Categoría: Entrevistas


Gabriel Costa es, necesariamente, Gabriel Costa Heredia. Su vida, ruda como pocas, tiene en Mabel, su madre, al tótem que le permitió a él y a sus 10 hermanos “salir adelante”. En el caso de Gabriel, esa lucha incluyó cumplir su sueño de ser futbolista profesional, para hoy llegar como refuerzo estrella de Colo-Colo, luego de romperla en Perú, donde suena como posible seleccionable del DT Ricardo Gareca (obtuvo la nacionalidad peruana el 27 de diciembre de 2017).

Costa nació el año 90, en un humilde barrio de San Carlos, a 116 kilómetros de Montevideo. En Uruguay jugó en la B, en Rocha y Rentistas, disfrutó de la Primera con Bella Vista y el mismo Rentistas pero comenzó a destaparse como futbolista en Alianza Lima y Sporting Cristal de Perú.

A sus 28 años tiene claro el camino recorrido: “Siiiiiii, es complicada mi vida. Uno la cuenta así, pero… ¡Es fuerte! La verdad que hubo días en que en mi casa no había para comer y nosotros esos problemas los evadíamos jugando a la pelota, en la calle. No nos preocupábamos de esos problemas… Había déficit en la familia pero bueno, obviamente que estos momentos te ponés a pensar mucho del pasado… Y a mí me ayudó mucho, porque te das cuenta de muchas cosas, del sacrificio que uno hace, lo que cuesta tener algo. Yo en lo personal tengo mucho valor en las cosas”.

¿Así te vas enamorando del fútbol?
“Yo soy de una familia grande, tengo 10 hermanos, somos bastante seguidos en edad. Jugábamos con mis hermanos a la pelota en la calle. Teníamos un equipo entre nosotros, íbamos a jugar contra otros equipos en el barrio. Me crié con mis hermanos toda la vida jugando a la pelota. Creo que el gusto de la pelota viene de ahí, de la infancia, de jugar todos los días con mis hermanos, de no tener otra cosa que jugar a la pelota”.

¿Tenía un nombre ese equipo? 
“’Los Igualitos’, nos decían. Después van a conocer a mis hermanos, somos todos medios parecidos así que nos confundían muy seguido”.

A los 13 años Gabriel Costa probó en las divisiones inferiores del club Danubio. Estuvo solo tres o cuatro meses. Su físico –pequeño y enjuto- no ayudaba: “Me querían llevar a Alemania para poderme desarrollar, pero mi madre no me dejó porque me llevaban solo. A los 13 dejé de jugar al fútbol profesional, me dejó de interesar porque sufría bullying por ser chiquito y flaquito. El técnico (Gustavo) Machaín me decía que era bueno pero me faltaba mucho físico. Mis compañeros a esa edad ya tenían cabellos en el cuerpo y yo no tenía nada (risas)… Ahí como que mis sueños se cayeron”.

“Después llego a River (de Uruguay) entre los 18 y 19 años. Las ganas, el querer, hizo que aprovechara la prueba. Es una historia muy larga la mía, pero bueno, eso me permitió estar aquí hoy en día. Estoy muy feliz porque de verdad es todo en base a esfuerzo, sacrificio y mucha voluntad. Me encanta Santiago, mi familia está feliz, contenta en el lugar que estamos y en el club que estamos”.

¿Cómo te fuiste completando como futbolista profesional? 
“En River jugué un partido pero me voy a Rocha (Segunda) y llega el momento en que ‘El Topo’ (Guillermo) Sanguinetti (N de R: hoy DT de Independiente Santa Fe de Colombia) me lleva a Bella Vista. Estuve seis meses, no nos va bien y me voy a Rentista a la B y ascendemos a la A. Estoy muy agradecido por ‘El Topo’ Sanguinetti, por la confianza que me dio, el confiar en mí, de poder yo darle algo y que él me responda también. De verdad, estoy muy agradecido con él, con su ayudante Edgardo Adinolfi. Una de las cosas de por qué estoy en el fútbol es también por Edgardo Adinolfi, él siempre creyó en mí, fue técnico mío en River. De esas cosas yo no me olvido”.

Sanguinetti te lleva después a Alianza Lima de Perú. Se habla que el fútbol peruano tiene muy buena técnica
“Yo digo que el fútbol en todos lados es igual. Perú tiene esa calidad de técnica que en muchos países no la hay. Y hay otras cosas que no las tiene Perú también. Pero Perú tiene una calidad técnica y es algo natural. Ahora, gracias a la llegada de Gareca, se le ha puesto un poquito más de intensidad.
El fútbol peruano me abrió las puertas profesionalmente, obviamente que estoy muy agradecido de Alianza que fue el equipo que creyó en mí, y después tuve el paso por (Sporting) Cristal que es un club espectacular. Tuve un momento difícil y el club me respaldó, confiaron en mí”.

