportista fantástico que lo demostraba. La caballerosidad, el respeto a la gente”, completa Elizabeth en recuerdo de su padre, que muchas veces era confundido con algún actor de Hollywood, por su pinta de guapo clásico, con gomina marcada y sonrisa fácil.

Robledo es uno de los tantos íconos que no fue estrujado por el fútbol chileno tras su retiro.

Para el Mundial de 1962 acompañó a la delegación de Inglaterra que concentró –por gestión suya- en Coya, en dependencias de la Braden.

El técnico británico era Walter Winterbottom, más conocido como “Walter el Magnífico”, el mismo entrenador del Mundial de 1950 que quiso sumar a Robledo a sus filas.

Despedida JRO - Estadio NacionalAl final Robledo se recluyó en los suyos.

Seguramente si hubiera sabido que inspiró al más famoso de los músicos del siglo, Jorge Robledo le habría dedicado, por qué no, la canción “Bless you”, del Wall and Bridges, a sus queridas Elizabeth y Gladys (fallecida hace cinco años).

Ahí Robledo –mirémoslo por un minuto sin ese aire tímido- les habría cantado a su hija y esposa: “Te bendigo donde quiera que estés / Abrazándola a ella ahora / Y recuerda aunque el amor es extraño / Ahora y por siempre nuestro amor permanecerá”.