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Claudio Bravo a fondo: “Amo al club y a la camiseta”
Nota-bravo

Y todo comenzó en una prueba masiva. Antes de brillar en Barcelona de España, antes de ser el mejor portero de la Liga, de ser el jugador con más partidos en la selección chilena y de levantar la Copa América con la Roja, Claudio Bravo llegó con su bolso y acompañado por su padre a una prueba en el Estadio Monumental.

Antes de campeonar con Colo-Colo en el Apertura 2006, antes de atajar ese penal mítico al azul Candelo y antes de transformarse en ícono de la Real Sociedad para luego ser el arquero sudamericano más caro de la historia, Bravo tuvo que pelearla desde abajo. Lo quisieron echar. Le dijeron que no servía. Pero él hizo el camino largo. Y llegó, vaya que llegó.

Este miércoles 29 de julio Claudio Andrés Bravo Muñoz llegó al Monumental para entrenar con el mismo preparador de arqueros que lo cobijó en las cadetes albas: Julio Rodríguez. Rodríguez es hoy el entrenador de goleros estelar de Colo-Colo y fue el anfitrión del meta.

Le quedan cuatro años de contrato en Barcelona a Bravo. Y sonríe cuando se le consulta sobre cerrar su carrera en Colo-Colo. Por ahora, dice, su mente sigue en Europa.

“Mala esa foto ¿no?”, le dice Bravo a Rodríguez refiriéndose a la imagen donde el capitán del seleccionado sale levantando la Copa América hace tres semanas. Bravo ironiza; Julio ríe y responde: “De verdad la quiero enmarcar y ponerla en mi casa”… El mejor de América está aquí. Y tuvimos con él una charla amena, en extenso.

Claudio ¿Qué sientes al volver a tu casa?
Siempre lo he dicho. Me crié acá en estas canchas. Julio lo sabe más que otras personas. Ocurrió un problema pero al margen de eso siempre para mí ha sido mi casa, siempre ha estado la disposición también de venir acá, reencontrarme con gente que me ha visto crecer y es bonito también. Uno siempre trata de pedir ayuda donde hay cariño. Al margen del episodio que pasó, no existe rencor sino amor al club y a la camiseta. Querer venir muchas veces. Y la disposición que tiene Julio de entrenarme un par de días, se agradece un montón.

Julio ¿Qué significa tener a Claudio aquí?
Personalmente para mí es un honor, un privilegio. Claudio desde los 12, 13 años está entrenando acá conmigo. Pasamos muy lindos tiempos. Ver en lo que se ha convertido para mí es impactante, signo de orgullo. Tenerlo acá en casa, entrenarlo un poco, antes de que comience su programa anual, realmente es un privilegio.

Claudio ¿Te acuerdas cuando llegaste a Colo-Colo la primera vez?
Sí me acuerdo. No existía el hotel (Casa Alba), había una cancha que era malísima, donde está la cancha sintética había maicillo. Las pruebas a las que llegué se hacían en unas canchas que estaban rodeadas de árboles que ya quedan cuatro árboles… son momentos bonitos, buenos recuerdos, guardo gratas cosas de mi infancia, sigo en contacto con mis amigos de esa época. Me acuerdo que en la prueba venía bien ‘pinteado’ y Julio le hizo un comentario a mi papá (risas).

¿Qué le dijo, Julio?
Que tenía una pinta tremenda de arquero (risas).

“‘Tiene buena pinta el arquerito’, dijo” –interrumpe Bravo y siguen las risas.

Claro, ‘buena pinta el arquerito’ le dije al papá, don Marcial –sigue Rodríguez. La verdad es que Claudio siempre se preocupó de la presentación.

¿Era una prueba masiva, Claudio?
Era masiva pero dentro de una semana se empezó a achicar la masa de jugadores. Quedamos los que en el papel nos veíamos mejor. También algunos se desinteresaban porque lo veían muy exigente. Yo también quedé un poco con el talento.
Todos los años era llegar acá y te encontrabas con 200, 300 niños a prueba. Había, no sé, 30 niños que eran de tu posición y decías: ‘Mmmm este año parece que me toca irme para la casa’. Y cada año era una lucha: ver niños nuevos, arqueros nuevos que querían quitarte el puesto. Era una lucha constante de supervivencia también.

