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El segundo tiempo de Gonzalo Fierro
Gonzalo Fierro Tricampeón

Dos etapas en una misma vida futbolística. Dos tiempos para un partido que todavía se juega con la camiseta número 11 de Colo-Colo. Gonzalo Fierro está en medio de su segunda etapa en el Cacique. Es un jugador maduro, que ve el fútbol de manera distinta a cómo lo veía al momento de irse en 2008 al Flamengo. “Puede ser que esté un poco más viejo”, dice quien marcara una época en el Cacique en ese equipo de ensueño dirigido por Claudio Borghi.

Y es cierto que los años pasan, como también es cierto que los 30 años para muchos entendidos marca el punto exacto en que se da esa rica mezcla entre madurez, inteligencia y talento. Esa etapa está comenzando para Gonzalo y lo encuentra en una situación difícil. El equipo no logra alcanzar regularidad y le cuesta mucho imponer sus términos ante los rivales. “También hemos tenido mala suerte”, explica el volante y sus argumentos parecen darle la razón: “No puede ser que llegamos veinte veces al arco rival y sólo marquemos un gol”.

De todas formas, al contrario de lo que podría haberle pasado al Fierro de hace unos años, el de ahora se toma este momento con tranquilidad. Y aunque está feliz en Colo-Colo todavía le cuesta acostumbrarse al fútbol chileno luego de su paso por Brasil. “Fue una experiencia muy linda. Maduré muchísimo en todo sentido, tomas más responsabilidad. Jugué en el equipo más grande de Brasil, gané cosas importantes y eso va a quedar por siempre en mi carrera. Llegar allá para mí fue un triunfo”. Un país gigante en su geografía y en su historia futbolística que tenía guardada una notable anécdota en la bienvendida de Fierro.

“La mayor anécdota la tuve cuando llegué allá. Llegué en la tarde y me citan a entrenar con el PF a la playa. Llego al club y había mucho periodista. Yo me preguntaba ¿Por qué tanto? Cuando entro a vestirme estaba mi canasto, el kinesiólogo, el PF y otra persona más en el rincón, con el pelo largo. Saludé, me senté, me vestí y me fui. Cuando salí del camarín estaban las cámaras esperando afuera. Yo decía, qué onda, cómo tanta importancia Fierro ¿Tan bueno soy? Cuando llegamos a la playa, empiezo a correr y empieza a llegar gente a la playa, yo no entendía, la gente de seguridad los sacaba. Era tanta la gente que me empecé a fijar bien con quién estaba entrenando, le miré la cara, los gestos, en cómo lo trataban y me di cuenta que estaba entrenando con Ronaldo, el “Fenómeno”. No lo podía creer. Ahí me expliqué por qué tanta gente y tanto periodista, la playa loca. Cuando lo reconocí me entró un cagazo, un miedo a que me dijera: ‘Pendejo, quien soy voh'”.

¿Le hablaste después?
Cuando agarré más confianza me puse a conversar, me preguntó por Iván Zamorano. Hablaba muy bien español, se acordaba también de Salas. Hablamos de la Selección, yo le hice preguntas, él me preguntó de qué equipo venía. Una semana después dejó de entrenar en Flamengo.

Después compartiste con Ronaldinho
Sí. Él se portó muy bien conmigo cuando llegó. Habla un poco español y nos trató muy bien, nos acogió, me ayudó con el idioma. Se portó muy bien a pesar que no me conocía. Antes lo veía por televisión y después lo conocí como persona. Fue una muy linda experiencia.

¿Brasil es muy distinto a Chile en lo futbolístico?
Es un tema más físico. Allá se juega mucho. Desde enero a diciembre. No paras ni cuando juega la Selección porque tienes cinco campeonatos en el año. Además allá me fijaba que las mujeres andaban siempre con las camisetas de los clubes en la calle, en el mall. Se juntan en familia a ver los partidos, salen a los balcones y a los patios a gritar los goles. En cuanto a la violencia, existe mucho allá, pero en el fútbol yo vi muy poco.

