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“Así viví yo” la Copa del 91: Los periodistas
Colo-Colo Campeón de la Copa Libertadores 1991

La noche del 5 de junio de 1991 nunca se olvidará. Seis periodistas que vivieron reporteando la campaña de la Copa Libertadores, o como simples hinchas (algunos niños en esa época), escriben lo que sintieron esa jornada memorable.

Juan Ignacio Abarca, editor general de “Entramos a la cancha” de Radio Duna

abarca“Nunca imaginé que, tras un flojo arranque en Collao, producto de un deslucido empate antes Deportes Concepción, terminaría siendo tan feliz los primeros días de Junio del año 1991, época en que tenía 17 años y ya poco quedaba para salir del colegio.

Inolvidable es ese abrazo en que nos fundimos con mi viejo en el sector de cabinas del Estadio Monumental, quien no paraba de repetir “¡Al fin, al fin!”, una vez terminada su labor esa noche como locutor de “Ovación” en radio Cooperativa.

Es que a partir de esa fría noche de invierno, nada volvió a ser igual para el fútbol chileno.

Por primera vez éramos mirados con otros ojos en el concierto internacional. Nuestros pares de Sudamérica se rendían ante el equipo que, entre otras cosas, le había ganado con toda propiedad -quizás- a uno de los 3 mejores Boca Juniors de todos los tiempos y que en la final le pasó por arriba a Olimpia, campeón vigente y rey de copas.

Una gran campaña y un tremendo equipo lleno de convicciones y mística que siempre supo sobre ponerse a las distintas dificultades que impone el torneo más prestigioso de la región a nivel de clubes.

Una copa que debió aterrizar en Chile de la mano del brillante Colo Colo de 1973, pero producto de los oscuros manejos arbitrales de aquellas épocas, no fue posible.

Un homenaje a esos hombres que quedaron inmortalizados, por los siglos de los siglos, como los primeros en obtener uno de los tres logros más importante del balompié criollo.

Es un título que se recordará y celebrará aunque pasen 3 mil años, porque fue el primero y porque mientras algunos traten de mitigar su importancia -por el solo hecho de los 26 años que han pasado- sabemos a ciencia cierta que mueren por lucirla en sus vitrinas”.

Gerardo Ayala Pizarro, Director de Prensa de Radio Santiago

ayala“Ese día maravilloso, obviamente estuve en el Estadio Monumental. Trabajaba en el programa Más Deporte de Radio Nacional el más escuchado por esos años y se decidió seguir transmitiendo toda la noche, por lo que me fui al estudio de la emisora.

Pero, antes con un amigo de la utilería me conseguí una carta que Marcelo Barticciotto le escribió a sus compañeros de equipo, antes de entrar a la cancha. Una carta muy emotiva y la leo al aire. De inmediato, suena el teléfono de la radio. Era un llamado desde Buenos Aires. El papá de Marcelo estaba escuchando y lloraba por la emoción. Lo pusimos en contacto con el estadio y lo hicimos dialogar con su hijo que también lloró como un niño.

Lo otro que me impactó fue un nuevo llamado telefónico, pero esta vez desde más lejos: desde alta mar, frente a las costas de Hanoi, en Vietnam. Eran los tripulantes de La Esmeralda que también celebraban a la distancia el título más importante en la historia del fútbol chileno”.

Íñigo Díaz, periodista sección Cultura de El Mercurio

inigo“Fue la única vez que estuve en Plaza Italia celebrando algo deportivo, aunque fuimos más bien como curiosos con el grupo que nos habíamos reunido en la casa de mi amiga periodista Paula Sánchez para ver la transmisión.

Yo estaba en segundo año de Periodismo, y lo vimos con compañeros de la escuela. Preferí no ir al estadio porque había ido para la semifinal con Boca Juniors, que fue todo un desastre. Después del tercer gol, de Rubén Martínez, salimos despedidos de los asientos y perdimos los puestos, por lo que tuvimos que irnos del estadio escuchando los minutos finales por “Ovación” en Cooperativa.

Esa final con Olimpia no tuvo la tensión máxima del partido con Boca Juniors. Me acuerdo de la imagen de Jozic en la cancha antes de iniciarse el partido: el tipo sabía que Colo Colo iba a ser campeón. Y ya con los primeros goles de Pérez, todo se hizo más nítido. También recuerdo que mi amiga Paula me estaba hablando de algo intrascendente cuando vino la jugada del primer gol: ella dice que se me fueron abriendo los ojos como si hubiera visto un fantasma”.

