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El empuje y coraje de los niños de Mozambique
Niños

Crédito foto: Raimundo Prado García Huidobro.

Mozambique, uno de los países más pobres del mundo, es la cuna de uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol. Eusebio, goleador de la Copa del Mundo 1966, nació en Maputo y desde ahí conquistó Europa con sus fintas y gambetas.

Pero hoy, a casi 60 años de que Eusebio cumplió el sueño africano, repetir la hazaña se hace difícil.

Porque los chicos mozambiqueños luchan con la mortalidad infantil y con la falta de alimento. Antes de patear una pelota, en este país del sureste de África el partido que hay que ganar es contra la sobrevivencia.

Sin embargo, la alegría no para. El empuje y coraje llevó a un grupo de niños de Mozambique a grabar un video conmovedor: todos juntos, los chicos cantaron una canción alentando a Colo-Colo.

Esto, claro, con una historia detrás: “No tienen nada, es como vivir en la época de antes de Cristo y solo reciben ayuda de buena voluntad”, cuenta Raimundo Prado, un veterinario chileno que viajó en marzo a África para ayudar a levantar una lechería. Junto a su hijo -quien pasó cuatro meses en Mozambique y hoy vive en Nueva Zelanda- son los gestores del video que presentamos más abajo.

“Hay un sacerdote chileno, Roberto Guzmán, que vive hace 17 años allá. Él nos sirvió de nexo para ir a ayudar. Yo tengo 7 hijos y hace un tiempo le dije mi señora: ‘Negra: cuando eduquemos a nuestros hijos tenemos que ir a África’. Y lo hicimos. Es sobrecogedor todo”, agrega Raimundo.

El proyecto consistió en instalar una lechería de cabra -hay vacas pero muy pocas- para darle alimento a los niños de Mozambique. “Los niños son impresionantes”, sigue Prado, que volvió a Chile y dejó a su hijo en África. Raimundo junior terminó completando el proyecto pese a sufrir dos veces malaria y bajar 11 kilos de peso.

¿Y el pontificado albo? ¿El llevar la bandera de Colo-Colo a Mozambique? “Es que mis dos hijos hombres son colocolinos fanáticos”, cuenta Raimundo padre.

Desde ahí, comenzaron una odisea casi tan grande como la lechería. Le enseñaron algo de español a los niños que hablan la lengua nativa “sena”. Y nada mejor que hacerlo con un cántico de Colo-Colo.

“El objetivo nuestro es obtener algún beneficio para los niños”, dice Raimundo enfático.

Así es que antes de ver el video, ingrese a la página web de Misión Mozambique, la agrupación que está detrás de la ayuda desde Chile al país africano.

¿Cómo ayudar desde acá? Fácil:
Banco Estado
Corporación Mozambique
Rut: 65.861.610-2
Cuenta: 000-0-055475-8
Mail: mozambiquechile@gmail.com

Aquí el video. Increíble, emocionante. Con empuje y coraje desde lo más profundo de África:

Más sobre la Corporación Mozambique

Mozambique se ubica al sureste de África frente al Océano Índico. Su capital es Maputo y el idioma oficial es el portugués. Tiene 21 millones de habitantes, la expectativa de vida es de 52 años y la mortalidad infantil en el país es de un 10%. Sin embargo, la Corporación Mozambique -creada por el sacerdote chileno Roberto Guzmán, diocesano que lleva 17 años en África- opera específicamente en Maringwe, una localidad rural al noroeste de Beira y carente en varios sentidos: allí la expectativa de vida es de 42 años, el 25% de la población tiene SIDA y la mortalidad infantil es de un 20%.

Para poder aportar a la alimentación infantil, el sacerdote Guzmán da desayunos a más de 120 niños. Una ración de leche tres veces a la semana.

En julio de 2013, mientras siete jóvenes profesionales chilenos trabajaban en la Misión de Maringwe, ocurrió un hecho catastrófico: una niña vecina falleció debido a un agudo déficit de proteínas. Un mes después, Roberto Guzmán se propuso idear un programa que mejorara la dieta de la población de Maringwe evitando que mueran más niños.

Así nace el proyecto “Filandia”, nombre de la niñita fallecida, que consiste en fomentar la crianza caprina para aprovechar sus productos lácteos.

Este proyecto fue el que implementaron Raimundo Prado Donoso y Raimundo Prado García-Huidobro, dos médicos veterinarios chilenos, padre e hijo, ambos colocolinos, quienes hicieron a los niños locales fanáticos del club.