Con ustedes DON Fernando Araya, tricampeón con el Cacique en los 40

Araya en su puerto, San Antonio

A sus 91 años, Luis Fernando Araya muestra sus manos gigantes fuera de lo común. “Cuando chico jugábamos a las bolitas y no me dejaban que yo hiciera la cuarta”, dice riendo en medio de una larga conversación en San Antonio, su ciudad ya por 60 años.

Nacido en Champa, Paine, pero criado en el barrio San Eugenio de Santiago (de donde también salieron los crack Norton Contreras, Pancho Hormazábal y Juan Aranda), Araya recreó en el puerto sus vivencias de joven y adulto, esas que lo tuvieron como arquero de los planteles de Colo-Colo campeón en 1941 (aunque no jugó), 1944 (detalle) y 1947 (detalle).

Araya conoció a Francisco “Mono” Arellano y a otros del lote fundador del Cacique. Fue dirigido por Francisco Platko, amigo de Enrique “Tigre” Sorrel y Alfonso Domínguez…

Y encima sus recuerdos están lúcidos.

Tras el fútbol, DON Fernando fue tenor en el coro de la Universidad de Chile y en el Coro del Puerto de San Antonio. Como barítono cantó en la asunción de Carlos Ibáñez del Campo a la presidencia de la República en 1952, en plena plaza de la Constitución.

Presidente de la Junta de Vecinos de su barrio, Luis Fernando Araya Araneda (nacido en 1921, casado dos veces, tres hijas) fue declarado Ciudadano Distinguido del puerto en 2012.

Un lujo escucharlo. Un lujo su memoria. Aquí su bitácora:

José Sabaj y Fernando Araya

Foto: José Sabaj y Fernando Araya, arqueros del Cacique de los 40

“El gringo Platko puso un sistema de juego de marcación al hombre. Cada jugador marcaba a uno del rival. Todos ¿Si le creímos de inmediato? Lógico. Él era el técnico y además ganamos el campeonato invicto. El gringo era duro pero sabía llegar al jugador. Se imponía. Tenía un vozarrón, un cuerpazo… Fue arquero también, en Hungría y jugó en el Barcelona.
Todas las cosas eran de primera con él. En avión o tren, el gringo Platko exigía lo mejor.
A él le gustó mi estatura. Me decía que un arquero no podía tener menos de 1,80 metros. ¡El físico! Me agarró y me entrenaba en un pozo de arena. Me tiraba porrazos pa’ alla y pa’ acá. Entrenábamos a veces en la cancha de la Escuela de Carabineros en Antonio Varas y una vez nos tocó un día lluvioso. Estaba (Obdulio) Diano y estaba yo… ¡Llovía a chuzos! La cancha embarrada, caía agua por todos lados. Me empezó a salir humito con el cuerpo caliente. Parecía que estábamos en una olla a presión. Hicimos un arco simulado, con dos cosas a los lados y nos cambiamos cada tres goles con Diano. Era salvaje porque eran pelotas arrastradas y como iba por abajo se llevaba el agua. Cuando le llegaba a uno, ¡en la cara! Y con la pelota pesada.
Menos mal que después del entrenamiento los dirigentes nos invitaron al Café Santos ahí en la Alameda”

“El Tigre Sorrel era el palomilla de la delegación, siempre. Cuando salíamos de la concentración al estadio, póngase al Santa Laura, atravesábamos todo Santiago en la micro y nos íbamos leseando en el bus. El Tigre Sorrel con sus tallas y yo le animaba la cueca con unas canciones por ahí. Leseábamos harto”

“Estábamos separados de todo el mundo, podíamos andar por el centro sin problemas. Cuando teníamos contacto con la gente era cuando salíamos después de los partidos. Había gente esperándonos afuera del camarín. Se juntaba la chusma ahí para saludarnos, esperándonos. Eufórica. En la semana no había mayor atracción”

