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A fondo con Sergio Salgado: “Vi la final del 91 por TV y decía: ‘Podría estar jugando yo’”
Sergio Salgado

Se gestó principalmente por la cercanía entre Mirko Jozic y Andrija Percic. Ambos venidos de un mismo lejano lugar del mundo, dirigían en Chile y el segundo siempre le pedía recomendaciones al primero, ya más avezado y que en 1991 estaba a cargo del equipo más popular del país. Fue entonces cuando Percic buscaba un delantero y Jozic le habló de Sergio Salgado.

Estamos en abril de 1991. La Copa Libertadores ya había comenzado y Salgado había jugado en cinco de seis partidos. Incluso marcando un gol, ante Barcelona de Ecuador. Pero la oferta de Antofagasta era jugosa y en Colo-Colo debía pelear puesto con Barticciotto, Dabrowski, Pato Yáñez, Rubén Martínez, más el recién llegado Luis Pérez y el joven Leonel Herrera.

Así, el “Negro” tomó sus cosas y se fue del Cacique, sin pensar que dos meses después él podría haber sido el titular en una final de Copa Libertadores.

“Me arrepiento de no haberme quedado. Porque si yo sé que Colo-Colo gana la Copa Libertadores… Vi la final del 91 por TV y decía: ‘Podría estar jugando yo’, dice Sergio Mario Salgado Cofré, quien hoy trabaja para la Municipalidad de La Florida.

Esa historia del 91 se cierra con un círculo misterioso: el último partido del torneo oficial enfrentó a Colo-Colo y Antofagasta. El Cacique, quien se consagró campeón local en la penúltima fecha en Coquimbo, celebró ante los Pumas, liderados por Salgado.

“Yo decía de nuevo: podría estar al frente”, recuerda el exdelantero, que fue cinco veces goleador en Chile.

Sin embargo, lo que parece una zancadilla del destino es una historia cíclica más, dentro de una carrera exitosa. Porque tras pasar un par de meses en las cadetes albas en los 70, volvió consagrado en 1989. Y también vivió las dos caras de la moneda con Unión Española, que lo envió a préstamo dos veces y luego le rogó un regreso.

Y con Cobresal, qué decir: allí es una especie de David Arellano, pues fundó y jugó en el primer partido histórico del club. Campeonó, le tiró centros a un flaco que luego triunfó en Real Madrid y se fue, para después volver y campeonar de nuevo, cerrando otro círculo.

”Mi ídolo era Caszely”

“A los 15 años llegué a probarme a Santiago desde Chillán. Me vine de allá con la ilusión de ser futbolista. No jugaba en un club todos los fines de semana, nunca jugué en Ñublense, pero cuando jugaba con los amigos o en el colegio me decían que tenía condiciones. Siempre delantero. En el sur eran pocas las oportunidades que tú tenías. Así que llegué a Santiago solo, adonde una hermana en Departamental con Panamericana, en San Miguel, y me vine a probar a Colo-Colo, altiro”, refresca Salgado, quien este 12 de septiembre cumple 56 años.

¿Eras hincha de Colo-Colo de chico?
Mi papá era hincha de Colo-Colo y escuchaba mucho los Clásicos, Colo-Colo con la U. Lo seguía por las radios y escuchaba los partidos. Mi ídolo era Caszely, que sonaba mucho, el Colo-Colo 73 lo escuché mucho: Caszely, Sergio Ahumada, Pollo Véliz, Chamaco, Guillermo Páez… Muy rara vez iba al estadio, a ver a Ñublense, pero íbamos a ver a Colo-Colo cuando venía a jugar a El Morro, con Naval. Y viajaba con mi viejo a ver a Colo-Colo. De la tribuna veía a Sergio Messen y todo ese grupo.

