alturaarrow_down-red arrow_side badge-facebookbadge-instagrambadge-twitterclosedebutemail facebook gallery-nextgallery-prevgallerygoogle instagram lightbox-nextlightbox-prevlive-atajada live-cambio live-gol live-jugada-peligrosa live-offlive-player-in live-player-out live-red-cardlive-silvato live-tarjeta-amarillalive-tarjeta-roja live-timerlive-yellow-cardnacimientonacionalidadnextopenpagination_downpesopinterest prevquotesearchslide-nextslide-prevtimeline-left timeline-right twitter videoswhistle worldyoutube
Adolfo Nef fotografía su pasado
nef Nota

“Al fútbol llegué sin ninguna intención. Se fue dando todo solo. Jamás pensé que iba a terminar siendo futbolista profesional. De niño jugaba todos los días en la calle simplemente porque me gustaba”, comienza diciendo Adolfo Nef Sanhueza, el tipo de los 625 partidos en Primera (según estadísticas de la ANFP).

625 partidos, récord hasta hoy, dividido en 22 temporadas, son 28 partidos por año. Básicamente Nef no solo se hizo futbolista profesional sin buscarlo, sino que fue permanente titular y en todos lados (a excepción de sus primeros años en la U donde alternó con Manuel Astorga). Por de pronto destacó en la última parte del Ballet Azul de los 60 y en el Colo-Colo 73, dos de los equipos más recordados de todos los tiempos.

Nacido y criado en Lota, Nef fue contratado por la U a los 18 años y luego pasó a Colo-Colo. En ambos equipos fue llamado por Luis Álamos, aunque reconoce que nunca tuvo una relación cercana con el Zorro.

Jugó tres eliminatorias con la selección y con la Roja reseña su “espinita clavada”.

Nef regula el diafragma, observa la sensibilidad de la luz y se prepara para disparar.
Nef fotografía su pasado, sin medias tintas.

“Después del Mundial del 62 jugué un Nacional de Liceos en Rancagua, por la selección de Coronel, porque en Lota ni siquiera había Liceo, solo primaria. Podría decir que es la primera vez que jugué con arcos, mallas, árbitro y ciertas reglas. Tenía 16 años”.

El niño rubio y de ojos azules, que parecía un gringuito, jugaba en la calle. Y de delantero por “los del Colo-Colo” versus “los de la Católica”. Cuando había que enfrentar a otro barrio, en lo que sería un evento de tono mayor, los amigos lo mandaban al arco, pues algunas condiciones extras tenía “y porque era un puesto donde nadie más quería jugar”, recuerda Nef.

¿Usaba guantes en esas pichangas? ¿Qué le gustaba del puesto?
“Ni existían los guantes. Jugábamos encima de las piedras, en el pavimento. Ponerse al arco no tenía ninguna gracia, aunque sí me gustaba. Yo iba todos los domingos a ver a Lota, que jugaba en el Regional del Sur, y me gustaba ver al arquero Zarzar ¡Buenísimo! Inclusive él ya me ubicaba, porque iba mucho a mirarlo, hasta algunas cosas me llegó a aconsejar respecto al puesto. Yo iba a los entrenamientos y lo miraba desde atrás del arco. Diría que fueron las únicas indicaciones que tuve del arco de alguien que supiera”.

David Turco Zarzar fue el primer ídolo, que coincidentemente se retiró y dio paso a su debut. “Yo me creía Zarzar. Era el que yo veía ahí, en directo. No me podía creer Escuti o Pancho Valencia, que eran los arqueros de Colo-Colo en esos años, porque solo los conocía por las fotos en la revista Estadio. Yo solo escuchaba por radio los partidos”.

A mediados de 1962 Chile vivió la fiebre del Mundial y Nef viajó a Santiago, convidado por una hermana que vivía en la capital. “Cuando llegué me di cuenta que no podía ir al estadio porque no tenía entrada (risas). Yo pensé que llegaba y compraba la entrada y listo, aunque ni me acuerdo si venía con los recursos económicos que me hubieran permitido comprarla. Terminé viendo los partidos por televisión en un restaurante en Mapocho con Andes, al lado de un cine que había. Fue la primera vez que vi televisión”.

El cine también se mezcla en la fotografía antigua de Nef. “La rutina de chico era colegio, pichanga y cine, al Cine de Lota Alto que era de la Compañía. Veíamos dos películas al día, siempre diferentes. Incluso cuando había alguna para mayores, nos ingeniábamos para entrar igual”.

