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El libro sincero de Jaime Bravo, delantero del Cacique en los 60
Portada del libro

Su hija Claudia le dio la idea y su hijo Jaime Jr hizo la portada. Las historias de Jaime Abraham Bravo López se plasmaron en un libro así, tras una petición familiar que lo animó a llevar al papel sus vivencias. Es finalmente la extensión de ese núcleo que completan la esposa Alicia y las otras hijas: Marisel y Valeria.

Y vaya que refresca conocer de primera mano cómo era el fútbol en otra época, los 60 y 70, y cómo lo vivía un futbolista, generalmente reacio a dejar escritas sus experiencias.

Jaime Bravo, delantero, nació en el Cacique. Formado en las cadetes albas debutó en una era de pocos triunfos. Entre 1963 y 1970 Colo-Colo vivió uno de sus dos periodos más extendidos sin títulos. Y allí, entre medio asomó Bravo, estrenándose en 1964.

Sí fueron los años del surgimiento de la Copa Libertadores. Y ahí Bravo dejó huella: jugó un partido en la segunda participación del Cacique en la Copa, en el mismo 1964, junto a Efraín Santander, Óscar Montalva, Hugo Lepe, Mario Ortiz y Chamaco, entre otros, dirigidos todos por Caupolicán Peña.

Luego en 1967, estuvo en 8 partidos coperos, anotando un gol en el Centenario ante Nacional (que luego perdería la final frente a Racing), con un Colo-Colo que presentó en Montevideo a Santander, Aldo Valentini, Humberto Cruz, Orlando Aravena, Keko Ramírez, Víctor Zelada y Elson Beyruth, entre otros, la lado de Bravo.

“Desde El Solar al verde del Nacional” va contando de primera mano cómo Bravo vivió el fútbol y su labor como formador en los 90. Están las aventuras de Jaime en Colo-Colo, O’Higgins, Antofagasta y los desaparecidos equipos de Aviación y Universidad Técnica del Estado. Sus enseñanzas como profesor de Educación Física y los trabajos en las series menores del Cacique, Palestino y la selección chilena.

“La idea nació de una hija que en un aniversario me tiró un desafío. Me entregó un block y me dijo: ‘Yapo, escribe tu historia’. Creí que estaba bromeando y no estaba bromeando, me lo dijo en serio. Fue fantástico lo que me ofreció porque el desafío lo asumí, el escribir, y al terminarlo me di cuenta que tenía dos grandes destinatarios: todos los chicos que al igual que yo y miles de niños en el fútbol y otros deportes, luchan por llegar a ser profesionales. Y segundo está también destinado a los formadores, educadores, porque yo también ejercí esa función posteriormente, cuando terminé mi carrera. Ya te digo: el libro es fruto de la absoluta casualidad. Yo no me lo propuse, una hija de tiró el desafío (risas)”, cuenta Bravo.

La portada pinta el sector del Solar “donde jugué hasta los 12 años. Aquí estaba mi casa, en Eugenio Matte”, dice Bravo apuntando a la tapa del libro… “y aquí al frente estaba el Solar. Vivaceta altura del 19. Detrás de este edificio estaba Vivaceta, comuna de Independencia”.

¿Cómo fue su llegada a Colo-Colo?
El año 58 en las canchas del hospital San Luis. Ahí me fui a probar y quedé, con don Guillermo Iturriaga como entrenador. Tenía 14 años, llegué a la segunda infantil e hice todas las cadetes. De esa generación el único que llegó fui yo. Jaime Berly era el arquero, que jugó en Antofagasta.. yo fui uno de los privilegiados que llegó.

¿Cómo recuerda su paso por el Cacique?
El paso por Colo-Colo aparece en el libro y fue un paso de dulce y agraz. Tuve momentos buenos, lo primero llegar a Primera División, debuté el 64 y no jugando de tres cuartos de cancha hacia arriba, sino que en la destrucción en el mediocampo. Después fui delantero toda la vida. Pero el equipo necesitaba, me tocó una época difícil de Colo-Colo.
Me fue bien al comienzo y después la historia es media tristona, más de un año de lesiones y tiene sus matices.

Es que Colo-Colo sale campeón el 63 y de ahí se salta hasta el 70
Sí. Vicecampeones el 66, por eso vamos a la Copa Libertadores en 1967, pero hubo una sequía grande. Diría que fue una época de renovación. Varios jugadores que habían marcado una época, no solo en Colo-Colo sino que en el fútbol chileno, venían en decadencia. Ahí surgen los González, los Herrera, el chico Caszely, en fin. Vino toda una renovación.

Usted participa en una de las primeras selecciones juveniles de Chile que va a Colombia, a un Sudamericano.
Fue una experiencia buenísima, muy buena. Era un equipo que se afiató muy bien, trabajamos varios meses. Estuvimos muy cerca de lograr el título.

¿Quién era su cercano en Colo-Colo?
Con quien fui más amigo que nadie fue con mi cuñado Mario Moreno, casado con una hermana, tuvimos una amistad de muchos años: Maravilloso, de una habilidad tremenda.

¿Dónde entrenaban?
En Walter Muller, en la cancha de Gasco, comuna de Estación Central. Era distinto el fútbol, sin tantas trabas en la parte defensiva. No tan físico como es ahora. El talento, el talento era el que prevalecía, con algo que nos marcaba a la mayoría de los jugadores: como una obsesión con el arco rival. De hecho yo siendo no un jugador de área, hacía muchos goles. Se trabajaba para eso, son épocas distintas. Ahora el fútbol es demasiado físico, se ha privilegiado eso.

Portada del libro

Dos pincelazos del libro:

“Cuando llega Beyruth nos es presentado en el Estadio Gasco, lugar de entrenamiento. Elson se fue a un rincón y realizó (ejercicios) como complemento a su preparación. Se acercaron el Pelao González y Walter Jiménez. Este último le dijo: ‘Che, viniste a echarnos a perder el negocio’. Para entender esto hay que señalar que en ese entonces no existía una preparación física adecuada”

“En la Copa Libertadores de 1967 en Buenos Aires, Simón Kusmanic -haciendo sobremesa- nos mantuvo por más de una hora junto a Hugo Lepe, con la historia de un perro que no moría nunca ¡Tenía más vidas que un gato!”

Interesados en el libro contactar a Patricio Jorquera. pjorquera@sifup.cl. Fonos: 56-2-22398580 /56-9-84491560