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Gabriel Suazo, esfuerzo de familia guerrera
Gabriel Suazo y su familia

“Llegué a Colo-Colo a los ocho años, casi cumpliendo nueve. Primero yo jugaba tenis, en verdad. Pero siempre me gustó el fútbol. Jugaba en la escuela Colo-Colo Cordillera, quedaba en Las Vizcachas. Jugamos un campeonato con todas las escuelas. La semifinal la ganamos en Las Vizcachas, hice un gol de tiro libre. Jugamos un sábado la final contra Colo-Colo Monumental. Yo estaba de cumpleaños y había pedido todo de tenis: Raqueta, pelotas, polera, zapatillas. Jugué la final y me vio un ex arquero del club que le dijo a Lizardo Garrido. El Chano llamó a mi papá para que me viniera a probar a las cadetes”. Gabriel Suazo recuerda con total claridad su primera vez en el Monumental, y claro en ese recuerdo hay un balón rodando, olor a pasto, la luz de la mañana y por supuesto su papá, Roberto.

Porque si algo tiene claro Gabriel es que desde ese día cuando tenía ocho años hasta ahora diez años después sólo hay dos constantes: Colo-Colo y su familia. El viaje ha sido largo, pero lo está haciendo con las personas indicadas. Se ha rodeado de un círculo cerrado compuesto por el propio Roberto, su mamá Marcela, sus hermanos Iván y Crisóbal. A ellos se suman su primo Jorge y su polola Gabriela. Ese círculo sólo se abrió una vez para dejar entrar a dos comapñeros de generación, inseparables, amigos del alma, verdaderos hermanos: Cristian Gutiérrez y Óscar Peña, el Tata. “Con el Flaco somos amigos desde que llegó, también en la sub 8, aunque al principio jugaban los dos gemelos y no le pasaban la pelota a nadie más. A los 10 años llegó el Tata y desde ahí que no nos separamos. En la sub 13 echaron al Diego Gutiérrez, el gemelo del Flaco, y Cristian se fue con él a Palestino. Volvió en el Clausura de la Sub 17, cuando nos tomó el profe Hugo González. Él me empezó a poner de seis, me gustó el puesto y no lo solté más. Al mismo tiempo, el Flaco empezó a jugar de lateral. También, agarró el puesto y no salió más del equipo titular”.

La amistad comenzó de muy chicos, cuando Gabriel todavía no se decidía si sería el balón o la raqueta la gran pasión de su vida: “Entrenaba los martes y los jueves. Primero en Colo-Colo y después en el tenis. No me cansaba, es que me gustaba mucho hacer las dos cosas. Pero de a poco fui dejando el tenis y me metí al fútbol que es lo que más me gusta. Igual tengo trofeos de los torneos que jugué”.

Tu primer DT fue Luis Pérez, el histórico
Con él empezó todo, jugamos desde esa época con Gutiérrez, el Flaco. Nos exigía harto, le teníamos un poco de miedo incluso. Pero la verdad es que me ayudó harto. Después me lo volví a encontrar en la sub 13 y me dejó en la banca. Siempre jugaba de volante por izquierda, de carrilero puede decirse. Ese año en la sub 13 el profe empezó a cortar a muchos jugadores, fue cuático porque habíamos salido campeones tres años seguidos. Trajeron jugadores del sur, llegaron como cinco de Nueva Imperial. De los que se fueron estaban Richard Paredes y Diego Gutiérrez, hoy en el plantel de Palestino y Tomás Valenzuela hoy en el plantel de Barnechea. Creo que fue una mala decisión. Ese año estaba en la banca, pero cada vez que entraba hacía goles, salí goleador ese año viniendo desde la banca. Hasta que se me dio la oportunidad de entrar como puntero izquierdo, lo hice bien y no salí más.

Y esto que parece una anécdota aislada en realidad es una tendencia en su vida. Cada vez que le tocó venir de atrás, remarla contra la corriente, Gabriel se impuso. O de lateral, o de volante, de puntero o incluso de central, en cada categoría del fútbol joven Suazo terminó siendo titular y clave para su categoría.

