Estimados Amigos:

Nos quedan cinco finales hasta el término de la fase Regular. Este miércoles debemos vencer a Lota, por la Copa Chile, con el fin de dar un paso más para asegurar nuestra participación en la próxima versión de la Copa Sudamericana.

Los últimos cuatro partidos del Torneo de Clausura los enfrentamos con la confianza en las capacidades y la actitud de nuestra gente, la cual, en un momento particularmente adverso, venció inapelablemente a nuestro archirrival.

A su vez, el público asistente al Estadio Monumental nunca cesó de apoyar al equipo. Figuras como “Kalule” Meléndez y “Mingo” Salcedo, entre otros, derrocharon entrega y dinamismo.

Qué diferente es este cuadro al vivido por el Club en las últimas semanas, cuando la crítica y el pesimismo se apoderan de nuestra mente y emprendemos la cacería de culpables sin distinguir mayormente las responsabilidades.

¡Qué fácil es en ese ambiente cometer gruesos errores! Como siempre, es el temple de nuestra institución el que logra sobreponerse a una crítica feroz y recuperar la senda del triunfo.

Para mantenernos en este camino no debemos ser soberbios ni displicentes. Aún no hemos completado la misión. Tenemos que trabajar duramente porque nuestros rivales harán lo mismo. Si hemos aprendido una gran lección: en los momentos difíciles, cuando la crítica arrecia e incluso nos hace dudar del futuro, es cuando más debemos mantener la calma; ser coherentes en nuestras acciones y no contagiarnos del pesimismo, cuya fuente suele ser más mediática que real.

Pero más que nada, debemos apoyar siempre en los momentos difíciles. En el futuro también tendremos caídas porque estas son parte del juego, pero la diferencia la haremos al sobreponernos a la adversidad con fe y espíritu de lucha.

Ojalá quienes normalmente critican a Colo Colo desde dentro y fuera de la Institución depongan su actitud, al menos transitoriamente, y le den una oportunidad a la fe y al espíritu guerrero que vimos el sábado frente a la U.

Estamos seguros de lo que somos capaces y esto, más allá de la virtud de nuestros rivales, depende de nosotros mismos y de nuestra capacidad de construir en vez de destruir.

Un abrazo,

Gabriel Ruiz Tagle