¿Cómo fue esa prueba en Colo-Colo?
Año 76. En la juvenil de Colo-Colo estaba el Chano, Ormeño, Jaime Pizarro… Había dos equipos en una prueba masiva y teníamos que enfrentar a la juvenil. Y el Chano ahora me hace bromas. Me dice: ‘Te acordai Negro cuando llegaste con ese bolsito amarillo’, donde llevaba mis zapatitos. Estaba Chita Cruz y José González como técnico de cadetes y yo, para ser sincero, venía tras un carné juvenil para entrar a los estadios. Nada más. Era mi ilusión poder entrar a los estadios.
La cosa es que quedé en la reserva o cuarta especial pero no me llamaban a firmar un contrato de cadetes y no me dieron el carné de juvenil. No tenía como ir al estadio y habíamos tantos jugadores que me fui a probar a Unión Española. Alcancé a estar un par de meses en Colo-Colo y dejé de ir.

El camino largo y el carné de juvenil

Sergio Salgado Antes de llegar a Colo-Colo como estrella del fútbol chileno a fines de los 80, el Negro Salgado comenzó de abajo. Se fue a préstamo un par de veces y luego apostó por un club recién formado, que partía como todos los nuevos en Segunda División. Cobresal se llamaba. Y su crecimiento inicial fue de la mano con el del club. Antes de recalar en el Monumental en 1989, fue goleador de Primera en 1986, campeón del Apertura 87, seleccionado nacional (estuvo en la Copa América de Argentina) e ídolo minero. Consagrado, su aterrizaje en el Cacique fue natural.

Tu carrera la comienzas en Unión ¿Cómo te recibieron en esa prueba?
Yo iba preparado. Estaba Pedro García y Germán Cornejo como entrenadores de cadetes. Estuve unas dos semanas y me dijeron que quedaba. Me agarra un señor de cadetes, me lleva a Carmen 110, a la sede de Unión, a firmar contrato de cadetes. Dos mil o tres miles pesos para los pasajes que te daban, pero me entregan un carné ¡Yo feliz!

¿Cuál fue el primer partido que pudiste ir a ver al estadio?
¡Colo-Colo! (responde rápido). Colo-Colo contra Unión sí, Estadio Nacional. Me acuerdo que empataron. Unión tenía un gran equipo en ese tiempo con Luis Santibáñez a la cabeza (N. de R: campeones en 1973, 1975, 1977 y finalista de la Copa Libertadores en 1975). Te puedo nombrar a ese equipo: Mario Osbén o Enrique Enoch, laterales Antonio Arias y Machuca y los centrales Rafael González y Leonel Herrera. En el medio estaba Palacios, el Tano Novello, Yeyo, arriba Miranda, Véliz, Pancho Las Heras. Un equipo estelar.

En Unión no pudiste debutar
Jugué como dos o tres partidos en las juveniles. De titular. Me acuerdo que termina un partido de cadetes y Pedro García nos dice que tiene que hacer una selección juvenil para ir a un Nacional a Pedro de Valdivia, al norte. Fuimos de Unión (Pancho) Ugarte, (León) Astengo y yo. En esa generación también estaba Atilio Guzmán.
Yo no tenía idea dónde quedaba Pinto Durán. Averigüé, tomé una micro, llegué y fuimos.
En esa selección juvenil fue Jorge Luco de técnico y Pedro García de ayudante. Ganamos el campeonato en Pedro de Valdivia y cuando volvimos a Pinto Durán nos fue a dar una charla Elías Figueroa.

Estuviste con Elías ahí y un par de años antes estabas en Chillán peloteando con los amigos
Fue un cambio. Cuando salí de la charla lo comentaba en todos lados. Agarrábamos todas las cosas buenas. Para nosotros fue extraordinario, sorprendente, que Elías te diera una charla. Fue algo lindo, emocionante, no lo creías hasta cuando estabas ahí. Era difícil creer en ese momento.
Después quedé en la selección nacional de Chile y fuimos a un Sudamericano a Venezuela. Estaba Puyol de la U, Ormeño de Colo-Colo, Edgardo Fuentes de Palestino.

