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A fondo con Javier Parraguez: El sacrificio como bandera de lucha
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Es una verdad verdadera: Javier Andrés Parraguez vivió aquel fútbol sin luces, sin brillo, sin dinero incluso, para crecer -en base a esfuerzo- y llegar hoy a la cima. O una de las cimas, en rigor. Porque Parraguez, a sus 29 años, quiere aprovechar la ola buena y aspirar a más. Con todo lo difícil que ha vivido en el fútbol, en Tercera División por un buen tiempo, él está ya en otra frecuencia.

¿Qué es el fútbol para ti, Javier?
“Para mí es todo. Muchas veces se dice: ‘Yo vivo del fútbol’. Y me gusta usar la frase al revés a mí: ‘Vivir PARA el fútbol’. Porque si tú no le das algo al fútbol, el fútbol tampoco te da nada. Por ese lado, para mí el fútbol es todo: Fue una salida de escape que tuve desde muy pequeño, es lo que me ha dado todas las alegrías, a excepción del nacimiento de mis dos hijos -que fue una alegría inmensa pero externa al fútbol- y las tristezas también. Si cuando uno ríe, todos están ahí, feliz contigo, pero cuando uno está triste, ahí ves a los que realmente están contigo. Y eso me pasó”.

El cerronavino -criado en las pichangas del pasaje Trento, cerca de Jota Jota Pérez- entró tarde al fútbol profesional: “Yo llegué a Santiago Morning con 16 años ya, cumpliendo casi 17. El tiempo se te va achicando, no sabes si vas a quedar o no en el fútbol profesional. La verdad que como llegué tan tarde al fútbol encuentro que se me hizo todo muy rápido. No fácil pero rápido. Llegué, me subieron al primer equipo, a los seis meses debuté con Orlando Mondaca y Rubén Dundo de técnicos y empecé a hacer goles. Tuvimos el ascenso con Santiago Morning (N de R: vía Liguilla de Promoción) y al otro año (2008) llega Esteban (Paredes), ahí lo conocí. Ya estábamos en Primera División, él venia de un préstamo de Cobreloa y llegó (Diego) Rivarola también, así que ‘no tenía por dónde’ y ahí me tuve que ir a préstamo a Tercera División, a Linares”.

Fue en el sur donde Parraguez comenzó su peregrinaje. Si era en Tercera, sería Tercera. Linares, Melipilla, Talagante… ¿Primera B? Mejor aún: Everton, Magallanes… En 2014, ya con 24 años, el delantero aterrizó en Puerto Montt para alcanzar la primera gran alegría de su carrera.

¿Cómo es jugar en Tercera División?
“Nada, pucha, qué te puedo decir… Es algo donde todo te cuesta el doble o el triple. Qué se yo: La locomoción, los sueldos, la implementación para poder entrenar, las pelotas, la cancha… ¡Es todo tres o cuatro veces peor! Obviamente cuando estás en Primera por algo es Primera División, es el fútbol de élite de cada país. Uno sueña llegar a Primera División precisamente porque sabe que todo es de primera. En Tercera todo es de tercera, entonces te cuesta tres veces más”.

¿Cuál fue el sueldo más bajo que tuviste?
(Parraguez suspira y sonríe) “¡Cero pesos! Hubo un tiempo que gané cero pesos. Estuve como ocho meses ganando cero pesos y solo recibía ayuda económica para la micro y esas cosas. Prefiero omitir el equipo porque no me gusta hablar mal de los equipos donde estuve. Fueron problemas que no solamente sucedieron por no haber hecho un buen contrato, sino porque el equipo en general tenía problemas económicos. Yo tenía mi sueldo normal, como todos, pero había mucha gente joven y todos luchábamos por una oportunidad, por querer salir adelante. En ese entonces el club no tenía recursos nomás, tenía problemas y teníamos que firmar la planilla igual, porque si no, nos iban a quitar los puntos. ‘¿Qué hacemos? Ya, firmemos nomás -decíamos- si al final todos estamos luchando porque queremos salir adelante’.

En Tercera se gana el pan de cada día

“Sí, obviamente, estás viviendo el día a día y dependes de un sueldo que lo tienes para vivir. Aquí en Primera División tú ganas un sueldo y vives con él fácilmente. O con la mitad, no sé, cada uno tiene un status y un estilo de vida distinto. Pero en Tercera o en Cuarta División hay muchos jugadores que esperan con ansias el día del sueldo para poder vivir”.

¿Cuáles son los momentos de mayor alegría y de mayor tristeza que has tenido en el fútbol?
“Mi mayor alegría fue mi primer y único campeonato que tuve, con Puerto Montt cuando ascendimos (a Primera B). Fue uno de los momentos más felices que he tenido, junto con éste (arribo a Colo-Colo) y con la llegada a Huachipato. Esos son mis tres momentos épicos en el fútbol”.

¿Y las malas?
“Puuuucha ¡Muchas! (Risas). Lamentablemente cuando me tuve que operar la rodilla de meniscos. Venía de una operación hace seis meses y me volví a operar de meniscos. Eso fue una de las más frustrantes etapas que tuve. Y lo otro, el tema de los sueldos: en ese tiempo ya tenía a mis dos hijos, vivía de ese sueldo y no tenía cómo sacar recursos para llevarle en ese tiempo a la mamá de mis hijos, para que comieran y todo ese asunto. Esos momentos son los más tristes. Uno piensa, estando en Tercera: ‘Pucha, ¿Valdrá la pena o no? Quizás esto no es pa mí, debiera tomar otro camino para generar esos recursos’. Con hijos es más difícil, obviamente se te hace todo mucho más difícil”.

