alturaarrow_down-red arrow_side badge-facebookbadge-instagrambadge-twitterclosedebutemail facebook gallery-nextgallery-prevgallerygoogle instagram lightbox-nextlightbox-prevlive-atajada live-cambio live-gol live-jugada-peligrosa live-offlive-player-in live-player-out live-red-cardlive-silvato live-tarjeta-amarillalive-tarjeta-roja live-timerlive-yellow-cardnacimientonacionalidadnextopenpagination_downpesopinterest prevquotesearchslide-nextslide-prevtimeline-left timeline-right twitter videoswhistle worldyoutube
Daniel Díaz en retrospectiva
nota diaz1

Si Daniel Díaz se detiene un rato y mira hacia atrás, verá mil imágenes de alegría en una historia construida con paciencia.

Si Daniel Díaz deja hoy sus clases con la Escuela de Adultos de Colo-Colo o pone pausa a su trabajo con niños futbolistas en Huechuraba, y rememora a ese polifuncional jugador campeón albo en 1979 y 1981, revivirá una época de protagonismo absoluto.

Daniel Orlando Díaz (69), en retrospectiva, observa a un hábil jugador que pasó del mediocampo a la defensa. Ve a ese chico crecido en Cerrillos que campeonó en Huachipato y agarró un lugar de zaguero fijo en la selección para las Clasificatorias de México 70 y Argentina 78.

Su puzzle se arma con varios destellos, decenas de momentos imborrables. Una galería que parte en el papel sepia de la revista Estadio y termina en la doble página a todo color de la Deporte Total.

“Soy del barrio Buzeta, hoy comuna de Cerrillos. Donde hoy está la Feria Lo Valledor antes estaba lleno de canchas de tierra e íbamos a jugar allá. De chico me invitaban a jugar primero al Iriarte Hermanos, que tenía tradición en el barrio y después, un poquito más grande, en el Defensor San Andrés. Ambos clubes ya no existen. Aunque me gustaba Colo-Colo de chiquito, nunca pensé que podía tener una opción. Estaba en el Liceo Humanidades y mientras esperábamos las notas de un examen fuimos a pichanguear a la Quinta Normal. Ahí un compañero de curso me pregunta si jugaba por algún equipo. ‘Yo juego en la Católica -me dice- Vamos a la prueba en Independencia’. Llegué a los 13 años a Católica cuando existían solo tres divisiones menores”.

  • “Mi viejo me llevaba al Estadio Nacional. A él le gustaba ir al fútbol de tarde en tarde. Era de Lonquén, del campo. Recuerdo haber visto Colo-Colo con Austria de Viena o contra Palestino cuando tenía como 10 años… Mi ídolo era Cuá Cuá Hormazábal. Después fui al Mundial del 62, Chile-Suiza y Chile-Italia. Nos daban abonos en cadetes de la Católica, en Andes”.

  • “Jugué en Segunda, Primera Infantil y no jugué en Juvenil. Estuve en el Campeonato Juvenil en Antofagasta del 67 siendo menor. Terminé de defensa central aunque en la Católica jugaba de volante, igual que en el barrio. Era laborioso y tenía buena técnica. El trío medio en las menores de Católica era Manolo Gaete, Fernando Carvallo y yo. En Antofagasta jugué con Manuel ‘Loco’ Araya de compañero y Julio Crisosto de rival. Nosotros éramos la selección cadete y ganamos 11-0 o 11-1 la final. Ahí se terminó eso porque era demasiada la diferencia”.

  • “Luego de Antofagasta fuimos al Sudamericano de Asunción como Sub 20. En ambos equipos dirigía José Santos Arias. ‘Vamos a hacer un trabajo de adaptación en diferentes puestos’, dijo. A mí solo me interesaba jugar. El peruano Bailetti, que después jugó en Boca Juniors, le estaba dando un baile al lateral, Madrid, y don José me dice en medio del partido: ‘¿Te atreves a jugar de lateral izquierdo?’. ‘Yapo’, le dije. Nunca lo había hecho ahí. Entré y anduve bien. Pude controlar a Bailetti y seguí de titular el resto del torneo”.

