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A “Carecacho” Torres el rótulo de crack le queda chico
Arturo Torres

Escribía “Don Pampa” –uno de los precursores del periodismo deportivo- que Chile tuvo buenos jugadores en sus inicios, pero “ninguno como Carecacho Torres”. “Por esa época rutilante se le dio el título de ‘Doctor en el fútbol’”, decía el mítico cronista.

El half Arturo Torres Carrasco pasó de su natal Coronel a Santiago para convertirse en figura máxima. Después de liderar a la selección chilena en los JJ.OO. del 28 y el Mundial del 30, fue EL personaje del fútbol chileno en el inicio del profesionalismo.

Campeonó con Magallanes en los tres primeros torneos jugados (33-34-35) y luego pasó a Colo-Colo para encaminarlo a su primera estrella. En 1937, Torres fue jugador-entrenador del Cacique, demostrando sus dotes de recontra-crack y líder. Después dirigió la primera rueda en la copa del 44.

Medalla JJOO Arturo Torres Su medalla de los JJ.OO. Ámsterdam 1928

“Mi padre era un hombre muy estricto, muy correcto. Le gustaban las cosas derechitas. Mal genio… y en la cancha también ¡Era cosa seria!”, cuenta María Raquel Torres, hija de Arturo y hermana de los otros 6 herederos del exjugador.

“Siempre se destaca y me lo cuentan: mi abuelo tenía viveza y era muy inteligente. Además que él se preparaba para jugar. Adelantado para la época, aparte del liderazgo, por el carácter. Siempre dicen que si no le hacían caso no los ponía al otro partido”, aporta Alejandro Alegría Torres, uno de sus nietos.

Nacido en 1906, Torres falleció en 1987 de un paro respiratorio azuzado por un asma bronquial. Estaba en su querido San Miguel. Eran cerca de las 9 de la noche. Al día siguiente, Colo-Colo celebró su aniversario número 62.

No le gustaba la política. Ni otros deportes. Ni otros equipos. Era hincha de Colo-Colo, aunque –como varios de la época- con cariño por Magallanes. “Para las elecciones preguntaba de qué ‘partido’ era, quería saber si el candidato era colocolino o no”, revela María quien de paso cuenta cómo surgió el mítico apodo: “Carecacho”.

“Mi papá nació con un porotito en la frente. Los doctores lo vieron pero él decía: ‘Si es mío’. Porque querían extirpárselo y dejarle una cicatriz. Él decía entre el poroto y la cicatriz, prefiero el cacho, que es de mi propia carne. Para él era un cacho. Después un jugador (N.de R: Carbonell) le puso el famoso ‘Carecacho’”.

Arturo Torres “Yo soy del año 20 y aprendí a jugar fútbol en Lirquén y en Talcahuano. Ahí estaba en ese tiempo la mina de los cracks del fútbol. De Talcahuano tenía que venir casi toda la gente para la selección chilena. Comencé viendo a esos artistas del balón que se llamaron Horacio Muñoz, France, Varas, Domínguez, Zavala, Unzaga, Víctor Toro y Zoilo Escobar, todos capaces de llevarse la redonda pegada a los tamangos y darse una vuelta completa a la cancha y también irse corriendo con ella a cabecitas, como hacía el ‘Tatalí’ del circo”, explicó Torres –ya retirado- a la revista Estadio.

Alejandro –también periodista que investigó la vida de su abuelo- dice que en la cancha Torres era una mezcla entre David Pizarro y Marcelo Espina.

“Juego mejor, con más ganas, cuando me echan tallas. Eso de sacarle pica a los contrarios para que se desesperen y jueguen mal lo aprendí de los uruguayos”, contó Torres en otra entrevista.

Y con eso de ser entrenador-jugador, llama la atención que no haya sido luego comentarista o pedagogo del fútbol.

“Yo pienso, es algo mío, que Fernando Riera y los que estaban ahí (en la selección) miraban en menos a mi papá. Aunque él siempre fue más callado, más retraído. No le gustaba la figuración, no le gustaban las entrevistas. Él podía haberse floreado, pero no le gustó nunca andar en los diarios, en las radios… No le gustaba eso, para nada. Hacía sus cosas porque a él le gustaba nomás, nada más”, dice María.

“Era un hombre excepcional, muy inteligente. Pero esa inteligencia la guardaba para él. Se creía superior, y tenía toda la razón. Nada de que viniera alguien a preguntarle alguna cosa. Si usted hubiera venido a entrevistarlo seguramente le habría dicho que no”, sigue.

Dicen que cuando jugaba (y dirigía), a veces se levantaba de improviso a chutear la pelota. Practicaba con la muralla, solo, buscando las formas de cómo pegarle al balón.

“Yo lo imagino bien hogareño cuando se retiró. Me contaban que cuando mis primos eran chicos les gustaba verlos pelusear. Iba a elevar volantines con ellos, los agarraba pal leseo, los mandaba a comprar viento a la esquina… cosas así. Hay una anécdota con el Sapo Livinsgtone. Una vez el Sapo, canchero él, le hace una apuesta: ‘Pégale a cualquier lado Carecacho. Te apuesto tantos pesos a que te atajo la pelota’. Entonces se puso al arco y mi abuelo llega y le pega hacia el otro lado de la cancha… Y le dijo: ‘Yapo, tenís que pagarme’… Le ganó la apuesta al Sapo Livingstone”, reseña Alejandro entre risas.

Antes de la revolución táctica de los 40, Arturo Torres gestó los primeros sistemas de distribución de jugadores en la cancha, con preponderancia hacia el trato del balón. Antes de la preparación física, él guiaba a sus compañeros-pupilos para que se cuidaran en el entrenamiento invisible. Con él literalmente empezó el fútbol profesional en Chile. Con él el Cacique timbró su espacio en el estrellato.

“Le pagaban tres mil pesos al mes, cuando había plata”, se lee en una columna de “El Mercurio” publicada en la década del 60, cuando todo era éxito producto del Mundial chileno.

Arturo Torres “De punta a punta vamos a ser campeones este año. Podremos empatar, hasta perder un partido porque así es el fútbol, pero el título de cracks no nos lo va a quitar nadie. Y una vez logrado nuestro propósito, pienso retirarme del football”, dijo Torres a la “Revista Colo-Colo”, publicada en 1937.

El 28 de noviembre de ese año, el 3-3 ante Bádminton selló el primer título albo ¡Invictos! 11 (de 12) partidos jugados, 938 minutos, 1 gol y la dirección técnica del equipo fueron los aportes de “Carecacho” en la primera estrella del Cacique.

Antes, en agosto de 1929, Colo-Colo tenía programado un partido en Talcahuano. En los locales formaría “Carecacho”, ícono de la zona. Y desde el Cacique le enviaron una carta al sur: “Su asunto está ya casi resuelto. Creo que en la semana que viene estará Ud. trabajando en la Escuela (…) Espero Torres que ni jugara contra nosotros (…) todos los jugadores le piden este favor, además el Chato Subiabre está enfermo; imajinese (sic) cómo nos vamos a presentar” (ver imagen del documento original, abajo).

A él, don “Carecacho” Torres, la palabra crack le queda chica.

Documento Arturo TorresDocumento Arturo Torres