Si nunca buscó ser futbolista ¿Cómo llega a serlo entonces?
“José Baeza era jugador de Lota en esos años y él vivía frente a mi casa. Él de pasada debe haber visto las pichangas. A fines del 62, después del torneo en Rancagua, me metí al Unión Deportivo de Lota. Y en un partido se fijó en mi el Negro Baeza. En Lota además tuvieron problemas económicos y ese campeonato los equipos estaban constituidos por un montón de jugadores amateur que le conseguían alguna pega en la carbonífera, y cabros de la competencia local.
Voy a Lota y empiezo a jugar de golpe y porrazo, sin haber tenido una preparación mayor. Si jugábamos 10 pichangas en el barrio, una o dos las habré jugado de arquero nomás”.

El 63 debuta entonces en el Regional, que era un torneo bravo
“El primer partido que juego fue en Los Ángeles, un día lloviendo y con una cancha malísima. Ganamos 1-0. Creo que atajé con guantes porque uno se ponía guantes solo cuando había lluvia o frío. Y no porque te fuera a servir; era casi más difícil tomarla con guante que a mano pelá.
Entrenaba el puro jueves. Me conseguía permiso en el Liceo e iba a la cancha de tierra en Lota, que no tenía luz ni nada, y jugábamos la típica pichanga. Ese era el entrenamiento. El técnico era el Gallego Báez. Luego lo echaron y llegó Ramón Climent que era jugador y técnico.
Al final salí elegido como uno de los dos mejores arqueros del torneo en mi primera temporada”.

Y altiro lo compra la U
“Acá (en Santiago) ya se sabía que existía este cabro de 17 años que estaba destacando. Es más, en alguna oportunidad va Católica a jugar un amistoso con Naval y hay un primer contacto de Católica conmigo. Tiene que haber sido en noviembre del 63, pero eso murió ahí.
Al término del año llegan personas interesadas de la U, pero se entendían entre dirigentes”.

Usted no tuvo nada que ver con la negociación
“Si era cabro. En Lota me pagaban unos 200 mil pesos de ahora y era todo casi para mí. Ahí podía ir todos los días al cine. Iba en Tercero de Humanidades y repetí ese año más encima”.

¿Cómo fue el cambio de Lota a Santiago?
“Me vine con mi mamá a la casa de una hermana en Quinta Normal. Llegué a la Cuarta Especial de la U porque en primera estaba Manolo Astorga y René Pacheco. La U me contrata y me tenía matrícula en el Liceo de Aplicación”.

Tiene que haber destacado porque la U es campeón el 64 y a usted lo suben rápido al primer equipo
“Yo diría que no tan destacado porque me acuerdo que el presidente me mandó a buscar una vez para llamarme la atención, como que yo me había encandilado con las luces de la ciudad. Pasó también que tuve un problema con los dirigentes”.

¿Qué paso?
“A mí me hicieron venir una semana a prueba, en el verano del 64. Y me empezaron a dilatar el contrato. La típica que hacen cuando están en la duda. En ese momento se entera Católica que estaba entrenando en la U, y me manda a buscar Fernando Riera al hotel Santa Lucía, en Huérfanos con San Antonio. Llego a la concentración a hablar con don Fernando.

– ‘¿Qué pasa, por qué no te vendrías a Católica si nosotros ya habíamos conversado contigo?’
– ‘¿Sabe, don Fernando? Es que mi papá odia todo lo que sea de la Católica. Los curas y todo eso’.
– ‘Ya cabro, pero no seai huevón. Ándate a la U pero que te hagan inmediatamente el contrato. Si no te hacen el contrato, te venís pa acá y te pago el doble de lo de allá si querís. Pero anda y apriétalos porque te están dilatando’.

Gracias a eso me envalentoné y fui a la U y eché la aniñá que firmaba o me iba”.

Lo del viejo es párrafo aparte. Carlos Nef trabajaba en la mina Lota, en las oficinas de la empresa como administrativo. Seguidor del Partido Radical, se unió con Luisa Sanhueza, ambos separados de sus matrimonios anteriores, y tuvieron juntos un solo hijo: Adolfo, nacido nueve meses después de la muerte de Hitler ¿Qué tiene que ver? Don Carlos era seguidor del Nazismo y fanático del Führer.