¿El cambio es muy fuerte?
Es fuerte porque cuando uno vuelve piensa que se va a encontrar el mismo fútbol. Pero ha cambiado mucho. Para bien y para mal. La mayor alegría para un jugador de fútbol es cuando vas camino al estadio y la gente va por las calles cantando, pintados, con banderas. Allá salías a la cancha y te recibían con fuegos artificiales. Y estamos hablando de Brasil. Acá llegas y te encuentras con un estadio apagado y en silencio, cada cual por su lado. No sé si este cambio es para mejor o peor.

¿Estás desilusionado con lo que te encontraste?
Sí. Puedo estar equivocado, pero el fútbol lo vivía de una forma y ahora lo vivo de otra.

¿Qué es lo que te ilusiona entonces? ¿Dónde encuentras motivación?
La mayor motivación son mis hijos y mi familia. Dos hijos maravillosos y una mujer espectacular. Todas las mañanas cuando despierto le doy un beso. Vivo el día a día. Soy fuerte, pero me guardo muchas cosas. A veces me despierto, de repente sin muchas ganas de levantarme, pero lo hago por ellos. Sobre todo cuando las cosas no están muy bien como ahora, ellos te dan una sonrisa. Ellos y mis padres me han demostrado que hay que luchar día a día.

¿Lo has pasado mal en esta segunda parte?
Lo pasé mal cuando llegué. En los meses siguientes me empecé a lesionar. Eso me afecta muchísimo porque no estoy acostumbrado. Se me metió en la cabeza que las lesiones eran psicológicas, no sacábamos resultados, llegó Ivo y no jugaba mucho. Muchas cosas se me vinieron a la cabeza, no sabía si estaba para seguir jugando, retirarme o jugar un tiempo más. Pero las cosas cambiaron, llegó Omar, empecé a jugar, las cosas me empezaron a salir bien. Así que sólo fueron esos primeros meses.

Tu mejor momento lo viviste en el equipo del Bichi ¿Qué tiene de especial Borghi?
Claudio se encontró con un grupo muy bueno, una camada de jugadores muy buena que venía de abajo. Matías, Jorge, Chupete que venía llegando, Alexis depués, Arturo y Rodrigo que pasaban por un muy buen momento. Claudio es el mejor técnico que he tenido en mi carrera. La confianza que él te da es lo mejor, además tiene al PF, Hernán que te ayuda muchísimo. Cuando el equipo no anda, te habla, te tira tallas. Él conversaba mucho con los jugadores, nos preguntaba cuándo queríamos concentrar, a qué hora y nosotros le respondíamos en la cancha, ahí había que romperse el culo. Además tocó que anduvimos muy bien en la Sudamericana y eso nos dio una motivación extra, todos queríamos jugar todos los partidos, viajar donde fuera, siempre los mismos.

¿Para los formados en casa es una motivación especial que llegue a dirigirlos un hombre como Hugo González?
Es especial. Ya me ha tocado estar tres veces con Hugo. Con Astengo, con Lucho y ahora que está con el Tito. Es una persona que trata de aportar y cada vez que sube lo hace. Tu ves los trabajos que hace, te motiva, conoce el club y sabe lo que es esta camiseta. Él tiene poca culpa de lo que está pasando y es bueno que se le de la oportunidad a gente que es de acá, que conoce el equipo. Ojalá podamos empezar a ganar para que pueda seguir y si no es así que pueda seguir aportando desde cadetes.

¿Te gusta el puesto en el que estás jugando?
No me acomoda mucho, aunque sí lo manejo bien. Prefiero jugar un poco más retrasado. Probablemente lo que estoy haciendo al técnico le sirve, pero prefiero llegar de atrás y estar más activo. Me gusta recorrer más el campo. El semestre pasado también me retrasaba, me gusta participar siempre.

¿Cómo ves al equipo?
Está bien, obvio que se bajonea. Pero si la gente ve los entrenamientos pueden ver que trabajamos intenso. Yo creo que estamos en una mala racha. Empezamos jugando bien, pero si nos hacen un gol nos bajoneamos. Nos ha faltado la calma para sacar adelante los partidos aunque partamos perdiendo. A la cancha entramos a entregarnos por entero por esta camiseta.

¿Qué significa para ti Colo-Colo?
A este club lo voy a querer por siempre. Este club me dio la oportunidad de jugar. En las buenas y en las malas el cariño cada día crece más. Acá me di a conocer, gané muchas cosas. Estaré siempre muy agradecido de Colo-Colo.