Dices que el fútbol es igual en todos lados. En Uruguay hay mucha calidad técnica pero se asocia con la garra ¿Es su sello? 
“Los grandes jugadores que juegan en Europa, que son los tocados por la vara, son los que tienen la técnica, esa que de verdad es sobrenatural. Pero sí, el fútbol uruguayo es muy sacrificado en todos los sentidos. Hay un montón de factores que hacen que el jugador salga. Es que hay mucho déficit en todo sentido: el tema de cancha, infraestructura, que hace que el jugador quiera salir de ahí. No es que por la garra, ni nada, es porque el jugador de fútbol quiere salir de ahí. Y bueno, el jugador uruguayo trata de hacer todo lo posible para poder llegar”.

Igual meten mil jugadores en todos lados
“Es increíble, increíble. Sí, soy muy feliz de ser uruguayo y que se vea así, es lindo. El fútbol es el hilo (eje) en Uruguay. Poder defender la camiseta de tu país debe ser hermoso. A mí no me tocó, pero el día que me ponga alguna camiseta para jugar al fútbol soy feliz”.

¿Te ilusiona jugar por la selección peruana?
“Yyyyyy, me ilusiona, sí, porque obviamente a uno le gustaría estar ahí. Ahora yo tengo que hacer las cosas bien donde esté. Hoy me toca estar en Colo-Colo, tengo que estar bien, prepararme, para primero estar bien en el equipo y después, si viene o no la oportunidad (selección peruana), ya no depende de mí. Hay que estar preparado nomás”.

Estuviste en dos equipos grandes de Perú ¿Te imaginabas como iba a ser Colo-Colo? 
“Sí, los equipos grandes de cada país son muy diferentes. Colo-Colo es un equipo muy grande, se nota, tiene mucha influencia en todas partes, la gente sigue, tiene muchos hinchas, así que la verdad es muy lindo”.

UN GURÍ EN EL CENTENARIO Y SUS PRÓXIMOS SUEÑOS

De pequeño, allá en San Carlos, Gabriel vivía peloteando en la calle. Había amor por el fútbol pero no existían los lujos. “Teníamos esa tele media antigua que cambiaba con la perillita, no había cable, no había nada, así que poco mirábamos fútbol por TV. Mi viejo tenía ahí unos videos que nos mostraba y bueno, en base a eso mirábamos un poquito de fútbol. Nunca fui al Estadio Centenario de chico”, recuerda Costa.

¿Hincha de qué equipo eras cuando chico? 
“De Peñarol. Mi viejo me mostraba videos, y me decía que yo jugaba medio parecido a Pablo Bengoechea, que tenía las características de él… Tuve la suerte de conocerlo, Pablito Bengoechea es mi ídolo”.

En 2012, a los 22 años, Gabriel Costa debutó en el fútbol uruguayo. Con la camiseta de Bella Vista jugaron ante El Tanque Sisley. Fue 1-1. Al mes Costa estaba enfrentando a Nacional en el Centenario. Recién a la temporada siguiente podría medirse con su querido Peñarol. Minuto 16 y Gabriel Costa abrió la cuenta del partido. Anotó un gol y cumplió uno de sus sueños. Era un Peñarol fuerte, con Estoyanoff, Zalayeta y Santiago Silva. El Rentistas de Costa ganó 3-2.

Por todo lo que te había costado ¿Te diste cuenta lo que estabas viviendo? 
“Es que uno no se da cuenta. Después cuando uno se pone a pensar en las cosas es cuando reflexiona. Pero ahí, mientras jugaba, mientras estás dentro de la cancha, no piensas en esas cosas. Cuando tienes un tiempo para pensar, ahí te das cuenta lo que tienes y en el lugar que estás”.

Es difícil la pregunta pero una cosa es decir: ‘Pasé hambre’ y otra es vivirla ¿Cómo es eso? 
“Sí, obviamente. Yo no se lo deseo a nadie. Lo que pasé yo no se lo deseo a nadie porque es duro, es duro… No poder tener pa comer y es fuerte también, ¿viste? No es fácil… Hoy estoy agradecido por lo que tengo, por la familia que tengo, mi familia pudo salir adelante. Mis hermanos también, todos trabajan ahora. Yo estoy feliz, la verdad. Obviamente que esas cosas en algo te fortalecen, pero tampoco es traerlas al presente porque son cosas que te hacen volver al pasado. Hay que luchar, hay que luchar por lo que uno quiere. Siempre digo que uno tiene que avanzar en la vida, con el corazón. Con el sentimiento que tenga uno, con las ganas que tenga y creo que ahí está el sentido de la vida. Lo que uno siente y que pueda hacer las cosas en base al sentimiento y al corazón que le ponga”.

¿Qué le dirías a un chico de 20 años, que tiene todo en el fútbol y busca su espacio? 
“Hubiese deseado estar en este proceso y tener. El no tener te hace valorar todas las cosas, pero hoy en el fútbol se necesitan las cosas. Obviamente a uno no le gusta sufrir. El no tener zapatos no significa que vas a tener más insistencia en el fútbol o menos. Son otros tiempos. Y depende mucho de la crianza en la familia, cómo los educan. Creo que la familia es muy importante en el crecimiento del jugador. Y (a los juveniles) les diría que sigan soñando, que vayan por el sueño que tienen. Si quieren jugar al fútbol, que peleen, que tengan esa perseverancia a la hora de seguir. Si les dicen que no, que sigan. Porque ahí está la verdad de uno. Uno tiene que querer lo que uno sueña”.