“Él tenía una personalidad bien especial y tenía bien poco diálogo conmigo. Odiaba todo lo que fuera de Católica, por eso pensé que si volvía a Lota y le decía: ‘Papá, firmé en Católica’, él me iba a pegar el voleo altiro (risas). Le gustaba Hitler y me acuerdo que inclusive una vez puso unas cortinas con la suástica en la casa y mi mamá las tuvo que sacar, porque le iban a dejar la cagá en la casa. No sé si ese pensamiento lo tuvo con el furor de Hitler o no… Yo creo que después habrá cambiado. Te repito que yo tenía muy poco diálogo con él. Él falleció como a los tres meses que me vine a Santiago, de una peritonitis. El viejo jamás iba al doctor, entonces él tiene que haber empezado con los dolores de apendicitis y cuando fue, cagó”.

El Ballet Azul

nefEn 1964 la U logró el título a nueve puntos de ventaja del segundo. Estaba desarrollándose el “Ballet Azul”, mote copiado a Millonarios de Colombia multicampeón la década anterior.

Nef jugó ese año en la Cuarta Especial, una suerte de equipo transición entre la juvenil y el primer equipo, con Juan Rodríguez, Alberto Quintano y Roberto Hodge, dirigidos por Washington Urrutia. Terminada la temporada 64, el arquero René Pacheco partió.

El técnico Luis Zorro Álamos necesitaba una alternativa para el titular Manuel Astorga y confió en Nef para la campaña 65. El Gringo cumplió ese verano 19 años.

Su estreno fueron unos juegos de preparación en Salamanca y otro icónico en Arica ante The Strongest de Bolivia. “Dónde de hecho hice un gol”, cuenta tímido.

¿¡Cómo!?
“Jugué el primer tiempo al arco y en el segundo estaba en la banca. La U había hecho todos los cambios y se lesiona Leonel Sánchez. Como yo era el único que estaba en la banca, entro por Leonel. Y hay un tiro libre y (risas)… ¡Hago un gol! ¡Yo le pegué al tiro libre! Le pegué porque siempre tuve buena pegada”.

Se había rebelado contra los dirigentes por el contrato, le dijo que no a Católica, y recién subido al primer equipo, siendo arquero, ¡pide un tiro libre!… No era tan tímido ese joven
“Seguramente. Pasa que cuando jugaba en el barrio, lo hacía adelante. Y era bueno. No era técnico pero sí era rapidísimo, virtud que tiene que tener un arquero… A mí me tiraban una pelota con ventaja y le pegaba bien y fuerte. Y si me dejaron tirar ese tiro libre era porque en el entrenamiento me había destacado con eso también”.

Su debut en Santiago es ante Boca Juniors
DSC_0526“En el Estadio Nacional. Boca era un equipazo. Empieza el partido y a los 5 o 10 minutos Manolo Astorga se lesiona de una rodilla. Entré y ganamos 1-0 (N. de R: Astorga salió a los 6 minutos y la U ganó 2-0. La imagen de la derecha es de aquel día. Publicada por revista Gol y Gol).
Fue un típico partido que se presenta para que brille un arquero, para volar y todo eso. Hay partidos y partidos. De repente uno no tiene opciones o hay puras pelotas difíciles. Yo fui muy bendecido. Tuve la fortuna en ese partido con Boca con harta pelotita para mostrarse.
La lesión de Manolo Astorga le permite volver recién al quinto partido más o menos. Al término de la primera rueda Astorga vuelve a lesionarse de meniscos. Ahí se tuvo que operar. Y yo no salí más”.

Es campeón con la U el 65, con 19 años ¿No se le fueron los humos a la cabeza?
“No, nunca fui de los gallos que se volvía loco. De hecho con mi primer contrato me compré una casa. El primer auto lo vine a tener recién el 69. Me compré una casa en el paradero 13 de la Gran Avenida, porque tenía una tía en ese mismo paradero.
Con mi mamá vivíamos en Cumming, arrendábamos en el segundo piso de una casa, porque estaba cerca del Liceo. Luego nos fuimos a Gran Avenida esquina Segunda Avenida.
Yo firmé contrato el 64 por dos años. El 66 me tocó renovar y me acuerdo que la primera prima que me dieron fueron de 300 mil pesos y luego me compré la casa. Eso te da una pauta que no me volví loco con la plata”.