Pero cómo sigue lo de Unión
Cuando llego de Venezuela con la selección juvenil, donde quedamos eliminados con Brasil, regresé a Unión y me fui a préstamo a Iberia. Teníamos muy pocas posibilidades de jugar en Unión. Estamos hablando de la Unión que sale campeón ese año 1977.
Viajé al sur un viernes en la noche, lloviendo torrencialmente, para jugar en Los Ángeles y alcancé a jugar un par de partidos porque me fracturé el tobillo.
Llegué el sábado y ya estaba en la lista de citados. Juego contra Arica el domingo, donde estaba Jorge Luco, con quien había ido recién a la selección juvenil.

Entonces ese fue tu debut
Sí. En Segunda División, en el torneo oficial. Empatamos a cero. Después fuimos a jugar a San Antonio, íbamos ganando 1-0, había hecho un gol y me meten una pelota por la orilla -estaba jugando de 7- y en estas canchas que son tan malas, pisé en un hoyito, en una champa y me fracturé el tobillo.
Iberia se fue a Los Ángeles y a mí me llevan a la Clínica San Martín, adonde el doctor Álvaro Reyes, que me había operado del pubis cuando estuve en la selección juvenil. Una operación simple. Perdí todo el año 1978. El doctor Reyes me tuvo que poner un tornillo. Era para decir no quiero seguir jugando más.

Eso iniciando tu carrera… ¿Se te pasó por la mente no seguir jugando?
Sí, en algún momento sí. Pero también pensé: ‘Qué hago en el sur’, si me devolvía. Me quedé acá, me recuperé. El doctor Reyes es un profesional cien por ciento. Hasta el día de hoy no me duele el tobillo. Nunca me molestó.

Y debes volver a Unión
Sí, a la recuperación. Luis Santibáñez, que en paz descanse, nunca me dejó tocar un balón. Me gritaba de lejos: ‘No toques la pelota’.
Me recuperé y el 79 me fui a La Calera con Óscar Andrade en Segunda. Ahí estuve todo el año. Termino en Calera, regreso a Unión donde conozco a Manuel Rodríguez Araneda, que estaba en Unión y armó el equipo de los que volvíamos a préstamo.
Y resulta que Óscar Andrade es llamado para tomar a un nuevo equipo que se había creado, Cobresal. En 1980 Cobresal debuta en el profesionalimo junto a Regional Atacama y Andrade me lleva a El Salvador.
Me acuerdo que termina esa práctica en Unión entre los que volvíamos de préstamos y el primer equipo y Andrade me cuenta que está firmando contrato con Cobresal, que estaba en Santiago haciendo una prueba de jugadores en La Reina, para armar Cobresal. Ya estaba listo y solo me pide que me consiguiera el pase. No querían darme el pase hasta que dije: ‘No, no quiero jugar más al fútbol. Tengo dos operaciones’.

¡¿Cómo?!
Para que me entregaran el pase. Me fui a la Asociación Central de Fútbol y me inscribí. Me dijeron que estaba libre. Tenía la cartita bajo la manga de irme al norte. Llamé al profe Andrade. No tenía idea donde quedaba El Salvador. De los ocho jugadores que fuimos con él me acuerdo de Olivo, que estaba en Católica.
Tomamos un bus en la noche, llegamos como a las dos de la tarde, como 15 horas viajando. El bus salió lleno de acá de Santiago y llegamos solo nosotros allá (risas). Nos tomamos todo el café, todas las galletas.
En El Salvador fue noticia nuestra llegada. Nos juntamos con un grupo que ya trabajaba allá y volvimos a Santiago a una gira.

Estuviste desde el primer partido de Cobresal
Sí. Cuando firmé contrato me ofrecieron dos años y yo no quise, firmé por uno. Siempre mi idea era andar bien y mejorar cada año. No quería entregar el pase. Me acuerdo del primer sueldo en Cobresal: 25 mil pesos. Pagaban bien porque tenían el respaldo de Codelco.

¿Cómo era El Salvador?
En esa época había más gente, más casas, y estaba el entusiasmo con Cobresal, porque había una actividad para el domingo. Yo me fui solo. Soy uno de los fundadores de Cobresal. En el primer partido en El Cobre, ante Independiente de Cauquenes, nevó y fuimos todos a sacar la nieve con pala, para poder jugar. Y cometimos un error: al sacar la nieve, sacamos el pasto también. Tuvieron que armar la cancha de nuevo.
En ese plantel, casi la mitad eran trabajadores de la mina.

