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Campeones del 96: #La20 y el inicio de una era exitosa
1996

Fue extraño lo que pasó en 1994 y 1995. La U volvió a ganar un torneo tras 25 años e hizo el doblete. Eso, mientras Colo-Colo miraba desde lejos. Por ello en 1996 la necesidad del título era total; por parar la racha del archirrival, por volver a campeonar y por alcanzar la estrella 20.

Rambo Ramírez; Pancho Fernández, Pedro Reyes, Juan Carlos González, Murcy Rojas (Fabián Guevara tras la partida de Rojas a España); Emerson, Espina, Barti y Sierra; Basay, Vergara.

“Teníamos un equipazo”, recuerda Marcelo Ramírez, quien sigue hoy ligado al club: es preparador de arqueros del Cacique.

La campaña de Colo-Colo incluyó un par de goleadas míticas como el 7-1 a Concepción y los 5-0 a Unión Española y a O’Higgins. El Cacique terminó siendo campeón en la penúltima fecha, tras un 1-1 ante Audax Italiano ¿La U? Recaló quinta, a 16 puntos del líder.

“El 95 no la pasamos bien. El equipo se armó el 96. Éramos un grupo muy cerrado, que nos defendíamos mucho entre nosotros y con el cuerpo técnico. Eso era muy importante para ganar”, explica Marcelo Espina desde Argentina.

“Varios jugadores estaban en el peak de sus carreras”, sigue el Rambo. “Es uno de los grandes planteles que me tocó estar. Y quizás los mejores amigos los hice en esa etapa también. Fue una muy linda época”, remata el exarquero.

“¡Un placer verlos jugar! Espina, Emerson… Yo jugaba cargado a la izquierda y aunque no era la posición que más me gustaba, era un gusto tremendo jugar en ese equipo”, se sincera José Luis Sierra, hoy DT de Unión Española. “Estábamos muy convencidos de lo que hacíamos”, aporta Pedro Reyes, hoy ayudante del Coto y entonces líder de la defensa alba. “Lo que hablaba el Coto en cuanto al plantel: Había un equipo base pero nacieron muchos jugadores de ese equipo como el propio Héctor Tapia”, continúa “Pedrote”.

En medio de los líderes, la banca estaba cargada de jugadores clase A: Claudio Arbiza, Mario Salas, David Henríquez, Moisés Ávila, Hugo Rubio. También estuvo Javier Margas. Y asomaban Frank Lobos, Héctor Tapia, Pancho Arrué. En la última fecha jugó Luis Mena.

“Soy un agradecido de todos ellos. Se portaron súper bien y tenían una linda mancomunión, aunque había muchos jineteados”, explica el multicampeón Lucho Mena.

Don Balón El 17 de noviembre, ante Audax, la fiesta estaba preparada.

“Lo lógico era que independiente de la calidad de Audax, ganáramos ese partido. Nos jugó en contra también la ansiedad… Pero nunca estuvo en riesgo la consecución del título”, rememora Sierra. “Me acuerdo del estadio lleno. Era mi segundo campeonato pero estaba ansioso. Veníamos de dos años que no fueron buenos”, apunta Reyes.

“Yo estaba en el camarín. Era la gracia, una tradición: aunque no estuvieras citado tenías que estar en el camarín. Eso habla bien del grupo y hasta ahora trato de inculcarlo a los más jóvenes”, dice Mena quien sigue emocionado: “Y de ahí a celebrar en la cancha. Era mi primera estrella, con mis ídolos que los tenía pegados en mi pieza en un póster”.

Un partido aparte vivió el Rambo Ramírez: “Para mí fue muy especial y emotivo. Faltando tres fechas me tuvieron que operar. El último partido me tocó vivirlo con muletas y en el palco. Cuando llegué al estadio la gente se dio cuenta que estaba ahí y empezó a corear el ‘Rambo, Rambo…’. Me había costado agarrar el puesto de titular, estaba la selección… Tenía un montón de cosas en la cabeza y fue muy emotivo para mí. Mis compañeros me fueron a buscar al palco. Son recuerdos imborrables. Debo haber llorado tres o cuatro veces en una cancha de fútbol y ese día fue uno de esos. Me emocioné muchísimo”.