“Yo trabajaba mientras jugaba en Colo-Colo. Tenía permiso para ir a los entrenamientos y todo. Estuve en la compañía de gas, el Gasómetro y después fui empleado, vendedor en una sastrería-camisería. ¡Teníamos de todo!: ligas para calcetines, suspensores, colleras para las camisas. La tienda quedaba en avenida Bernardo O’Higgins 3105, frente a la calle San Alfonso, donde estaba el teatro Delicias, un cine.
¿Todos los jugadores trabajaban? No todos. (Alfonso) Domínguez era un trabajólico. Tenía un trabajo en una fábrica de sedas. Era vendedor”

“El mejor de ese equipo de los 40 era Alfonso Domínguez (cuatro títulos con el Cacique, donde aportó con 71 goles en 82 partidos). El capitán era José Pastene pero el que más resaltaba era Domínguez. El más dinámico, movedizo, era grandote y tenía su buen trote, su buen chute. Era el que sobresalía del grupo”

“Los lunes teníamos libres. El martes había clase teórica, el miércoles gimnasio, el jueves cancha y el viernes baño turco y descansábamos el sábado. Y el domingo a jugar. Los martes Platko nos mostraba mucho la pizarra. Dónde está este, qué tiene que hacer este otro, en fin. Hablábamos del sistema de juego. Era pura pizarra, no existían los videos. Veíamos los movimientos… El sistema mismo no era muy complicado porque cada uno tenía que marcar a un jugador, andar detrás de un jugador rival.
Después le tomaron el pulso al sistema y casi lo anularon. El centro forward tenía que estar marcando al back centro y empezó a irse para atrás. Entonces dejaba el vacío en el medio. Se metía cualquier defensa. O anulaban al half policía y tenían que comprometer a los demás. Ahí venía el despelote”

“(Sergio) Livingstone, el Sapito, era espectacular para jugar. Tenía un sistema rendidor, pero en cuanto a capacidad y regularidad era mejor Hernán Fernández. En ese momento era mejor. El que le hacía el peso a los dos era Eduardo Simián, el Pulpo, de la Chile. Ingeniero también, que trabajó en unas minas para el sur. Estaban Mario Ibáñez, René Quitral, Pérez en Magallanes, William Marín de Santiago Morning. Pero el mejor arquero era Hernán Fernández de Unión Española”

“El mejor jugador que vi fue Raúl Toro. También Salvador Nocetti, el motor de ese equipo del Chaguito. Era, cómo decirlo, la sombra de Colo-Colo. No le podíamos ganar. Siempre la pelota en los palos, la atajaba el arquero ¡No le podíamos hacer goles! A veces empatábamos y otras nos ganaban. El partido crítico era ese. El 42 ganaron el campeonato”

“El 45 (Colo-Colo fue penúltimo) hubo un detalle. El amigo (Luis) Tirado fue calidad hasta por ahí nomás. Porque el 44 el entrenador era Tirado. Y el 45 fue el mismo entrenador. En uno fue campeón y en el otro penúltimo. Hay que tomarle el peso que la capacidad del entrenador no era tan grande. Agarró casi un equipo armado el 44”

Fecha 11 del torneo 1944 y la caída ante Audax

Foto: Fecha 11 del torneo 1944 y la caída ante Audax

“Debuté a fines de los 30. En 1941 jugué en Colo-Colo y a la mitad del campeonato me mandan a Santiago National. Después, mi cuñado Eugenio Soto, ex arquero de Magallanes, entrenaba a Iberia y me pidió prestado a Colo-Colo, porque estaba nada más que el Pato Aurenque en Iberia. El 46 me fui a Iberia. Nos pusimos de acuerdo con Eugenio y Aurenque. La primera rueda la jugaba Aurenque y la segunda rueda yo. Y así fue.
El 47 volví a Colo-Colo”

“En 1946 se jugó un partido amistoso entre Colo-Colo y una selección chilena que venía de un Sudamericano. Se estaba jugando el primer tiempo y en un chute desde atrás Misael Escuti pone el brazo y le lesionan la muñeca. Entonces entro yo y como a los 10 minutos se hace un tole tole y el chico (Atilio) Cremaschi avanza con la pelota, manda un chancacazo al arco y yo no me alcanzo a agachar y me pega en la rodilla. La pelota le llega al mismo chico Cremaschi y para evitarlo, me hago un lado y viene mi compañero (Guillermo) Fuenzalida y me pega un cabezazo en el oído. ¡Nos estrellamos! Y cabeza dura Fuenzalida… Así que ahí clotié. Quedé aturdido en la cancha y con un tarro de agua me despertaron. Jugué el resto del partido mareado”