En Cobresal hacen un campañón: El 81 sales goleador, suben, llegan a la Copa Libertadores, le ganan la Copa Chile a Colo-Colo el 87…
Los años que estuve en El Salvador renovaba con el pase en mi poder. Todos los años. Se fue Andrade, llega Alicel Belmar y en 1983 llega Manuel Rodríguez Araneda, que había subido con Antofagasta. Yo lo había tenido en Unión Española.
En Cobresal me di a conocer. Me respondieron siempre y yo les respondí a ellos en todo sentido. Yo me gané todo en cancha. Fui capitán y la gente vio que hice un sacrificio personal.

Y triunfaste en dos periodos
Sí. Vi pasar muchos jugadores por Cobresal y me decían: ‘Negro ¿Qué hacís aquí?’. Yo estoy trabajando decía. Jugué hasta los 40 años porque me dediqué a jugar y entrenar bien en la semana. Después de la práctica nos quedábamos, me cuidaba profesionalmente ¿Después? Salíamos con la familia al centro, lo recorrías en un par de minutos y volvías a casa (risas). Había un cine pero fui pocas veces porque las películas casi siempre eran las mismas (risas). Agarrabas el auto y te dabas unas vueltas. Mi tema es que estaba en un lugar tranquilo. Después me casé, me llevé a mi señora y mis hijas.

A Colo-Colo, por fin

Sergio Salgado

¿Cómo aparece la oferta de Colo-Colo?
Tuve una oferta de la U antes. Waldo Green (dirigente azul) fue al Hotel Tupahue donde llegábamos siempre con Cobresal pero yo no quise. Sentía que no era el momento.
Yo desde los inicios quería jugar en Colo-Colo.
Y pasó que yo estaba entrenando en Pinto Durán y nos preparábamos para una gira con la selección a EE.UU. con Orlando Aravena (N. de R: La gira terminó siendo en mayo. Antes se jugó un amistoso con Argentina y dos partidos en Colombia). Salió en los diarios que Cobresal se desarma y entrenaba con mi pase. Empezaron las ofertas y sin mentirte tenía cinco ofertas: Iquique, Rangers, Palestino, Unión Española y Colo-Colo.

¿Quién es el primero que te dice que te quiere Colo-Colo?
Un día en la selección Cevallitos, encargado de las canchas en Pinto Durán, va a mi casa y me dice: ‘Negrito, lo anda buscando Colo-Colo’. No le creí. Yo no tenía representante en ese minuto.
Va el famoso Jorge Vergara a Pinto Durán. Me agarra y me dice: ‘¿Querís jugar en Colo-Colo? Vamos’. Me lleva en su auto a la sede de Cienfuegos y me mete a una sala. ‘Ya –me dijo- firma aquí’. Pero me puso una cifra del sueldo y nada más. ‘Firma’, me decía. ‘Vay a jugar en Colo-Colo, vay a salir en la tele, en los diarios todos los días…’ (risas). Yo le dije: ‘Don Jorgito, le agradezco pero ¿usted ha visto los diarios? Ha visto las ofertas que tengo. Ese sueldo no es ni la cuarta parte de lo que me ofrecen. Yo me voy’. Y se me enojó un poco (risas). Me agarra de nuevo y me dijo: ‘Vamos’. Y me llevo donde Eduardo Menichetti. Todo en el mismo día. Era de noche y me llevan a la fábrica de Menichetti. Estaba en su oficina como con 10 teléfonos y Jorge le dice a Eduardo: ‘Ya, aquí le traigo al goleador Eduardo. No quiere jugar en Colo-Colo, no quiere firmar’.
Yo les dije que tenía ofertas. Negociamos y lo que les dije fue que les vendía mi pase. Una cifra en dólares que era muy buena. Yo vendía mi pase y hacía un contrato bueno.
Firmo en Colo-Colo y ahí vi que Colo-Colo pesa. Menichetti le dice a Jorge Vergara: ‘Dile a Asfura de la selección que Salgado sale de la selección porque se tiene que ir a descansar y de ahí a la pretemporada porque luego jugamos Copa Libertadores’.
Y Menichetti agarró el teléfono de todos los canales y les decía: ‘Hoy Salgado firma en Colo-Colo’.