Felipe Gálvez, Brand Manager ANFP y vecino del Monumental en 1991

galvez“Recuerdo con mucha más claridad la semifinal con Boca, quizás porque una bomba lacrimógena que cayó en el patio de la casa transformó la celebración en lágrimas y dolor de garganta. A los 10 años eso te marca. Además, ganarle a Boca fue como ganar la Copa.

Del 5 de junio de 1991 me acuerdo que mi papá usó el patio de su casa para estacionar autos de hinchas que iban al estadio. Fue un día de mucho movimiento cerca del Monumental, todo el mundo era de Colo-Colo, los canales de televisión hacían una transmisión en conjunto, no había otra opinión ni otro deseo: había que tocar la Copa esa noche.

Yo lo vi por la tele, pero por vivir tan cerca del estadio escuchaba los gritos de gol tres segundos antes. Celebramos en la calle, en Departamental con Vicuña, agitando una bandera del Colo. Y otra de Chile”.

Arturo León, editor general de Emol y nieto de José León, campeón albo en 1937

leon“Por el lado materno, albo. Por el paterno, albo. Incluso mi abuelo vistió de blanco y negro, y formó parte del plantel campeón el ’37. Entonces, mi corazón no podía ser de otro color.

Desde chico fui al estadio, la mayoría de las veces solo. Mis papás me dejaban frente al “Pilucho”, entraba con mi bandera, celebraba (la mayoría de las veces) y luego tomaba una micro hacia Pedro Aguirre Cerda, donde vivían mis abuelos. Los domingo eran de fútbol y familia.

Días de reuniones doble, de jugadores como Atilio Herrera, Neculñir, “Mané” Ponce, Caszely, Vasconcelos… Eso fue cambiando y debo reconocer que después no fui mucho al Monumental.

Tampoco lo hice para la campaña de la Libertadores del ’91. “¡Cómo, qué onda!”, me encararían los jóvenes de ahora. Muy simple: por cábala.

Todo empezó en octavos de final. En el partido con Universitario la familia se juntó en la casa de un primo. Parrilla, harta conversa y con el televisor puesto en el partido. Yo esa vez no pude ir, así que para los siguientes partidos, mientras mis papás y hermanas iban al asado “cabalero”, yo me quedaba en la casa solo, viendo como Colo Colo avanzaba y se acercaba a la final.

Contra Boca Juniors sufrí. La derrota en Buenos Aires y el gol de Latorre hicieron su tarea en mis nervios, pero los goles de Barticciotto y Martínez me volvieron el alma al cuerpo.

Para la final, las cábalas se cumplieron “religiosamente”. La familia en el asado, y yo en casa solo. Me tentaron para que fuera, diciéndome que si le habíamos ganado a Boca, Olimpia sería más fácil. Pero me negué. No quería ser mufa.

Y no lo fui.

Grité los goles, casi gané una apuesta por el marcador final y lloré de emoción. Recordé a mi abuelo (ahora siempre lo invocó cada vez que el Cacique juega algo importante), las tardes que iba al Nacional y di gracias por ser colocolino… ¡Campeón hay uno solo!”.

Marcelo González Cabezas, periodista del diario “La Época” en 1991

marcelo“En 1991 era estudiante de Periodismo de la UC, con 20 años, y colaboraba en el ya desaparecido diario La Época. Mi tarea ese día en el Monumental fue ubicarme lo más cerca posible de la banca de Colo Colo para captar cómo vivirían el partido Mirko Jozic, sus colaboradores y los suplentes.

Llegué temprano al estadio, en una jornada fría, para poder estar donde me habían mandado. La expectativa era alta y debo reconocer que obviamente miré más el partido que lo que sucedía en la banca…

Los que me conocen saben que soy de la U, pero ese es un día que no olvido por lo que significó para el fútbol chileno, por lo que celebré como un hincha más la obtención del trofeo. Fue un momento tan gratificante como cuando cubrí en terreno para La Nación el título azul de 1994 en El Salvador o la participación de Chile en el Mundial de Francia 1998. O para La Cuarta haber ganado la Copa América 2015 en casa. Hechos inolvidables.

El regreso al diario fue un caos. Se trabajó rápido, contra la hora, y también recuerdo que ya muy tarde nos fueron a dejar a nuestros hogares y por donde pasábamos había fiesta, aunque en el sector de Bellavista -donde se bajó una compañera- vimos una gran pelea.

Al día siguiente de la final tenía clases temprano en el Campus Oriente y varios compañeros colocolinos que fueron al estadio como hinchas llegaron muy enfiestados y sacándonos en cara a los “Chunchos” la Copa. Bien por ellos…”.