“El Monito Arellano era bien callado, hablaba poco, no era muy conversador. Por cualquier cosa se reía nomás. No tenía ningún asidero. Los otros Arellano eran conversadores y se imponían… y los viejos ¡Guillermo Saavedra! Ese sí (influenciaba)”

“Colo-Colo tiene que tirar para arriba. Ahora le tiene que ir bien porque juega con el equipo este que está mal en la tabla… San Marcos de Arica (N de R: la entrevista fue realizada la semana pasada). Está mal y póngale que le haga la gracia. Pero de veras que tienen como 20 gallos afuera, los tiene castigados (el técnico). A veces escucho los partidos por radio y siempre leo el diario de acá, El Líder y veo las noticias”.

“Las actuaciones de (Eduardo) Lobos no han sido buenas. Me llama la atención que los mismos entrenadores de arqueros, el Rambo Ramírez por ejemplo en Colo-Colo, no sé por qué no le han quitado una mala costumbre a los arqueros, esa de esperar en el área chica. Le tiran una pelota por alto y le hacen el gol. Papaya para los delanteros. No debieran jugar tan adelantados”

“Un arquero no debe perder la vista del balón, en ningún caso. Si viene un jugador con la pelota debe estar allá mirando. Si chutea, tiene que seguir con la vista el movimiento. ¡La vista! Y el sentido de la distancia y el tiempo. Saber cuándo hay que salir y cuándo hay que quedarse ¡Reacción!”

Crack del 44 en Concepción: Jorge Peñaloza, González, Gilberto Muñoz, Araya y Tomás Rojas

Foto: Crack del 44 en Concepción: Jorge Peñaloza, González, Gilberto Muñoz, Araya y Héctor Rojas

“Soy fanático de la música clásica. Me gusta el Film & Arts y tengo varias grabaciones de la ópera y de danza. También me gusta coleccionar escudos de equipos de fútbol”

“Con Máximo Garay (1938) nos concentrábamos en un hotel en Alameda con San Antonio. En la noche se escuchaban los ruidos de los carros del tranvía. Garay (húngaro) vivía ahí con su señora. Era bien enredado para hablar también. Venía de Argentina, había entrenado a Independiente. Cuando salíamos del hotel a la cancha salía la señora a la puerta y nos decía que nos fuera bien… muy ceremoniosa la gringa”

“En esa época se hacían comidas en la casa de los jugadores. Un día acá, al otro allá. Cuando nos tocó celebrar un campeonato fuimos a la casa de Rebolledo, un dirigente. Y ahí, ¡los bautizos! Calculaban que se iba a agachar un gallo y le tiraban vino en la cabeza. En otra celebración estaba el gringo Platko y estos simpáticos (sus compañeros de Colo-Colo) le sacaron un zapato al gringo y le sacaron la suela. Entonces el gringo cuando se fue a su casa, que vivía cerca del cerro Santa Lucía, contaba que él caminaba dos pasos y se miraba el pie y se ponía a reír. Con la mitad del zapato (risas). También tomaban vino en un zapato. Hacíamos muchas leseras en el grupo.
Otros festejos se hacían en el restaurante La Bahía que está ahí en la plaza de Armas con Monjitas. Ahí nos llevaba Robinson Álvarez (presidente de Colo-Colo en los 30 y 40). Buena cena, un buen banquete, a todo trapo”

“Conversábamos con (Misael) Escuti harto. Después me encontré con él cuando fui a hacer un curso de entrenador a Juan Pinto Durán. Estaba Escuti solo en la cancha chuteando la pelota y nos pusimos a conversar. Decían que en la semifinal ante Brasil en el Mundial del 62 le dieron una pastilla que le había eliminado los reflejos. Para calmarlo se la dieron porque estaba nervioso. Eso se comentaba. Fue en unos centros donde no salió a cortar pelotas. ¡El no va a ser el culpable po! (de la eliminación de Chile). Si lo demás es que los delanteros también hagan goles”