¿Cuándo te integras?
Me llevaron a unas termas y después a la pretemporada en Graneros. Empiezo a jugar en la Copa Libertadores, contra los paraguayos.
Nosotros nos dedicamos a jugar pero vimos que los tipos se arreglaron.

¿Cómo era jugar en Colo-Colo?
En Colo-Colo no sirve ser segundo e internamente siempre hay una motivación especial. Arturo (Salah) tenía confianza en mí.

Fuiste campeón en 1989 y 1990. Y de la Copa Chile también en 89 y 90. Además jugaste en la Copa Libertadores 91 ¿Cuál es el momento que más recuerdas?
La Copa Libertadores, pero esa en la que debuté (1989). Y hay un partido que recuerdo mucho contra Olimpia, 2-0, donde debuté y marqué (N. de R: en rigor debutó en ese torneo pero contra Cobreloa).

¿Cuál fue el mejor técnico que tuviste?
Arturo (Salah), Manuel Rodríguez y Orlando Aravena. También saqué mucho provecho de Lucho Santibáñez en los inicios. Después siempre se trata de sacar lo bueno de todos.

¿El mejor compañero que tuviste?
Rubén Martínez. Como persona, extraordinario.

La Copa del 91: “Podría estar ahí”

Sergio Salgado Los delanteros que más jugaron en 1989 fueron Marcelo Barticciotto y Sergio Salgado, dejando con menos minutos a Guillermo Carreño y Ricardo Dabrowski. En 1990 llega Rubén Martínez y toma una camiseta de titular. Se mantiene Barti, juega más Dabrowski y Salgado lo hace menos.
Ese 91 Mirko Jozic llevó al Cacique a dos nuevos delanteros: Patricio Yáñez y Luis Pérez, que se sumaban a los que ya había. La competencia se hacía difícil.
Sin embargo, pese a actuar en cinco de los seis primeros partidos de la Copa, Salgado toma sus maletas y acepta una oferta de Antofagasta.

¿Por qué no partiste a inicios de año?
Mi idea era jugar de nuevo la Copa Libertadores.
Pucha, ¿Qué pasó? Mirko en ese momento andaba con Andrija Percic, que se fue a Antofagasta. Él siempre buscaba jugadores de Colo-Colo. Ahora, yo, te soy sincero: si soy un adivino que Colo-Colo gana la Copa Libertadores, no me muevo. Aunque no haya jugado. Me quedo, me quedo. A lo mejor podría haber jugado. Y se dio la posibilidad que para las finales hubo expulsados y lesionados.
Yo firmo por Antofagasta y me sigue pagando Colo-Colo ¿Por qué me fui a Antofagasta? Una, la oferta era muy buena. Se armó un buen equipo y terminamos llegando a la Liguilla.

¿Sentías que la competencia en Colo-Colo se hacía más difícil?
Mirko habló conmigo. Me dijo: ‘Yo te tengo en el plantel pero si decides irte es un tema tuyo’. Había muchos jugadores y teníamos un plantel muy competitivo.

Pero ¿por qué decides irte en abril y no en enero?
Hay momentos en que tomas decisiones y a veces cometes errores. Quizás qué se pasó por mi mente que decidí después. Uno como profesional no sabes cuánto te queda para jugar al fútbol. Si recibes un contrato bueno en lo personal, tú vives de esto. Ahora, la oferta llegó en ese momento y era más de lo que ganaba en Colo-Colo.
Yo ya tenía 32 años. Percic siguió insistiendo.

