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Hugo Balladares a puertas abiertas
Hugo Balladares

Se nota que Hugo Balladares está contento. Ya sea en su oficina, en las canchas, al lado de los técnicos, dirigiendo a la Filial o compartiendo con los muchachos de la Casa Alba, el DT está metido de lleno en Pedrero. “Este ha sido una etapa de observación y diagnóstico para ver cómo se involucran y desarrollan las distintas áreas del fútbol formativo. Hay un muy buen grupo de entrenadores, preparadores físicos y de diversos profesionales” dice el también ex futbolista.

Balladares es un hombre que ha dedicado su vida al balompié. Primero como futbolista de Universidad Católica, Coquimbo y Audax Italiano, entre otros. Luego como entrenador de divisiones menores en Colo-Colo, después en la precordillera y ahora nuevamente en Pedrero, como jefe del Área formativa.

¿Con qué te encontraste?
Me llevé una súper grata impresión porque hay mayor control y orden en los entrenamientos. Se han añadido distintas estructuras para que el jugador se potencie, como por ejemplo el seguimiento vía video. El rol que ha tomado la casa alba protegiendo a los jugadores de proyección ha sido muy importante. Entonces se ha mejorado bastante desde el tiempo que yo estuve.

¿Cuál es el sello del trabajo formativo? ¿Qué jugador queremos formar?
Históricamente el sello del jugador de Colo-Colo es aquel que sale a ganar todos los partidos. Tratamos de dar espectáculo y proponer en el juego. La idea es que esto nos permita acercarnos cada vez a los rendimientos más altos.

¿Cómo se hace eso?
Con planificación. Si bien tenemos objetivos macro, también apuntamos al mediano y corto plazo. Les damos más herramientas y exigencias día a día para alcanzar el máximo de rendimiento lo antes posible. De todas formas no todos los jugadores son iguales, no explotan en el mismo momento. La idea no es quemar jugadores y por lo mismo también hay un seguimiento a las variables emocionales de cada uno de estos futbolistas.

Hay una crítica permanente a Colo-Colo y es que desde que se fueron Valdivia, Vidal y Matías, el equipo no ha sido capaz de consolidar a más canteranos.
En realidad esa es una crítica objetiva. Se ve que no hemos podido mantener esa continuidad en el proceso formativo. No siempre se dan generaciones de ese nivel. Puede ser fortuito, pero no nos podemos quedar en eso. Nosotros hacemos un trabajo de captación, los mejores jugadores se vienen a probar a Colo-Colo. Entonces tenemos que asumir esa crítica y trabajar para que más jugadores estén capacitados para la alta competencia.

¿Qué rol desempeña en estos casos los entrenadores del Primer Equipo?
Bueno, si un entrenador llega y en el medio no encuentra los jugadores que él necesita, debería mirar a las divisiones inferiores. El punto en todo caso es que ése jugador rinda cuando se le de la oportunidad y mantenga el rendimiento en el tiempo. Para eso tenemos que seguir fortaleciendo a los jugadores en lo táctico, lo físico, lo técnico y sobre todo en la tolerancia a la frustración.

¿Por qué se da eso en Colo-Colo?
Porque los jugadores acá están acostumbrados a ganar siempre, entonces cuando las cosas no funcionan como esperábamos bajamos muy rápido los brazos. No estamos acostumbrados a perder y un futbolista de este club que se integrará a planteles altamente competitivos, tiene que saber lidiar con eso. Tiene que demostrar su calidad entrenamiento a entrenamiento, sin fallar, demostrando que es confiable. Debe ser el primero en llegar y el último en irse. Tener disposición a escuchar y aprender. Además llegar a un plantel profesional debería ser el punto de partida para nuestros jugadores. Ahí el camino es larguísimo, mucho más duro. Hay técnicos que no te consideran, los compañeros a veces buscan la satisfacción individual. Entonces hay muchos factores que un jugador a los 17 o 18 años ya debería tener solucionados para integrarse en buen nivel a un plantel profesional. Hay que ser muy fuerte de cabeza porque no te van a poner, no te van a citar.

Hugo Balladares

¿Eso está pasando en Colo-Colo?
En realidad lo que ha pasado es que no se han mantenido rendimientos que nos permitan confiar plenamente en que el jugador de casa pueda tener una permanencia y rendimiento estable en un Plantel Profesional. Eso va de la mano con que exista un respaldo de los entrenadores y que no sólo les den la confianza cuando el equipo está bien y ganando. Porque ellos también necesitan esa experiencia.