Usted ha dicho que el Zorro Álamos no era mucho de hablar con los más jóvenes
“Yo al final jugué por una situación media obligada para el Zorro, porque se lesiona Manolo y no le quedaba otra que meterme a mí. Él era así y varios técnicos eran de esa onda. El Conejo Scopelli a los suplentes no los pescaba para nada. Nosotros estábamos concentrados, en la época en que la U ganaba todo y se podría pensar que como grupo era bueno, pero no era así. Había una división profunda. Había un grupo aquí y otro allá.
Había un grupo que tenía mayor preparación o educación, donde estaba metido Humberto Donoso, Braulio Musso, el Flaco Álvarez, Muñeco Coll, Hugo Villanueva, Navarro, ellos se sentaban en ese rincón del comedor del hotel. Y los otros acá: Leonel, Eyzaguirre, Marcos, Chico Araya. El Pluto Contreras era el único mixto. El que acogía a los más cabros era este último grupo, más buenos para el leseo. Los otros no. Eran súper pesados, sobre todo los argentinos. El Muñeco Coll era pesado. Braulio Musso ¡pesado! Ellos veían que los cabros los iban a sacar a ellos. El Conejo Scopelli una vez, después de una comida, pasó por las mesas preguntando qué película queríamos ver, porque íbamos a ir al cine. Y le preguntaba a los puros titulares. A nosotros los más cabros ni nos pescaba”.

Con Scopelli fueron campeones el 67. Él había jugado el Mundial del 30 y en Europa ¿Les transmitía su experiencia?
“No, para nada. Scopelli en ese tiempo estaba cojo, andaba con un bastón. Tenía un autito como un huevo, llegaba el viejo a la cancha y le ponían una silla al medio de la cancha, por la orilla. Se sentaba y desde ahí dirigía. Terminaba el entrenamiento y se iba. Lo hacía todo Washington Urrutia y Gustavo Graef”.

El 69 juega todos los partidos del último título del Ballet Azul. Ulises Ramos era el DT ¿Él era distinto?
“Sí, Ulises Ramos era distinto. Era re-buen técnico. Me atrevería a decir que era mejor técnico que Scopelli y el Zorro. Veía bien el fútbol. Fue el mejor técnico que tuve al menos en la U.
Lucho Ibarra también destaco, que era ayudante. Tenía especial preocupación por los arqueros y se quedaba a entrenar con nosotros en algo un poquito más específico”.

En el libro setentero “Club Deportivo Universidad de Chile”, Ulises Ramos señaló: “Teníamos una columna vertebral de excepción con Juan Rodríguez y Adolfo Nef. Tan extraordinaria que no importaban tanto los laterales, pese a los astros que eran”.

Colo-Colo 73

nef ccA inicios de 1973, otra vez, se dio todo para el camino de Nef. Miguel Ángel Onzari, arquero del Colo-Colo campeón, no renovó y el Cacique debía buscar un golero. Por otro lado, por un efecto reglamentario y casi fortuito, el Gringo quedó con el pase en su poder.

Lo llamó Héctor Aladino Gálvez y poco antes de entrar a firmar, los dirigentes de la U lo contactaron para seguir en los azules. “Pero no me respondieron claramente y firmé en Colo-Colo. No me costó nada meterme porque desde chico era colocolino”.

Usted es de los pocos que dice que la final de la Copa Libertadores 1973 no fue un robo ¿Lo mantiene?
“Sigo pensando lo mismo. No es que yo quiera desconocer lo que se comenta, que había ciertos arreglines. Todo indica, aunque nadie tiene las pruebas, que sí, que se manejaban las cosas de esa forma, que era muy difícil ganarles a los equipos del Atlántico porque tenían todo ese dominio. De hecho con el tiempo se ha ido corroborando esa situación.
Pero lo que yo sostengo es que hay razones de fondo que pudieran haber sido mayores y haber superado los otros inconvenientes. A mí en Argentina me meten con una falta que todo el mundo se dio cuenta. Es una demostración de que huevadas raras habían. Los periodistas argentinos se cagaban de la risa después. Pero aún así, con eso Independiente apenas pudo empatarnos, en su casa, como local.
Todos sabemos, y hasta el día de hoy, que el equipo que pretenda ser campeón de la Copa Libertadores como local no puede perder puntos.
Independiente jugando de local pierde un punto. La lógica indicaba que Colo-Colo tenía que ser campeón haciendo lo que hacen los campeones, como Colo-Colo 91 que nunca perdió un punto acá en Santiago. Nosotros ya habíamos obtenido el punto afuera, lo que indicaba que en el Nacional, si hacíamos la lógica, éramos campeones. Más confiando en un equipo que rara vez no hacía goles. Con mayor razón de local”.

Y acá de nuevo empatan
“Claro, empatamos a cero acá. Y ahí uno empieza a hilar más delgado ¿Por qué? Se habla de un gol anulado a Caszely en offside. Hasta el día de hoy no queda tan claro tampoco si fue o no offside. Pero lo que tengo más que claro es que la mayor importancia de ese partido, para que nosotros no ganáramos, es una y fundamental: que no juega el Negro Ahumada.
Colo-Colo era un equipo tan reducido que cuando faltaba un titular, se notaba. Y en ese partido, con la importancia de hacer un gol, sale a la luz la relevancia del Negro Ahumada.
No quiero quitarle méritos a Caszely ni nada, pero lo de Ahumada era importantísimo. Ahumada era el que iba para allá, para acá, era el que reventaba a los centrales y facilitaba las opciones de Caszely. Al Negro Ahumada lo expulsaron en Avellaneda y no pudo jugar el partido de acá. Y se notó claramente”.

