EN BAJA, POR PRIMERA VEZ (1960-1970)


Enfocados en construir un nuevo estadio, Colo-Colo detuvo al mundo en 1957 ¡Fue 9°! Al año siguiente la copa se perdió en la última fecha (la ganó Wanderers) y el 59 caímos ante el archirrival, en una recordada definición a partido extra.

Hasta que llegó 1960 y la octava estrella del Cacique bajo la conducción del DT Hernán Carrasco, ex entrenador de las cadetes de Universidad de Chile, y que reemplazó al brasileño Flavio Costa en la cuarta fecha.

Fue un año donde el peso de la campaña la llevaron los defensores Fernando Navarro y Caupolicán Peña. El segundo, había comenzado la temporada enemistándose con los dirigentes… Se forjaba el futuro Sindicato de Futbolistas Profesionales (Sifup).

Tal como en 1947 se apostó por un técnico joven y debutante. Hernán Carrasco asumió con 32 años.

El Cacique tomó el liderazgo solo a tres fechas del final, dejando rezagado a Wanderers. La del 60 es la copa del “Niño Gol”. Y una copa sufrida: de 26 partidos, 7 fueron empates y 5 derrotas.

En 1961 y 1962 el Cacique terminó tras las universidades, que festinaban con sus mejores campañas. Sin embargo, al 63 las cosas volvieron a su lugar.

Un punto separó a Colo-Colo de su archirrival. El 4 de enero de 1964, el Estadio Nacional fue el escenario de una reunión doble. En el preliminar los azules vencieron a O’Higgins por lo que el Cacique debía derrotar a la UC para coronarse. Y así lo hizo: Un 2-1 (goles de Luis Hernán Álvarez y Cua Cua Hormazábal) completaron los festejos de buena parte de los 73.143 espectadores que llegaron al coliseo de Ñuñoa.

Hugo Tassara fue el DT y Hugo Lepe, Humberto Cruz (la pareja de centrales de Santiago Morning el año anterior), Óscar Montalva, Mario Ortiz, Luis Hernán Álvarez, Misael Escuti y Francisco Valdés el esqueleto de una máquina de hacer goles. Fueron 103 en 34 juegos.

El curicano Álvarez dejó su estela con los 37 goles en 33 partidos jugados, lo que “tapó” otras performances de excepción en el arco rival: Chamaco Valdés convirtió 22 goles en 30 juegos y Enrique Hormazábal 14 en 25 encuentros (y ambos viniendo desde atrás).

Ese año Colo-Colo marcó dos récords en el fútbol chileno: primero, la máxima cantidad de goles anotados por un club en una temporada (103 goles) y además la máxima cantidad de goles anotados por un jugador en una temporada, gracias a los 37 de Álvarez. También ese año significó romper con la tradición de tener sólo jugadores chilenos, que venía desde 1944, por medio del fichaje del argentino Walter Jiménez.

Tras ese triunfal 1963 Colo-Colo viviría un paréntesis de títulos como nunca antes en su historia. Pasarían siete años de frustraciones. “Estábamos con la lepra”, recuerdan los jugadores de esa época. Era así.