¿Quién es tu referente hoy? 
“Hay grandes jugadores, hay varios que me gustan, pero es imposible copiarlos porque es natural lo de ellos. Uno trata de sacar cositas pa poder mejorar también… Messi, por ejemplo. Me encanta a mí como juega, es impresionante, natural, único, mundial, el único que hace esas cosas. (Marco) Verratti me gusta, de otra posición. Iniesta también. Eso es fútbol”.

¿Qué tiene de particular Mario Salas? ¿Qué te gusta de él como entrenador? 
“Con lo poquito que llevo de mi carrera de fútbol y lo poco que sé de fútbol, lo que rescato de cada técnico es lo que cada uno entrega de sentimiento, de corazón. Creo que Mario hace todo en base al sentimiento, en base obviamente a la sabiduría que él tiene y lo que ve, pero de verdad Mario es un gran técnico y ha llegado acá porque se lo merece y está muy a la altura del club”.

¿Qué le va a dar Gabriel Costa a Colo-Colo? 
“Soy un jugador de sacrificio, de mucha voluntad, soy un profesional a la hora de jugar. Ojalá que este año podamos cumplir nuestros objetivos, lo que cada uno se propone en lo personal y lo que se propuso el equipo. Ojalá salga todo bien”.

Volviendo a cuando eras joven ¿Cómo es la historia de cuando quisiste ir a Buenos Aires y no pudiste salir de Uruguay? 
“(Risas) Yo a los 17 años andaba en la vida ya como diciendo de vagabundo, no tenía rumbo, no tenía un sentido en la vida, y justo mi hermano, el mayor, se fue a vivir a Argentina. Y me dijo: ‘Gabi, veníte pa Argentina, a buscar un trabajo, yo que sé, a buscar tu vida’. Y tá, le digo a mi madre: ‘Me voy, me voy’… ‘¿Cómo te vas a ir?’, me dice mi madre. ‘Es que quiero buscar mi vida’… ‘Bueno, andáte’, me dice.
Justo trabajaba en una panadería, pude recolectar unos pesos y me fui. Cuando estoy llegando a inmigraciones (risas)… Increíble la ignorancia… Bueno, me dijeron: ‘Los papeles, los permisos ¿Dónde están?’. Y yo les digo: ‘¡¿Qué permiso, qué permiso?!’. ‘El de tu madre, el de tu padre’… ‘Nooooooo, yo no tengo permiso, no tengo papeles, no tengo nada’. ‘No podes pasar, sos menor’, me dicen…
Naaaaaa, me quería morir. Llegué como a las 4:00 de la mañana a casa y le dije: ‘Mamá, ¿Por qué no me dijiste?’… ‘A vos te gusta pegarte la cabeza contra la pared’, me dijo….
A los pocos meses cumplí 18 y me fui. Pero estuve poco tiempo, mi hermano me abrió la puerta, estuve tres meses ahí y justo me sale esto del fútbol”.

¿Cómo se llama tu vieja y tu viejo? 
“Mi vieja es la que siempre estuvo, mi padre en algún momento se fue… pero obviamente ahora tengo contacto con mi padre… Mi madre se llama Mabel y mi viejo se llama Basilio”.

¿Quién es Mabel Heredia?

Gabriel Costa se emociona al final de la entrevista. La vida dura, el sacrificio que parecía eterno, siempre tuvo un soporte y un respiro en su vieja. La misma que lo acompaña, que lo viajaba a ver a Perú y que ya promete visita a Santiago.

“Bueno, mi vieja… No sé, es una palabra mayor para mí, para mis hermanos, para todos, porque de verdad… Me emociona hablar de ella. Es una luchadora, eh…. Me emociona porque es una luchadora, una guerrera. Siempre está la vieja”.

Ronald De La Fuente tiene 28 años. Los cumplió recién, hace un par de semanas. El 25 de enero de 1991, día de su nacimiento, coincide con el inicio de un glorioso Cacique, aquel que terminó ganando la Copa Libertadores. Ese viernes 25 del 1 del 91, en pleno verano noventero, mientras Ronald llegaba al mundo en Talcahuano, Patricio Nazario Yáñez firmaba en Cienfuegos en una de las contrataciones más bulladas de la década. Pero eso es solo coincidencia. Aquí no hay simbolismos ni nada. No existe relación entre el Colo del 91 y De La Fuente. Tampoco entre él y los cracks Eusebio, Tostao, Bochini, David Ginola, Xavi Hernández y Robinho, nacidos también un 25 de enero.

Porque De La Fuente no es un elegido ni mucho menos. Su carrera no está plagada de flashes, notas 7 en el diario y aplausos de la galería. Al revés: Lo suyo es ir creciendo de a poco. Es partir a la tercera categoría del fútbol chileno a los 22 años, porque en Primera no tenía espacio y, a esa altura, había jugado solo 11 partidos en tres años.

La de De La Fuente es la historia de un tipo que se comenzó a consagrar a los 26 años. A los 26, por ejemplo, Patricio Yáñez ya había jugado un Mundial y comenzaba a defender su tercer equipo en España. De La Fuente no. A esa edad corría detrás del triunfo, en ese entonces medio lejano.