El 70, con la U, estuvieron muy cerca de pasar a la final. Vencieron la fase de Nacional y quedaron con Peñarol en el tercer partido. Usted ya tenía la experiencia
“Sí, pero hay una diferencia. Yo me siento muy culpable de esa situación porque el gol con el que perdimos la clasificación con Peñarol me lo como entero yo. Es el gol que permite a Peñarol pasar a la final. Ahí hay una razón diferente, no de manejo ni nada.
También era diferente el mérito de lo de Colo-Colo porque la U juega con un Nacional y un Peñarol sin varios de los seleccionados. Aunque los uruguayos tenían gente importante, extranjeros, pero no tenían a los seleccionados. Era más meritorio lo que estaba haciendo Colo-Colo; los argentinos tenían a todos sus jugadores.
Lo de Colo-Colo es por situaciones que se podían haber manejado. Sabiendo que teníamos un plantel limitado, el aspecto disciplinario no lo manejamos bien. Expulsan al Negro Ahumada por una estupidez. Cuando expulsan a Chuflinga Herrera en Montevideo por tirar el pelo a un rival… Son cuestiones que el Colo-Colo 91 manejó a la perfección”.

Entonces reconoce que lo meten con pelota y todo para adentro, pero dice que no había algo más allá
“O a lo mejor había pero era superable. Si nosotros hubiéramos hecho lo que teníamos que hacer, lo superábamos. La expulsión del Negro Ahumada, con preparación de habernos cuidado, si hubiésemos mantenido la disciplina, que mantuvo el Colo-Colo 91… En Colo-Colo 91 nunca respondían, se las aguantaban, si había que ir fuerte lo hacían con pelota. Eso a nosotros nos faltó”.

Ciertas verdades, contadas 35 años después

nef 3 Nota 632x380
Adolfo Nef enfoca, se prepara para cerrar un ojo y sigue con la historia: Esa que narra sus ocho años en la U y luego sus ocho en Colo-Colo… Por si quedan dudas de que fue crack en ambos lados y por si alguno por ahí sigue jugando a la tontera de que el ídolo de un lado no puede pasar al frente.

Disputó Copas Libertadores por doquier; 53 partidos en total. Con Magallanes en 1985, antes con Colo-Colo el 73 y 74 y comenzando con la U: Desde el banco en 1965, para ver a Pelé, pasando por la titularidad del 66, la mixtura el 68 (también atajó Roberto Sosa, meta uruguayo en el Mundial 62), la gran campaña del 70, donde la U eliminó a Nacional (de Ignacio Prieto, con Enrique Fernández como DT, campeón con Colo-Colo 1956) y perdió en el desempate con el Peñarol de Elías Figueroa por semifinales; y en la edición 1972.

“Me acuerdo que el 65 el Zorro Álamos mandó a Rubén Marcos a marcar a Pelé. Lo siguió, lo siguió, no lo dejó hacer nada, pero en una sola que tuvo nos caló. Yo estaba en la banca.
Luego jugué como tres veces con él. En una oportunidad me hizo tres goles. Lo viví en carne propia”.

¿Fue el mejor que vio?
“De esa época, de los que yo vi, claro que Pelé era el mejor. Contra Maradona nunca jugué. Ya después es difícil compararlo con Messi o Ronaldinho u otro.
Tengo muy-muy clarito un gol de cabeza que el huevón me hace. Lo tengo patente el Negro cuando venía en el aire con ‘así’ unos ojos. No como otros que medio que cierran los ojos. Nooooooo. Viene apareciendo y lo veo que viene, de frente, con los ojos grandes, y ¡pum! Pega el medio cabezazo, frente a mí”.

Colo-Colo tiene dos épocas difíciles, donde pasa siete años sin títulos. Usted estuvo en una de ellas
“Era un Colo-Colo que empieza a sobrevivir, no tenía dinero para contratar, se las batía con contrataciones menores. Son equipos que no eran muy competitivos. Hasta que metieron plata y se hizo un esfuerzo para levantar nuevamente”.

