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El Chano y las mejores anécdotas de la única Libertadores de Chile
Don Lizardo Garrido

Lizardo Antonio Garrido, el Chano, era el líbero del Colo Colo 91, ese equipo que ganó la única Copa Libertadores alzada por un elenco chileno.

A los 33 años consiguió cumplir su sueño, ese de levantar un torneo internacional. Tras el 3-0 a Olimpia, la noche del 5 de junio de 1991 el Chano se fue del Monumental rumbo a su casa, para luego ir a los festejos en el restaurante Don Carlos. Llegando a una esquina cualquiera de la capital, los hinchas lo sorprendieron. El éxtasis en las calles era total.

Y Garrido no atinó a nada más que abrazar el volante y agachar la cabeza. Mientras los hinchas, locos, le movían el auto y le gritaban: “Gracias, por la Copa”.

Hoy, a 21 años de la Libertadores del 91, el Chano recrea algunas anécdotas de ese triunfazo del fútbol chileno.

El valor de la única Copa
“En la interna de los jugadores creo que se valora cada día más esa copa. Nosotros hablábamos que iban a pasar 10 años después que la ganamos hasta que otro equipo pudiera obtenerla. Y ya van 21. Eso habla de que no es fácil, es un campeonato complicado. Por eso nosotros destacamos ese logro y hasta el día de hoy significa que ha costado mucho. En la retina y en la memoria de los colocolinos está ahí. Es un orgullo tremendo haber estado en ese grupo”.

El partido clave
“La mayoría de mis compañeros dicen que el partido clave fue ante Boca. Pero en lo personal cuando vi que se podía pelearla, que entrábamos en tierra derecha, cuando vi que estábamos en condiciones de pelearla, a concho, fue contra Nacional acá, cuando le hicimos 4. Era un equipo copero y aseguramos acá. De hecho allá (en Uruguay) nos costó mucho. Después lo de Boca ya estábamos embalados, en tierra derecha. Nosotros estábamos claro que en el Monumental les pasábamos encima a todos”.

La confianza de Boca
“Yo estuve con el Turco (Antonio) Apud en México, que el 91 estaba en Boca. Él me comentaba que cuando vieron que les tocaba Colo Colo dijeron: ‘Papa pal loro’. Ya se veían en la final. Porque ellos dicen, no sé si sea tanto, que ese ha sido uno de los mejores Boca de la historia, el del 91.
Cuando se armó la pelea nosotros sabíamos que ellos querían trasladar el partido para otro lado, porque sabían que acá éramos muy fuertes”.

A full en La Leonera y los premios
“Siempre cuando se inicia una pretemporada tú arreglas los premios. Uno decía: Ya, ¿y si ganamos la Copa Libertadores?, pongámosla (en la negociación), tengámonos fe. En La Leonera se hizo un trabajo espectacular. Corríamos un cerro y Marcelo Oyarzún inteligentemente decía: Queda uno, pero el que quiere la hace. Y tú veías a todo el lote en el cerro. Era una cuestión fuerte”.

Mirko y el sistema
“Cuando llegó Mirko (Jozic) con el sistema del líbero y los 2 stopper se nos facilitó todo. Entrábamos con dos gallos menos porque los delanteros no la tocaban. Miguel (Ramírez) y Javier (Margas) los mataban. Los de adelante no la tocaban con los dos dóberman que había. Yo tenía que tener cuidado en las coberturas, en siempre estar gritando porque generalmente los defensas se preocupan de la marca cuando te vienen atacando. Pero lo que de alguna manera fue el éxito de esta cuestión, es que nosotros marcábamos cuando atacábamos. Atácabamos y atacábamos, que por allá el Pato, que por allá el Barti, que por allá Rubén Martínez, y yo no me dedicaba a ver el gol, sino que me dedicaba a gritar que cuando la perdieran todos los gallos tenían que estar tomados. Esa era mi obligación. Eso había que mecanizarlo. Siempre había un blanco tomando a un posible receptor. Y hablábamos de las 3 claves: uno, anticipar; dos, aguantar; y si en el aguante te pasaban, tres: golpear”.

Yo, el líbero
“La primera vez que jugué como líbero fue ante la U en Rancagua. En mi debut jugué con Marcelo Pacheco de dupla, ante Aviación. Después de haber jugado como lateral derecho mucho tiempo, Arturo Salah me pone de líbero, me dijo: ‘Hay que crear una metamorfosis en el puesto tuyo’. Siempre flotando, siempre sobrando un poco. Para mí no fue un cambio lo de Jozic. Con Salah yo tenía un stopper. Después dos. Ese fue el cambio. Los adversarios después se avivaron porque me tiraban un delantero a mí”.

¿La figura? Lucho Pérez y el equipo
“En la copa estábamos todos a full. Estaban todos bien. Mira el chico (Luis) Pérez. No estaba ni en las cómicas… aparece y es el tipo más desequilibrante. Estábamos todos en la misma parada. Más allá de que jugó un solo partido, la figura tiene que ser el chico Pérez, que definió acá. Cada uno hizo lo que tenía que hacer en partidos importantes. Jaime Pizarro destacó en muchos partidos, el Loro Morón ante Boca, cuando la sacó. Yo con Boca allá y así hubo puntos que sobresalían y marcaban un poco el desarrollo el partido. El trabajo del Lalo (Vilches) era espectacular… ¡Rubén Espinoza! Participó en casi todos los goles de la copa. Teníamos de todo. Guapeza, un equipo de mucho temperamento. Cuando había que rascar, había, cuando había que poner talento, teníamos los talentosos… el equipo era dinámico y afuera también éramos bravos. Si notábamos que había uno o dos que se estaban descuadrando, los llamábamos a terreno. Y eso muchas veces ocurrió”.

El reto a Cheíto
“Miguel Ramírez era muy joven y venían mil cabras chicas a verlo al Monumental. Estaba alucinado, tenia 1.200 minas si él quería. Se empezó a entusiasmar y lo llamamos a terreno. El Pelao Ricardo (Dabrowski), el Bocón (Ormeño), Jaime (Pizarro) y yo. ¡Lo que le dijimos!… no se puede repetir”.

Su amigo Latorre
“(Diego) Latorre me decía cualquier tontera. Acá me gritó el gol. Yo con el tarro, cómo decirlo… Él estaba vendido a Italia, a la Fiorentina. Y yo le decía: ‘No te vay a ir. Allá en Santiago cobrai’ Y aquí en el Monumental le hablaba cosas por atrás y le hacía así (hace el gesto de meter el dedo en el ojo). ¡Andaba con un miedo!… ‘Te lo voy a reventar (el ojo)’, le decía, ‘Te lo voy a reventar’”.

¿Comparaciones?
“No sé que quieren comparar. Tienen que primero ganar la cuestión y ahí vemos”.