Esta, en definitiva, es la bitácora del jugador que “dio la vuelta larga”. Que luchó para llegar arriba. Y todo lo anterior, por cierto, hoy es motivo de orgullo. A De La Fuente no le vienen con cuentos: La palabra ‘esfuerzo’ la conoce al revés y al derecho.

“En Huachipato me tocaba ir citado a casi todos los partidos pero era muy poco lo que jugaba, no entraba. Después de ese año que salimos campeón (N de R: en el Clausura 2012 no jugó ningún partido en el título acerero) tomé la decisión y pedí permiso para ir a préstamo. Me habló Luis Marcoleta para ir a Arica y lamentablemente no se dio como quería: No era mi momento o no reunía las condiciones y tampoco terminé jugando. Ronald Fuentes ya me había llamado para ir a Iberia y a la vuelta de Arica me volvió a llamar y me dice: ‘Ya, esta es la segunda y última vez que te llamo ¿Te vienes o no?’. Lo notaba tan convencido en su idea, en que iba a ascender, aunque me costó bastante tomar la decisión de ir, porque mi mismo entorno familiar me criticaba el tema de que me iba de Primera a Tercera División. Decían que esa división nadie la ve. Pero lo mejor de todo es que tenía el apoyo incondicional de mi mujer, que me dijo: ‘Yo voy contigo, donde tu vayai’. Creí tanto en las palabras del profe, tenía la convicción y a lo mejor no era atractivo el tema económico o de la división, pero iba a tener la posibilidad de jugar, que era lo que quería… Fue la mejor decisión que tomé. Me arriesgué, superé el miedo de ir a Tercera”.

¿Cómo fue jugar en esa tercera categoría, la Segunda Profesional de entonces? 
“Dentro de la división creo que era el equipo más sólido, en lo económico y en lo deportivo. Sin duda había cosas que yo por lo menos no había vivido. Huachipato tiene una muy buena fama de cadetes, es un club con infraestructura y en Iberia había muchas cosas diferentes: el tema del camarín, tenías que ir a entrenar a diferentes canchas todos los días, el tema de la ropa… Yo particularmente no le ponía mucha atención a eso. Yo lo que quería era jugar, jugar y jugar.
Igual, a pesar de que no están las comodidades de un equipo de Primera División, nunca nos faltó nada. Sí había que hacer esfuerzos de tener que ir en tu auto a entrenar a una cancha que está a 40 minutos, por ejemplo, pero yo lo compensaba con el tema de jugar. Estaba tan feliz jugando, el profe me había dado una confianza tremenda, así que para mí estaba todo perfecto, era lo que necesitaba en ese momento”.

Les va bien con Iberia
“Terminamos teniendo un año increíble con Iberia, peleamos durante todo el año el ascenso con Puerto Montt, vivimos un partido épico, histórico, en el Chinquihue a estadio lleno, donde el único resultado que nos servía era ganar, y ganamos de visita 1-0 (N de R: penúltima fecha; si ganaba Puerto Montt era campeón). Y terminamos ascendiendo en el último partido ante Melipilla de local. Después de todo eso, claro, la decisión fue acertada. Hoy en día sin duda que lo veo así, claramente fue el punto de quiebre, el cambio desde que empecé a jugar. Ahí comenzaron los buenos momentos y las buenas temporadas”.

El 28 de enero de este año, Ronald De La Fuente entrenó por primera vez con Colo-Colo. Al día siguiente fue presentado en la sala de prensa del Monumental y 24 horas después jugó de titular en el amistoso ante Everton. “Sí, han sido días muy ajetreados, un cambio de vida cien por ciento pero estoy feliz, con ganas que este sea un gran año para todos. Siempre pensé y trabajé para ir creciendo. Había otras posibilidades para ir al extranjero, pero cuando apareció esta opción de venir a Colo-Colo, obviamente fue súper motivante y atractiva. No lo pensé mucho: Es difícil decirle que no a Colo-Colo. Es un honor y una responsabilidad tremenda defender esta camiseta”, cuenta.

Ronald De La Fuente comenzó a los seis años a jugar fútbol en el Club Unión San Francisco de la Liga Talcahuano Centro. Al año fichó en el Unión San Vicente, uno de los clubes más antiguos de la liga chorera y con sede en el cerro donde se crió De La Fuente (“así se escribe mi apellido, con la D, la L y la F en mayúsculas”). A los 8 años se probó en Huachipato y siguió jugando a dos bandas, “hasta que ya me cancelaron el permiso en el ‘Huachi’”, recuerda.

¿Comenzaste como delantero, no? 
“Sí, delantero izquierdo, el 11 que le decían en el barrio. Me gustaba como jugaba Iván Zamorano, Marcelo Salas, los referentes de esa época. Me gustaba esa posición, fue la que me acostumbró mi papá desde chico; era zurdo y tenía condiciones, si antes era bueno (risas).
Me fue súper bien en esa posición, hasta que me subió al primer equipo el profe Arturo Salah. Pero cuando llegó Jorge Pellicer él me dice que tengo condiciones para jugar de lateral. Yo estaba dispuesto a aprender y creo que le dio en el clavo, es mi puesto preciso”.

