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“Así viví yo” la Copa del 91: Los escritores
Colo-Colo Campeón de la Copa Libertadores 1991

Este lunes 5 de junio se cumplen 26 años del triunfo de Colo-Colo en la Copa Libertadores 1991. Dos periodistas y un historiador, que han dedicado parte de su trabajo a documentar las hazañas del Cacique, nos cuentan cómo vivieron personalmente esa noche mágica.

Ignacio Pérez Tuesta, autor de “Hombres de blanco. La historia íntima de Colo-Colo campeón de América”

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“Desde la tarde del 4 de junio, recuerdo que el país entró en un estado de concentración y el ambiente era de tensa espera, pero mucha esperanza. Tenía 13 años y como porteño, viví esos momentos en Playa Ancha donde recuerdo los programas de televisión y las noticias, ya que todo giraba en torno al partido con Olimpia. En el colegio solo hablábamos de la final y poco importaba los fanatismos de cada uno de nosotros, porque estábamos ad portas de lograr algo único para Chile, más para uno que desde niño siempre había visto derrotas sobre todo que hacía dos años había ocurrido lo del Cóndor Rojas en el Maracaná y estaba muy latente en nosotros.

El día de la final recuerdo los titulares de los diarios, que ya me gustaba leer, algunas micros y colectivos pintados con tiza haciendo alusión al partido, incluidos los que llevaban una banderita de Santiago Wanderers. Hacía frío esa noche en Valparaíso y en mi casa, como hasta hoy siempre me ha gustado, me encerré en mi pieza a ver solo el partido y tras los dos primeros goles de Luis Pérez, salí en el entretiempo al patio y escuché las primeras celebraciones, mezcladas a lo lejos con los ladridos de los perros clásicos de mi barrio.

Tras el partido, subí de nuevo al balcón, no salían tantos autos a la calle como en Santiago como lo veía por TV, pero se escuchaban muchos gritos. Luego volví a mi pieza a ver las noticias y despachos de todos lados, pero acompañado como siempre con la radio, que estuvo encendida hasta más allá de las 12 de la noche. Es que ese 5 de junio tuve un permiso especial para dormirme a una hora que no era habitual un día de semana, en esos años del rigor y la disciplina del colegio. Me dormí ansioso, porque quería llegar al colegio a comentar todo con mis compañeros y a jugar la pichanga de los dos recreos, imaginando quizás alguna vez jugar una final de la Libertadores”.

Sebastián Salinas, autor de “Por empuje y coraje. Los albos en la época amateur 1925-1933″ y “Mish… Eso no lo sabía del Cacique”

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“Tenía 12 años e iba en séptimo básico. Colocolino de cuna, la final de 1991 me trae sentimientos encontrados.

Esto porque yo fui a todos los partidos de la Copa Libertadores… menos a la final. El precio de la entrada ya era mucho gasto para mi familia, por lo que tuve que ver el partido contra Olimpia en mi casa, con mi familia y gritando entre las paredes. Al menos pude gritar antes y quedar sin voz en Macul cuando se eliminó a Boca Juniors en la fase previa.

Había un ambiente que uno sabía la solidez del equipo y creo que todos sentíamos que esta vez caía la copa sí o sí, aunque estaba la duda de lo que uno había escuchado como futbolero: que siempre ayudaban a los del Atlántico tarde o temprano. Pero esta vez ganó el fútbol y de ahí todo celebración.

Una imagen imborrable para mí fue salir a la calle a celebrar y ver que todos hacían lo mismo. Banderas chilenas por todos lados y amigos que eran de otros equipos unidos en la celebración en nombre de Chile, algo que había conseguido Colo-Colo. Por ello, al otro día varios de mis compañero de colegio me felicitaban ya que se seguro era el colocolino más reconocido del curso.

Y esa misma noche, la ventana de mi pieza que daba hacia la calle tuvo un compañero que estuvo allí como por tres semanas de forma orgulloso: un póster del equipo que había comprado cuando se le ganó a Nacional en Santiago”.

Julio Salviat, co-autor de “De David a Chamaco. Medio siglo de goles”

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“En 1991 trabajaba en el diario La Nación, en la revista “Triunfo” y también en la radio Agricultura. Me tocó hacer el partido desde los estudios para complementar, viendo las imágenes por televisión de lo que ocurría en el estadio.

Yo preferí también hacer ese trabajo para partir de la radio al diario rápidamente. Costaba mucho volver si iba al estadio. Así es que vi la final por televisión, me perdí la emoción que se podía sentir por el título, porque vivirlo en directo es mejor.