Ese año no sólo se tuvo que reinventar desde la banca: “Me pusieron 13 puntos en el brazo. Me los hice un día jugando a la pelota en el colegio, se nos cayó detrás de una muralla y yo me pasé, cuando caí del otro lado sentí que algo se me había enganchado. No me importó porque sentí como una rasmilladura. Tiré la pelota de vuelta y me volví a pasar, pero ya me dolía mucho. Me saqué el chaleco y la polera y ahí vi que tenía todo abierto. Me puse a llorar más porque me iba a perder el partido con San Luis que íbamos a jugar en el estadio de Quillota y eso era bacán cuando uno era niño, si estaba recién inaugurado”.

La influencia de Claudio Rojas

Gabriel Suazo entrenando

En el Clausura de 2012 la vida de Gabriel Suazo como futbolista empieza a cambiar gracias a un entrenador, Claudio Rojas se hace cargo del equipo: “Desde el primer entrenamiento supe que era un buen profe. Hizo trabajos tácticos, de perfiles, técnicos y ahí uno se da cuenta al tiro la calidad de profe que es. La pasión que le pone a cada entrenamiento. Es el profe al que más afecto le tengo. Con él también jugaba de lateral izquierdo, pero me daba toda la libertad para jugar. Con él salí goleador jugando ahí, me decía que pasara sin pelota, lo hacía y entraba solo. Es el profe que más me ha marcado”.

¿Te siguió dirigiendo después?
Sí, pasamos directo de la sub 15 a la sub 17, porque la sub 16 no existía ese año (La ANFP la había suprimido) y era complicadísimo porque se unían dos series y nosotros que éramos más chicos teníamos que luchar con una de las mejores series de Colo-Colo. Estaba Bryan Carvallo, Jorge Araya, el Roberto (Riveros), Henry Sanhueza, Hardy Cavero, Nacho Torres. O sea era una serie extraordinaria, en cambio nosotros éramos una serie regular. Nos tocó con el profe Hugo González y me dejaba en la banca. En la primera fecha fuimos a jugar a Talcahuano con Huachipato y jugué tres minutos. Yo estaba achacado, pero cuando terminó el partido el profe nos dice que no va a seguir con nosotros porque va a tomar la sub 19. En la semana nos dijeron que sería Claudio Rojas el que tomaría la serie. Yo dije: ‘Un ángel me está iluminando’. Y claro en la fecha siguiente contra Everton jugué de titular, de volante. Con el tiempo me empezó a poner de lateral izquierdo. Los resultados no se dieron las primeras fechas y cambió a un esquema de 3-4-3. Ahí me puso de central por izquierda y me dijo: ‘Aquí te voy a cortar las piernas porque no vas a poder pasar al ataque, pero vas a aprender a defender’. Y así fue, aprendí muchísimo.

Con Claudio tuviste tu primera gira a Italia
“Ese campeonato los categoría 96 comenzaron como titulares, yo era 97 y me quedé en la banca. En el primer partido jugamos contra el Padova. Terminando el primer tiempo íbamos 1-1 y el profe me dice que en el segundo tiempo voy a entrar de puntero izquierdo. Hacía tiempo que no jugaba en esa posición, pero pensé: ‘Ya, voy a entrar con todo, no más’. Y así fue, entré y anduve muy bien, hice un partidazo. Di un pase gol al Nacho y marcó el 2-1. Entré super bien y me gané el puesto. En el tercer partido, contra Udinese me puso de lateral izquierdo. En el entretiempo el profe le pregunta a un compañero si estaba para seguir jugando porque lo había hecho mal, y él responde que no. Todos nosotros quedamos para adentro. Y me pone a mí como central por izquierda. Jugué muy bien junto al Henry. La semifinal con Curitiba fue mi mejor partido, cuando terminó el Chano Garrido, que nos acompañó, me felicitaba. Perdimos, eso sí”.