Es extraño que tú igual jugaste en la fase de grupos de la Copa 91. O sea Jozic te consideraba
Estuve a punto también de venir a jugar la final. Me tenían que mandar los pasajes y hacer todo un enredo, pero yo estaba inscrito para jugar. Yo estuve a punto de venir a jugar la final, pero optaron por el chico Pérez.
Ahora te repito: si yo sé que Colo-Colo iba a estar en la final de la Copa, no me muevo.

¿Se alcanzó a concretar algo?
Me estuvieron llamando y me dijeron que me volverían a llamar. Al final no fue. El chico Pérez andaba en un momento bueno también y en Católica era figura.

Tres días antes de la final acá con Olimpia tú juegas por Antofagasta y de hecho haces un gol ¿Dónde viste la final?
En Antofagasta, por la tele. Yo quería viajar a Santiago a ver la final. Yo decía: ‘Pucha, debería estar jugando yo’. Pero son las circunstancias que tiene el fútbol.
La vimos en mi casa, con mi familia y compañeros de Antofagasta también. Y después salimos a celebrar.
Igual yo quería estar en Santiago, no sé qué pasó. No me llamaron y te bajoneai también. Uno dice, me gustaría estar ahí, soy parte de ahí. Pero ¿sabes lo otro? A pesar de los errores igual me valoraron y me reconocieron lo que hice. De hecho después tuve mi medalla, me la entregaron en el Monumental.

La final la viste en la tele pero igual te sentiste parte
Obvio, obvio. Y de hecho ellos me llamaron a mí y me dijeron que iba a tener todo lo que corresponde como parte del plantel. El grupo me hizo sentir parte. El grupo que dejó Arturo (Salah), hasta el día de hoy todavía jugamos. Es un grupo que valora mucho la persona, es un grupo excelente.

Después, más encima, se da que el último partido del 91, en la celebración del título nacional, Colo-Colo enfrenta a Antofagasta en el Monumental
Jugué ese partido. Ahí como que un dice, pucha, quisiera estar en la otra instancia ¡Pero son momentos que se dan! Uno tiene recuerdos lindos de su carrera pero también están los otros y uno dice: por qué no me quedé. Son momentos. Si los humanos no somos perfectos.

Pero tú ¿te arrepentiste de haberte ido?
O sea me arrepiento a lo mejor de decir: ‘Me debería haber quedado’. Obviamente quería estar ahí, donde estaba todo el mundo pendiente. Me arrepiento de no haberme quedado. Porque si yo sé que Colo-Colo gana la Copa Libertadores… Muchos estuvieron inscritos nomás, yo jugué. Son las cosas que uno las tiene que tomar y vivir con ellas así.

Al final, ¡Gracias fútbol!

Después de Antofagasta, Salah te lleva a la U
Arturo me conocía y jugué como medio año. Tuve una lesión en el Clásico contra Colo-Colo. Miguel Ramírez y Eduardo Vilches me agarran firme, me doblaron la rodilla. Después le pego a un tiro libre y me dolió. No termino el Clásico. Me llevan a la Clínica Indisa y tenía meniscos. Me operé de meniscos.
Arturo me preguntó a fin de año por Gino Cofré y yo le dije que sí, que lo llevara a la U. Lo mismo con Rubén Martínez cuando llegó a Colo-Colo.

Después vuelves a Cobresal, ya con 34 años
Me dicen que vuelve Manuel Rodríguez y el hincha decía que volviera con Salgado.
Subimos y después fui elegido el mejor deportista de Chile (1995). También volví a ser goleador de Segunda tres veces.
La gente me seguía queriendo. Estuve tres años y después cuando pensaba que no quería jugar más, me llaman de Arica. Ahí termino: jugaba en Arica y éramos parte de un programa para jóvenes contra la droga.

¿Qué significa Colo-Colo para ti?
Es distinto Colo-Colo a todo el resto. Yo en Cobresal guardo los mejores recuerdos, me entregaron mucho y yo también me entregué. Representa a gente sacrificada. Pero si logras un campeonato con Colo-Colo, estás por sobre todo. No todo el mundo llega a Colo-Colo. Es muy difícil y llegar a un club grande y lograr campeonatos, es lo máximo que uno quiere.
El deporte te da mucho. A mí me dio mucho.