Había seguido toda la copa, vi todos los partidos en Santiago en el estadio, iba como observador. En el partido con Nacional de hecho me invitaron los colegas uruguayos a comentarlo en la cabina para una radio de Montevideo. Ya en el primer tiempo Colo Colo le estaba dando una paliza a Nacional y los colegas uruguayos no quisieron que siguiera el segundo tiempo comentando (risas).

A medida que pasa el tiempo queda la insatisfacción de no haber estado en la cancha en la final. Mala suerte nomás. Me habría gustado estar pero así es la vida del periodista.

Desde que me hice periodista de deportes me saqué la camiseta, aunque mi papá era colocolino y yo siempre le tuve simpatía. Mi señora y mi hijo también son colocolinos así es que siempre he estado ligado de alguna u otra manera. Sentí la satisfacción de cualquier chileno. Por fin un equipo conseguía algo a nivel internacional. Chile no tenía nada que mostrar. Chile dio un giro el 91, ya estaba inscrito como ganador de la copa. Fue muy emocionante.

Para el diario hubo que trabajar hasta muy tarde. Hacer títulos a primera pagina, discutirlo con los demás editores, con el director. Estaba todo el mundo preocupado de eso. Fue un trabajo bien arduo, bien largo. Estábamos acostumbrados sí. Después ya había más tiempo para hacer la “Triunfo” que salía el lunes. Toda la sección estaba dedicada a Colo Colo esa noche. Desde el día siguiente había que hacer otras cosas con la revista, más profundidad y esas cosas. Tenemos que haber estado hasta como las 3 de la mañana en el diario ese 5 de junio”.

Luis Urrutia O’Nell, autor de 11 libros de fútbol (en varios hay capítulos sobre el Cacique). Destaca: “Colo Colo 1973. El equipo que retrasó el golpe”

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“En los partidos importantes, me gusta llegar dos horas antes al estadio. Idealmente, prefiero verlo sin compañía, por eso me escondo bajo un gorro tipo pescador.

La final con Olimpia para mí no representaba dificultad. Lo más duro había sido eliminar a Boca Juniors: la primera vez que un equipo chileno dejó en el camino a uno argentino. Además, por los líos de esa noche que, extrañamente, se produjeron solo cuando Boca quedaba eliminado: no hubo incidentes con el 0-0 ni el 1-0 ni el 2-1, únicamente luego del 2-0 y 3-1… A ese equipo de Boca le habían convertido apenas tres goles en toda una rueda del torneo argentino y Colo Colo le anotó tres en un tiempo, y dos llegadas que se perdieron por centímetros (Jaime Pizarro y Javier Margas). Esto fue reconocido con nobleza por el uruguayo Washington Tabárez.

Por mi ingreso a los camarines, yo no hacía el comentario del encuentro. Recogía las impresiones de los protagonistas y partió raudo a despachar al diario. Y de ahí a reportear la celebración, donde viví una experiencia que me superó y que escribí en “Historias secretas del fútbol chileno II”:

Colo Colo festeja la obtención de la Copa con una cena en el restaurante Don Carlos, en Las Condes. Al llegar a la calle Sebastián Elcano es impresionante la cantidad de gente que está afuera, porque la capacidad del recinto está sobrepasada. Señoras con abrigos de piel increpan con groserías a los carabineros que, por motivos de seguridad, no permiten el paso de más personas. Doy la vuelta y desde un ventanal acude en mi ayuda Juan Carlos Chandía, el jefe de seguridad de Colo Colo, a quien Raúl Ormeño bromeaba: “No sé cómo lo hace, pero siempre está en el lugar equivocado… Cuando custodia el camarín, los incidentes se producen en la tribuna y viceversa. No es como los policías de la televisión que siempre llegan oportunamente…”.
Chandía me hace entrar por la cocina, recorro unos metros y en el salón lo primero que veo es a los reporteros Antonio Prieto y Juan Manuel Ramírez disfrutando de la carne; el primero es hincha de Universidad Católica; el segundo, de Universidad de Chile…
De pronto descubro que estoy a un costado del escenario y que hay cámaras de televisión de La Red. Una orquesta está tocando, con el micrófono anima Mauricio Israel, hincha de Unión Española, y junto a él se mueven con la música Rubén Espinoza y el editor coordinador de “La Tercera”, fanático de Universidad de Chile y quien no sólo se ha vanagloriado de que al partido con Boca Juniors asistió a alentar a los xeneizes, sino que nueve meses antes “jubiló” a varios jugadores de Colo Colo en una nota sin firma después de la eliminación ante Vasco da Gama.
Es más de lo que puedo tolerar y decido retirarme. Al día siguiente, el editor coordinador explica que él concurrió en representación del director del diario, Héctor Olave, también del “Chuncho”.
(Delante de toda la sección Deportes, hubo un diálogo áspero que dejó en silencio a ese editor coordinador, cuyo nombre omitiré porque ya no se halla entre nosotros)