Fue un gran año ese, también jugaste la final en Chile
“Sí, contra la U. Era un equipazo. Jugamos con Samuel (Antilén) en el arco, Dilan (Zúñiga), Henry (Sanhueza), Hardy (Cavero), yo de lateral izquierdo. De seis Jorge (Araya), Nacho (Torres), Bryan (Carvallo). Y arriba jugaron el Kevin (Orrián), el Robert (Riveros) y el Maikol (González). La final allá la ganamos 2-1 y en la vuelta en el primer tiempo les ganábamos 4-0. Fue un baile. Salimos campeones y en el torneo siguiente con el profe Hugo salimos de nuevo campeones. A mí me quedaba un año todavía en la 17. Me tocó el profe Claudio otra vez y a pesar de que el equipo no era tan bueno como el anterior, ese año me sirvió mucho para ser líder. Era uno de los jugadores con mayor experiencia y tenía que ser el apoyo de todos, yo era el capitán y tenía que llevar a ese equipo lo más alto que se pudiera. El profe Hugo pidió para la juvenil al Tuto, al Flaco y a mí. Pero el profe Claudio pasó al Tuto, pasó al Flaco, pero no me dejó subir a mí. Igual le doy las gracias al profe Claudio porque me dio la responsabilidad de liderar un equipo. De hecho después de jugar en el campeonato de Italia (Trofeo Nereo Rocco de Gradisca 2014), otra vez Hugo González me pidió para la 19 que se preparaba en Chile para jugar un torneo en Holanda, pero otra vez el profe Claudio no me dejó y yo lo entendí, tenía que seguir liderando al equipo. Viajé a Holanda con la juvenil y lo hice bien, siempre de seis”.

El fin de una etapa, comienza el profesionalismo

Gabriel debut

Gabriel Suazo mira atrás y ve una etapa hermosa de su vida, siempre con el olor a pasto y de la mano de su familia. ¿Qué ha significado toda esta etapa de juvenil para él? “Significa todo, cómo soy como jugador y persona. Mis padres siempre me han educado, pero el fútbol te da otras cosas como el trabajo en equipo, el esfuerzo, ser responsable, saber qué es bueno para mí y que no. Tener amigos, familia en el club, acá tengo hermanos como el Óscar y el Flaco. He aprendido mucho con todos los profesores y todos ellos me han ayudado a estar donde estoy hoy”.

Te tocó ser campeón con la juvenil después de muchos años
Sí, jugué la final de 2014 contra la U. Yo no sabía si iba a poder jugar, pero el profe en el camarín me dijo que iba a ser titular. Estaba tranquilo, hice un partido muy bueno, pero quedé deshidratado. Terminando el partido me mareo, los 90 minutos terminaron en empate y nos íbamos a penales. Pero de ahí ya no me acuerdo. Hacía mucho calor, me tiré al suelo, tomé mucha agua y compota. De a poco me iba recuperando, pero ni siquiera vi los penales. Veía borroso. En el camarín ya me recuperé más, pero tuve que celebrar tranquilo, sentado. El sábado jugamos la copa entre los dos campeones del año, contra Cobreloa. Ese partido fue más tranquilo, lo jugué muy bien y ganamos 2-0. Fuimos campeones con la juvenil, qué más lindo.

¿Cómo fue cuando supiste que subías al Primer Equipo?
Estaba de sparring en la Copa América y salían noticias que juveniles de Colo-Colo se jugaban su opción en el Primer Equipo. Estaba feliz por ellos, pero sabía que si estuviese en el club podrían haberme llamado a mí. El día sábado, el de la final de la Copa América, me llama Patito Barahona y me dice que el domingo tengo que entrenar con el plantel. Al otro día llegamos a entrenar y desde ahí no he parado hasta hoy. Para mí fue sorpresivo pero al mismo tiempo una gran oportunidad que tenía que aprovechar.