El grupo, el buen grupo

“Aparte de buenos jugadores, fue un grupo espectacular. Hasta el día de hoy nos saludamos con mucho cariño porque tenemos un vínculo muy especial. Se armó una unión, una afinidad especial. Hay pocos grupos que integré de esa calidad humana. Se podría haber pensado que se iban a imponer los egos por la calidad de jugadores que había. Al contrario”, rememora José Luis Sierra.

“El camarín era muy unido. Nadie mandaba el camarín. Era un buen grupo”, añade Francisco Rojas, quien concentraba con su íntimo: Javier Margas. “En el camarín poníamos música, cantábamos, bailábamos…”, añade “Murcy”.

El Gráfico Los líderes del plantel se reunían cada tanto en la casa de Gustavo Benítez. Para ver cómo iba la cosa, para afinar detalles y solucionar problemas. “Primero nos mostraban unos videos y después terminábamos comiendo, charlando, tomando una cerveza y hablando de fútbol, siempre de fútbol”, narra el “Cabezón” Espina.

“Era un grupo demasiado unido. Se apoyaban tanto entre sí… Hacían cenas con el profe Benítez donde quizás ahí arreglaban sus problemas. Ese grupo era muy unido pese a que había figuras ¡de calidad! Ellos vivían muy preocupados de nosotros los utileros”, dice Nelson Pizarro, aún dueño del camarín del Cacique.

“No era un equipo joven pero todavía estábamos con la ilusión de lograr la gloria. Varios después de eso se fueron al extranjero… Había un grupo humano muy bueno y técnicamente con mucho talento”, explica Marcelo Ramírez.

Las mil y una cábalas

El Coto Sierra se ríe. Pedro Reyes lo imita. “El que tenía más cábalas era Marcelo Espina”, dice Sierra.

En el camarín estaba prohibido escuchar a José Feliciano, Roberto Carlos y sobre todo a Juan Luis Guerra. “Ni en el camarín, ni en el hotel ni en el bus. En ningún lado se podía escuchar a Juan Luis Guerra”, recuerda el Rambo Ramírez.

¿Alguien osó escuchar alguna vez al autor de “Bachata rosa”? “¡Ninguna posibilidad! Jugar con fuego para qué”, relata Sierra aún entre risas. “¡Era mufa Juan Luis Guerra!”, certifica Rojas.

“Escuchábamos Soda Stereo. Marcelo Espina tenía un casette y lo poníamos en la casetera del bus”, cuenta Sierra. “Marcelo Espina era el capo de las cábalas ¡Solo Soda Stereo!”, insiste Ramírez.

“En ese tiempo estaba Elvis Crespo. Salsa, merengue…”, dice Murcy Rojas. “¿Elvis Crespo? Nooooooooooo. A lo mejor lo escuchaba él (risas)”, replica el Coto. “Pancho era distinto a todos”, añade Reyes. “Vivía en un mundo paralelo (risas)”, sigue Sierra.

“Yo me ponía los slip al revés aunque no fue cábala. Fue un error y nos fue bien, así que seguí con el slip al revés”, manifiesta Rojas en un amuleto que se masificó.

“La cábala que más recuerdo es la de Ivo (Basay). Sus slip que había traído de México, unos rojos, que después al final de temporada se les veía todo el elástico”, añade Nelson Pizarro. “Teníamos una capilla y varios iban antes de los partidos”, sigue el popular “Nelsito”.

Luis Mena, uno de los canteranos recién llegados al plantel, certifica todo: “Las mismas canilleras usaba Ivo. Escuchábamos solamente Soda Stereo y el bus no se podía cambiar de ruta, aunque hubiera taco… Juan Luis Guerra no se podía ni nombrar… Marcelo entraba dando saltitos a la cancha y Ramírez se paraba antes que todos de la cena y a las 11 apagaba la tele y se ponía a dormir. Aunque estuviera muy buena la película o la serie que estuviera viendo”.

“Estaban llegando esos parchecitos en la nariz. Y más que la función que tenían eran cábalas”, refresca el “Rambo”.

El equipo enfrentó en la última fecha a Cobreloa en Calama y jugó con suplentes. Y Benítez le dio espacio a jugadores como Luis Mena para debutar y anotarse en el campeonato. Luego, vendrían los títulos del 97 y 98, además de las semifinales de Copa Libertadores y Supercopa. La 20, al final, fue solo el inicio de una nueva era bastante exitosa.

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