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De Pizarro a Pizarro: Yo soy tu hijo
Vicente y Jaime Pizarro


En su exitosa carrera, Jaime Augusto Pizarro Herrera estuvo casi siempre vinculado a Colo-Colo, el equipo con el cual alcanzó la cima de América levantando la Copa Libertadores en 1991.

Pizarro, de hecho, fue el primer jugador de fútbol chileno en tener la deseada Libertadores entre sus manos. Como capitán, fue el encargado de recibirla aquella noche del 5 de junio y desde entonces permaneció por siempre en el recuerdo y cariño de los hinchas albos.

Más aún por los 12 títulos nacionales que levantó con la camiseta blanca, entre torneos nacionales y Copa Chile, además de la Interamericana y la Recopa, cuya conquista es recordada por un penal suyo en Kobe, que dio en el palo y entró al arco en cámara lenta.

Qué decir de su etapa posterior como técnico del equipo de 2002, el cual se sobrepuso a la quiebra del club y ganó el Torneo de Clausura de ese año. Pizarro, o el “Kaiser”, como era conocido, llegó a ser Gerente Deportivo de Colo-Colo. Pese a dejar ese cargo en mayo de este año, su apellido sigue resonando en las canchas del Monumental.

Cada fin de semana, como uno más entre todos los familiares, el “Kaiser” se ubica en la gradería de la cancha 2 del Monumental a observar y animar al capitán de la Sub 10 de Colo-Colo, su hijo Vicente Tomás Pizarro Durcudoy.

El papá, referente en las canchas del Monumental, alentando a su hijo que recién inicia su carrera. Así era, al menos, hasta el pasado fin de semana. Pero en la previa al partido de la Sub 10 con Cobresal, Jaime y Vicente tuvieron un pequeño y simbólico diálogo al borde de la cancha, que puede cambiar la perspectiva de las cosas…

El papá de…

– “Vicho, después de firmar la planilla vaya donde su papá”, le ordena el DT Luis Pérez Franco.

Ahí, esperándolo con algo en las manos, Jaime Pizarro bromea con el pequeño: “Llamaron al capitán, ¿por qué vienes tú? Yo escuché que dijeron ‘capitán'”.

Vicente sonríe. Sabe que él es el capitán y que lo que tiene Jaime en sus manos es lo que lo certifica como tal. Una jineta hecha a la medida de su pequeño brazo, con los colores negro, rojo y amarillo, igual a la que Jaime usó esa noche en que levantó la Libertadores.

Vicente recibe el regalo y Jaime, el ex jugador, DT y multicampeón de Colo-Colo, pasa a ser ahora “el papá de…”.

“Verlo jugar es satisfactorio. Yo disfruto verlos prepararse, que juegue, que le guste. Vicente es muy futbolero. Él sigue los partidos, se informa, incluso se entusiasma y ve jugadas antiguas, de ex jugadores”, cuenta Jaime mientras el pequeño Vicente salta a la cancha como un pequeño Kaiser.


El propio “Vicho” confirma después que mira videos para ver cómo jugaba su papá. “Me gusta ser capitán”, dice a la pasada en el entretiempo. Como Jaime, viste la camiseta 10 y se ubica en el mediocampo, cargado al sector izquierdo.

“Verlo me recuerda cuando yo entrenaba en divisiones menores. Él tiene la fortuna de que la mamá lo pasa a buscar al colegio y lo trae. En otras épocas uno se venía en micro, era más complicado. Que bueno que hoy sea distinto, que él lo disfrute, tenga buenos amigos, que para él no existan los fines de semana sin fútbol. Compartimos todo eso, salvo el PlayStation, ahí no tengo ninguna posibilidad”, dice Jaime.

En la cancha, Vicente es el dueño de las pelotas paradas. Lanza los tiros de esquina desde ambos lados, y aunque en este partido no marcó goles, se nota su liderazgo en el equipo.

“Hay temas en el fútbol que generan identidad. La jineta, especialmente con ese estilo medio alemán, con esos colores, tuvo un sello. La usamos durante mucho tiempo y coincidió con una buena época en términos de resultados. Genera recuerdos positivos, lo que es bonito”, afirma Pizarro, el papá, sobre el brazalete que desde ahora luce Pizarro, el hijo.