“El curso de técnico que hice fue en 1963 y Fernando Riera era el director del curso. Buen profe. Una anécdota: Daniel Chirinos, que vino del norte y jugó en el Audax, estaba en el curso y en plena sesión de trabajo estaba haciendo algo Riera. Dio un descanso y se paró este Chirinos y empezó a hacer rayas en el pizarrón. Le pareció mal a Riera así que le dijo: ‘Usted caballero váyase y no vuelva más’. No le gustó la talla. Era muy estricto Riera así que todos callampín”

“En esa época (en los 30) era más juego que tanto sistema. Más preparación física. Uno sabía lo que tenía que hacer. Hasta que llegó Platko. Yo conocí a José Boffi en Santiago National. No pasaba na’ como técnico. Jugábamos a lo que sabía cada uno nomás. Y después lo nombraron entrenador de la selección chilena pero no aceptó”

“La mejor cancha que había era la del Santa Laura. La de Carabineros era mala. El Nacional era bueno también. Cuando chico jugué en los Campos de Sport. Mi cuñado Eugenio Soto estaba jugando en Magallanes. Una vez me dijo que tenía que ir a entrenar y me dijo si lo acompañaba. Me quedé detrás del arco y de repente Eugenio me dice si quiero ponerme al arco yo, cabro chico como de 13, 14 años y ¡yapo! Estaban todos los campeones, me la tiraban despacito. Estaban los buenos (campeones 1933, 1934 y 1935)”

Fernando Araya versión 2013

“En las inferiores de Colo-Colo teníamos un dirigente, Valentín Campos. Con él nos pegamos dos giras al norte grande. La primera a Potrerillos: Nos embarcamos a las 7 de la mañana de un miércoles en (Estación) Mapocho. Hicimos trasbordo en Calera, tomamos el Longitudinal (un segundo tren) y hemos llegado a Potrerillos el día viernes a las 10 de la noche.
Después llegamos a Pueblo Hundido que ahora se llama Diego de Almagro y subimos en unos tres autocarriles al mineral. Pasamos cualquier cantidad de túneles. Hicimos el primer partido en la mina y la cancha estaba en tierra con pedazos de piedra. Los zapatos de fútbol no habían pasado ni 10 minutos y estaban pelados. Atrás del arco estaba una máquina echando oxígeno. Ahí jugamos. Ganamos el partido y ahí jugó el Huaso (Florencio) Barrera. Después jugó contra nosotros en Copiapó también. Al tiempo Barrera vino a jugar a Magallanes y fue hasta seleccionado chileno. Era la estrella del norte”

“En Peñaflor nos quedábamos en el Hotel El Reloj. Era famoso porque daba las campanadas, pero como estaba malo, las repetía ¡12 veces el campanazo! Una vez, ya aburridos de tanta campanada, el (Tigre) Sorrel con el (César) Socarraz fueron y la envolvieron en unas sábanas. Así que las campanas chocaban sin hacer tanto ruido. ¡Travesuras! El dueño los fue a acusar con el gringo (Platko)”

“En las concentraciones podíamos fumar. No había problemas con los cigarros. Y al almuerzo una copita de vino, pero nada más”

“El delantero más difícil fue Juan Zárate de Green Cross. Porque para rematar tenía el puntete. Y era rápido pa’ correr. Tenía carrera y de repente le pegaba el puntete. No se daba ni cuenta uno y la pelota ya estaba adentro”

“Colo-Colo siempre fue el más popular. Pero antes el clásico era Colo-Colo – Magallanes. Después Colo-Colo – Santiago Morning. El clásico de los blancos le llamaban. Después vino la Chile con la Católica y los famosos eventos en el estadio. Ahora viene a ser Colo-Colo con la Chile.
En mi época la U era malena nomás. ¡Si tenían al arquero Mario Ibáñez! Era muy frágil. Buena visión y movimiento pero no tenía fuerza. Por eso en un Sudamericano que estaba él tuvieron que mandar a pedir otro arquero”.

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