¿Tuvo un sabor especial el título del 79?
“Claaaaaaaro que sí. Tuvo un sabor especial y para mí tuvo una sensación no muy agradable también. Yo estaba con Óscar Wirth que había llegado ese año. Él era de los pocos jugadores que tenía el pase en su poder y se manejaba muy bien en la parte económica. Cuando llega a Colo-Colo, el era seleccionado chileno, yo ya no. Pedro Morales dice que por respeto al Gringo, que era el capitán, va a empezar el torneo conmigo. Hasta que yo no respondiera.
Paso que empecé a jugar bien hasta que hubo una cuestión fea que no la he comentado mucho.
Pedro Morales se acercó y me dijo: ‘Gringo te quiero agradecer, tú lo has hecho bien, más incluso de lo que yo pensaba. Pero Óscar habló conmigo y necesita jugar porque maneja su pase y si no juega se va desvalorizar. Necesito hacer un cambio para que tenga la oportunidad de jugar’. Yo, como no soy dado a los conflictos, dije que ya. Él entra y se produce una racha como de 10 partidos (N. de R: son seis) donde no le hacen ningún gol hasta que salimos campeones pero faltaban dos partidos más, entre ellos uno con Cobreloa en Calama, donde nadie quería ir. Y como ya estaba todo hecho, ¿quien jugó esos dos partidos? Yo poh. Aunque le ganamos por primera vez a Cobreloa en Calama.
Me quedó la espinita sí. Todas las fotos del campeón del 79 el que sale es Wirth”.

En esa campaña usted juega 25 partidos y Wirth 9
“¿Viste? Pero en las fotos del campeón y todo sale Wirth.
Ahora, hay una situación que me pasó tres años seguidos. Colo-Colo no estaba bien y cuando debía renovar me lloraban que no había plata y todo y yo ya, firmaba. Firmaba por 10 y la primera vez traen a Enoch (1977) y firma por 30 ¡Cuando Colo-Colo no tenía plata! Pero me la tuve que comer. Enoch jugó como cuatro partidos en dos años y el resto todos yo. Termina y viene el mismo cuento, que estamos mal, que por favor firma… ¡Ya! A la semana siguiente (1979) llega Wirth ¡Cinco veces más que yo! ¿Y quién juega todos los partidos? Yo.
Llega el 80 y lo mismo. Es que no hay plata… ¡Ya, firmo! A la semana llega Osbén. Y además ocurre que se hacen unas escalas de sueldos y primas. Partía por unos con trato especial con Caszely y Vasconcelos y después venían los seleccionados. Ellos eran 12 y yo, que ya no era seleccionado, 9. Yo iba a esa escala pero era titular en Colo-Colo. Estaba Galindo y Véliz que eran seleccionados pero no jugaban por Colo-Colo. Debido a eso pido una semana de tregua, para ver si encontraba otro lugar. Y así llega Católica. Pedro Morales estaba en Católica y me mandó a buscar altiro.
Igual yo sabía que saliendo de Colo-Colo estaba en la curva hacia abajo.
Aunque al final fue bueno para Colo-Colo también porque desaparece Aviación y queda el Cóndor Rojas dando vueltas. Y como les faltaba un arquero, porque me había ido, por eso llega el Cóndor Rojas a Colo-Colo. Si no me hubiera ido a Católica el Cóndor no llega a Colo-Colo”.

Después pasa seis años en Magallanes
“Yo casi había pensado en no jugar más. Aparece Hugo Vidal (presidente de Magallanes) en mi casa y me convence. Tenía ofrecimientos de Concepción y Huachipato pero no quería salir de Santiago. Si no encontraba nada, me retiraba el 81. Pero llega Vidal y me cuenta lo que estaba armando con Magallanes. Entrenaban en jornada doble, almorzaban todos juntos en San Bernardo con Jarita y ‘Los Comandos’. Me entusiasmé”.

¿Por qué termina en Quillota?
“Tampoco quería salir de Santiago. Ya tenía 40 años. Pero llega Eugenio Jara que estaba en San Luis y me empieza a convencer de que estaba haciendo un proyecto como el de Magallanes. Y encima me dice que va Leonel Herrera también. Conversamos con Herrera y teníamos que ir a firmar nomás con Leonel. Quedamos en viajar por decir un lunes, a las 10:00 de la mañana lo tenía que pasar a buscar a tal parte. Íbamos a ir en el auto mío. Empiezo a esperarlo… 10:00, 11:00, ‘No llega’, dije… Era una época sin celulares.
La cosa es que partí solo para Quillota. Arreglé pensando que él iba a arreglar pero el huevón no fue más (risas)”.