¿Te costó pasar de juveniles al primer equipo? 
“Yo estaba acostumbrado a tener regularidad y protagonismo dentro de las diferentes categorías en cadetes, y en el último año de juvenil no fue así, jugaba poco (N de R: con Carlos Pedemonte como DT). Después el profe Arturo me empezó a llamar al primer equipo a entrenar y ni siquiera era titular en mi serie, entonces yo creo que por ahí pasó el tema de volver a reencantarme y motivarme. Estaba bastante bajoneado por lo que estaba viviendo y ahí con el profe Arturo como que cambié el chip y me motivé”.

¿Recuerdas tu debut, en 2011? 
“Sí, con Audax en La Florida (N de R: 1-1). Arranqué de titular. Tenía los nervios que viven todos al principio. Fue un partido difícil, debuté de lateral, que no era lo que estaba acostumbrado de toda mi vida, pero con el apoyo de Jorge Pellicer, de mis compañeros, creo que respondí a lo que ameritaba la situación”.

Alcanzaste a vivir una época donde los experimentados marcaban distancia
“Me tocó compartir con jugadores más grandes, como de la vieja escuela que se le dice y que obviamente marcaban una diferencia con los más jóvenes que recién íbamos subiendo. Más de alguna anécdota pasaba: Que te estabas duchando, venía un grande y te echaba. ‘Esta es mi ducha’ (decía). Te pasabas a la de al lado, venía el otro y te decía: ‘No, esta es la mía’. Y ahí tú, todo enjabonado, con champú, esperando que se bañaran todos (risas). Al último te bañabas tú…
De repente te retaban, te pegaban mucho en los entrenamientos, cosas que sin duda sirvieron para uno hacerse más fuerte en todo sentido. Después fuera de la cancha todo súper bien, no tenga nada que decir”.

¿Quiénes eran los experimentados? 
“Me tocó compartir con el ‘Liebre’ (Jaime) Riveros, el ‘Turco’ (Edgardo) Abdala…”

Tipos rudos
“Serios, serios… Déjemoslo en (tipos) serios (risas). Pero bien, bonitos momentos”.

Con ya tres temporadas regulares en Universidad de Concepción ¿Sabías que darías el salto a un equipo grande o al extranjero? 
“Sin duda. Tenía esa confianza, más allá de que se diera o no, era por la manera en que yo trabajo, nada más. Estoy tan confiado en la manera en que trabajo, me entrego tanto por mi trabajo, que yo sabía que tarde o tempano la oportunidad se iba a dar. Tenía que hacerlo bien en el equipo donde estaba, buscar esa oportunidad y gracias a dios –nombro a dios porque sin él creo que nada sería posible- se dio. Después de varias temporadas súper regulares en la U. de Conce, de buenos campeonatos con el grupo, en relación con lo que se exige en un equipo como la U. de Conce, se termina dando esta oportunidad que era lo que yo buscaba, lo que esperaba.
Sin duda llegó en el mejor momento de mi carrera, donde me siento más completo, donde siento que toda la vuelta larga que me di, me preparó de muy buena manera para estar en un club como Colo-Colo”.

Hablas de la “vuelta larga” ¿Qué pasa con jóvenes que con mucho talento se quedan en el camino? ¿Falta sacrificio? ¿Qué les dirías, desde tu experiencia? 
“Hay un dicho que dice que no siempre los más talentosos son los que llegan a jugar al fútbol profesional. Y para mí, ese es un claro ejemplo, porque yo siempre fui destacado dentro de cada serie juvenil, pero nunca fui el más talentoso, nunca fui el que la rompía, siempre fui destacado por mi perseverancia, mi sacrificio. Obviamente de la mano va el tema técnico, talento había que tener para estar en esa posición, pero sin duda para mí la clave, o lo que yo podría aconsejar según lo que yo he vivido, es entregarse el cien por ciento ¡pero siempre! Y no lo digo en una manera… ¡es que es fácil decirlo! Es fácil decir que hay que entregarse, que hay que entrenar duro, mojar la camiseta, pero cuando estai ahí es cuando hay que hacerlo. Cuando estai pasando por malos momentos y nadie te ve. O cuando te toca jugar poco, no hay que cambiar. Yo personalmente nunca cambié. Y ahora en la posición que estoy, me doy cuenta: ‘Pucha que valió la pena’.
A lo mejor cuando no estaba tan considerado con un técnico antes, seguía trabajando igual, me seguía preparando, para esperar esa oportunidad y cuando llegara, aprovecharla. Estuve preparado. Para mí, el sacrificio, la perseverancia, las ganas ¡las ganas! las ganas de querer crecer en lo deportivo, sin duda son la clave.
No hay que generalizar igual y pensar que todos los jóvenes hoy en día no tienen ese sacrifico, esa hambre. He visto muchos compañeros que sí la tienen. Pero sí siento que, de repente, ahora se da un poco más fácil el paso de la juvenil al primer equipo. Por ahí entonces algunos jóvenes, no quiero generalizar, se sienten cómodos muy rápido o sienten que se les hizo muy fácil el paso de cadetes al profesionalismo, y por ahí no valoran, no se dan cuenta, lo importante que es estar en un plantel profesional ¡que no es fácil! No es lo mismo que estar en cadetes. De llegar, llegan muchos, pero estar ahí, jugar y ser regular, es muy difícil.
Yo creo que pasa por ahí los casos que no aprovechan esas oportunidades. De repente puede que se dé más fácil que antes”.