  • “Era muy observador y siempre andaba con el tema del ordenamiento. Era táctico. La constancia y disciplina me ayudó muchísimo. No me gustaba jugar pichangas si no estábamos más o menos equipados. Si no, no podía diferenciar a mis compañeros. En las menores de Católica nos enseñaron también: Como volante si me proyectaba había que pensar como atacante. Si estaba defendiendo no podía hacer un sombrerito o un túnel dentro del área. Por eso también fui polifuncional”.

  • “El ídolo en Católica era el Tito (Fouillioux) pero tratábamos de emular el funcionamiento del equipo. El 67 asume el (Arturo) ‘Lilo’ Quiroz y me hace debutar después de varios entrenamientos y concentraciones. Nos trataban bien. No sentimos el cambio de cadetes al primer equipo porque en Católica no se daba que el jugador estrella agarrara a patadas al cabro. Quizás el único era Néstor (Isella) que si un juvenil le hacía un túnel, le aforraba”.

  • “La primera noche de concentración en Las Vertientes me tocó en la pieza: Armando Tobar, Fouillioux y yo. Me tenían confianza. Jugábamos mucho baby, por eso quedó la historia de la Católica como un equipo como de ‘baby fútbol’. Eran extraordinarias personas y me acogieron excelente. Armando era un poquito más de pueblo, pelusón; el Tito inspiraba respeto. Casi todas las conversaciones con él iban enfocadas a algo. Me trataban de integrar. Concentrábamos en unas cabañas y yo por la calefacción casi no pude dormir. Si nunca había visto eso de la calefacción”.

    nota diaz
    Foto: Revista Estadio

    “Debuté de central derecho. Empatamos con Palestino y me tocó marcar al Clavito Godoy y al Muñeco Coll. Un jugador extraordinario. Era el que pintaba la cara. En el partido siguiente jugué de central izquierdo porque también se lesionó el titular. En el tercer partido jugamos contra Colo-Colo. Estaba en la banca, feliz. Yo íntimamente rogaba que pudiera jugar. Parte Colo-Colo y Chamaco le mete un pase de 30 metros a Luis Valenzuela a la espalda del ‘Lolo’ Barrientos, lateral derecho. Barrientos gira y se desgarra. Así que entré y jugué, en un partidazo (N. de R: 3-2 ganó Colo-Colo). Aunque me mandé un condoro bueno. Al cuarto partido consecutivo, el ‘Guatón’ Laube, pelusón, se había montado a caballo del ‘Polo’ Vallejos mofándose de la barra rival, y fue sancionado. Así que jugué de lateral izquierdo (N de R: juego pendiente ante Santiago Morning que en rigor se jugó antes de Colo-Colo). Hice la cadena completa de la defensa en mi debut”.

  • “Católica cambió su filosofía a fines de los 60. Se fue Riera y llegó José Pérez. Con políticas totalmente diferentes. Cambió la estructura. El juego de Católica era clarito, de toque, evitando el esfuerzo físico. Nosotros lo marcábamos con la velocidad del balón. Venían equipos europeos y les dábamos una milonga. Antes que llegara Riera nos apoyábamos en lo que veíamos de los equipos de Riera. En divisiones menores lo mismo. Y estábamos acostumbrados a un buen trato en la concentración, con respeto y diálogo. A Riera le encantaba hablar de fútbol. Y con comodidades, a todo trapo, cada jugador con sus tenidas, dos o tres tenidas… cosa que no era común. Y llega el argentino José Pérez, que había sido campeón de Wanderers, nivelando para abajo. En su presentación llegó y se fue con su ayudante al centro de la cancha. Y nosotros lo esperábamos en el camarín que viniera a conversar. El ‘Rústico’ le decíamos. Y ponía en confrontación a un joven con un consagrado”.

  • “El 69 inicié un romance con Colo-Colo. Apareció en mi casa Lucho Torreblanca (entrenador de cadetes de Colo-Colo). Yo me había ido de vacaciones ya a Cartagena. Me encontraron ahí y me dijeron que jugara con ellos (como invitado al Hexagonal de verano). ‘Queda cerquita’, me dijeron. Yo seguía viviendo en Buzeta y entrenaban en el Estadio Gasco (Estación Central). Fui un par de días a entrenar. Después jugaba el Hexagonal, me iba a Cartagena y volvía a entrenar y jugar el otro partido. Salimos campeones invictos ante San Lorenzo, Corinthians, Dínamo (de Moscú, con Lev Yashin) y otros”.