¿De verdad pensabas ahí en dejar el fútbol?
“Muchas veces, durante ese año donde no me pagaban, pensé: ‘Puta, quizás esto no es pa mí, quizás debería tomar otro camino’. Ves que no tienes escapatoria, pero ahí están los que realmente acompañan el camino a tu lado y te están aconsejando para bien. Porque también hay gente que te aconseja para mal”.

Javier Parraguez fue siempre delantero. Desde aquel bendito 2014 su carrera ha ido en ascenso. En 2019 logró su sueño: Firmó por cuatro años por Colo-Colo. Hoy disfruta y mira permanentemente la cancha, mientras sucede la entrevista en la tribuna Océano del Estadio Monumental.

“La verdad es que han sido días maravillosos. Uno igual se llena de dudas: ‘¿Cómo va a ser todo? ¿El camarín?’. Y la verdad es que me han tratado súper bien, me han acogido bastante bien. El recibimiento uno nunca se lo espera, o no sabe cómo va a ser, y la verdad es que me sorprendió gratamente, porque se vive un ambiente de familia adentro, no hay ninguna mala cara, todos me dicen: ‘Bienvenido-bienvenido, cualquier cosa que necesites, aquí estamos’. Así que estoy feliz-feliz por eso. Muy feliz”.

Definitivamente eres del tipo de futbolista que hizo el camino largo
“Cuando uno vive estas cosas, una vez que estás arriba, estás feliz. Estás contento, disfrutai… Pero cuando estás abajo, y vuelves a estar arriba de nuevo, no quieres volver más abajo, entonces estas oportunidades las aprovechai el doble o el triple, y te preparas para eso. Creo que todo pasa por algo y las caídas que he tenido obviamente me enseñan a ser más autocrítico en el tema de la exigencia, de entrenarse, la alimentación, eso me pasa a mí. Cuando llega la oportunidad no quieres soltarla más, porque sabís lo difícil que es llegar (arriba)”.

¿Cuál es tu referente como delantero?
“Me gusta como juega hoy en día Luis Suárez en Barcelona. Veo sus movimientos y todo. Ídolo no tengo igual, pero me gusta ver también a Paolo Guerrero, me encanta como juega. Me gusta la alegría que trasmitía Ronaldinho Gaucho y trato de imitar esa alegría, de siempre estar alegre y no andar peleando”.

Dicen que en la B le cuesta más a un delantero, porque te pegan mucho más
¡Imagínate en Tercera! El fútbol ahí es más bruto, pero no deja de ser bueno también. El fútbol es competitivo yo creo que en todas las divisiones y al final salen adelante los más perseverantes, los más destacados. En Primera B el fútbol es un poco más intenso sí, y más agresivo”.

¿Qué mantiene y qué has cambiado del Javier Parraguez que se inició en el fútbol?
“Uno madura al saber que si no aprovecha una oportunidad, no va a volver el tiempo atrás. Uno va madurando en el tema psicológico, en el tema personal, en el tema físico. Yo hoy día me preocupo mucho más de mi alimentación, de entrenarme bien y estar óptimo y cien por ciento para el entrenamiento y no solamente para el partido. Eso es lo que yo creo que he cambiado bastante desde hace un par de años, ni siquiera tanto, hace un par de años nomás”.

¿Y en la cancha? Algo más técnico, quizás
“Es que uno al cambiar su estilo de entrenamiento, después te dai cuenta que estai capacitado para hacer más cosas. Eso te va fluyendo solo. Cuando te entregai cien por ciento en el entrenamiento, después en el partido es imposible que no qedís con ganas de jugar, o con ganas de entregar más. La entrega para mí es uno de los pilares fundamentales de mi estadía en Colo-Colo. Me pasó en Huachipato también. Son unas de mis características que pretendo llevarlas a cabo en Colo-Colo”.

¿Crees que ese puede ser tu aporte al equipo?
“Mi aporte es la entrega, el sacrificio, el no dar ninguna pelota por perdida, pelear todos los balones: aéreos, por abajo, por donde sea. Y aportar con goles. A mí me trajeron acá por los goles. Pienso en ser un aporte positivo siempre, y entregarme por completo. Es una de las cosas fundamentales. El sacrificio va a ser fundamental, cuando no se tenga la pelota, cuando haya que recuperarla, y eso es un punto que yo creo que me caracteriza y lo tengo muy a favor”.

¿Cuáles son tus metas?
“Consolidarme acá, tener un nombre, un reconocimiento, ser ‘Javier Parraguez, buen jugador de Colo-Colo’ y aspirar a más, siempre. Aspirar a la selección y poder tener un nombre ya no tanto a nivel de equipo, sino a nivel nacional”.

¿Te imaginas siendo campeón en este estadio?
“Me lo he imaginado miles de veces. No te imaginas cuántas veces… Ya no está tan lejano el sueño ni la imaginación. Vamos a dar todo para que eso suceda”.

¿Sueñas con eso?
“Sí, y sueño despierto también (risas). Quiero puro pisar esa cancha, que esté llena y poder escucharlos a todos juntos gritar: ‘Gol'”.