¿Cuáles son los mejores técnicos que tuviste?
“De todos aprendí mucho. El profe Arturo Salah fue el que me subió al primer equipo, tengo un cariño especial por él y hasta el día de hoy cuando me lo encuentro, a pesar de que no debuté con él, le estoy muy agradecido. Y obviamente aprendí mucho de él.
El profe Jorge Pellicer me cambio de puesto, así que también marcó una etapa importante de mí, se dio la paciencia de enseñarme, de aprender nuevas funciones, el tema de la marca que yo no estaba acostumbrado para nada.
Pero, sin duda, los técnicos que más me han marcado han sido Ronald Fuentes y Francisco Bozán.
Ronald Fuentes porque estaba aprendiendo de un defensor de élite. Él cuando me llevó a Iberia de lateral, sabía que mi problema mayor era el tema de la marca, y él se dio el tiempo, me enseñó todo. Aprender de un mundialista es un tremendo honor. Estoy muy agradecido de él porque aprendí muchísimo, me dio confianza. Él se fue a la U. de Conce y medio año después me llevó.
Me faltan palabras de agradecimiento, pero no por ser chupamedias, sino porque… Mira, yo sé que ir a la U. de Conce fue por mi trabajo, estoy seguro que fue por eso, pero son esos técnicos que te van marcando porque te dan la confianza y te dicen: ‘¡Oye, dale, juega, que si la embarrai yo mañana sigo confiando en ti!’. Entonces, sin duda, que me marcó.
Y el profe Francisco es uno de los más importantes porque igual que el profe Ronald me dio una confianza tremenda y encontré con él una regularidad que él me hacía sentir que era yo en el equipo y 10 más. Entonces obviamente yo retribuía con el rendimiento, con estar a la altura de lo que él quería”.

¿Qué laterales izquierdos te gustan en Chile y el extranjero? 
“Marcelo es espectacular. Es mi ídolo en esa posición. Técnicamente el loco es extraordinario. Te controla pelotas imposibles, llega al gol, hace goles, tira centros, da pases gol, defiende muy bien… Nooooooo, es completísimo. De repente mi señora me reta porque estoy en la tele pegado viendo videos de Marcelo.
Jordi Alba también es extraordinario.
Y del medio nacional, creo que hay muy buenos laterales: Está el Nico Peñailillo, que me gusta como juega, está Beausejour que es un muy buen jugador, referente en la selección; Dilan Zúñiga, que se fue a México, muy buen jugador y Ronald De La Fuente po, no hay que dejar de nombrarlo (risas)”.

Contemos las malas también ¿Qué puntero derecho te complica? 
“En el torneo pasado me tocó Eduard Bello de Antofagasta: muy buen jugador, desequilibrante, de esos que no sabís pa donde va a ir.
Los grandotes siempre son difíciles. En Unión estaba Tobías Figueroa: pesao, te chocaba hasta que te aburría.
Soteldo igual es un buen jugador.
Son jugadores imprescindibles, que de repente sabes lo que van a hacer, pero son rápidos, son vivos y te cuesta. Ahí hay que pasar la afiladora nomás y buscar soluciones (risas).

¿Cuáles son tus metas? Supongo que consolidarte en Colo-Colo y llegar a la selección
“Sin duda, varias veces me lo comentaron el año pasado, varios periodistas me preguntaban y la respuesta siempre es la misma: Yo feliz estaría en la selección, para mí es un sueño, como yo creo que es para cualquier futbolista chileno. Pero también sé y tengo claro que para eso tengo que hacer las cosas bien en el club donde estoy. Hace dos semanas era U. de Conce y ahora es Colo-Colo.
Mi principal objetivo es consolidarme acá, ganarme un puesto, ojalá continuar con la regularidad con que venía en la U. de Conce, mejorar mi nivel y eso estoy seguro y sé que es la manera de que se dé una oportunidad en la selección.
Si tú me preguntas si quiero estar, a ojos cerrados, y voy a trabajar para que esa oportunidad se dé.
Yo quiero ser el recambio de Beausejour, es la verdad, soy sincero, pero hay que ser mesurado y entender que primero hay que adaptarse al club donde estoy y hacer las cosas bien acá.
Las exigencias suben todas el doble: acá tenemos que ser campeones, tenemos que pelear todo, entonces de la mano de eso yo creo que se pueden dar oportunidades como esa”.

¿De Unión San Vicente a Qatar 2022? 
“Uhhhhh, un sueño seria po. Unión San Vicente ahí… todavía voy a ver sus partidos.
Sería un sueño, un sueño… Vestir la camiseta de la selección sería un sueño”.

Es una verdad verdadera: Javier Andrés Parraguez vivió aquel fútbol sin luces, sin brillo, sin dinero incluso, para crecer -en base a esfuerzo- y llegar hoy a la cima. O una de las cimas, en rigor. Porque Parraguez, a sus 29 años, quiere aprovechar la ola buena y aspirar a más. Con todo lo difícil que ha vivido en el fútbol, en Tercera División por un buen tiempo, él está ya en otra frecuencia.