¿Viajaba por el día?
“Viajaba todos los días, primero en auto, después en bus. Tenía los cabros chicos, salía temprano a las 6:30 o 7:00 de la mañana. Me bajaba del bus y tenía que ir corriendo a darme la vuelta para entrar al estadio. Entrenábamos en doble jornada. Llegaba como a las 9:00 o 10:00 de la noche a la casa. Me iba con los cabros durmiendo y llegaba con los cabros durmiendo. Jugué el Polla Gol y tiré la esponja. Creo que a Jarita lo echaron también. Ahí me retiro”.

¿Qué le pasa con esto del récord? Jugó 625 partidos, más que ningún otro
“Tengo estadísticamente esa distinción, pero no anduve persiguiendo eso. Jugué tantos partidos y eso habla de dos cosas: una que soy arquero y de por sí jugamos un poco más que los jugadores de campo. Y la otra que siempre fui titular, que jugaba casi todos los partidos. Creo que tuve solo un par de lesiones.
Es una distinción pero yo calibro bien las cosas y la verdad no me pasa mucho más. Sí tiene la importancia que cuando jugué lo hice casi siempre de titular. De pronto ahora, como entrenador de arqueros, me habría servido estar en la banca porque con los que hay que tener mayor manejo son con los que están en la banca”.

Su gran deuda con la selección

nef 4Nota 632x380
Una última toma: la selección chilena. Son 41 partidos los que disputó Adolfo Nef con esa casaca. Actuó en tres procesos Eliminatorios: México 70, Alemania 74 y Argentina 78.

En la Roja coincidió con quien es, para él, uno de los mejores goleros de la historia: Juan Olivares.

En las Eliminatorias del 70 pierden con Uruguay. Extrañamente Elías y Prieto, que brillaban en Peñarol y Nacional, no los traen a jugar por Chile
“No tengo muy claro si eran tan importantes en ese momento, o si les pusieron problemas a venir a jugar por Chile. Yo creo que quedamos eliminados porque los uruguayos eran mejores que nosotros nomás y nos faltó esa rebeldía que hay ahora”.

Usted era titular en la selección hasta que el 73 pierden 5-4 con Argentina en La Bombonera y lo sacan ¿Fue justa su salida?
“Así como vamos, te puedes dar cuenta que mi relación con Lucho Álamos siempre fue distante. Ese día jugamos contra Argentina, perdimos 5-4 y claro, probablemente un par de goles me los tengo que haber comido yo. De los cuatro que hicimos también hay un par donde la implicancia del arquero de Argentina fue mayor.
Está bien, salgo.
Pero sucede que después de que el Zorro me saca hay partidos antes de jugar con Unión Soviética y llegando de una gira a Haití (N. de R: que también incluyó Guatemala, Costa Rica y Colombia), el Zorro me llamó por teléfono y me dijo que quería que volviera, que los arqueros habían andado mal”.

Olivares y Vallejos
“Sí, y el Zorro me dice que me tengo que reintegrar. Ya, me reintegro y toda la vida tuve una admiración por Juanito Olivares, para mí era lo mejor que había en esos años. Estaba claro que mi pelea era con Vallejos, no con Olivares. Más todavía con lo que el Zorro me dice, que no estaba contento con los arqueros y en unos amistosos jugó el Polo (Vallejos) y no anduvo muy bien.
Después cuando ya vamos al Mundial, en esos partidos previos juega Olivares o yo. Y era obvio, si estaba jugando Olivares o yo, el que iba a jugar el Mundial era Olivares o yo (N. de R: seis días antes del debut en el Mundial, en el último amistoso ante Sporting Gijón en España, ataja Nef y Olivares).
Olivares había jugado en Rusia, se tenía ganada la titularidad. Por lógica se suponía que el que venía después era yo.
Y resulta que estamos entrenando previo al debut al Mundial y se lesiona Juan Olivares. No podía ni agacharse.
Llegamos al día del debut en el Mundial, entro al camarín, me estoy sacando los zapatos para vestirme y el Zorro llega y da la formación. Jugando Vallejos y a la banca ¡Olivares!
Por último, decía yo, ¡Ya! Se le ocurrió que jugara Vallejos ¿Pero a la banca Olivares? ¡Si estaba lesionado po! Al final yo me tuve que ir a la galería a ver el partido”.