¿Y el debut en el CAP?
Lo único que quería era entrar. Fue contra Conce. Estaba calentando, pero ya me veía entrando. Cuando el profe me llamó estaba feliz, serio y concentrado. Feliz de jugar por el equipo de mis amores. Cuando entré no escuchaba a nadie, estaba concentrado. Me tocaban pocos minutos, como ocho, pero para jugar ese tiempo me tocó al tiro ganar una pelota dividida. Entré a jugarme la vida, ¡si esperé tantos años por este momento!

¿Es muy difícil estar ahí, Gabriel?
Hay una competencia sana, pero mucho más grande que en la juvenil. Yo me esfuerzo día a día para ser citado al plantel. Llego temprano a hacer gimnasio, tomo desayuno, me voy a entrenar y hago mi mayor esfuerzo para que me tengan en consideración. Ahora sé que es difícil porque hay jugadores de mucha experiencia. Pero también sé que no es imposible, como le pasó al Flaco. Ahora sé que en cualquier momento llega la oportunidad y tengo que estar preparado para aprovecharla.

¿Te desmotivas cuando no te citan al Primer Equipo y te toca jugar por la juvenil?
Sé que es difícil que me citen en el plantel. Pero lo he hablado con mis papás y ellos me dicen que lo importante es mantenerse y estar preparado. Si no me citan y tengo que jugar por la juvenil, tengo que hacerlo con todo para que me sirva y no ir bajoneado a jugar. Así que voy feliz a jugar por la juvenil.

Estás compartiendo con verdaderos cracks ¿Hay alguno que haya sido tu ídolo de chico?
Siempre he sido admirador de Fierro. Ahora entrenar y ser compañero de él es algo lindo para mí. Lo veía acá en el Monumental cómo le pegaba de tres dedos a la pelota. Siempre ha sido mi referente, yo siempre jugaba con la 11 por él.

¿Hacia donde te proyectas?
Me pongo objetivos a corto plazo. Entreno con todo cada día y si me toca jugar hacerlo increíble. Esos son mis objetivos día a día. Quiero ser un jugador de elite, pero no pienso en eso, pienso en el presente, en ganarme una citación, ganarme los minutos en primera. Si lo hago bien lo otro va a llegar solo. Yo no me voy a ir a jugar afuera por mis representantes, voy a ir a jugar fuera por lo que haga dentro de la cancha.

¿Cómo estás viviendo esto de empezar a ser más conocido, a veces firmar autógrafos?
Cuando chico veía los partidos por la tele y yo era hincha a morir. Ahora jugar para esa gente que es hincha como yo es algo impagable. Eso lo tomo como experiencia y como una responsabilidad rica que me hace ser feliz. No como una responsabilidad que me contraiga. Comparto con jugadores de primer nivel como Humberto Suazo, Esteban Paredes, Beausejour mundialista. Los veía tan lejos y de un momento a otro son mis compañeros. Esta es una oportunidad que me ha dado la vida y el fútbol.

Uno te ve como el reflejo de lo que debe ser un futbolista de Colo-Colo. ¿Cómo crees tú que debe ser ese futbolista?
Además de la técnica y ser fuerte tácticamente, que creo que eso lo tienen todos los jugadores de Colo-Colo, sino no estarían acá en el mejor club. Tienen que tener esfuerzo, trabajo en equipo, mente fuerte, ser tranquilos e inteligentes dentro y fuera de la cancha. Porque adentro puedes ser extraordinario, pero si afuera vives en joda, te farreas tu oportunidad en la vida.

Si titularas tu diario de vida ¿Cómo se llamaría?
El esfuerzo de una familia guerrera. Porque lo que estoy cumpliendo no lo estoy cumpliendo solo. Está mi familia, mi polola, mis abuelos, mis primos, mis tíos. No estaría donde estoy si no fuera por ellos. Ellos me dan una palabra sabia, te apoyan, te dan cariño, te abrazan, te dan afecto. Creo que el esfuerzo y el sacrificio es más de mis papás que mío. Porque yo hago lo que me gusta. Ellos son el pilar de mi vida y son los que me ayudan salir adelante. Si logro o no logro algo va a ser junto con ellos, no solo.