La historia dice que a Claudio lo quisieron sacar de cadetes ¿Cómo lo recuerda, Julio?
Fue justamente en esta cancha (indica la cancha 4, donde hoy sesiona el primer equipo). Jugamos contra la U y lamentablemente nos hacen un gol de tiro de esquina. Lo hacen (el córner) muy cerrado y Claudio quedó corto, en ese tiempo Claudio medía un metro sesenta. Y pesaba, no sé, 49 kilos (Bravo, al lado, se ríe).
Se suelta el balón, lo cabecean, terminó el partido a los dos minutos y el presidente de cadetes me dice: ‘¿Quién es ese chico que juega al arco? El arquerito ese’, así en forma bien despectiva. ‘Claudio Bravo’, le digo. Me dice: ‘A ese chico tenís que echarlo. Muy chico. No sirve para Colo-Colo. Necesitamos arqueros más altos. Perdimos el partido por él’. Fue bien triste. Pasó porque yo confiaba en Claudio, el talento que tenía era innegable. No fue posible que se fuera por ningún motivo.

¿Tú supiste eso, Claudio?
Sí, si lo supe. También pasé esa semana que no quería venir a entrenar. Le vas dando vuelta a la situación y me di cuenta que eso me servía, para fortalecerme mentalmente, para ser una persona más fuerte en todo sentido y es una lección de vida para los más chicos, que seguramente están ahí hoy en día y sufren algunos episodios también. Hay que ser muy cuidadosos cuando están en esa etapa de divisiones inferiores. Hay mucho técnico que quiere salir campeón en todas sus divisiones y se olvidan un poco de la parte formativa, que veíamos nosotros. Nos pasó un poco el episodio del tiro de esquina porque la misión del arquero era que abarcara la mayor zona posible dentro del área y si había un tiro de esquina la misión mía era salir donde pudiera, al margen si salía bien o mal, era intentarlo. A futuro todo se haría más fácil, con las vivencias que habíamos tenido. Pasa un poco por eso. A mí después me pusieron el cartel de que era el mejor cortador de centros del país, pero atrás de eso hay mucho episodio negro, que los técnicos no querían que yo saliera mucho del arco, que me quedara metido ahí, que el ‘arquerito’ no saliera porque salía y no llegaba a la pelota. Y nosotros lo intentábamos diez mil veces hasta que la cosa saliera bien y siempre pensando a futuro. Las cosas resultan si uno se las propone y tienes personas también como Julio.

Entonces fueron unos adelantados. Ahora juegas en Barcelona donde debes salir mucho del arco, a veces eres el líbero del equipo
Sí, fue una pelea constante también con muchos técnicos acá en cadetes que no veían ese juego de futuro para los arqueros. Que no querían que el arquero participara mucho con los pies, que solo se dedicara y se metiera en su ‘parcelita’ a atajar y se enojaban cuando me pasaban la pelota a mí y yo distribuía con los pies. Querían que el juego fuera siempre hacia adelante, pero muchas veces el central o el lateral estaban presionados y qué mejor que el arquero les dé ese descanso y puedan construir el juego desde ahí.
Claro, nosotros lo trabajábamos mucho, al margen si lo querían o no los demás técnicos. Y fue una ayuda importante para mi desarrollo, sobre todo al nivel que me toca jugar hoy.

Matías Fernández decía, como consejo a los chicos, que nunca se está siempre bien y nunca se está siempre mal en el fútbol
Creo que sí. Las lecciones más importantes han sido en experiencias malas. El tema de cortar centros, de que me quisieron echar por la estatura, de que cada año venían cientos de arqueros y mí me querían liquidar también. O cuando te hacen un gol y tienes culpabilidad. Yo pienso que son los momentos que a mí me hacen ser mejor, me hacen prepararme mucho mejor… Y no me quedo con los buenos momentos. Los buenos momentos los guardo, los dejo pasar y siempre me fijo más en la otra parte para seguir mejorando.

Sus recuerdos albos

Has dicho Claudio que tu referente de chico era Roberto Rojas, pero tú no lo viste jugar en vivo
Vimos imágenes de él. Vino una vez con Sao Paulo acá, nos sacamos unas fotos con Julio y con él, vimos cómo entrenaba a los arqueros de Sao Paulo, por ahí también nace el interés.
Yo desde pequeño me fijaba en todos los arqueros. Siempre he tratado de buscar las cualidades de cada uno, sacar un poco de ellos, imitaba en su momento y ahí uno va construyendo una figura. La estela de grandes arqueros nacionales a mí me enorgullece mucho.