Todo mal
“Más encima después hubo un lío de platas. Nosotros antes de partir al Mundial tuvimos una reunión acá. Lo que se ganó en las Eliminatorias, más lo del Mundial, se iba a pagar todo en Alemania, porque ahí daba la plata la FIFA. Como en Chile teníamos un equipo y para los partidos se integraban los ‘extranjeros’, debíamos llegar a un acuerdo. Teníamos un sistema donde todos ganaban lo mismo. Y los dirigentes dijeron que no, que los titulares ganaban tanto y los suplentes tanto. Quisieron imponer eso.
Yo estaba metido y dijimos: ‘No hagamos problema, digámosle que sí pero nuestro compromiso es que cuando entreguen la plata nos juntamos en una pieza del hotel y echamos toda la plata a un pozo y la repartimos en partes iguales. Como lo teníamos pensado ¿Estamos de acuerdo? ¡Ya! Y los de afuera, ¿Cómo lo hacemos? Cuando lleguen a cada uno se le pregunta, si quiere entrar a la repartija o se tira al pozo. Pero los de aquí, los chilenos, estamos en esa ¡Ya!’
Pero cuando llegamos al Mundial, algunos empezaron a tirar pa la cola. Algunos que en el momento del acuerdo no eran titulares, pero después eran titulares… Y la diferencia era bastante y empezaron a correrse.
Más incomodo me tenía porque yo ni siquiera estaba en la banca, si estaba allá arriba, en la tribuna”.

¿Nunca lo habló con Álamos?
“Noooooo. Si él nunca habló conmigo. El que después me dijo algo fue Pedro Morales, que era el ayudante. ‘Yo quiero que tú sepas que fue algo raro, muy especial. Es que el Zorro estaba re-enfermo también en el Mundial’. Como que lo achacó a que el Zorro tomó esas decisiones por la diabetes que tenía”.

No lo pasa bien en el Mundial de Alemania al final
“Noooooo, nopo. Yo me quedé toda la vida con esa espina clavada. Por ejemplo esa estadística es mucho más importante que el récord de los partidos que jugué. El hecho de no haber podido jugar un Mundial, es una bala pasada que me va a quedar para siempre. Estadísticamente me hace más ruido eso, el haber estado en un Mundial y no haber podido jugar. Más como se dio”.

Sentía que ante Alemania, al menos en el debut, debía haber jugado
“No sé si debía haber estado yo. Si yo lo tomo como consecuencia de lo que se venía haciendo, que el Polo no había jugado bien los partidos previos, debía haber jugado yo. Pero lo peor es lo otro. ¿¡Cómo va a ir a la banca alguien que está lesionado!? Yo que estoy sano quedé fuera po. Como iba a ir Olivares a la banca si estaba lesionado”.

Sus últimas Eliminatorias las juega para Argentina 78. Pero en el partido ante Perú en Lima se intoxica
“Es una situación que es muy clara de todo lo que pasaba en esos tiempos.
Cuando llegamos a Lima llegamos tarde al hotel y el comedor estaba cerrado. A cambio de eso, en cada una de las piezas nos dejaron unos sándwiches con unas bebidas. Y yo me intoxico. Algo deben haber tenido esos sándwiches, si no hay otra explicación. Yo soy de los que comen sapos y culebras y no me pasa nada. Desperté con unos retorcijones de guata terribles. Tanto es que me bajé de la cama como pude y me fui arrastrando. Para no despertar a Dubó, estaba con él en la pieza, me tiré y me fui arrastrando como pude al baño. Fue una odisea para poder llegar al baño hasta que tuve que despertar a Rodolfo para que llamara al doctor. Vino el doctor (Guillermo) De La Paz y me puso una inyección a la vena ¡Puta la hueá pa rica! Me alivió pero… ¡Nunca había sentido tanto alivio en mi vida! Me calmó altiro. Pero me dejó mal.
Al otro día estaba con diarrea a cada rato. Viene el doctor después del almuerzo a ponerme suero. Estaba deshidratado y el doctor me decía que iba a jugar. Así que estuve como dos horas con el suero pero al final no fui ni a la banca”.

En uno de sus libros, Chomsky escribe que tras esa derrota con Perú, el DT Caupolicán Peña se quería tirar por el balcón
“No sé la verdad. No recuerdo alguna situación muy particular. Lo más probable es que estando amargado me haya ido a la pieza. No había escuchado lo de Caupolicán. En algún momento alguien me comentó que él estaba muy afectado por haber cambiado las cosas. Ese era un equipo que venía jugando más bien que la cresta, pero con los jugadores de acá. Después mete a los que venían de afuera y el equipo se fue a pique. Hablaban de la ‘Maquinita Roja’ incluso en esos momentos”.

El Gringo presiona ¡click!
Ya está.
Su historia sincera, sin eufemismos…
No podía ser de otro modo con Nef.