¿Cómo ha ayudado la Filial?
Es muy bueno ese paso porque les da experiencia. Juegan contra equipos más duros, con jugadores que han participado en Primera división o en la B. Juegan en canchas que no son tan buenas y eso va aumentando las posibilidades de que nuestros jugadores sean más completos. Estamos trabajando en potenciar a nuestros jugadores y en maximizar el rendimiento cuando les den la oportunidad. Así tenemos jugadores en el plantel como Claudio Baeza que ha respondido bien. Está Esteban Pavez que dio una vuelta más larga, pero también lo ha hecho bien. Ojalá que Pancho Lara se meta ahí, está Álvaro Salazar y otros tantos esperando su oportunidad.

¿Cómo se genera espíritu de equipo e identidad en un contexto como éste, donde la individualidad es la que manda?
En eso tiene mucho que ver el club, cómo logramos a través del discurso de nuestros entrenadores hacerles entender que se necesita de las individualidades pero para un objetivo común. Ahí entran todas las conductas valóricas, la responsabilidad, mis conductas repercuten en el colectivo. El sacrificio, el compañerismo, la solidaridad y el trabajo en equipo tiene que ser permanentemente inculcado por nuestros entrenadores. Eso no quiere decir que no existan egos. Pero debemos tener las herramientas para conseguir que ese ego beneficie al jugador y al equipo.

Desde esa perspectiva ¿Cómo debería ser el trato con los jugadores del fútbol formativo?
Debe ser lo más justo posible, muy honesto, cercano y jerárquico con las decisiones. El entrenador es la autoridad, es el que rige y el que comanda. Él debe estar encima en todo esto de lo valórico, porque el jugador primero es persona y nosotros necesitamos buenas personas. Ese mensaje hay que darlo a nuestros dirigidos y a las familias de nuestros dirigidos.

¿Qué se le dice a los jugadores que creen que el club no confía en ellos?
Creo que este no es un tema de confianza. Para que un jugador llegue hasta esas instancias ha requerido de la confianza del club durante casi diez años. Creo que tiene que ver más con las exigencias en Primera División. En Colo-Colo son muy altas y hay jugadores que con 19 o 20 años todavía no están a la altura. En todo caso entiendo esa visión, yo también me la hice en su momento cuando fui cadete. Pero uno como jugador de fútbol tiene que tener la capacidad de entender cosas que parecen injustas mucho antes. Porque quedarse pensando en por qué ése jugador sí tiene la oportunidad y yo no, termina afectando mi propio rendimiento.

¿Qué debería hacer ese jugador entonces?
Pensar en qué tengo que mejorar para ser yo y no otro el que esté arriba. Creo que a todos los jugadores de fútbol les falta autocrítica. Siempre responsabilizamos a factores externos y no a mi falta de definición, anticipación o concentración. Sí es cierto que esto se mezcla con falta de oportunidades. Pero en Colo-Colo esas posibilidades siempre van a ser más escasas, es así. Por lo mismo hay que aprovechar mucho más las instancias de entrenamiento, entrenamiento con plantel y partidos con Filial. Eso te va a permitir decir: Yo permanentemente demuestro que tengo que estar arriba.

¿A los 19 años se puede tener esa madurez?
Se tiene que tener para poder hacer frente a ese gran problema que es la incertidumbre. Eso de pensar qué estoy haciendo, si lo estoy haciendo bien, si decidí correctamente termina por afectar tu rendimiento. La cabeza tiene que seguir enfocada únicamente en tu objetivo, y si para conseguir ese objetivo necesito un poco más de tiempo, bueno lo será, pero no me voy a desenfocar. Entonces si bien es cierto que no hemos dado tantas oportunidades como quisiéramos, igual hemos dado.

¿Hay un ejemplo de esta actitud?
Nosotros aprovechamos mucho el ejemplo de Arturo Vidal. Junto a sus condiciones y a las oportunidades que aprovechó, él tuvo una cabeza muy potente. Si él no hubiese tenido esa valentía emocional cuando no estaba inscrito, cuando no lo citaban o cuando no viajaba a una gira, no habría llegado. Pero él ahí estaba, tenía un objetivo por cumplir. Ojalá todos tuviesen esa convicción para que nada te haga bajar los brazos.

¿Hay una desafección mayor de nuestros jugadores en este momento?
Tal vez hay que hacerse cargo de errores anteriores. Para crear identidad y fidelidad tienes que entregar cariño y respeto por el trabajo de los jugadores. Nadie va a firmar un contrato donde se le asegure que va a jugar con el Primer Equipo, pero nosotros podríamos aportar más en un vínculo afectivo que haga que nuestros jugadores se sientan partícipes y agradados. Que su última etapa de cadetes la hagan con todo, como si recién hubieran llegado. Que mantengan esa ilusión de niños, esa misma ilusión que los hizo venir acá y no a otro lugar. Que no se acabe ese amor que los ha tenido tanto tiempo acá. Estamos preocupados por el bienestar de todos y obviamente uno tiene que optar. Y los que no queden en esa opción prioritaria igual son importantes, porque ellos fueron fundamentales para que otros sí llegaran.