  • “Me di cuenta de lo que significa estar con una camiseta o con la otra. A un gol de Colo-Colo el estadio como que hace un gran movimiento sísmico. Es lo que se siente en la cancha. Y Católica con su grupito ahí, como que nos cuesta más… Don Héctor Gálvez me invita a su oficina cerca de Mapocho y me dice que quieren tenerme en Colo-Colo. ‘Depende de ustedes. A mí me encantaría’, le dije. No pude salir de Católica y me puse rebelde. Me enojé porque quería irme pero todavía tenía un contrato de cadetes en Católica”.

  • “En Huachipato trabajábamos con una confianza tremenda. No dudo en decir que el funcionamiento de ese equipo es de los mejores en que me tocó estar. Y eso que jugábamos 14 o 15 jugadores. Fuimos campeones y el técnico era Pedro Morales. Jugué más como lateral derecho y cuando el equipo empezaba a perder manija, me ponía de volante don Pedro. De contención o de salida ¿Mi ‘papá’ en el fútbol? Me tuvo como un mes en Viña para incorporarme a Everton el 76, que terminó siendo campeón. No resultó. Después nos reencontramos en Colo-Colo”.

  • “Me llamaron a la selección por el Hexagonal del 69. Me marcó ese torneo ¿El triunfo a Alemania Oriental en Europa? Era mi primera gira compartiendo con monstruos del fútbol: Nef, Quintano, Laube, Reinoso, Hodge… Fue de mucha experiencia. Don Salvador (Nocetti) más que técnico era un amigo que armaba un equipo. Buena persona don Salva”.

  • “En las Eliminatorias para el Mundial del 70 recuerdo que no vinieron Elías ni Prieto que extrañamente jugaban en Uruguay, nuestro rival. Extraña la cosa, como dice un cómico por ahí, aunque nosotros no nos metíamos en los temas dirigenciales. Igual estuvimos cerca. Recuerdo que fue un saqueo asqueroso del señor Comesaña (N de R: el árbitro de la ida fue Bossolino). Paran una pelota con la mano y después nos despedazaron a golpes en Montevideo. Ahí vi la patada más asquerosa que he visto en el fútbol: En la partida casi cortan en dos a Reinaldo Hoffman. Recuerdo el nombre de ese nene, que quedó sin tarjeta: ¡Ancheta! Que hacía dupla con Montero Castillo. Eran unas fieras y ayudados con la vista gorda de los árbitros. Pasaban la raya de lo fuerte”.

  • “¿Nunca me llamó el Zorro Álamos a la selección? El ambiente dice que me perjudicó ser muy polifuncional. Y había extraordinarios marcadores. Estaba Antonio Arias, Escobar después, Mario Galindo… Antes, Rudi Gutendorf me hizo venir una vez a la selección pero después no me llamó. No sé qué pasó”.

  • “Para el Mundial del 78 recuerdo en Lima el paso fugaz de dos o tres militares al camarín, previo al partido, a intentar dar un aliento. Tendrá que entender que a punto de salir a la cancha, vaya quien vaya al camarín, lo que digan, como que rebota ¿Molestaban? Es que fue cortísimo. Estábamos en la previa para irnos al túnel. La clasificación la perdimos en el Nacional (Santiago) ¿Condicionantes externos? No sé, solo pensábamos en la clasificación ¿Intoxicados en Perú? Tampoco, no me recuerdo, la verdad. Si hubiésemos ganado sería distinta la historia. No pensábamos que había manos negras o cosas así”.