¿Qué es el fútbol para ti, Javier?
“Para mí es todo. Muchas veces se dice: ‘Yo vivo del fútbol’. Y me gusta usar la frase al revés a mí: ‘Vivir PARA el fútbol’. Porque si tú no le das algo al fútbol, el fútbol tampoco te da nada. Por ese lado, para mí el fútbol es todo: Fue una salida de escape que tuve desde muy pequeño, es lo que me ha dado todas las alegrías, a excepción del nacimiento de mis dos hijos -que fue una alegría inmensa pero externa al fútbol- y las tristezas también. Si cuando uno ríe, todos están ahí, feliz contigo, pero cuando uno está triste, ahí ves a los que realmente están contigo. Y eso me pasó”.

El cerronavino -criado en las pichangas del pasaje Trento, cerca de Jota Jota Pérez- entró tarde al fútbol profesional: “Yo llegué a Santiago Morning con 16 años ya, cumpliendo casi 17. El tiempo se te va achicando, no sabes si vas a quedar o no en el fútbol profesional. La verdad que como llegué tan tarde al fútbol encuentro que se me hizo todo muy rápido. No fácil pero rápido. Llegué, me subieron al primer equipo, a los seis meses debuté con Orlando Mondaca y Rubén Dundo de técnicos y empecé a hacer goles. Tuvimos el ascenso con Santiago Morning (N de R: vía Liguilla de Promoción) y al otro año (2008) llega Esteban (Paredes), ahí lo conocí. Ya estábamos en Primera División, él venia de un préstamo de Cobreloa y llegó (Diego) Rivarola también, así que ‘no tenía por dónde’ y ahí me tuve que ir a préstamo a Tercera División, a Linares”.

Fue en el sur donde Parraguez comenzó su peregrinaje. Si era en Tercera, sería Tercera. Linares, Melipilla, Talagante… ¿Primera B? Mejor aún: Everton, Magallanes… En 2014, ya con 24 años, el delantero aterrizó en Puerto Montt para alcanzar la primera gran alegría de su carrera.

¿Cómo es jugar en Tercera División?
“Nada, pucha, qué te puedo decir… Es algo donde todo te cuesta el doble o el triple. Qué se yo: La locomoción, los sueldos, la implementación para poder entrenar, las pelotas, la cancha… ¡Es todo tres o cuatro veces peor! Obviamente cuando estás en Primera por algo es Primera División, es el fútbol de élite de cada país. Uno sueña llegar a Primera División precisamente porque sabe que todo es de primera. En Tercera todo es de tercera, entonces te cuesta tres veces más”.

¿Cuál fue el sueldo más bajo que tuviste?
(Parraguez suspira y sonríe) “¡Cero pesos! Hubo un tiempo que gané cero pesos. Estuve como ocho meses ganando cero pesos y solo recibía ayuda económica para la micro y esas cosas. Prefiero omitir el equipo porque no me gusta hablar mal de los equipos donde estuve. Fueron problemas que no solamente sucedieron por no haber hecho un buen contrato, sino porque el equipo en general tenía problemas económicos. Yo tenía mi sueldo normal, como todos, pero había mucha gente joven y todos luchábamos por una oportunidad, por querer salir adelante. En ese entonces el club no tenía recursos nomás, tenía problemas y teníamos que firmar la planilla igual, porque si no, nos iban a quitar los puntos. ‘¿Qué hacemos? Ya, firmemos nomás -decíamos- si al final todos estamos luchando porque queremos salir adelante’.

En Tercera se gana el pan de cada día

“Sí, obviamente, estás viviendo el día a día y dependes de un sueldo que lo tienes para vivir. Aquí en Primera División tú ganas un sueldo y vives con él fácilmente. O con la mitad, no sé, cada uno tiene un status y un estilo de vida distinto. Pero en Tercera o en Cuarta División hay muchos jugadores que esperan con ansias el día del sueldo para poder vivir”.

¿Cuáles son los momentos de mayor alegría y de mayor tristeza que has tenido en el fútbol?
“Mi mayor alegría fue mi primer y único campeonato que tuve, con Puerto Montt cuando ascendimos (a Primera B). Fue uno de los momentos más felices que he tenido, junto con éste (arribo a Colo-Colo) y con la llegada a Huachipato. Esos son mis tres momentos épicos en el fútbol”.

¿Y las malas?
“Puuuucha ¡Muchas! (Risas). Lamentablemente cuando me tuve que operar la rodilla de meniscos. Venía de una operación hace seis meses y me volví a operar de meniscos. Eso fue una de las más frustrantes etapas que tuve. Y lo otro, el tema de los sueldos: en ese tiempo ya tenía a mis dos hijos, vivía de ese sueldo y no tenía cómo sacar recursos para llevarle en ese tiempo a la mamá de mis hijos, para que comieran y todo ese asunto. Esos momentos son los más tristes. Uno piensa, estando en Tercera: ‘Pucha, ¿Valdrá la pena o no? Quizás esto no es pa mí, debiera tomar otro camino para generar esos recursos’. Con hijos es más difícil, obviamente se te hace todo mucho más difícil”.