¿Qué arquero mirabas?
Los que jugaban acá en Colo-Colo: Morón, el Cóndor, (Marcelo) Ramírez, Nelson Tapia en la selección, (Patricio) Toledo también. Muchos de los que jugaban a gran nivel yo trataba de seguirlos, de ver cómo funcionaban y vas sacando cositas de cada uno.

¿De chico fuiste colocolino?
De chico. Siempre el regalo en mi casa eran pelotas, zapatos, la camiseta de Colo-Colo, la camiseta blanca, la camiseta amarilla. Nace también de mi papá, de mi entorno familiar que también son colocolinos.

¿De qué Colo-Colo te empezaste a enganchar?
Del que más recuerdo tengo es de cuando me tocó estar aquí en el primer equipo. Tenía 16 años y estaba José Luis Sierra, Murcy Rojas, Pedro Reyes, Marcelo Ramírez, Arbiza. Guardo muchos recuerdos, siendo prácticamente un niño participé con ellos. Entrenábamos con Julio, con ellos, que participaban en Eliminatorias, venían del Mundial. Esas cosas me ayudaron mucho a desarrollarme en el proceso futbolístico.

Para los colocolinos tu figura se asocia al título del Apertura 2006 y el penal que le tapaste a Mayer Candelo ¿Cómo lo recuerdas?
Fue un recuerdo bien grato. Por ahí estaba la parte ingrata también porque fue mi último partido en Colo-Colo, porque estaba hecho el traspaso desde el partido con U. de Conce (semifinales). Fue nostálgico el tema, era mi último partido aquí, yo desde los 10 años había estado en Colo-Colo. Fue bonito haber ganado ese título y más con el rival que teníamos enfrente. Fue un momento inolvidable y para el colocolino también fue un momento que está más que enmarcado en sus cabezas.
Atajar el penal, eso no se va a olvidar en la vida de la forma que me tocó a mí hacerlo. No sé si es factor suerte o no, pero a veces uno intuye cosas cuando ha vivido muchas repeticiones de situaciones jugando a la pelota. Pasó por ahí. El saber qué podía hacer el jugador.

En toda la serie trataste de esperar
Pero en ese penal yo tampoco espero mucho. Intuyo un poco que le pueda pegar de esa manera pero no hacia el centro sino que para el otro lado que me tiré, que fue hacia mi izquierda. Me alcanzo a incorporar, alcanza a sacar la pelota casi de la línea, pega en el palo y por suerte salió hacia afuera, sino la historia hubiese cambiado.
Me quedó más la sensación de felicidad, por haber ganado un título importante que fue ante el archirrival. Fueron buenas sensaciones pero con la tristeza que era mi último partido aquí.

Viste que un tipo se tatuó la imagen de esa tapada
Sí lo vi. Vi también otro que se había tatuado mi imagen levantando la Copa América. Son situaciones un poco anecdóticas pero feliz que la gente pueda hacer ese tipo de cosas.

Copa América y el Barcelona

¿Qué significa ser campeón de América? ¿Cómo lo has saboreado en estas tres semanas?
Con tranquilidad, con haber hecho bien nuestro trabajo, de haber recompensado años de esfuerzo, de sacrificio. Imagínate, hace ciento y algo de años que no ganábamos absolutamente nada. Y logramos levantar esta copa que fue un momento muy bonito, muy especial, me llenó de emoción ver toda la gente en el estadio, en las calles, en los hogares llorando. Va a ser un momento imborrable de nuestro fútbol.

¿Cómo llevas el estar en el Barcelona, uno de los mejores equipos del mundo?
Siempre con tranquilidad, con el hecho de mejorar siempre, de buscar cosas que me ayuden a mantenerme vigente. Los logros están ahí pero tienes que siempre buscar la manera de poder conseguir más. No me conformo con las cosas que hago, con los logros, sino que trato de dejarlos ahí y buscar más logros, que son en base a entrenar día a día, a cuidarse, a portarse bien y va ligado un poco a todo eso.

Por último ¿Qué le dices a los hinchas de Colo-Colo?
Que disfruten con el equipo, que lo acompañen sobre todo en las malas, ahí se ve el hincha verdadero. El colocolino se tiene que caracterizar por eso, por alentar al equipo cuando las cosas no funcionan bien. Les mando un saludo grande a todos y espero algún día vernos.