    1
    Foto: Revista Estadio

    “En 1976, un día de mañanita como dicen, de lluvia, voy a dejar a mis chicas al colegio, cerca de la estación del Ferrocarril en Concepción y me encuentro con Checho Navarro. ‘¿Qué haces por acá?’, le digo. ‘¡Chuuuuuuta, justo contigo quería hablar!’, me dijo. Era para irme a Colo-Colo. No sabían si era Di Stéfano o Puskas el que venía al final y Orlando Aravena me llamaba y me decía que él iba a firmar. Había como un enredo ahí, nadie sabía quién iba a dirigir pero al final llegó Puskas y después asumió Navarro… La cosa es que Jorge ‘Guatón’ Vergara estaba destinado en Concepción y empezó a ver el tema del traspaso. Sí, iba vestido de uniforme militar. Firmé y nos presentaron antes de finalizar el año. Empezamos las prácticas en la Usach en el verano del 77″.

  • “Siempre hay una necesidad de que Colo-Colo sea campeón, diría hasta por un asunto nacional. Cuando llegué a Colo-Colo era como que llegaba a mi casa. Ese 77 se constituyó un gran plantel con Héctor Pinto que venía del archirrival y con un técnico europeo. Pensábamos que íbamos a ganar de punta a punta y terminamos sufriendo. El 79 se incorpora Pedro Morales y logró encajar al equipo. Fue una campaña extraordinaria. Es de lo que más se acuerda la hinchada, ese equipo del 79 se lo saben de memoria. Ganamos mirando para atrás como dicen los hípicos”.

  • “Pedro Morales dejó huella en todos los equipos donde pasó. Se fue de Colo-Colo, llegó Pedro García (1981) y, algo que le debo reconocer, me llama y me dice: ‘Sé que tiene un año más de contrato pero usted no está en los planes. Respetuoso de su trayectoria, si quiere quedarse, nadie lo va a molestar, pero no está considerado’. Me planteé el desafío de quedarme aunque nunca pensé que me tuviese tan alejado del grupo estelar. Al inicio no jugaba ni en el tercer equipo en las prácticas. Fui ignorado por largo tiempo hasta que igual me consideraron. Jugué los últimos partidos del Apertura 81 ¿El gol de la final ante Audax? Estaba complicado el partido. Me equivoqué… Remato de media distancia y marco un golazo. De ahí se abre la puerta. Ganamos 5-1″.

  • “En 1982 los dirigentes me comunican que Rangers quería cambiar su rostro, que había asumido la gente de PF, con el párroco de Talca metido también, que iba a ser serio, con Arnoldo Sánchez como presidente… Sufrí las penas del infierno. En la presentación en la sede de Rangers tuve unos minutos de depresión con el solo hecho de ingresar a la sala. Pasé de Cienfuegos a lo de Rangers. Pensé regresarme a Santiago pero no lo hice. Fue duro ese año. Rangers descendió pero no participé de los últimos partidos. Vi todo lo que no había visto en el fútbol ¿Acusación de soborno en ese equipo? No… Yo no estaba entonces ya. Y si estaba, no supe”.

  • “El 83 me di el inicio de un año sabático y me llega una invitación de Valdivia que estaba formando el club recién. Estaba Néstor Valdés de entrenador con Francisco Fluxá de atrás. Me ofrecen una cabaña a orillas del Calle Calle. Y tomé la opción. Convertí el primer gol de Valdivia en un amistoso. Jugué en Segunda División, incluso fue Colo-Colo y para mí fue de alegría y tristeza a la vez. Valdés se vino y me preguntan por un técnico. Hago puente para llevar a Raúl Angulo, compañero de habitación mío en la selección y en la gira a Asia con Unión el 73 ¡Como a los dos o tres partidos, pa afuera Daniel Díaz del equipo! Sin andar mal, eh… Así es la cosa. Pero tengo más cosas buenas que malas en el fútbol”.

  • “¿Enterrador de punteros? Enterrador y sepulturero… Decían que no pasaban los punteros. Salí bien parado frente a Jairzinho, en los clásicos, contra Pedro Araya especialmente. Podría haber explotado más eso del enterrador de punteros (risas). Cuando jugaba en Católica, Gustavo Laube fue como 15 días a River Plate. Y un antiguo periodista me cuenta que al que venían a buscar era a mí. Pero el ‘Guatón’ andaba tras las bambalinas y en todos los cafés con los amigos, y decía: ‘Pa qué van a llevar a ese cabro’. A mí no me gustaba andar en los cafés… Es lo que me dijo ese periodista. Laube no fichó al final en River. Era movido el ‘Guatón’, buen jugador también”.