¿De verdad pensabas ahí en dejar el fútbol?
“Muchas veces, durante ese año donde no me pagaban, pensé: ‘Puta, quizás esto no es pa mí, quizás debería tomar otro camino’. Ves que no tienes escapatoria, pero ahí están los que realmente acompañan el camino a tu lado y te están aconsejando para bien. Porque también hay gente que te aconseja para mal”.

Javier Parraguez fue siempre delantero. Desde aquel bendito 2014 su carrera ha ido en ascenso. En 2019 logró su sueño: Firmó por cuatro años por Colo-Colo. Hoy disfruta y mira permanentemente la cancha, mientras sucede la entrevista en la tribuna Océano del Estadio Monumental.

“La verdad es que han sido días maravillosos. Uno igual se llena de dudas: ‘¿Cómo va a ser todo? ¿El camarín?’. Y la verdad es que me han tratado súper bien, me han acogido bastante bien. El recibimiento uno nunca se lo espera, o no sabe cómo va a ser, y la verdad es que me sorprendió gratamente, porque se vive un ambiente de familia adentro, no hay ninguna mala cara, todos me dicen: ‘Bienvenido-bienvenido, cualquier cosa que necesites, aquí estamos’. Así que estoy feliz-feliz por eso. Muy feliz”.

Definitivamente eres del tipo de futbolista que hizo el camino largo
“Cuando uno vive estas cosas, una vez que estás arriba, estás feliz. Estás contento, disfrutai… Pero cuando estás abajo, y vuelves a estar arriba de nuevo, no quieres volver más abajo, entonces estas oportunidades las aprovechai el doble o el triple, y te preparas para eso. Creo que todo pasa por algo y las caídas que he tenido obviamente me enseñan a ser más autocrítico en el tema de la exigencia, de entrenarse, la alimentación, eso me pasa a mí. Cuando llega la oportunidad no quieres soltarla más, porque sabís lo difícil que es llegar (arriba)”.

¿Cuál es tu referente como delantero?
“Me gusta como juega hoy en día Luis Suárez en Barcelona. Veo sus movimientos y todo. Ídolo no tengo igual, pero me gusta ver también a Paolo Guerrero, me encanta como juega. Me gusta la alegría que trasmitía Ronaldinho Gaucho y trato de imitar esa alegría, de siempre estar alegre y no andar peleando”.

Dicen que en la B le cuesta más a un delantero, porque te pegan mucho más
¡Imagínate en Tercera! El fútbol ahí es más bruto, pero no deja de ser bueno también. El fútbol es competitivo yo creo que en todas las divisiones y al final salen adelante los más perseverantes, los más destacados. En Primera B el fútbol es un poco más intenso sí, y más agresivo”.

¿Qué mantiene y qué has cambiado del Javier Parraguez que se inició en el fútbol?
“Uno madura al saber que si no aprovecha una oportunidad, no va a volver el tiempo atrás. Uno va madurando en el tema psicológico, en el tema personal, en el tema físico. Yo hoy día me preocupo mucho más de mi alimentación, de entrenarme bien y estar óptimo y cien por ciento para el entrenamiento y no solamente para el partido. Eso es lo que yo creo que he cambiado bastante desde hace un par de años, ni siquiera tanto, hace un par de años nomás”.

¿Y en la cancha? Algo más técnico, quizás
“Es que uno al cambiar su estilo de entrenamiento, después te dai cuenta que estai capacitado para hacer más cosas. Eso te va fluyendo solo. Cuando te entregai cien por ciento en el entrenamiento, después en el partido es imposible que no qedís con ganas de jugar, o con ganas de entregar más. La entrega para mí es uno de los pilares fundamentales de mi estadía en Colo-Colo. Me pasó en Huachipato también. Son unas de mis características que pretendo llevarlas a cabo en Colo-Colo”.

¿Crees que ese puede ser tu aporte al equipo?
“Mi aporte es la entrega, el sacrificio, el no dar ninguna pelota por perdida, pelear todos los balones: aéreos, por abajo, por donde sea. Y aportar con goles. A mí me trajeron acá por los goles. Pienso en ser un aporte positivo siempre, y entregarme por completo. Es una de las cosas fundamentales. El sacrificio va a ser fundamental, cuando no se tenga la pelota, cuando haya que recuperarla, y eso es un punto que yo creo que me caracteriza y lo tengo muy a favor”.

¿Cuáles son tus metas?
“Consolidarme acá, tener un nombre, un reconocimiento, ser ‘Javier Parraguez, buen jugador de Colo-Colo’ y aspirar a más, siempre. Aspirar a la selección y poder tener un nombre ya no tanto a nivel de equipo, sino a nivel nacional”.

¿Te imaginas siendo campeón en este estadio?
“Me lo he imaginado miles de veces. No te imaginas cuántas veces… Ya no está tan lejano el sueño ni la imaginación. Vamos a dar todo para que eso suceda”.

¿Sueñas con eso?
“Sí, y sueño despierto también (risas). Quiero puro pisar esa cancha, que esté llena y poder escucharlos a todos juntos gritar: ‘Gol’”.